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Full text of "Los primeros patriotas orientales de 1811, expontaneidad de la insurreccion oriental contre la España en la guerra de la independencia americana"

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W&&V LOS FB-IMEROS 

PATRIOTAS ORIENTALES 

3DE1 1 S i 1 

E xpoDÍaneidad de la ¡nsurreccif n OrieDtal contra la Espafia 



FN LA 



GUERRA DE LA INDEPENDENCIA AMEHK.ANA 



POlí 



JXJSXO IS/l^jEJSO 

E x-DJrec tor de la Ofiohia de Estaflistica de BueBos Ajíes, Miem- 
bro del Instituto Histórico Geográfico del Río de la Plata, 
de la Asociación Auxiliadora de la Industi-ia Nacional de Río 
Janeiro, de la Societ'ad «le Amijí os de la Ilustracicn de Valpa- 
raíso, etc., etc. 





MONTEVIDEO 

Imprentí» A v.Hpor y Enciiariernacion de ííi, Laurak-Hat 

Call» del P»ri«ito fox. S4 

IS8S 



INTRODUCCIÓN 



Un lector discreto, al tomar un nuevo libro en sus manos, pare- 
ce que debiera preguntarse ó indagar ante todo: 

Primero: á qué responde ese libro? 

Segundo: para qué sirve? 

Y tercero: á quienes puede y debe interesar más su lectura? 

Eespecto de esta obrita, nosotros contestaríamos: 

Que ella responde en su autor á un sentimiento de leal liidal - 
guía, de cariñosa gratitud hacia la tierra hospitalaria en donde 
han nacido siete de sus hijos, y en donde largos años de residen - 
cia,— lo mejor de su juventud, y una vida laboriosa y honorable, 
le han granjeado las simpatías, el cariño y el respeto de numero- 
sos amigos. 

A la segunda pregunta, contestaríamos: que este libro está 
destinado á demostrar con pruebas irrefutables, que á la Repú - 
btca Oriental le corresponde en la historia Sud- Americana una 
página de oro, como una de las primeras democracias de este 
continente, en donde con más espontaneidad, entusiasmo y rapidez 
surgieron, se ensancharon y afirmaron las aspiraciones popula- 
res por tener una patria independiente, arrostrándose para ello 
toda clase de peligros, y desafiando con bravio arrojo las armas 
y la pujanza de dos grandes naciones europeas. 



Tratándose de las inspiraciones del patriotismo de buena ley, 
sea dicho de paso, creemos que todo digno ciudadano debe pro- 
curar siempre enaltecer ante sí mismo, ante sus hijos y ante los 
estraños, todo sentimiento, toda aspiración que contribuya á 
elevar la condición moral de su pueblo, que le dé la conciencia de 
su propio valer, y que tienda á hacerlo digno de las más no - 
bles y gloriosas empresas, afrontando en defensa de su honor, 
de su independencia ó de sus instituciones los más cruentos sa- 
crificios, las más duras pruebas. 

Como colectividad humana, los pueblos tienen los mismos sen- 
timientos y pasiones, y obedecen á idénticos móviles que el in- 
dividuo; siendo por lo mismo necesario propender á que esos pue- 
blos se inspiren siempre en las grandes pasiones y sentimientos 
que más ennoblecen al hombre, y más lo elevan en la considera- 
ción ó en el cariño de sus contemporáneos. 

El culto á la patria, á sus glorias, y á sus tradiciones honora- 
bles, es y debe ser, pues, entre esas pasiones nacionales una de 
las primeras virtudes que debería inculcarse en el corazón de la 
niñez y en el espíritu de la juventud. 

A la consecución de ese fin noble y laudable creemos que pue- 
de contribuir eficazmente nuestro libro, cuando menos, como un 
ensayo. 

El puede persuasivamente impulsarlas ideas y aspiraciones 
de la nueva generación hacia tales inclinaciones y propósitos, 
el conjunto y realización délos cuales vienen con el tiempo á 
formar la opinión pública, la voluntad nacional, en su más vir- 
tuosa y respetable acepción. Así se dan al ciudadano grandes y 
austeras lecciones, inspiradas en el ejemplo de sus antepasados, 
habilitándolo para los días de prueba que el destino pueda depa- 
rarle. 

Y es á esa niñez, á esa juventud que se educa hoy en la Es- 



cuela pública, en los Colegios, en la Universidad, en los centros 
profesionales libres, á lasque más interesa su lectura y su estu- 
dio, para mejor inspirarse en ella. 



Por otra parte, creemos sin jactanciosa petulancia que estas 
páginas vienen á llenar grandes vacios y lamentables omisiones 
de la Historia Oriental, tal como ella existe deficiente ó incom- 
pleta hasta ahora, á fines del 85. 

Estamos persuadidos de que la historia de la República debe 
complementarse cuanto antes, sacándosele de una vez de su actual 
condición rudimentaria, reclamándose al efecto en su favor por los 
centros literarios ú otras autoridades profesionales, el contin- 
gente de los escritores públicos más ilustrados del país; quienes, 
hasta ahora, con sobresalientes pero muy escasas escepciones, se 
han mostrado poco afectos á dedicar á tan importante materia 
de verdadero interés nacional, su inteligencia y laboriosidad. 

Debido á esa inerte indiferencia, sin duda muy poco digna de 
re comendacion ni aplauso, es que se encuentra todavía la histo- 
ria de la República en un estado de lamentable atraso y confu- 
sión, viéndose despojados sus anales, ante la calumnia 6 la ma- 
ledicencia extraña, de muchas de las glorias y honores que tan 
legitimamenteles corresponden. 

Después de los meritorios trabajos del parcial anti-artiguista 
D. Juan M. de la Sota; de los recomendabilísimos estudios del 
ilustrado veterano de la historia Oriental, señor don Isidoro De- 
Maria, de los ensayos laboriosos de don Antonio Diaz, y del nota- 
ble pero parcialísimo é incorrecto Bosíjuejo Histórico del doctor 
Berra, tan erudito como rencoroso en su injustificable parcialidad 
contra el Artíguismo; en estos últimos seis años, algunos publi- 
cistas Orientales han reaccionado contra aquel inescusable aban- 



— 6 — 

dono, dedicando los brillantes dotes de su profunda ilustración y 
de una dialéctica atractiva á esclarecer puntos y detalles de la 
Historia Patria que hasta ahora habían permanecido en una nebu- 
losa penumbra, en un completo olvido, en una indisculpable pos- 
tergación, 6 en un calumnioso descrédito. 

Entre aquellas nuevas adquisiciones sobresalen los impor- 
tantísimos trabajos del doctor don Carlos M. Ramírez, del señor 
don Francisco Bauza, y el que se anuncia de don Clemente L. 
Fregeiro, quienes enaltecen así las letras Uruguayas con tan 
inestimable atesoramiento. 

Hoy tócanos á nosotros contribuir también con nuestro mo - 
desto contingente á esa labor, que creemos de verdadero interés 
nacional. En bien de ésta, y aunque nuestras aptitudes nos ha- 
biliten apenas para el modesto rol de .un mero compilador, núes - 
tros esfuerzos y laboriosidad deben hacernos perdonar hasta 
cierto punto esa mediocridad, autorizándonos á esperar que nues- 
tros trabajos merecerán una favorable y bondadosa acogida, si- 
quiera sea por la novedad délos valiosos documentos que hemos 
logrado arrancar del olvido, venciendo con infatigable perti» 
nacía toda clase de resistencias, haciendo cuantiosos gastos, y 
perdiendo un tiempo precioso. 

No se crea á este respecto que emitimos una pueril jactancia 
en inmerecida ó vanidosa alabanza propia. 

Hace cerca de dos años que luchamos en Entre Ríos, en Corrien- 
tes, en Santa Fé y en Buenos Aires, por obtener copias de docu- 
mentos valiosísimos, de los cuales solo una parte hemos podido 
conseguir. Muchos otros documentos, obedeciendo sin duda á 
impulsos de un menguado localismo ó inesplicable espíritu de 
malquerencia, se nos han negado sistemáticamente no pocas veces 
coa toda clase de subterfugios, apesar de estar visibles sus lega- 
jos en los estantes de los archivos, y aún desobedeciéndose ór- 



— 7 - 

denes perentorias impartidas por el Ministerio respectivo, docu- 
mentos cuya pablicacion esclarecería perfectamente muchos pun- 
tos confusos en la historia Oriental, y daría al observador estu- 
dioso en ambas orillas del Plata, la clave de hechos que hasta 
ahora están envueltos en la más lamentable confusión. 



Como es sabido de todos los que siguen de cerca y con interés 
el movimiento literario en Montevideo, una de las anteriores Co- 
misiones Directivas del Ateneo del Uruguay llamó á un concurso 
público, proponiendo con elevada ilustración algunos excelentes 
temas científicos y literarios. 

Solo tuvimos conocimiento de ese concurso muy pocos días 
antes del de la fecha de su realización. Eesolvímosnos así mismo, 
á última hora, á tomar parte en él, presentando la disertación 
que vá á leerse, elaborada en pocos días, apesar de una penosa en- 
fermedad, cuya reagravación ponía muy poco después en peligro 
inminente nuestra existencia, y de la que apenas recien salimos 
ahora en una lenta convalecencia. 

Los valiosos documentos y las consideraciones con que com- 
pletamos ese trabajo, debían formar parte de nuevos capítulos de 
nuestro Estudio sobee Aetigas y su época. 

Pero asimismo, dando preferencii al patriótico llamado del 
Ateneo, y comprendiendo todo el vivo y permanente interés que 
debe inspirar el interesantísimo tema sobre el cual disertamos, 
creímos que podíamos abordarlo separadamente como un peque- 
ño Estudio histórico, si bien muy reducido en su texto, no por 
eso menos interesante, debido sobre todo á los muy valiosos docu- 
mentos que por primera vez se publican en él, más (¡ue á los co- 
mentarios y consideraciones con que los esponemos. 



Fué asi como presentamos nuestra modesta y mal improvisa- 
da disertación en aquel concurso. 

Ahora, con algunas necesarias ampliaciones en el texto, y con 
importantísimas adiciones en la documentación, hemos resuelto 
publicarlo en un libro separado, abrigando la esperanza de que 
nuestros lectores aprobarán complacidos tal resolución, inde- 
pendientemente de ]o bien que este trabajo se encuadra en el 
vasto plan de nuestra obra sobre Artigas y su Época. 

Al proceder asi, creemos por otra parte, rendir un culto sin- 
cero y ferviente, como lo hemos hecho en los dos tomos anterio- 
res á la más austera verdad histórica. Hemos querido ahora tri- 
butar principalmente un merecidisimo honor á los patriotas 
Orientales de 1811. 

Hay realmente para los ciudadanos de 1885, y asi debieran 
aprenderlo los nietos desde los bancos de la escuela, mucho de 
enorgullecedor, mucho de venerable, en esa gloriosa tradición de 
los abuelos de 1811, al patentizarse hoy la espontaneidad con que 
á principios de este año se produjo en toda la Provincia ó Banda 
Oriental, el pronunciamiento revolucionario contra el odiado y 
prepotente dominio español. 

Oleemos que el afán por demostrar y comprobar tan noble 
razgo nacional, puede decirse, de los patricios de 1811 desde 
que con él constituían efectivamente para elíuturo la más sólida 
base de esta combatida nacionalidad, responde en nosotros aun 
esfuerzo y auna preocupación dignas, cuando menos, de la apro- 
bación pública. 

Para nosotros, como Argentinos, hay especialmente un motivo 
más de complacencia y de leal satisfacción al poder atestiguar 
y comprobar aquella noble espontaneidad de los Orientales, en la 
tremenda lucha á que estos se lanzaban sin vacilación ni prepa- 
rativos. 



Llevamos á cabo por lo mismo, esa tarea con decidido empeña 
personal, probando nuestras afirmaciones de una macera incon- 
testable con documentos que casi en su totalidad hemos hecbo 
copiarhaceaños en la Biblioteca Pública de Buenos Aires, y en 
otros archivos de Montevideo y Santa-Fé, y los que recien vienen 
á ser conocidos en esta República. 

Podría, respecto del origen poco conocido ó mal apreciado de 
los primeros gérmenes de esta joven y belicosa nacionalidad, al 
discurrirse sobre los hechos de 1811 y su fecunda influencia en los 
destinos de la Banda Oriental, aplicársele en parte los hermosos 
conceptos con que el eminente historiador inglés Lord Macaulay 
delinea con perfiles magistrales el origen de la nacionalidad in- 
glesa en su evolución nacional, yendo á buscarla en los grandes 
desenvolvimientos políticos y tumultuarios del siglo décimo 

tercero. 

Nuestros lectores verán con interés esa trascripc'on, recono- 
ciendo que efectivamente puede ella aplicarse con algún acierto 
á los orígenes tan mal diseñados todavía de la nacionalidad Uru- 
guaya. 

Dice así Lord Macaulay: 

« Las fuentes de los más caudalosos rios que derraman la 
fertilidad sobre los continentes, y trasportan hasta el mar las 
flotas cargadas de riquezas, deben irse á buscar en las regiones 
montañosas, áridas y selváticas, delineadas incorrectamen' ^ en 
los mapas, y muy raras veces exploradas por los viajeros. La his- 
toria de nuestro país durante el siglo decimotercero puede com- 
pararse acertadamente á una región parecida. 

« Estéril y oscura como es esa parte de nuestros anales, es allí 
donde debemos buscar el origen de nuestra libertad, de nuestra 
prosperidad y de nuestra gloria. Fué entonces que se formó el 
gran pueblo Inglés, fué entonces que el carácter nacional princi- 



— 10 — 

pió á presentar aquellas cualidades que le son peculiares, y que 
ha conservado hasta ahora, siendo desde entonces que nuestros 
padres se hicieron enfáticamente isleños, pero isleños, no mera- 
mente por su situación geográfica, sino por sus ideas politicas, 
por sus sentimientos y por sus modalidades. Entonces, por la 
primera vez fué que apareció de una manera bien caracterizada 
esa Constitución que desde eáa época y por entre toda clase de 
cambios, ha conservado su identidad; esa Constitución de la 
cual son una copia las demás constituciones liberales que exis- 
ten en el mundo; y la que, apesar de algunos defectos, merece 
ser considerada como la mejor de todas las constituciones bajo la 
cual ninguna gran colectividad haya existido jamás durante mu- 
chos siglos. )) 



El patriótico llamamiento del Ateneo del Uruguay invitando 
á los escritores públicos orientales á un concurso en el cual, en- 
tre otros temas no menos interesentes, debía dilucidarse neta- 
mente la espontánea y ferviente participación que tomó á princi- 
pios de 1811 la Banda Oriental en la guerra déla independencia 
contra la España, no podía ser más simpático, más atractivo, ni 
más elevado para los nobles corazones que saben palpitar uníso- 
nos ante las sagradas exigencias del amor patrio. 

En cuanto á nosotros, como lo hemos dicho antes, ignorábamos 
completamente la organización de ese concurso, preocupados co- 
mo estábamos esclusivamente con nuestro Estudio sobre el Ge- 
n eral Artigas y su Epoca^ pasándosenos aquél del todo desaper. 
cibido, hasta después de haber la Comisión del Ateneo proroga- 
do por pocos dias más la presentación de las Memorias, cuyos 



— 11 — 

autores debían tomar parte en aquel torneo literario, económico 
é histórico. 

Lo repetimos; á pesar de nuestra enfermedad, y de la brevedad 
del plazo, estimulados también por las incitaciones de algunos 
amigos, y por nuestro mismo anhelo y vanagloria por dar á luz 
documentos tan honorables y gloriosos para la historia de esta 
República, nos identificamos, puede decirse, con ellos con una ver- 
dadera exaltación patriótica. 

Fué asi como con el mismo entusiasmo y cariño que podria sen- 
tir el más susceptible de los ciudadanos Orientales, resolvimos 
abordar de una vez el asunto, dominando como podíamos nues- 
tros crecientes isufrimíentos físicos, y dedicando nuestras escasas 
horas de reposo á esa grata labor. 

A las diez de la noche del último dia del plazo señalada, y con 
letra de cuatro distintos escribientes que trabajaban á un mismo 
tiempo, pudimos hacer entregar en la Secretaría del Ateneo la 
Memoria ó disertación que publicamos ahora, aunque muy amplia- 
da, mereciendo ya que no el premio honorífico ofrecido (por la 
razón que se adujo, no escluyente así mismo, de que nuestro tra- 
bajo era el único presentado sobre el mismo tema) al menos un 
Informe ó dictamen, más que laudatorio, benévolo en alto grado, 
redactado con serena y aún /"m imparcialidad por el doctor Síen- 
ra y Carranza, con cuyo dictamen encabezamos esta edición; y 
después de cuya lectura fué recien conocido y proclamado al pú- 
blico nuestro nombre como autor de la disertación. 

En atención á la importancia é interés nacional del tópico 
que elejimos, hemos creído conveniente introducir algunas am- 
pliaciones en el texto de nuestro trabajo, completándolo, como lo 
hemos dicho, con nuevos documentos de grande interés históri- 
co, que es tiempo ya sean profusamente conocidos por el pueblo 
oriental. 



— 12 — 

Hemos querido demostrar así, y demostramos con irrecusables 
y numerosos comprobantes: 

Primero: Que la mayoría de los hijos de la Provincia Orien- 
tal se hallaba ya á principios de 1811 animada del más puro pa- 
triotismo; 

Segundo: Que teniendo la España en Montevideo el más fuer- 
te baluarte y centro militar, los Orientales desafiaron asi mismo 
su poder, y se lanzaron á la revolución con solo sus mezquinos 
elementos propios, sin tomar en cuenta para nada su debilidad ni 
aislamiento; ni mucho menos la invasión amenazadora é inmi- 
nente délos Portugueses, que muy pronto después se realizó; 

Y tercero: Que solo después de estar pronunciada toda la pro- 
vincia desde Belén hasta Maldonado, y de haberse dado varios 
sangrientos hechos de armas, teniendo movilizada ya la mayor 
parte de sus poblaciones rurales, fué que le llegaron los auxilios 
de armas y de escasos soldados que le envió la Junta Guberna- 
tiva de Buenos Aires, como lo dice el mismo General Artigas en 
una de sus notas, "de 200 pesos y ciento cincuenta hombres"; 
hasta que las fuerzas del General Rondeau en unión con las de 
aquél establecieron el primer asecho de Montevideo, solo des- 
pués de haber Artigas quebrado irremediablemente el poder 
español en la batalla de las Piedras, y después, en el segundo 
sitio, de haber conjuntamente expulsado al odiado General Sar- 
rata del Ejército patriota que mandaba en gefe. 

Para los indiferentes, para los estraños, para los que no sien- 
ten circular en sus atronadas venas el calor del patriotismo de 
los primeros días de la Independencia Americana, ni que hayan, 
como nostros en nuestra infancia, saludado con fanatismo el sol 
del 25 de Mayo al pié de la pirámide de la Plaza de la Victoria, 
podrá parecer que el asunto no vale la pena de ser esclarecido con 
laboriosa ni ardua disquisición y comprobación. 



— 13 — 

Nosotros opinamos de muy distinta manera. 

Creemos que la prioridad ó precedencia en las grandes maní» 
Testaciones nacionales que consagran un gran principio politice, 
de esas que marcan una gloriosa etapa en la historia de la huma- 
nidad, sea para derrocar un trono secular, sea para emancipar una 
nacionalidad, sea para abrir un nuevo horizonte á las generacio- 
nes subsiguientes; esa prioridad ó precedencia, decimos, merece 
ser correctamente establecida, reconocida, y aún ostentada en 
consecuencia, como un timbre de honor para el pueblo progre- 
sista y reformador que supo llevarla á su realización. 

Ese timbre faé conquistado por el pueblo de Buenos Aires el 
25 de Mayo de 1810, y siete meses después por el pueblo Orien- 
tal, reivindicándolo audazmente en el pronunciamiento que de- 
bemos llamar, en el estilo revolucionario moderno, el grito de 
Asencio, proclamando la insurrección á orillas de ese mal coio- 
cido arroyuelo del Departamento de Soriano; y el cual debiera ser 
tan glorioso para los Orientales, como lo es el grito de Yara para 
los independientes Cubanos, el gi'ito de JDolcres para los liberta- 
dores Mejicanos, ó el de Ipiranga para los Brasileros. 

Asi los orientales de 1811 supieron hacerse dignos de la sa- 
grada causa de su independencia, mucho antes que el Paraguay, 
que Chile, y sobre todo el Perú, Bolivia y el Ecuador, secciones 
Sud- Americanas que con escepcion de los estériles conatos del 
Oidor Rosas y los de José Miguel Carrera (el héroe por fuerza , 
como le llama el doctor don Vicente F. López) en Chile, y de la 
ilustre y martirizada Cochabamba, precisaron el calor vivificante 
de la sangre y de las armas argentinas para lanzarse con decisión 
de uoa vez á la insurrección activa contra la madre pat/ia. 

El pueblo Oriental no necesitó de libertadores, como aquéllos . 
Se libertó á sí propio, con sus débilísimos recursos. 

El pueblo Oriental tiene, pues, el más legitimo derecho á enor- 



— 14 — 

gullecerse con ese blasón heroico de su tradicional patriotismo, 
como uno de los primeros precursores de la Eevolucion Ameri- 
cana. ¡Honra y prez á sus antepasados! 

Ha de venir á ser con el tiempo una tarea grata y noble para 
sus historiadores el escudriñar y explorar con el afán con que el 
ávido minero rastrea el tesoro de una valiosa veta, pero con más 
puros sentimientos, la filiación y genealogía de hechos tan meri- 
torios y gloriosos como los que vamos á señalar á la admiración 
de la nueva generación; buscando esos historiadores entre los 
fastos de la patria vieja, los rasgos típicos de sus mayores, con 
la misma entusiasta veneración con que la republicana Suiza 
muestra á la Europa monárquica el brazo incontrastable y la, 
ballesta y la flecha de su impertérrito y legendario Guillermo 
Tell. 

Opinando nosotros de este modo, se reconocerá con cuanta 
razón apelamos ahora al sentimiento patrio de los Orientales, en 
el cual estamos seguros han de hallar nuestras revelaciones un 
eco simpático. 

Muy lejos de pretender influir en nuestro favor, haciendo valer 
hoy pueriles ni interesadas lisonjas al pueblo Uruguayo, las que 
estarían absolutamente de más en este caso, puesto que ya hemos 
prohado en nuestra obra sobre Artigas, que así pensábamos 
hace treinta y tres años, cuando estábamos muy distantes de 
prever que años después habíamos de hospedarnos por tanto 
tiempo en su hogar; solo confiamos en la gravitación é influencia 
del recto é imparcial sentimiento de justicia que predomina 
en nuestras apreciaciones y juicios al reconocer y discernir en 
nuestros ensayos históricos á cada nacionalidad, á cada pro- 
vincia, á cada agrupación política y á cada hombre público, la 
parte que les haya correspondido en la magna época de la Inde- 
pendencia. 



— 15 — 

Se comprenderá y aan justificará que al discurrir nosotros 
sobre tópicos que se relacionan tan directamente con la guerra 
de la independencia, nos liáyainos esforzado, en cuanto nos ha 
sido posible, por observar una cordial moderación tratándose del 
régimen español y de sus defensores de aquella época. 

Hijos nosotros también depatri otas españoles, educados en un 
venerable hogar en que imperaban fervientemente el españolis- 
mo patrio, el españolismo libérrimo del inmortal Riego, el fana - 
tismo por la independencia contra Bonaparte, y el fanatismo d el 
capitán de la Milicia Nacional por la libertad contra el absolu- 
tismo teocrático de Toreno y Calomarde, mal podíamos dejar de 
proceder por otra parte sin observar esa conciliación fraternal 
hacia la España y sus hijos, que después de la guerra á muert e 
entre nosotros desde 1810 á 1824, ha debido sobreponerse por 
tantos y tan caros títulos, en el pensamiento, en las predileccio- 
nes y en la acción de los americanos de la raza latina en favor 
de los españoles. 

Justamente es en esta hermosa, y más culta República en 
donde esa lucha tuvo de una y otra parte más benignos y más 
templados caracteres ; no horrorizando por fortuna ni unos 
ni otros al mundo observador con las atrocidades que som- 
brean algunos lóbregos cuadros de aquella guerra en Buenos 
Aires mismo, en San Luis, sud de Chile, Cochabamba y demás 
Intendencias del Alto y Bajo Perú, y sobre todo en Venezu ela y 
Méjico. 

A las matanzas y desorejamientos hasta llenar cajones, que el 
bárbaro Zuazola ejecutaba en 1813 en los prisioneros venezola- 
nos, para mandar de regalo como escarapelas álos españoles lea- 
les, y para que clavasen esas orejas de los patriotas en las puertas 
de sus casas; á las ejecuciones feroces que sin piedad ni cuartel 
ordenaban los no menos bárbaros Boves y Monte-verde; á los 



— 16 — 

degüellos de poblacioDes patriotas enteras que practicaba en el 
Tuy el feroz Rósete, dejando insepultos en su tránsito más de 
trescientos cadáveres de niños y de ancianos; á esos crímenes 
oficiales, aplaudidos y autorizados, contestaba en 1814 el infle- 
xible Bolívar con su horrendo decreto de Trujíllo, ordenando la 
guerra sin cuartel., y encargando pocos días después al bárbaro 
patriota Coronel Arismendi la fusilacion de 800 vecinos y presos 
españoles en la Guaira y 400 en Caracas; hecatombe atroz que 
duró tres días en practicarse ordenadamente! La historia del pa- 
tibulario Callejas en Méjico chorrea el mismo raudal de sangre. 
Todos esos desalmados jefes, como agentes del Gobierno Espa- 
ñol, parecían no querer guiarse por otra regla de conducta que 
la que les marcaba con brutal ferocidad el General Morillo en su 
célebre carta á Fernando VII de principios de 1817, reproducida 
en El Mercantil de Cádiz, de 6 de Enero de aquel año: 

« Para subyugar las Provincias insurgentes, es necesario tomar 
las medidas que se tomaron en la primera conquista: extekmi- 

NARLASÜ » 

Nada de esto ha mancillado por fortuna la historia déla prime- 
ra independencia oriental. 

Agregaremos ahora dos palabras como un ligero paréntesis, 
visto el interés mismo del asunto. 

Al defender nosotros resueltamente al libertador Artigas, he- 
mos probado, y la comprobaremos más adelante con nuevos jus- 
tificativos, su clemencia para con los vencidos españoles, como la 
observó también ulteriormente con los vencidos y prisioneros que 
hizo de otras nacionalidades en sus guerras sucesivas hasta 
1820. 

Su magnanimidad con los vencidos del Paso del Rey, de las 
Piedras, del Colla, de San José, y demás prisioneros de esos dias, 
no tiene ejemplo en los fastos de la guerra de la independencia 



— 17 — 

de aquella época, después de la matanza de patriotas en la Paz 
por el feroz Goyeneche en 1809. 

Si cuatro años después, cuando los españoles residentes en 
Montevideo, fuertes, ricos y numerosos, fraguaban frecuentes 
conspiraciones para reconquistar esta Capital de la Provincia, por 
medio de un golpe de mano, de acuerdo con los trabajos que ade- 
lantaban y urjian más de tres mil españoles, militares, marinos 
y comerciantes acaudalados, refugiados en Rio Janeiro y otros 
puntos más inmediatos del vecino reino; poniendo todos los dias 
en gravísimo riesgo la tan combatida causa de la patria; ayudados 
por las autoridades portuguesas; envalentonados por los anun- 
cios de sucesivas expediciones que debian salir de un momento á 
otro de la madre patria; y aprovechando la fatal discordia que 
cundia, y que ellos atizaban entre porteños y orientales; tomán- 
dose en consideración todas esas serias razones y apercibimientos; 
no debe hacerse con justicia un gravísimo cargo á Artigas ni á 
sus adictos, porque trataron de anular é imposibilitar esas tenta- 
tivas, y alejar esos peligros, confinando á un corto número de 
españoles, los más exaltados y temibles, en el pueblo nuevo de 
Purificación que se fundó al efecto en el Hervidero. 

Asi también se les confinaba á otros españoles en esa misma 
época en la solitaria pampa de Buenos Aires, al remoto campa- 
mento de las Bruscas, ó en la mediterránea Provincia Argentina 
de San Luis, en donde una tremenda hecatombe de distinguidos 
desterrados ofreció uno de los más nefastos cuadros de la guerra; 
ó como los cuatrocientos deportados y vecinos notables,y pudien- 
tes de Lima en su mayor parte, que el implacable Monteagudo, 
con beneplácito de nuestro gran San Martin, envió desde el Ca- 
llao á morir en la isla de Chiloe, salvándose apenas la mitad de 
esos degraciados mártires déla ferocidad desús conductores y 
de sus carceleros. 



— 18 — 

Hemos de probar, y lo hemos probado ya en parte, en nuestra 
obra Estudio sobre Aetigas y su Época, que ni un solo español 
de los confinados en Purificación fué víctima de ninguna ven- 
ganza oficial, y que todos regresaron á Montevideo, no pocos con 
licencia expresa del mismo Protector, á quien las atroces co- 
lumnas de sus enemigos de los directorios de Posadas, Alvear y 
Alvarez Thomas han pintado, á sabiendas de su impostura, 
como un caníbal; reproduciéndose con fruición esas calumnias 
por los ilustrados Mitre, López y Sarmiento. 

Perdónesenos esta digresión, que anticipamos de paso en de- 
fensa de la misma causa de la patria, en cuanto ella se relaciona 
con Artigas. 

Volviendo al carácter conciliador que hemos impuesto á nues- 
tros juicios en cuanto á la madre patria, nuestra querida y caba- 
llerezca España, á su excluyentey tiránico régimen colonial, y á 
sus defensores, séanos permitido hacer nuestra la misma opi- 
nión que en sentidas frases emite el Marqués de Eojas en su 
biografía del gran Bolívar. No seremos sus vasallos, pero sí sus 
hijos ó sus hermanos; lo que está más cerca del corazón. 

« El temor, dice, de herir la susceptibilidad de España, qu e 
tiene entre nosotros el cetro de la amistad, más merecedor de 
acatamiento que el cetro de su antiguo imperio, nos asaltó al 
narrar algunos episodios de la historia, y aún puso freno á nues- 
tro entusiasmo. Empero los descendientes de una generación 
que en cumplimiento de leyes ineludibles del progreso, combatí 6 
á España, con más denuedo y lealtad que los demás pueblos del 
continente americano, tienen la honra de haber sido los prime - 
ros en extinguir por siempre el fuego de odiosidades injustifica- 
das, y de reconocerse vasallos de ella por amores y por gratitud 
del corazón." 

Concluyamos. — 



— 19 — 

Estamos seguros de que en estos Apuntes se hallarán amplí- 
simos y satisfactorios justi ficativos de todo cuanto hemos aseve- 
rado, tanto con relación á esa espontaneidad de los patriotas 
Orientales en la primera lucha por la independencia de la Pro- 
vincia, lucha que puede señalarse como la primera época artiguis- 
tcif cuanto respecto de la cooperación habilísima y de la enérjica 
dirección que ella recibió del prestigioso é intrépido Coronel Ar- 
tigas. 

Ya que al presentar nuestro trabajo al Ateneo, como lo hemos 
dicho antes, no nos fué dado obtener el modesto pero honorífico 
, premio tan solemnemente prometido en el llamamiento al con- 
curso, por la razón de ser nuestro trabajo el único en su clase 
presentado sobre el tema propuesto; (sostituyéndose por la nue- 
va Comisión aquel modesto premio, con la generosa inserción ó 
publicidad que se le diú á esta disertación en el periódico los "^ ««• 
les del Ateneo" j] aún así mismo, no hemos dejado de felicitar- 
nos vivarxiente por haber abordado con decisión un tema tan 
elevado como atractivo, en el cual nos ha sido posible y aun fá- 
cil, una vez más, con tan excelentes materiales como teníamos 
atesorados, hacer amplia y merecida justicia á los primeros pa- 
triotas del año 11, tan mal conocidos en esta misma hospitala- 
ria y querida tierra Oriental. 

Nos ha quedado también nuestra propia y legitima compla- 
cencia como principal premio á nuestro trabajo, alentados por el 
aplauso imparcial y espontáneo con que él ha sido benévola- 
mente favorecido por muchos distinguidos ciudadanos, á quienes 
aprovechamos esta oportunidad para tributarles nuestro recono- 
cimiento por las manifestaciones de simpatía y estímulo con que 
nos han animado en nuestra labor. 

Grande será nuestra satisfacción si los favorecedores de esta 
obrita acojen con la misma benevolencia las pajinas que van á 

2 



— 20 



leerse, destinadas, como se vé, á rememorar dignamente, arran- 
cándolos de un ingrato olvido, los hechos y razgos del acrisolado 
patriotismo y de la ejemplarísima abnegación y virtud cívica 
de los patricios Orientales de 1811. 



Montevideo, Mayo 1.» de 1886. 



Jicsto Maeso. 



DICTAMEN DEL D; D. JOSÉ SIEMA GARRAIA 



Sobre el trabajo de don Justo Maeso titulado: «lia 
Insurrección Emancipadora de la Provincia Orien- 
tal en 1811.» 



La extensión del trabajo histórico sobre ¡a Insurrección eman- 
cipadora de la inovincia Oriental en 1811, sits antecedentes y su 
espontaneidad, sometido á mi dictamen, me ha impedido hacer 
un detenido estudio, como habria deseado, para desempeñar cum- 
plidamente el encargo de la Junta Directiva. 

Puedo, sin embargo, decir que probablemente habría sosteni- 
do bien la competencia con otras composiciones de su índole que 
se hubiesen presentado al certamen. 

Nótase en esta obra una concepción clara de su objeto, tal 
como fué designado en las bases del concurso, un conocimiento 
exacto déla época á qne se refiere, del estado social, político y 
militar del teatro en que los sucesos se desarrollan, de los ante- 
cedentes y de las circunstancias accidentales que les dieron orí- 
gen é impulsión, y de los intereses y pasiones individuales ó po- 
pulares cuya acción compleja los contrarió ó vivificó en los aza- 



— 22 — 

res de la lucha y les impr ime su carácter dramático en la narra- 
ción histórica ante los ojos de la posteridad. 

La documentación con que se abonan los he clios que se afir- 
man y los juicios que se formulan es abundante, y, en su genera- 
lidad, poco conocida, encerrándose en esto tal vez la más preciosa 
de las condiciones de esta producción. 

Bajo este punto de vista difícilmente habría sido aventajado 
en el certamen. 

Es sensible que con tales elementos no haya podido el autor 
emprender una obra detenida en que su propio plan hubiese reci- 
bido una ejecución tan acabada y brillante como se lo permitirían 
su preparación histórica y las felices facultades literarias que se 
revelan en numerosos pasajes de su disertación. 

Pero la improvisación de un trabajo de este género hace ine- 
vitables las deficiencias de forma y de fondo, el desequilibrio de la 
intención y del pensamiento filosófico en la apreciación de los di- 
versos datos secundarios ó capitales del problema histórico, y la 
irregularidad en el tono, en el nervio y en la corrección del esti» 
lo y del lenguaje bajo cuyas galas se resucita el pasado, y se le 
coloca, con sus pasiones y sus anhelos, con sus derrotas y sus 
triunfos, con su luz y sus sombras, en comunicación con las gene- 
raciones presentes y venideras. 

El autor sólo ha utilizado los últimos doce días de la próroga 
que la Junta Directiva concedió para la presentación de las pro- 
ducciones destinadas al certamen, tiempo que apenas habría bas- 
tado para la prolija revisión de las que ya se hallasen concluidas 
para ese objeto. 

Pero estas circunstancias no impiden que se reconozcan las 

laudables condiciones indicadas al principio de este dictamen, ni 

el mérito que la obra tiene como única que ha respondido al llama» 

.^ ^do hecho por el Ateneo á los hombres de estudio del país estimu- 



— 23 — 

lando el cultivo de la historia patria;— y, ya que no sea del caso 
otra distinción por la inteligente laboriosidad con qne el autor 
quiso llenar á última hora el vacio que existía á este respecto, 
opino que debe resolverse la inserción de su trabajo en los 
Anales del ^¿eweo, rompiéndose el sobre que contiene su nombre 
y haciéndolo conocer en el acto público de premios del certamen. 
Saludo á los señores de la Junta con mi mayor estimación. 



J. SlENRA CaERANZA. 



^tí 



LA INSURRECCIÓN EMANCIPADORA 

DE LA PROVINCIA ORIENTAL EN i8M 

sus ANTECEDENTES— su ESPONTANEIDAD 



INTRODUCCIÓN 

« ün puñado de patriotas orienlates, cansado dé tiumillaciones, habia 
« decretado ya su libertad ea la villa de Mercedes : llena la medida del 
« sufrimiento por unos procedimientos los más escandalosos del déspota 
« que les oprimía, hablan librado sólo á sus brazos el triunfo de la justicia 
« y tal vez hasta entonces no era ofrecido al templo del patriotismo un voto, 
« ni más puro, ni más glorioso, ni más arriesgado : en él se tocaba sin re« 
« medio aquella terrible alternativa de vencer ó morir libres; y para huir 
« este extremo era preciso que los puñales de los paisanos pasasen por en» 
< cima de las bayonetas veteranas. » 

( Ñola del General Artigas, de 7 de Diciembre de 1811, 
a la Junta Gubernativa del Paraguay ). 

No es fácil ni aún practicable compendiar en una brevísima 
disertación destinada á una rápida lectura pública, las múltiples 
causas, accidentes y combinaciones que preceden y concurren á 
la iniciativa de un gran pronunciamiento popular; y con tanta 
mayor razón, si ese pronunciamiento aspiró á la emancipación de 
un pueblo y á echar por tierra la prepotente y secular opresión 
de un casi incontrastable conquistador. 



— 26 — 

Tal magna revolución, obra digna de una suprema y vigorosa 
vitalidad en la raza que la afrontó, reclama, para diseñar siquiera 
sea sus rasgos culminantes, las vastas proporciones de la Histo- 
ria, las concepciones profundas y bien meditadas del filósofo, del 
moralista político, así como el pincel rutilante de luz y de ex- 
plendorosas descripciones con que el historiador dibuja en su 
mágica paleta los contornos, los lineamientos, la fisonomía moral, 
las virtudes ó los crímenes de los hombres notables y de las ge- 
neraciones pasadas, presentándolas de relieve ante la admiración 
de los contemporáneos. 

Pero tenemos que cumplir el programa impuesto en la com. 
binacion de este nobilísimo concurso, y esto sin más tiempo para 
preparar nuestro trabajo, que los doce días que median entre la 
publicación y aplazamiento para la presentación de las disertacio- 
nes, en que recien tomamos conocimiento de este certamen, y el 
día del recibo de las mismas. 

Nuestra tarea se dificulta no poco con una enfermedad que 
absorbe, con los sufrimientos que nos inflige, una gran parte de 
nuestro tiempo, y aún la tranquilidad de nuestro espíritu; " pero 
asimismo, hemos dedicado algunas horas diarias de febril reposo 
á la redacción de este ligero bosquejo, aspirando especialmente 
á aprovechar tan hermosa y señalada oportunidad para hacer 
justicia plena y merecidísima á ciudadanos beneméritos que, al 
frente de lo que en 1811 constituía el pueblo nacional de la Pro- 
vincia Oriental, esperan aún recibir de sus nietos el reconocimien- 
to y la honra á que tan dignamente se hicieron acreedores. 

Pero antes de entrar en materia, séanos permitido observar 
que en la dirección de este concurso, especialmente en el impor- 
tante tema que nos ocupa, tan poco conocido por desgracia, 
ha debido tenerse en vista, para la preparación de estos trabajos 
no solo la parte literaria que exige el programa, la que es á núes- 



tro juicio muy accesoria, y la parte histórica (que. puede ser sim- 
plemente narrativa ó deductiva de hechos ó afirmaciones más ó 
menos discutibles y mal definidas, expresión de confusas y con- 
tradictorias tradiciones), sino principalmente la parte comproba- 
toria, diremos así, destinada á llevar al ánimo del oyente ó del 
lector, una absoluta evidencia y un testimonio irrecusable de los 
hechos que se narran 6 se comentan. 

La vivida imaginación del poeta, las descripciones con que el 
historiador resucita en el presente las generaciones del pasado, á 
fin de juzgarlas según sus méritos en el Josafat de la Historia, no 
pueden llevar consigo el noble sello de la verdad y la autoridad 
de la justicia postuma, sino se fundan en la verdad misma, y si no 
consagran en cada uno de sus juicios, rasgos y accidentes, un 
pleito homenaje á la exactitud histórica, investigando y exploran- 
do asiduamente en el vasto campo de la documentación. 



Opinando de este modo, no nos es posible abordar modesta- 
mente el arduo tema dado por la ilustrada Dirección de este con- 
curso, sin tener que desviarnos en parte del estrecho recinto á 
que se le ha limitado, atreviéndonos á imprimir por cuenta propia 
mayor amplitud á nuestro trabajo, á fin de autorizarlo ante todo, 
y enaltecerlo, con testimonios fehacientes, que den mayor respeta- 
bilidad á nuestra palabra. Asi llevaremos al ánimo de este selec- 
to auditorio el profundo convencimiento de la rigorosa exactitud 
histórica de nuestras afirmaciones. 

Es incuestionable que en materia de historia, las vaguedades, 
las conjeturas, las aseveraciones más ó menos parciales, pero 
desprovistas de comprobación, no pueden hacer fé en el ánimo 
del público sensato, aún tratándose de cuestiones y juicios sim- 
páticos á éste. 



— 28 — 

El apasionamiento en las opiniones del historiador que, coma 
en Luis Blanc, intenta enaltecer á Robespierre, haciendo de un 
monstruo un virtuoso puritano, ó en Fronde, tratando de hacer 
de Enrique "VIII un rey ejemplar; ó que derrumba de su alto pe- 
destal á los semidioses de la guerra, como Carlyle á Federico el 
Grande, presentándolo como un torpe y perverso insensato; ó coma 
Walter Scott á Napoleón; que clava sobre el patíbulo de la poste- 
ridad á los grandes criminales, ó que, por otra parte, disfraza 6 
palia los grandes errores ó las grandes iniquidades, buscando en 
ellas las torpes complicidades de un pueblo embrutecido por el 
fanatismo, como la España de Felipe II: ese apasionamiento, 
por más que se disfrace y resplandezca con las galas atractivas 
del ingenio 6 con la aureola del talento creador, no basta por si 
sólo para dar autoridad á su palabra, y encarnarla en el espirita 
del pueblo, como el Evangelio de la verdad histórica. 

No es cuestión, pues, de emitir y sancionar juicios exaltados y 
preconcebidos por la pasión de ánimo, ni avanzar especulaciones 
imaginativas sobre un tema más ó menos paradójico é improba- 
ble. 

En Historia hay que ir derecho á la evidencia, al testimonio, á 
la prueba; como el único camino de la verdad, como la única é 
ineludible ley de la justicia y de la rectitud. 

Y séanos permitido afirmarlo: esas pruebas están aún por pre* 
sentarse en el gran torneo de la Historia Oriental, y no son, por 
consiguiente, conocidas de la generación actual, que ignora, sin 
duda á pesar suyo, cuanta fué la abnegación, el heroísmo y la pu- 
reza patriótica de sus mayores en la lucha que preparó la eman- 
cipación de esta Provincia del férreo vasallaje español. 

Para «ouseguir historiar la espontaneidad del movimiento popu- 
lar iniciado en la Provincia Oriental en 1 811, á fin de combatir el 
despótico y retrógrado régimen de la metrópoli, es indispensable,. 



— 29 — 

pues, ampliar extensamente el campo de las investigaciones his- 
tóricas, arar hondo, y no limitarse, como se ha hecho hasta ahora 
por los apreciables escritores que se han ocupado de esa parte de 
la historia oriental, á la concisa enunciación y repetición de cier- 
tos hechos superficiales de aquella época. 

Para ello es indispensable recurrir á los Archivos de las capita- 
les del Rio de la Plata y aún de algunas Provincias, así como á 
las publicaciones periódicas de aquella magna década, y encontrar 
en la serie de documentos oficiales dirijidos ó publicados enton- 
ces, la verdad irrefutable de las afirmaciones y deducciones que 
deban hacerse, y la autenticidad de los informes que deben formar 
el zócalo del monumento levantado á la memoria de tantos emi- 
nentes ciudadanos, cuyos nombres hay que desenterrar de entre 
el polvo de los archivos ó de las ya olvidadas publicaciones. 

Es de este modo como únicamente puede escribirse la historia 
entre nosotros. 

El gran ideal del historiador debe ser la verdad; y bien pensa- 
ron los antiguos al pintar esa semidiosa oculta entre la oscuri- 
dad de un pozo. Hay que penetrar y descender mucho en el pozo 
de los archivos y de las pruebas escritas á fin de llegar hasta ella, 
y presentarla entonces á la vista atónita de los contemporáneos 
en su majestuosa desnudez, en su espléndida belleza, ó en su re- 
pugnante deformidad. 



.Opinando de este modo, se comprenderá que nuestra diserta- 
ción no es sino un relato documentado de los principales hechos 
de aquella época, en el cual nuestro rol es simplemente el del 
compilador de comprobaciones, interesantísimas por su mismo 
mérito intrínseco, alentados nosotros por el lamentable é imper- 
donable hecho de haber ellas permanecido durante mucho más de 



— 30 — 

medio siglo, ignoradas del mismo pueblo que más debía intere- 
sarse en conocerlas, y más legitimo orgullo debía tener en divul- 
garlas. 

Keducida nuestra misión á tan modestas pretensiones, al ex- 
humar del polvo del olvido hechos y nombres preclaros, concu- 
rrimos asi mismo vacilantes y retraídos á este honorable certa- 
men, no como el historiador ó el literato confiado en su compe- 
tencia y en su valor, sino simplemente como el cronista 6 como 
el revelador de grandes y nobles hechos consumados por los 
orientales en 1811; hechos que por si solos bastarían para la 
gloria y engrandecimiento de la más viril nacionalidad. 
i^ A ñn de asegurar una más metódica y comprensiva distribución 
de las materias que vamos á tratar en este ligero Estudio, hemos 
creído conveniente dividirlo en dos partes. Al efecto, hemos des- 
tinado la primera á indicar, más que con nuestra exposición, con 
algunos documentos inéditos, los incidentes más importantes que 
tuvieron lugar inmediatamente después de la revolución del 25 
de Mayo de 1810 en Buenos Aires, con relación á las autoridades 
que funcionaban á la sazón en ^íontevideo, así como á las nego- 
ciaciones que se plantearon, y correspondencia que se cambió 
entre unas y otras autoridades, hasta el definitivo rompimiento 
entre ambas. 

Y la segunda parte la hemos destinado exclusivamente á hacer 
resaltar también con pruebas y documentos desconocidos hasta 
ahora, el espítitu de ardoroso y espontáneo patriotismo que im- 
pulsó á los orientales á dar el grito de Independencia, tres meses 
antes de recibir refuerzos de ninguna clase desde Buenos Aires , 
no contando entonces, en su imprudente precipitación, sino con 
sus propios recursos y con las débiles y bisoñas fuerzas con que el 
vecindario rural inició sus hostilidades contra el fuerte poder es- 
pañol. 



— 31 — 

El encaclenamiento de los sucesos y la estrecha hllacion que li- 
ga á unos con otros, nos ha inducido á adoptar esta división, la 
cual, aunque dá quizá demasiada amplitud á nuestro trabajo, 
sirve asimismo á rememorar hechos y circunstancias que no de- 
ben pasar por más tiempo ignorados. 

Con ellos se complementa en parte, hasta cierto punto, la im- 
perfecta y deficientísima historia oriental de este primer perío- 
do, y se revela hasta qué extremo, ante las resistencias opuestas 
en Montevideo al triunfo de la patria, fué tanto más meritoria 
y gloriosa la consagración con que aquellos orientales de la cam- 
paña corrieron presurosos y entusiastas á sacrificarse en aras de 
tan noble causa. 

Tememos, con razón, pasar por difusos, y llevar quizá hasta un 
extremo pueril y por demás minucioso, los detalles y accesorios 
de esos hechos; pero aliéntanos á persistir en ello la persuacion 
de que, al tratarse de los hechos dignos y gloriosos de un pue- 
blo, todo debe colectarse y reproducirse con la misma minuciosa 
veneración con que el oficiante sacerdote católico acumula en su 
patena de oro los más mínimos fragmentos de la hostia consa- 
grada. 

La historia es el verdadero sagrario de los pueblos civiliza- 
dos y pundonorosos; y en ese panteón de gloria postuma, de no- 
ble gratitud nacional, hay amplio espacio para rememorar del 
mismo modo el nombre de los grandes servidores de la patria 
como el de sus más oscuros y mal retribuidos mártires. 

De todos modos, nos alienta la esperanza de que nuestro tra» 
bajo, si bien desprovisto de atractivas galas del estilo y déla 
majestuosa elevación de la historia, servirá, cuando menos, por 
la novedad de sus revelaciones, divulgando documentos que jamás 
se han conocido ni publicado hasta ahora en la República, para 
interesar el patriotismo de este ilustrado auditorio, y presentar 



— 32 — 

á la esplendorosa luz de la gratitud nacional el recuerdo de los 
buenos y dignos patriotas que supieron dar un carácter propio y 
típico á la ludia por la Independencia en el memorable año de 
1811, encarnando en sus actos no sólo la aspiración triunfante á 
la emancipación del yugo español, sino afrontando al mismo 
tiempo una nueva y formidable lucha contra el Portugal inva- 
sor, acentuando á la vez las futuras resistencias á la creciente 
opresión de los gobiernos de las Provincias Unidas del Rio de la 
Plata. 

En este triple pronunciamiento y resistencias, vamos á ver 
consignados en documentos de imperecedera gloria, ocultos hasta 
ahora en un ingrato olvido, cual fué la espontaneidad y el he- 
roísmo con que la débil Provincia Oriental, limitada á su casi 
despoblada campaña, supo afrontar todos los peligros, soportar 
todos los sa&ríficios y vencer todas ías resistencias. 



PARTE PRIMERA 

PKEPAEATIVOS Y ANTECEDENTES DE LA INSUEEECCION ORIENTAL 
CONTRA LOS ESPAÑOLES EN 1811 



Antes de entrar en algunos detalles históricos, creemos que 
conviene presentar una ligera idea de la población residente en 
los pueblos diseminados en la vasta campaña oriental en el pe- 
riodo en que tenian lugar tan magnos sucesos. 

Las cifras que reproducimos en seguida, son indicadas por el 
ilustrado Presbítero doctor Larrañaga y don Raimundo Guerra, 
en los Apuntes en que ambos consignaron algunos de los hechos 
principales de aquella época. 

Ante esas cifras, podrá formarse una idea aproximada de la 
escasa importancia relativa de la cooperación que tanto esas na- 
cientes villas como el resto de la población rural, radicada en las 
estancias de la campaña, podían prestar en su conjunto á la cau- 
sado la Independencia con sus elementos, con sus brazos y con 
su sangre; cooperación con la cual, sin embargo, debian esos 
orientales, dirigidos poco después por el General Artigas, lu. 
char durante algunos años con la España, con el Portugal y con 
las Provincias Unidas, en defensa incomparablemente heróioa 
de su independencia, de sus derechos, y, por último, del terri- 
torio patrio. 

En cuanto á la población de la ciudad de Montevideo, el mismo 



— 54 — 

doctor Larrañagala determinaba entonces en 15,245 habitantes. 
Agregamos también la población de los siete pueblos de Misio- 
nes, cuyo contigente fué tan valioso para la causa de la libertad 
desde los primeros dias de la revolución, y cuya sangre se vertió 
tan pródigamente en las luchas ulteriores con el Portugal y el 
Brasil en defensa de la Independencia Oriental. 



PUEBLOS 


FUNDACIÓN 


HABITANTES 


Santo Domingo Soriano ■ 


1650 


1700 


Colonia del Sacramento (vi 


Ha) 








1679 


300 


Eeal de San Carlos (pueblo 


) 








1680 


200 


Víboras (idem). 










1680 


1500 


Espinillo (idem) . 












1680 


1300 


Maldonado (ciudad). 












1730 


2000 


San Miguel (fortaleza) 












1733 


40 


Santa Teresa (idem) 












1762 


130 


Santa Tecla (idem) . 












1773 


130 


Canelones (villa) 














1778 


3500 


San Carlos (idem) 














1778 


400 


Piedras (pueblo) 














1780 


800 


Colla (idem). . 














1780 


300 


San José (villa) . 














1781 


350 


Santa Lucía (idem) 














1781 


460 


Pando (pueblo). 














1782 


300 


Minas (villa) . 














1783 


450 


Mercedes (pueblo) 














1791 


850 


Meló (villa). . 














1795 


820 


Kocha (idem) . 














1800 


350 


Batoví (pueblo) . 














1800 


940 



- 35 — 



MISIONES 



PUEBLOS 



San Nicolás. 
San Miguel . 
San Luis . 
San Borja . 
San Lorenzo 
San Juan . 
San Ángel . 



FUNDACIÓN 



1627 
1632 
1632 
1690 
1691 
1692 
1707 



HABITANTES 



3667 

1937 
3500 
1800 
1275 
2388 
1986 



Antes de entrar de lleno en la época revolucionaria de 1810, 
conviene que retrocedamos á un corto periodo anterior. 

Como el explorador de paises desconocidos, que remonte el 
curso de sus ríos hasta sus cabeceras, debemos ascender al origen 
de ciertos sucesos, á fin de darnos cuenta aproximada de las sin- 
gularidades de la región que recorremos. 

La más rigorosa exactitud histórica exije de nosotros que 
hagamos constar de un modo autorizado, en honor de algunos 
eminentes ciudadanas orientales, que un año antes del gran pro- 
nunciamiento del 25 de Mayo de 1810 en Buenos Aires, el gene- 
roso pensamiento de la Independencia germinaba y cundía ya 
entre algunos patriotas de esta Banda del Rio de la Plata, incu- 
bándose con el ardor de la juventud en la cabeza y en el corazón 
de algunos miembros de familias distinguidas, quienes, por su 
misma condición social, debian juzgarse tanto más autorizados 
para asegurar, merced á su acción y á su influencia, un éxito fa- 
vorable en su noble cuanto peligrosa iniciat iva. 

3 



— 36 ~ 

Juzgamos muy digna de esta oportunidad autorizar nuestra 
afirinacion reproduciendo las mismas palabras con que el emi- 
nente patricio don Joaquín Suarez revelaba en sus Apuntes lio- 
gráficos^ depositados en poder del doctor Palomeque, la partici- 
pación directa que habia tomado en ese conato de prematura re- 
volución americana. Los que conocen la honradez catoniana de 
Suarez, y su ulterior abnegación y consagración á la patria en 
los grandes conflictos de la Provincia y de la República desde 
1811 en adelante, no podrán menos de dar entera fé á las aseve- 
raciones del gran patriota. 

Dice asi: 

«Algunos años antes del grito que se dio de Independencia, 
mi padre me dijo que, si queria seguir la carrera militar, el Mar- 
qués de Sobremonte habia ofrecido para mi el grado de alférez 
en el Regimiento Fijo de las tropas del Rey; lo que con energía 
rehusé, y de ello gustó mucho mi señor padre, siguiendo siem- 
pre mis principios de comerciante, hasta que, reunidos en 1809 
con don Pedro Celestino Bauza, el Padre Figueredo y don Fran- 
cisco Meló, acordamos trabajar por la Independencia, para cuyo 
fin teníamos de agente en Buenos Aires á don Francisco Javier 
Viana y en la Capital á don Mateo Gallegos. 

«Yo, como los tres primeros, andábamos en la campaña for- 
mando opinión, marchando acordes y con conocimiento de lo que 
diariamente sucedía en Buenos Aires, hasta que un dia, hallán- 
dome en el Arroyo de la Virgen recibí un chasque de don Mateo 
Gallegos para que inmediatamente reuniese los demás compañe- 
ros y me retirase con ellos, en virtud de aviso que había tenido 
el Gobernador Elío de nuestra conspiración, quien ordenó á don 
Joaquín Navia saliese con una partida en nuestra persecución; 
inmediatamente lo participé á los compañeros que se hallaban 
en diferentes puntos, y reunidos nos retiramos al Pintado, donde 



— 37 - 

estuvimos muy pocos días, sabiendo que Navia con su partida se 
retiraba sobre la Capital y de cuyos movimientos teníamos co» 
nocimiento por horas. 

"Comprendiendo que nada podríamos hacer sin un hombre de 
armas llevar, que reuniese las masas, nos retiramos á nuestras 
casas á cuidar nuestros intereses." 

Hasta aquí el señor Suarez (1). 

Al mismo tiempo que estos conatos de revolución se incubaban 
alentando las esperanzas de aquellos jóvenes patriotas, otras ten- 
tativas análogas tenian lugar en algunos otros centros de socia- 
bilidad, siempre tendentes al mismo propósito de emancipar á los 
Orientales del odioso yugo del coloniaje. 

Al presentar algunos detalles interesantes, aunque necesaria- 
mente vagos, tenemos que referirnos á informes verbales tras- 
mitidos por personas que estuvieron presentes á aquellos hechos. 

Queremos referirnos á narraciones hechas por la anciana se- 
ñora doña Josefa Artigas, sobrina del General Artigas, la cual 
asistió personalmente á varias de las reunioües y conferencias 
que al efecto se celebraron . 

El célebre fraile franciscano Monterroso, condiscípulo é intimo 
amigo del General Artigas desde su infancia, y el cual como es 
sabido, sirvió á éste como Secretario durante el más tempestuoso 
período de la lucha por la Independencia oriental liasta 1820, 
vino á Montevideo en el año 1808, aprovechando las vacaciones 
y con licencia de sus superiores del Convento de San Francisco 
en Córdoba. 

Ese ciudadano notabilísimo, cuyo rol en la Revolución Orien- 
tal ha sido tan empequeñecido y denigrado por una iuiplacable y 



(1) El Genoral Ilondeau, en su conocida Autobiografía, también se refiere á un 
Club politico existente en Montevideo entonces, coa las mismas tendencias róvolu- 
cionariaa. 



— 38 — 

persistente calumnia, ha de merecer, con el tiempo, del historia- 
dor imparcial una página distinguida en la historia de las luchas 
intestinas del Rio de la Plata, asi como hoy se la exornamos tra- 
tándose de la Independencia de 1811. 

Hombre de pasiones violentas, de inteligencia educada, resuelto 
y enérgico en su carácter, como audaz y decidido en sus pensa- 
mientos y obras, traia ya desde la capital del Vireinato, en cuya 
Catedral habia pronunciado algunos sermones, con ocasión de 
grandes fiestas religiosas, las ideas y aspiraciones que tuvieron 
tan resueltos y levantados sostenedores en las comunidades mo- 
násticas de aquella época y especialmente en el ilustrado clero 
argentino y oriental. 

Con razón ha dicho Domínguez en su Compendio de la Historia 
Argentina: 

"Con tales elementos, la preponderancia de este partido esta- 
ba asegurada, pero contaba además con otro, apoyo valioso en 
aquella época, que era el del clero, y especialmente de las órde- 
nes monásticas, cuya inñuencia en la revolución de la Indepen- 
dencia fué eficacísima por la grande autoridad de que gozaban en 
la masa del pueblo. La celda de los dominicos Perdriel y Grela, 
de los franciscanos Chambo y Rodríguez, de los mercedarios He» 
rrera y Aparicio, eran centros de agitación revolucionaria, don- 
de los hombres públicos de la época concurrían á discutir los in- 
tereses de la patria." 

Hasta aqui Domínguez. 

Debe recordarse á este respecto cuál no seria el decidido pa- 
triotismo de los franciscanos nacidos en este país, teniendo en 
cuenta la expulsión violenta que de ellos hizo el fanfarrón y des- 
pótico Gobernador de Montevideo, Virey General Elío, en los úl- 
timos días de Mayo de 1811, después de haber expulsado también 
á cuarenta familias de patriotas conocidos, y entre ellas, la del Ge- 



— 39 - 

neral Artigas, tan luego como éste se presentó el dia 21 de Mayo 
de 1811 en la cumbre del Cerrito, exigiendo la rendición de la 
plaza, tres dias después de la gloriosa victoria de las Piedras. 
Contábanse entre los religiosos expulsos más distinguidos al 
ilustrado Fray José Benito Lamas y sus compañeros Pose, Fleitas, 
López, Faramiñan y Santos, del mismo convento, considerados 
todos como peligrosos en su patriótica propaganda y decisión. 



Aliora bien, al volver á Montevideo el exaltado padre Monterro- 
so, como hemos dicho antes, á fines del año 1808, imbuido en las 
aspiraciones que se fomentaban en aquellos conventos, venia á 
encontrar entre sus parientes y amigos las mismas ideas y aspira- 
ciones tan simpáticas á la emancipación de la Provincia. 

Monterroso poseía las facultades de un verboso y ardiente ora- 
dor, según lo habia acreditado en algunos notables sermones pre- 
dicados por él, como lo hemos dicho antes, en las iglesias de Cór- 
doba y de Buenos Aires, y principalmente en la Catedral de ésta, 
según versiones autorizadas de algunos contemporáneos. 

Al venir, pues, á Montevideo, no debe extrañarse que en las reu- 
niones intimas que tenia aquí con sus amigos, hiciese una decidi- 
da propaganda en favor de la revolución, mostrándose siempre 
declarado enemigo de los españoles; no perdiendo ocasión de cen- 
surar y execrar el odioso y tiránico sistema con que deprimían y 
humillaban á los criollos. 

La respetable señora á que nos hemos referido antes, y cuyas 
facultades, y especialmente la memoria, no están aún ofuscada?, 
á pesar de sus noventa años, recuerda haber asistido á banquetes 
que se dieron en la estancia de don Manuel Pérez, padre de ios 
señores Pérez Gomar, sita entonces en el arroyo de las Piedras, 



— 40 — 

en el paraje que después se llamó el Molino de Agua, así como á 
otros festejos que se hacían en la casa-habitacion de don Fernan- 
do Torgues, al otro lado del Paso del Molino yendo sobre la iz- 
quierda, en donde estuvo el saladero de Belcrau, en el paraje que 
hoy se llama de los Campos Elíseos. 

A estas fiestas concurrían el Presbítero doctor Larrañaga, 
don Miguel Barreiro, el señor Larrobla, el Padre Monterroso, 
algunos de los hermanos de Artigas, dos hermanos Galais, el 
dueño de casa Torgues y algunos de sus parientes, así como varias 
señoras de sus respectivas familias. 

Como en la reconquista de Buenos Aires habían muerto, 6 que- 
dado heridos gravemente, algunos miembros de las familias de Pé- 
rez y de Torgues, y como las noticias que venían de España eran 
tan desastrosas para los españoles, por las victorias sucesivas de 
las fuerzas de Napoleón, el padre Monterroso insistía frecuente- 
mente cerca de sus amigos aquí en la necesidad de adelantar los 
trabajos revolucionarios, y de ir preparando los ánimos de los 
vecinos rurales sobre todo, para el sacudimiento que preveía muy 
próximo; designando desde entonces á su pariente y amigo don 
José Artigas como el caudillo patriota más indicado para dirigir 
esos trabajos y allegar elementos propios para la lucha inmi- 
nente. 

Transparentábanse ya en el modesto nombre del futuro gefe 
los resplandores de su próxima gloria, acrecentándose cada día su 
prestijio y popularidad. 

Con tal motivo pronunciábanse en aquellas fiestas íntimas, ca- 
lorosos brindis que arrebataban á los concurrentes, y los hacían 
prorrumpir en estruendosas aclamaciones, asustándose muchas 
veces las señoras (bien lo recuerda nuestra informante), ante el 
estrépito de esos victores muy apropósito para infundir recelos á 
la autoridad siempre en acecho sobre las tramas y descontento de 
los criollos. 



— 41 — 

Entre los orientales más notables que marcharon desde Monte- 
video y fallecieron ó quedaron mal heridos en la expedición recon- 
quistadora de Buenos Aires, á las órdenes del General Liniers, 
contábanse don Francisco Pérez, hermano de don Manuel, y don 
Matias Torgues. hermano de don Fernando, asi como mal herido 
don José Torgues, Oficial de Artillería, hermano también de 
don Fernando. 



Hemos insistido en estos recuerdos que pueden considerarse 
honorables tradiciones de familia, como una demostración de 
que el espíritu criollo^ sobre todo después de la tremenda lucha 
en Buenos Aires y Montevideo contra los invasores ingleses, pro- 
ducía su estimulante impresión entre los jóvenes arrogantes y au- 
daces que sobresalían en la población nacional, procurando oca- 
siones favorables para patentizar su superioridad de carácter so- 
bre los peninsulares, y juzgándose aptos como tales para conse- 
guir su anhelada emancipación. 

Una vez impulsado el grandioso movimiento revolucionario 
iniciado el 25 de Mayo de 1810 en Buenos Aires contra el poder 
español, destinado á dar la vuelta al continente Sud- Americano, 
debia esta reacción encontrar fuertes resistencias, como las en- 
contró, en las ciudades en donde los españoles mantenían nume- 
rosas y a*guerridas tropas veteranas para vigorizar y defender su 
secular opresión. 

Entre las ciudades inmediatas á Buenos Aires, ninguna osten« 
taba más temibles elementos de resistencia y aún de agresión, 
como la Muy Leal y Reconquistadora Ciudad de Montevideo, con 
su almenado castillo, con sus grandes fortificaciones y murallas, 
con sus trescientos cañones, su soberbia y bizarra guarnición, su 



— 42 — 

fuerte y temible apostadero naval, sus empecinados é intransi- 
gentes marinos, y su población decidida y entusiastamente espa- 
ñola, vasalla fiel de los Reyes Católicos, acostumbrada á no reco- 
nocer otro blasón que el del ñero León de Castilla. 

Montevideo era, pues, al ñ-ente de Buenos Aires, la peligrosa 
é incontrastable vanguardia de ese formidable poder que en otros 
pueblos, desde Caracas de Venezuela hasta Buenos Aires, se de- 
rrumbaba entre las entusiastas aclamaciones del pueblo america- 
no, como lo derrocaban los porteños congregados en la Plaza de 
la Victoria en la Capital de este Vireynato. 

La gloriosa ciudad de Montevideo para hacer más temible su 
resistencia y hostilidad á la revolución patriota se enorgullecía 
cada vez más con los brillantes recuerdos de su numantina de- 
fensa contra los ingleses, tres años antes, y con su varonil é irre- 
sistible concurso para reconquistar á Buenos Aires, librándola á 
su turno del férreo yugo de los mismos ingleses. 

Dada tal situación, se comprenderá fácilmente cuan peligroso 
y arduo debía ser todo esfuerzo que intentase atraer este gran cen- 
tro del más empecinado españolismo á cohesiones cordiales, ó 
complicidades tolerantes con los revolucionarios. 

No sólo debía reconocerse que existía el peligro del más inelu- 
dible fracaso, sino que era el colmo de la insensatez pretender 
hallar en Montevideo algunos elementos de reacción entre sus 
autoridades políticas ó militares. 

Es sabido que apenas quedó instalada en Buenos Aires la pri- 
mera Junta Gubernativa, inmediatamente, á los tres dias, trató 
ésta de ponerse en comunicación con todas las autoridades prin- 
cipales de las diversas provincias del Vireynato, convocándolas 
para que enviasen sus diputados que debían tomar parte en el 
gobierno general que iba á organizarse. 

Como era de esperarse, dirigióse también á las autoridades de 



— 43 — 

Montevideo, simulando a§tutaiiieiite (porque tal fué la combina - 
ciou que predominó en su mayoría) una absoluta sumisión á la 
monarquía española; y rindiendo pleito homenaje al Rey Fernan- 
do Sétimo, ó á las autoridades nacionales, que, como la Junta 
Central, ó como el Consejo de Eegencia vinieron sucesivamente á 
representar á ese imbécil y perverso monarca en la dirección de la 
resistencia á Napoleón y á su hermano el Eey José, ó en la go- 
bernación de la monarquía. 

Es sabido también que muy poco faltó (lo demuestran acaba- 
damente los acuerdos y notas del Cabildo de Montevideo que 
más adelante reproducimos, y ven por primera vez la luz públi- 
ca) para que las autoridades de la Provincia Oriental se pusiesen 
de acuerdo, ó cuando menos, entrasen en cordiales relaciones 
con aquella agresiva autoridad revolucionaria de Buenos Aires 
que principiaba por mostrarse ostensiblemente realista, pero que 
al mismo tiempo derrocaba con las bayonetas patricias todas las 
autoridades regias desde el Virey abajo; y la cual, con excepción 
de tres ó cuatro peninsulares tan patriotas y enérjicos como el 
catalán Larrea, reclutaba todos sus elementos personales entre 
los criollos más puros y exaltados. 

El célebre Coronel de Patricios don Cornelio de Saavedra, Pre- 
sidente de la Primera Junta, el brazo fuerte de ese gran movi- 
miento, ha dejado escritas algunas lineas referentes á las pri- 
meras oberturas y relaciones entre las autoridades de Buenos 
Aires y Montevideo, que merecen ser bien conocidas, siquiera sea 
por el espíritu localista y excluyente de la época que trasciende 
en ellas, y como expresión acaso de las opiniones de los directo • 
res de aquel movimiento. 

Los juicios de Saavedra á este respecto están contenidos en 
la Memoria que publicó muchos años después en defensa de sus 
actos, y como una respuesta á las crueles persecuciones y calum- 
nias de que fué víctima. 



— 44 — 

Dice asi Saavedraen su Memoria: 

"Lo que hizo la primera Junta luego qu<^. principió sus traba- 
jos está detallado en las gacetas de aquel tiempo: en los prime- 
ros meses de su gobierno reinO la armonía y concordia entre no- 
sotros. 

«El bien general; llevar adelante la revolución, propagarla á 
todos los pueblos y provincias, atraerlas por medio de la persua- 
cion y convencimiento era lo que llamaba y ocupaba las atencio- 
nes cíe sus individuos; todos saben cuanto se trabajó á fin de que 
Montevideo se uniformase al nuevo sistema adoptado; más basta- 
ba que Buenos Aires hubiese tenido la iniciativa en aquella em- 
presa para que aquel pueblo se opusiese y la contradijese. El 
siempre para Buenos Aires fué lo que Eoma para Cartago; se 
declaró español, reconoció cuanto gobierno ilegitimo se formó 
en España; pidió fuerza de tropa para invadirnos, en una pala- 
bra, declaró la guerra á Buenos Aires como á traidor y rebelde. 

Al fin su orgullo decayó con su rendición en el año 14, des- 
pués de haber sufrido dos largos y penosos sitios, y de haber per- 
dido la vida muchos de sus soldados y habitantes que encerraban 
sus murallas. ..." 



Pero si bien en esta capital de la Provincia no había nada 
plausible que esperar respecto de conatos de emancipación á ma- 
no armada desde que el elemento militar y población eran casi en 
su totalidad españoles rancios, el elemento criollo en los distritos 
rurales era decididamente hostil al régimen español, y solo espe- 
raba alguna oportunidad favorable para arrojarse intrépido y ar- 
diente á la lucha armada, como único medio de conquistar su li- 
bertad. 



— 45 — 

Eeconcentrados los españoles en Montevideo, no podían con 
seguridad dominar asi mismo activamente la campaña, desguar- 
neciendo la ciudad y exponiéndose á algún golpe de mano desde 
la vecina orilla; asi como ellos á su turno amenazaban hacerlo 
también sobre Buenos Aires con sus marinos, verdaderos audaces 
piratas de las costas del Uruguay y Paraná, tratando de alentar 
y vigorizar asi la reacción del numeroso y rico vecindario Espa- 
ñol de aquella capital del ex-Vireynato. Tal debió acontecer con 
la ominosa conspiración deAlzaga, ahogada allí poco después en 
las plazas públicas con la sangre de treinta y cinco ajusticiados! 

Este mismo origen de fundados recelos y palpables peligros, 
contribuyó no poco á exacerbar el espíritu de resistencia de las 
autoridades españolas en Montevideo, negándose á toda transac- 
ción que no importase el reconocimiento de la Regencia de Es- 
paña, ó lo que era lo mismo, el nuevo reconocimiento y reposición 
del Virey Cisueros, y la disolución de la Junta revolucionaria: en 
una palabra, el triunfo absoluto del vencido dominio español. 

Asi mismo, conviene constatar bien el hecho de que á pesar de 
esas resistencias, el Cabildo de Montevideo, compuesto de distin- 
guidos españoles, de largo tiempo establecidos en el país, diri- 
gió á la Junta de Buenos Aires una comunicación que reproduci- 
remos más adelante (la que creemos no se ha publicado todavía) y 
la cual demuestra que la opinión pública en Montevideo no era 
del todo adversa á un avenimiento cordial, á pesar de las con- 
clusiones y exigencias de dicha nota, ratificadas y ampliadas en 
una subsiguiente que también insertamos á continuación. 

Es incuestionable que una vez pactado ese avenimiento y tran- 
sacción, uno úotra habrían equivalido á un reconocimiento de la 
legalidad de los rebeldes patriotas de Buenos Aires, y producido 
el desquicio y confusión consiguiente entre el partido godo y sus 
adictos. 



— 46 — 

Mistificando astutamente á los españoles peninsulares con la 
ilusión de que reconocían siempre por su Rey á su adorado Fer- 
nando, los revolucionarios esperaban alcanzar así sin duda so- 
brado lugar y tiempo para que se produjese en los centros patrió- 
ticos la eficaz y ordenada organización militar que debía asegu- 
rarles un definitivo triunfo á la sombra de esa mañosa superche- 
ría, y producir entre los españoles la discordia y debilidad consi- 
guientes á las zozobras y peligros de una situación cada vez más 
violenta é insegura. 

Pero contra esos comienzos de acomodaticia transacion, los 
cuales, como es sabido, principiaban á obtener el vacilante asen- 
timiento de algunos jefes militares de la guarnición de Montevi- 
deo, españoles también, como Murguiondo y Balbin, Comandan- 
tes de Regimientos creados por'Liniers durante la Reconquista, 
conliijos del país en su mayor parte; contra esos comienzos, deci- 
mos, reaccionaba preponderante el espíritu de resistencia, princi- 
palmente de los llamados Marinos^ quienes, por su influencia y 
participación en el gobierno militar de la Ciudad, por su número 
y por su audacia, constituían aquí el batallón sagrado del españo- 
lismo más intransigente y exaltado, algo como los temibles y ex- 
terminadores Voluntarios de la Isla de Cuba en nuestros días. 

La verdad es asimismo, que el movimiento revolucionario que 
debió estallar entre las fuerzas de la Marina y Milicias, obedien- 
tes ambas á la autoridad del Brigadier don Joaquín de Soria y 
Santa Cruz y el Regimiento de Infantería mandado por don Juan 
Balbin González Vallejo, aunado al Regimiento de Linea manda- 
do por el Coronel don Prudencio Murguiondo, no tenía íntima ni 
remota relación con la verdadera causa de la patria. 

Respondía esencialmente á las violentas desavenencias que se 
habían producido entre los principales jefes, todos peninsulares, 
y los cuerpos de la guarnición, con motivo de la conducta ob- 



— 47 — 

servada por el brigadier Soria, quien como Gobernador Militar de 
Montevideo, aspiraba, impulsado por su carácter violento y am- 
bicioso, á concentrar en su persona la autoridad casi absoluta de 
un Virey, á título de delegación que el Virey Cisneros le había 
hecho á última hora, antes de ser depuesto en Buenos Aires, en- 
cargándole representase su autoridad, y tratase de allegar ele- 
mentos y recursos para resistir á los rebeldes de aquella ciu- 
dad (1). 



(1) Circular del Brigadier Soria á los Catildos del Uruguay, imponiendo ©1 
desconocimiento de la Junta Guternativa de Buenos Aires 

C!on fecha 21 de Junio último me dice el Ecxmo. señor Virey de estas 
provincias don Baltazar Hidalgo de Cisneros en oflcio de su letra y Ar- 
ma lo siguiente: 

«Cuando meditaba que mis reservadas providencias con los recursos 
«de que iba disponiendo y facilitaban los vasallos sumisos y obedientes á 
«las Leyes de nuestra Soberana, podian restablecer sin el menor derra - 
«mamiento de sangre la autoridad legítima y tranquilidad pública, ten- 
«go ahora mismo aviso .muy reservado de que se atenta contra mi perso- 
«na y la de algunos Ministros, y como si se verifica, puede desvanecerse 
«el plan reservado de mis combinaciones, he creido propio de mi deber 
«en tan criticas circunstancias prevenir á V. S. que los oficios circulares 
«que he librado sobre el reconocimiento de esta monstruosa Junta son 
«violentados, y firmados para evitar mayores males, y que V. S. en el 
«desempeño de sus deberes debe sostener los derechos augustos hasta der- 
«ramar la última gota de sangre, proclamando á esos valerosos habitantes 
«para que se mantengan en las ideas que han manifestado y con general 
«aplauso de los leales Españoles y sensatos de esta Capital, autorizando 
«á V. S. en el caso de verificarse algún atentado contra mi persona, para 
«que como único Gefe de la Banda Oriental oficie á los Comandantes, Ca- 
«bildos y Jueces Pedáneos, á fin de que bajo responsabilidad, guárdenla 
«más estrecha sumisión á las legítimas autoridades, desconociendo un 
«Gobierno levantado sobre las ruinas del verdadero que adoptó la Na- 
«cion, y esperando del celo de V. S., como el más inmediato, lo haga en- 
«tender asi á los Gobernadores y Gefes del interior, por si las ocurren- 
«cias no le diesen lugar á ejecutarlo, absteniéndose V. S. de hacerlo has- 
«ta que premedite que mi persona no puedo ser reconocida, dando de to- 
«do ello inmediatamente cuenta á S. M.— Dios guarde á V. S. muchos 



— 48 — 

Son conocidas las turbulencias que después de algunos dias de 
agitación^ se produjeron en Montevideo el 12 de Agosto de 1810, 
llegando hasta amenazar la tranquilidad pública, reuniendo el 
Brigadier Soria, ayudado por el comandante de Marina Salazar, 
hasta 2,800 hombres de tropa, y alguna artillería, con la cual hi- 
zo rendir el Eegimiento de Balbin Vallejo, y en seguida el de 
Murguiondo, los que acuartelados al efecto se proponían intentar 
una tenaz resistencia; terminándose esos disturbios con el des- 
tierro de los principales cabecillas de la oposición hecha á dicho 
Brigadier Soria y á sus partidarios. 

Pero también es un hecho perfectamente probado que al am- 
paro y bajo la capa de esas disidencias, algunos patriotas since- 
ros, entre los que descollaba y hacia activa propaganda el Escri- 
bano del Cabildo don Pedro Feliciano Cavia, urdian algunas in- 
trigas y tentativas para atraerse la adhesión de algunos de los 
oficiales de los cuerpos descontentos, en su mayor parte hijos del 
país, entre los que se hacia más notable el Capitán don Luis Bal- 
bin Vallejo, hijo del Gefe del cuerpo, quien poco después tuvo 
que pagar con el destierro junto con su anciano padre, su incli- 
nación á la causa de la Independencia. 

Se comprenderá muy bien que con tan limitada agrupación, y 



«años. — Buenos Aires Junio 21 de 1810. — Baltazar Hidalgo de Cisneros. — 
«señor Gobernador Militar de la Plaza de Montevideo.» 

Cuya superior orden comunico á V. S. para su debido conocimiento, y 
en el de que obedeciendo otras superiores órdenes que las de este mando, 
y las de las legítimas autoridades, cuide en el todo de su más exacto 
cumplimiento; dándome de su conformidad ese Ilustre Ayuntamiento, el 
respectivo aviso, para los fines que puedan convenir al mejor servicio 
del Rey nuestro señor don Fernando Séptimo, y las de las soberana au- 
toridad que en su Real nombre ejerce el Supremo Consejo de Regencia 
ante las Naciones aliadas y amigas, y esta plaza con todo jubilo. 

Dios guarde á V. S. muchos años.— Montevideo, 29 de Agosto de 1810. 
— Joaquin de Soria. 



— 49 — 

bajo un activísimo espionaje, que creia descubrir enemigos por 
todas partes, ejerciendo actos de venganza y de violenta represión 
á título de fidelidad á la causa del Rey, no era posible esperar 
que se produjese al fin el irreprimible estallido popular que, como 
en Buenos Aires, se había encontrado robustecido por las bayo- 
netas de los cuerpos patricios, hijos del país en su totalidad y 
vencedores ya de los tercios españoles con que estos intentaron 
poco antes derrocar al Virey Liniers. 

Pero el historiador al bosquejar los sucesos ocurridos, no podrá 
menos de lamentar que se hubiesen perdido tan brillantes opor- 
tunidades como las que se presentaron entonces en Montevideo 
para dar al fin á la causa de la patria un impulso vigoroso; y des- 
de ese entusiasmo popular que se ocultaba indeciso ó receloso, ha- 
ber llegado de una vez á la lucha armada, á la acción militar que 
habría emancipado á Montevideo cuatro años antes de su triste 
capitulación ante Alvear, y librado á la Banda Oriental y á las 
demás provincias unidas de los gravísimos peligros y zozobras 
que unas y otras sufrieron durante esos cuatros años de tremen- 
da prueba. 

No puédemenos, asimismo, de recordarse con simpático afec- 
to, que, en medio de esta lucha, no faltaban caracteres ardientes 
que sin exibirse públicamente como patriotas abnegados, porque 
tal proceder habría importado ir derecho á un estéril martirio, 
daban asimismo frecuentes pruebas de su amor á la independen- 
cia: existiendo sobrado número de ciudadanos que trabajaban ac- 
tiva pero ocultamente en sosten de las ideas revolucionarias. 

Entre ellos, además de los que hemos nombrado al principio, 
es un acto de justicia recordar los nombres de don Miguel Bar- 
reiro, del doctor Larraüaga, de don Francisco Araucho, de don 
Pedro Celestino Bauza, de don Francisco Aguílar, patriota acen- 
drado aunque español, de don Tomás García de Zúñiga, de don 



— 50 — 

Jorge Pacheco, don Pedro Pablo y don Juan Pérez, don Santiago 
y don Ventura Vázquez, don Gabriel Pereira, el doctor don Lúeas 
José Obes, don Félix Rivera, hermano del General, el eminente 
sacerdote don José Benito Lamas, don Pablo Zufriategui y algu- 
nos otros jóvenes que formaron los cimientos del que más tarde, 
pudo llamarse partido nacional. 

Muchos de esos patriotas pagaron su amor á la Independen- 
cia teniendo que soportar toda clase de persecuciones, destierros 
y vejámenes, que no pocas veces pusieron en peligro su misma 
vida. 

Fueron ellos los verdaderos precursores del gran movimiento 
insurreccional que estalló poco después, y sus nombres merecen 
inscribirse en letras de oro en el santuario de la Patria! 



Los notables é interesantísimos documentos que reproduci- 
mos á continuación, y que hasta ahora han permanecido inéditos, 
descubren el verdadero origen de las resistencias que se presen- 
taron principalmente por parte de aquellos Marinos, que forma- 
ban la agrupación militar más importante de Montevideo, y la 
que se habia siempre impuesto por su exaltación y violencia en 
todas las resoluciones de las autoridades civiles y municipales de 
esta plaza. 

Conviene conocer la tramitación que se dio á las negociaciones 
entre las autoridades de una y otra ciudad, por cuya razón re- 
producimos en seguida la serie de acuerdos que se tomaron por 
el Cabildo de Montevideo desde el 24 de Mayo de 1810 hasta el 
15 de Junio del mismo año, desconociendo el carácter legal déla 
Junta de Buenos Aires, asi como la correspondencia que se cam- 
bió entre ésta y el Cabildo de Montevideo, hasta el definitivo 



— 51 — 

rompimiento llevado á cabo por Ello en Febrero de 1811, decla- 
rando la guer ra á los rebeldes y contumaces patriotas, quienes se 
reiau de sus amenazas y fanfarronadas, y seguían cada vez más 
impertérritos en su vasto plan de insurreccionar todo el continente 
sud americano, desde el Paraguay hasta la dormida y sibarita ciu- 
dad de los Reyes, la opulenta y aristocrática Lima. 

Como descripción verídica y hasta minuciosa de los aconte- 
cimientos ocurridos en aquellos dias de tempestuosa agitación, 
estamos persuadidos que se encontrará también llena de interés, 
y podemos decirlo así, hasta con el sabor de la época, la impor- 
tante correspondencia particular que reproducimos en seguida, la 
cual hemos copiado en la Biblioteca de Buenos Aires,del número 
5 de La Gaceta del 5 de Julio de 1810, 

Con esa correspondencia á la vista, podrán también apreciarse 
debidamente las verdaderas causas que impidieron que la revo- 
lución patriótica preponderase en Montevideo, á pesar de que en 
esta ciudad no fuesen tan avanzados, tan competentes y tan nu- 
merosos como en Buenos Aires, los cabecillas y aun los centros 
p opulares de donde surgía y se imponía la idea revoluciona- 
ria. (1) 



«(1) Una sociedad secreta elegida por los nrismos patriotas,era en Buenos 
Aires el foco invisible de este movimiento. Los miembros de esta memo- 
rable sociedad, cuya existencia es poco conocida, eran: Belgrano, don 
Nicolás Rodriguez Peña, don Agustín Donado, Passo, don Manuel Alberti, 
Fleytes, Terrada, Darragueira, Chiclana, Irigoyen y Castelli; teniendo por 
ajentes activos á French, Beruti, Viamont, Guido y otros jóvenes entu- 
siastas que eran como sus brazos. Estos eran los que tenían en sus manos 
los hilos de la revolución. Ellos eran los que ponían en contacto á los pa- 
triotas, hablaban á los Gefes de los cuerpos, hacian circular las noticias, 
y preparaban los elementos para cuando llegase el momento de obrar. 
Reuníanse unas veces en la fábrica de Fleyteí^, ó en la quinta de Orma; 
pero más frecuentemente en la de Rodriguez Peña, que era el nervio de 
esta asociación, de la que Belgrano era el consejero, que reflejaba unas 

4 



— 52 — 

Podríamos haber aprovechado los datos que ofrece esta cor- 
respondencia tan interesante como poco conocida, para trasmi- 
tirlos y ampliarlos como fruto de nuestras investigaciones, pero 
hemos preferido dejarlos en su primitiva narración, con todo el 
carácter de autenticidad y de exactitud que trasciende en ellos en 
medio de su misma sencillez. 

No terminaremos esta primera parte de nuestro trabajo, sin 
llamar la atención á la nota dirijida por la Junta Provisional Gu- 
bernativa de Buenos Aires á los dos dias de instalada, es decir el 
27 de Mayo de 1810, al Comandante Político y Militar de la Co- 
lonia, Coronel don Ramón del Pino, y la contestación de éste, 
después de haber reunido á los vecinos más respetables del 
pueblo, adhiriéndose al movimiento; por más que esta adhesión 
no hubiese sido bastante á impedir que poco después el General 
Vig-odet, destacado con fuerzas suficientes por el Gobernador 
Elio, restableciese en dicho pueblo el dominio Real. 

También consideramos de grande interés histórico hacer co- 
nocer la resolución de la misma Junta, fechada en 2 de Julio de 
1810;, habilitando el puerto de Maldonado en la clase de puerto 
mayor para la importación y exportación. 

Han trascurrido 68 años desde que el General Artigas adoptó 
á su turno la misma resolución, dándole su más efectiva rati- 
ficación en las mismas Instrucciones dadas á los Diputados 
Orientales á la Asamblea Constituyente en 1813. No obstante 
esa resolución de tan alto interés nacional, y digna de una po- 
lítica justiciera y hasta patriótica, recien ha sido puesta en 



veces el entusiasmo de Castelli, la prudencia de Fleytes, ó la alta razón 
de Passo. Asi preparados todos los elementos de la revolución, su triunfo 
definitivo era una simple cuestión de tiempo ó de oportunidad. 

(General Mitre— -Historia de Belgrano y de la Independencia de la 
República Argentina). 



— 53 — 

práctica el año pasado, en que al fin se le ha dado una sanción 
legislativa, robusteciéndola con actos gubernativos de un reco- 
mendable espíritu de progreso y fomento á tan importantes 
intereses departamentales. 

Asimismo, y para completar también esta serie de documen- 
tos, reproducimos la nota del Cabildo de Maldonado agradecien- 
do fervientemente aquella resolución, que no poco debió influir 
en demostrar á aquel vecindario las ventajas del nuevo régimen 
político que así principiaba en 1810 prodigando franquicias y li- 
beralidades al comercio, tan restringido y esquilmado poco an- 
tes por el retrógrado coloniaje español y combatido con tan eru- 
dita y elevada ilustración en aquella época de atraso, por el in- 
signe doctor don Mariano Moreno en su preciosa Exposición de 
los Hacendados . 

Hé aquí los documentos á que liemos hecho referencia, y que 
sin duda, por su misma novedad, esperamos darán algún interés 
á nuestro trabajo: 

BANDO 

Don Ramón del Pino, Coronel de los reales ejércitos, Coman- 
dante Político Militar de esta plaza y Sub-Delegado de la Eeal 
Hacienda en todo su distrito. Por cuanto la Junta Provisional 
Gubernativa de estas provincias del Rio de laPlatk á nombre del 
señor don Fernando VII, en cuyo presidente y vocales se ha rea- 
sumido la superior autoridad del Excrao. señor Vireydon Bal- 
tazar Hidalgo de Cisneros, ha dirigido á esta Comandancia un 
oficio del tenor siguiente: — La Junta Provisional Gubernativa 
de las Provincias del Rio de la Plata, á nombre del señor don 
Fernando VII acompaña á V. S. los adjuntos impresos que ma- 
nifiestan los motivos y fines de su instalación. Después de haber 



— 54 — 

sido solemnemente reconocida por todos los Jefes y Corporacio- 
nes de esta Capital, no duda que el celo y patriotismo de V. E. 
alcanzarán cualquier embarazo que pudiera entorpecer la uni- 
formidad de operaciones en el distrito de su mando, pues no pu- 
diendo ya sostener la unidad constitucional sino por medio de 
«na representación que concentre los votos de los pueblos por 
medio de representantes elegidos por ellos mismos, atentaría 
contra el Estado cualesquiera que resistiese este medio producido 
por la triste situación de la Península, y única para proveer 
legítimamente una autoridad que ejerza la representación del se- 
ñor don Fernando VII, y vele sobre la guarda de sus augustos 
derechos, por una inauguración que salve las incertidumbres en 
que está envuelta la verdadera representación de la Soberanía. 
V, S. conoce muy bien los males que son consiguientes á una de- 
sunión que abriendo la puerta á consideraciones dirigidas por el 
interés momentáneo de cada pueblo produzca al fin una recípro- 
ca debilidad que haga inevitable la ruina de todos; y ésta debe- 
ría esperarse muy de cerca, si la potencia vecina que nos acecha 
pudiese calcular sobre la disolución de la unidad de estas Pro- 
vincias. 

«Los derechos del Eey se sostendrán, si firmes los pueblos en 
el arbitrio de la general convocación que se propone entran de 
a cuerdo en una discusión pacífica bajo la mira fundamental de 
fidelidad y constante adhesión de nuestro augusto Monarca; y la 
Junta se lisonjea que de este modo se consolidará la suerte de 
estas provincias presentando una barrera á las ambiciosas em- 
presas de sus enemigos, y un teatro estable á la vigilancia y celo 
de sus antiguos magistrados.— Dios guarde á V. S. muchos 
años.— Buenos Aires. Mayo 27 de 1810. — ConieZio de Saavedra 
— Doctor don Juan José Castelli — Manuel Belgrano — Miguel de 
Azmenaga- Doctor Manuel de Alberti— Domingo Mateu—Jiian 



— 55 - 

Larrea — Doctor Juan José Passo, Secretario — Doctor Mariano 
Jfore?2o, Secretario. — Señor Comandante Militar déla Colonia. 
«Por tanto, y siendo unos mismos el interés y vínculos estre- 
chos que nos unen con la Capital de quien directamente depende 
la jurisdicción de la Colonia, cuyos habitantes han acreditado en 
todos tiempos el más acendrado patriotismo y lealtad para los de - 
rechos de su legítimo monarca el señor don Fernando Vil, no 
siendo otros los conatos del nuevo Gobierno Provisional que el de 
la felicidad de estas provincias, formando la unidad constitucio- 
nal para sostener la causa del Eey y la de la Patria hasta la inau- 
guración de una nueva y legítima autoridad que ejerza la repre - 
sentacion del Soberano; se manda reconocer ea todo este distri • 
to la mencionada Junta Provisional Gubernativa obedeciendo 
sus órdenes, providencias y determinaciones, como dirigidas al 
bien y prosperidad de la Patria, contra la cual se declararía de- 
cididamente cualquier individuo que se atreviese á resistir esta 
benéfica determinación; pero como por una parte no es posible 
concebir que ocurra tal atentado, y por otra tiene el vecindario 
el derecho de instruirse de las causas que han intervenido para 
la mutación de Gobierno que se observa, podrá verificarlo cada 
particular en esta casa comandancia ó habitación del señor al- 
calde ordinario de este pueblo á las horas más cómodas, donde 
se le franquearán los impresos que comprenden los incidentes 
ocurridos sobre la materia.— -Colonia, 4 de Jimio da 1310.— 
Pino, 



DECLARACIÓN DEL VECINDARIO DE LA COLONIA 

" En la plaza de la Colonia, á cinco dias del mes de Junio de 
mil ochocientos diez. Hallándose en esta casa comandancia á las 



— 56 — 

once de la mañana el Alcalde ordinario de esta población, su cu- 
ra párroco, y demás habitantes de distinción á quienes se convo- 
caron para el efecto y leidoles que fué el superior oficio de veinte 
y siete de Mayo último comunicado á esta comandancia por la 
Excma. Junta Provisional Gubernativa de estas Provincias á nom- 
bre del señor don Fernando Séptimo, como asimismo todos los 
impresos que hacen relación á los hechos ocurrentes en la capital 
para la cesación del mando del Excmo. señor Virey, é instalación 
de la actual Junta Gubernativa, dijeron todos á la vez que la re- 
conocían y la oledecian como á la legítima autoridad estableci- 
da para sostener los augustos derechos de su Soberano, hallándose 
dispuestos para acreditarlo á todo trance con sus personas y bie- 
nes, y para que este acto de fidelidad y patriotismo pueda constar 
siempre y cuando convenga, comunicándose igualmente á la 
Excma. Junta Gubernativa, lo firmaron todos los circunstantes 
en la mencionada plaza, día, mes y año. — Ramón del Pino — Fran- 
cisco de Andujar^ Alcalde. — Doctor don José Maña Enrique Peña, 
Cura Vicario — Doctor Feliciano Bodriguez — Juan Guerrero Sc' 
ron — José de la Rosa Concha — Manuel Delgado — Manuel Busti- 
llo — Pedro Antonio de Arroyo — Antonio Delgado — José de Ala- 
gon — Francisco Antonio de Sosa — Féliioe López — Nicolás José 
Sernandez — Francisco Ignacio Bodriguez- Ber7iahé Saens — 
Gerardo Delgado — José Prudencio Andujar—Juan Paunero-- 
José Bodriguez Cuerbo. 



NOTA DEL COMANDANTE DE LA COLONIA 

« Excmo. señor: Con el oficio de esa Excma. Junta de estas 
Provincias del 27 de Mayo último he recibido los impresos que 
me instruyen de las justas causas que han intervenido para su 



— 57 — 

instalación, resultando por este principio reasumida en ella toda 
la Superior autoridad del Excmo. señor Virey por la formal ab- 
dicación del mando de este gefe realizada el dia 26 del citado 
mes. V. E. no debe dudar un momento que siendo unos mismos el 
interés y vínculos estrechos que unen con esa capital á los habi- 
tantes de esta jurisdicción desplegarán en cualesquiera tiempo y 
circunstancias todo el lleno del acendrado patriotismo y fidelidad 
que sin interraicion han sabido acreditar para sostener la justa 
causa del Soberano, permaneciendo obedientes y subordinados á 
la legítima autoridad de esa Junta Gubernativa, que se les ha da- 
do á reconocer con la solemnidad correspondiente en esta Plaza, 
donde en unión y conformidad con el Alcalde Ordinario de ella 
han concurrido á esta casa comandancia el cura párroco y todos 
1 os vecinos de distinción á prestarle el homenaje debido, cuyo 
resultado tengo el honor de participar á V. E. para que persua- 
dido de los sinceros votos de esta población por el feliz éxito de 
las benéficas miras de ese Superior Gobierno y de mi personal 
adhesión á sus disposiciones, pueda desde luego contar con ella, 
asi como el noble entusiasmo de este vecindario para todo cuanto 
tenga relación de mejor servicio del Eey y defensa de la Patria. 
— Dios guarde á V. E. muchos años.— Colonia, 5 de Junio de 
ISIO.— Excmo. señor— {ñrm3iáo)—Ramo7i del Pino— Excmo. se- 
ñor Presidente y Vocales de la Junta Provisional Gubernativa de 
las Provincias del Biode la Plata á nombre del señor don Fernan- 
do VIL ». 

ORDEN DE LAIUNTA DE BUENOS AIRES 

SOBEE EL PUERTO DE MALDONADO 

•' Aunque las dificultades consiguientes á la instalación de un 
nuevo Gobierno, presentan objetos bastantes á ocupar toda la 



— 58 — 

atención del nuestro; por un extraordinario esfuerzo se vé la Jun- 
ta en estado de redoblar sus tareas poniendo en movimiento todos 
los resortes de la pública felicidad. Entre los medios de fomentar 
estas provincias, se han preferido los que tienen una particular 
tendencia á facilitar el comercio, raiz única de la población y ri- 
queza de los Estados, y considerándose la importancia que desde 
tiempos pasados se ha dado en orden á estos objetos, á la habili- 
tación de puertos cómodos y oportunos para las exportaciones 
de nuestros frutos, se examinaron con detención y madurez los 
antecedentes relativos á la habilitación de Maldonado. 

Para proceder con acierto se han registrado en Secretaria to- 
dos los documentos antiguos que empezaron á formarse desde el 
Grobierno del señor don Pedro Cevallos. Este Jefe, cuya bue na 
memoria recomienda sus acerciones, instó á la Corte con eficacia 
sóbrela fortificación y fomento déla ciudad de Maldonado, repre- 
sentó repetidas veces la importancia de este punto, y llegó á fir- 
mar en un oficio, que la España no debía contar con un comercio 
directo al Perú por el Rio de la Plata, sino en cuanto conservase 
la segura posesión de aquel puerto. 

El Gobierno Soberano expidió varias órdenes para realiz ar 
las medidas que el señor Cevallos había propuesto, y en Junta de 
Oficiales generales se trazaron los planos de fortificación, tenién- 
dose los facultativos informes del señor don Pedro Cermeño. T o- 
do parecía dispuesto á cimentar aquel ventajoso establecimiento, 
pero los posteriores jefes abandonaron su fomento y aunque al- 
guna vez estuvo habilitado en favor de una compañía mercantil, 
quedó últimamente reducido á un entero olvido, príváudose al 
Estado de las ventajas que debía reportar la habilitación de un 
Puerto tan importante. 

A pesar de este general abandono, la naturaleza pugnaba con- 
tra los esfuerzos de los hombres, y la riqueza del terreno produ- 



— 59 — 

cía lentamente, lo que con el auxilio del Gobierno podía ser obra 
de pocos años. La población se aumentaba, las campañas se po- 
blaban de todo género de ganados y un territorio cubierto de 
arroyos y pastos permanentes, incitaba la cultura de naos campos 
que pagaban pródigamente el trabajo que se imponía en ellos. 

Fué una felicidad para aquel pueblo la colocación del Ministro 
de Eeal Hacienda don Rafael Pérez del Puerto; pues extendién- 
dose este sujeto á más de los precisos lÍLuites de su empleo, con- 
sagró todo género de sacrificios y fatigas al adelantamiento y 
prosperidad de aquel pueblo. El concepto público de la honradez, 
probidad y conocimiento de este Ministro, preparaba á los Vire- 
yes una acogida favorable á todos sus informes y como en ellos 
se procuraba conciliar los auxilios de la población con la econo- 
mía del Erario, se franquearon aquellos sia embarazo, y Maldo- 
nado recibió uu engrandecimiento, que lo constituyó uno de los 
primeros pueblos de esta Provincia. 

Florecería hoy día en muy alto aquella preciosa población, si la 
última guerra de la Gran Bretaña no hubiese causado en ella una 
disolución geueral. Tres días estuvo la ciudad entregada aun 
continuado saqueo; y la dominación enemiga de muchos meses, 
redujo á los moradores á una lastimosa miseria. La enérgica re- 
sistencia que opusieron á la invasión de fuerzas superiores, redo - 
bla los títulos á la consideración de la Capital y el mejor premio 
que puede proporcionarse á un pueblo leal, es proponer los arbi- 
trios de su engrandecimiento. 

En el actual estado de decadencia á que está reducida aquella 
población ofrece tadavía considerables ventajas, que seguirían 
inmediatamente á la habilitación de su puerto. Más de quinien- 
tas mil cabezas de ganado forman hoy día la fortuna de aquellos 
hacendados que sin embargo quedan privados de tan grande ri- 
queza por las dificultades y costos de las conducciones. Apenas 



— 60 

se presente una extracion de frutos por su propio puerto, el in- 
terés redoblará los trabajos; y aquel territorio que es segura- 
mente el más fértil de todos los preciosos campos de la Banda 
Oriental, sustentará dentro de poco tiempo el inmenso número 
de ganados, que por un cálculo geométrico corresponde á las le- 
guas cuadradas que comprende. 

Al interés particular de aquella población se agregan miras 
políticas de inmediata trascendencia en la seguridad y bien ge- 
neral del Estado. Socorridas las necesidades de aquellos habitan- 
tes por la facilidad y baratura de las importaciones; excitados al 
trabajo por el lucro y ventajas de una exportación activa, se 
aumentará la población que sigue naturalmente á la riqueza; y 
formada una barrera en los límites del territorio español, 
quedará éste seguro de invasión por aquella parte, y cesará 
el ignominioso abandono con que hasta hora se ha mirado el 
fomento y prosperidad de pueblos confinantes con un Reino 
extrangero, dejando sus fortunas expuestas á cualquiera invasión, 
y destruyendo el estímulo del trabajo por la poca seguridad de 
su producto. 

Por estas consideraciones ha resuelto la Junta que el puerto 
de Maldonado quede desde hoy habilitado en clase de puerto ma- 
yor paralas importaciones y extracciones relativas á el territo- 
rio de su jurisdicción y campañas de aquellas inmediaciones; que 
rijan en él los mismos reglamentos últimamente establecidos pa- 
ra la Aduana de la Capital en orden á la exacción de derechos 
sobre todo género de frutos y mercaderías; que don Eafael Pé- 
rez del Puerto continúe en el cargo de derechos de aquella po- 
blación desplegando todo su celo, honradez y acreditado patrio- 
tismo en el establecimiento de una obra que debe producir la 
felicidad de una población á que ha consagrado tantos sacrificios» 
que para concentrar todas las relaciones y dar á las providen- 



— 61 — 

cias el carácter de unidad indispensable para la exactitud en la 
ejecución reúna dicho Pérez del Puerto la Administración de la 
Aduana á los demás cargos privativos de sus anteriores empleos; 
que para el entable y arreglo de los nuevos objetos que se le 
confían á más de su sustituto y oficiales establecidos hasta hoy 
se agregue en calidad de Interventor don Felipe Cabaña.de cuya 
inteligencia y probidad está satisfecha esta Junta: y que proce- 
diendo con la prudencia que siempre ha distinguido los procedi- 
mientos de dicho Ministro proponga lo conveniente á la conso- 
lidación y firmeza de este establecimimiento, según la misma 
experiencia fuese manifestando embarazos y medios de allanar- 
los.— Buenos Aires 2 de Julio de 1810- Doctor Mariano Mo- 
reno, Secretario. 



KOTA DEL CABILDO DE MALDONADO 

«El Cabildo de Maldonado á la Junta de Buenos Aires. — 
Excmo. señor: — Ha recibido este Cabildo con la emoción más 
tierna los oficios de V. E. de fecha 5 y 7 del corriente, y los ad- 
juntos impresos que se acompañan, en ellos admira con la expre- 
sión más viva y penetrante las dulces inñuencias de un pueblo 
ilustrado, que á manera de un astro luminoso las difunde en be- 
neficio de sus subditos. Maldonado, este pueblo espirante, revive 
hoy en su existencia política al impulso de las sabias providen- 
cias de V. E. La habilitación de su puerto lo hará en breve nu- 
merar entre los grandes de esta América: sus habitantes la re- 
cordarán con ternura: bendecirán la mano que les ha protegido: 
serán sensibles á los testimonios de protección y liberalidad que 
se les ha dispensado, y sus representantes después de dar á V. 



— 62 — 

E, las más debidas gracias, le consagran y le consagrarán un ho- 
menaje de eterno reconocimiento, de amor y de respeto. 

Este Cabildo miró como propio de su deber convocar á sus ve- 
cinos para hacerles presente la gracia de V. E. Asi lo verificó en 
la mañana del 14 y reunidos se les leyó el oficio de 5 del presente 
y la orden de Y. E. impresa en la Gazeta, pero, señor Excmo., qué 
momento tan glorioso para este Ayuntamiento ver en el rostro de 
sus conciudadanos pugnar la alegria con la ternura, y hacer gra» 
tuitas obligaciones para sensibilizar la efasion de sus sentimien- 
tos! A este fin se ha acordado celebrar una misa solemne con Te- 
Deum, iluminar el pueblo en la víspera y día de ella, y propor- 
cionar todas las demostraciones de alegría que permita la estre- 
chez del destino. 

Descanse V. E. en el celo y actividad de este Cabildo, que 
no omitirá medio de contribuir por su parte á la ejecución de un 
establecimiento tan importante, que tomará las medidas más 
útiles para el fomento de su pueblo, seguro de contemplarlas ga- 
rantidas por uü Gobierno que cifra el desempeño de sus deberes 
en la felicidad de todos. — Dios guarde á V. E. muchos años.— 
Sala Capitular de la ciudad de Maldouado y Julio 16 de 1810. — 
Excmo. señor. — Antonio Jesús de la Fuente — José de Inchausti 
— Vicente Martines — Alejo Moneqál. — Excmo. señor Presidente 
y Vocales de la Junta Gubernativa.» 



Acuerdo del Cabildo toinaudo vig-ilancia con motivo 
de las priineras noticias que tuvo sobre los sucesos 
políticos de Buenos Aires esi ]\Iayo de 1810. 

En la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y San- 
tiago de Montevideo á veinte y cuatro dias del mes de Mayo de 
mil ochocientos diez; el Cabildo Justicia y Regimiento de ella, 



63 — 



cuyos individuos que en la actualidad lo componemos al final fir- 
mamos, hallándonos juntos en nuestra Sala Capitular de Ayun- 
tamiento como lo hemos de u?o y costumbre para tratar cosas to- 
cantes al mejor servicio de Dios y bien del Público, presente el 
señor Gobernador Politico,interino y nuestro Siadico procurador 
General. En este estado hizo manifiesto el señor Gobernador 
Político interino y Presidente de este Ayuntamiento las varia- 
ciones políticas de Buenos Aires, la deposición del Excmo señor 
don Baltazar Hidalgo de Cisneros del mando Superior de estas 
Provincias, la repentina llegada del Capitán de Fragata de la 
real armada Don Juan de Vargas, Secretario interino del señor 
Virey, y el efecto de tan extraordinarias noticias en el ánimo de 
este vecindario; todo lo que expuso el señor Presidente ala con- 
sideración del Ayuntamiento para que se acordasen las providen- 
cias oportunas á la conservación del orden público y seguridad 
de la tierra, y oído por los señores se acordó consultar el aboga- 
do don Nicolás de Herrera, vecino de esta ciudad y electo Mi- 
nistro principal de Eeal Hacienda de la Intendencia de Guan- 
cavélica, con cuyo dictamen se acordó que convenia cerrar este 
Puerto y tomar las providencias oportunas á efecto de evitar que 
llegando truncadas estas noticias á la corte del Brasil, tomase 
a quel Gobierno algunas determinaciones nada favorables á la 
Provincia, debiendo esperarse noticias más circunstanciadas de 
Buenos Aires y oir en el particular al dicho Vargas para asegurar 
el acierto de las disposiciones ulteriores: todo lo cual asi determi- 
nado le pasaron los recaudos correspondientes al señor Gober- 
nador militar, quedando de este modo concluida la sesión de este 
dia y presente acta que firmamos para constancia— C.SaZfañac7¿ 
— P. Vidal— J. llla-^J. M. de Ortega— J. B. de Aramhurú— 
D. de la Peña—L. Peres— J. Mas de Ayala—J. Vidal y Bena- 
vides. 



— 64 — 



Reunión del Cabildo oon el ohjeto de indag-ar noticias 
sohre los acontecimientos políticos que habian te- 
nido lug-ar en Buenos Aires la víspera del 3S de 
Mayo de 18 lO y relación que le hizo sobre ellos 
un enviado secreto del "l'irey depuesto (Cisneros). 

En lamuj' fiel y reconquistadora Ciudad de San Felipe y San- 
tiago de Montevideo á veinticinco dias del mes de Mayo de mil 
ochocientos diez; el Cabildo Justicia y Regimiento de ella, cuyos 
individuos que en la actualidad le componemos al final firmamos, 
hallándonos juntos en nuestra Sala Capitular de Ayuntamiento 
como lo hemos de uso y costumbre para tratar cosas tocantes al 
mejor servicio de Dios y bien del público, presente el señor Go- 
bernador político interino y nuestro Sindico procurador general. 
Juntos que nos hallamos en la mañana de este dia y sabiendo 
que acababa de llegar una lancha de Buenos Aires hemos hecho 
venir á nuestra presencia al patrón de ella don Francisco Rodri» 
guez y al pasagero don Manuel Fernando Ocampo, y examinados 
por el señor Presidente sobre la verdad de los sucesos ocurridos 
en Buenos Aires, declararon contestes la deposición del Excelen- 
tísimo señor Virey, creación de una Junta Provisional y recono- 
cimiento de ella para las autoridades, con general aplauso del pue- 
blo,en que no hubo el menor desorden. A consecuencia de este paso 
y para tomar la posible instrucción determinó este Cabildo que el 
Caballero Síndico procurador pasase á la casa morada de don 
Juan Vargas, con recado político para que asistiese á esta casa 
consistorial donde lo esperaba el Ayuntamiento; lo que verificó 
en compañía del Caballero Síndico, y á presencia de esta Junta, 
y del doctor don Lucas José Obes y don Nicolás de Herrera, hizo 



— 65 — 

el dicho don Juan de Vargas una relación historial de los antece- 
dentes de la conmoción del pueblo de Buenos Aires, y decreto de 
la Asamblea para que fuese depuesto el Excino. señor Vi-Eey, y 
le sostituyese en el mando una Jauta Provisional, á cuya sazón 
y antes de determinarse este negocio había salido el exponente 
para esta Ciudad, con comisión de S. K\ el Excmo. señor Vi-Rey 
para comunicar á este Ayuntamiento y autoridades constituidas 
la ilegalidad de su deposición y del establecimiento de la Junta, 
y hacerle entender que esperaba fuese su autoridad debidamente 
respetada por este pueblo y vecindario, no habiendo en el de 
Buenos Aires poder legitimo para despojarlo del mando de las 
Provincias que le había confiado la Suprema Junta Central de 
España eludías, á nombre del señor don Fernando Vil, y como 
hubiese acabado dicha relación después de empezada la noche, 
se determinó diferir la resolución para el siguiente día; con lo que 
quedó cerrada la sesión que firmamos — C. Salvañach — P. Vidal 
— J. 31. de Ortega — I. Illa — J. B. de Arainhurú — D. de la Pe- 
ña — L. Pérez — J. Mas de Ayala—J. Vidal y Benavides. 



Acuerdo ordenando á don «Juan Varg-as, comisionado 
privado del virey Cisneros, depuesto en Buenos Ai- 
res, salir inmediatamente de la ciudad y á fin de po- 
ner á cubierto su persona de la irritación con que el 
pueblo lo miraba. 

En la muy fiel y reconquistadora Ciudad de San Felipe y San- 
tiago de Montevideo á veinte y seis de Mayo de mil ochocientos 
diez: El Cabildo, Justicia y Regimiento de ella, cuyos individuos 
que en la actualidad le componemos al final firmamos, hallando- 
nos juntos en nuestra Sala Capitular de Ayuntamiento como lo he- 
mos de uso y costumbre para tratar cosas tocantes al mejor ser- 



— 66 — 

vicio (le Dios y bien del público, presente el señor Gobernador 
político interino, y nueí^tro Sindico Procurador General. En 
este estado, teniendo positivos antecedentes para recelar una 
conmoción popular de resulta del disgusto universal del pueblo 
por la permanencia en esta Ciudad del expresado don Juan de 
Vargas, determinó, con precedente dictamen de los ante dichos 
letrados, que pasase una diputación compuesta de don Juan B. 
Aramburíi y don León Pérez á la casa del señor Vargas y le es- 
p usiese que este Ayuntamiento, enterado de su Comisión había 
resuelto responder á S. E. que estaba dispuesto á tomar todas 
las medidas conducentes á la conservación del orden y seguridad 
de los dichos sagrados del señor don Fernando VII, en precisión 
de todas las circunstancias y que atendiendo al peligro que ame- 
nazaba de una conmoción, le suplicaba pasase inmediatamente á 
llevar la repuesta alExcmo. señor Virey para que sirviese de 
Gobierno á S. E. Verificada la diputación y como hubiese con- 
testado el señor Vargas que no podía ausentarse de esta Ciudad, 
por tener aun pendientes los principales objetos de su Comisión, 
que se estendian á tratar con los Ministros de Cortes extrange- 
r as; acordó en consecuencia este Cabildo que para tomar una 
m edida prudente, en tan críticas circunstancias, se convocase á 
lo s S. S. Gobernador militar. Comandante de Marina, presbíteros 
d octor don José M. Pérez y don Dámaso Larrañaga, doctor don 
J osé Eugenio de Elias asesor de este Gobierno, á los abogados 
doctor don Lucas Obes, don Bruno Méndez y al dicho Ministro 
de Eeal Hacienda don Nicolás de Herrera, y presentes todos é 
instruidos del disgusto del pueblo, por la venida de don Juan de 
Vargas, y de la necesidad de evitar una conmoción y tal vez un 
atropello contra dicho señor, resolvieron á pluralidad devotos 
que se intimase á don Juan de Vargas pasase á morar en alguna 
de las posesiones de campo. 



— 67 — 



A-cuerdc en que se resolvió convocar al pueblo para 
que espresase su voluntad sabré los sucesos que ha- 
bían tenido lugar en Buenos Aires, de tjue participa- 
ban á este Cabildo las autoridades allí instaladas, y 
para que nombrase los representantes que debían 
incorporarse á la «Tunta creada en aquella capital. 

<-En la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y San- 
tiago de Montevido á treinta y un dias del mes de Mayo de mil 
ocliocientos diez. El Cabildo, Justicia y Regimiento de ella, cuyos 
individuos que en la actualidad lo componemos al final firmamos, 
hallándonos juntos en nuestra Sala Capitular de Ayuntamiento 
como lo hemos de uso y costumbre para tratar cosas tocantes al 
mejor servicio de Dios y bien del público, presente el señor Go- 
bernador político interino y nuestro Sindico procurador general. 

En este estado teniendo á la vista el oficio que pasó la nueva 
Junta de Buenos Aires para que se le presentase el debido reco- 
nocimiento; los manifiestos y proclamas que lo acompañaban y 
los oficios del Excmo. señor Virey, Cabildo y demás autoridades 
de la Capital, dirigidos al mismo efecto, y concluido por el sub- 
teniente del regimiento de infantería de esta Provincia don Mar- 
tin Galain, se determinó que se convocase la mayor y más sana 
parte del vecindario á fin de que deliberase sobre tan importante 
asunto y nombrase el diputado que debía representar á este pue- 
blo en la nueva Junta provisional establecida para mandar á 
nombre del señor don Fernando VII y con sujeccion á la autori- 
dad Suprema central, que reconociese la España, y verificada la 
citación por esquelas para las nueve déla mañana del día 1.° del 
próximo Junio se concluyó la sesión que firmamos para constan- 
cia.— C. Salvañach — P. Vidal— J.M. de Ortega — /. B. de Aram» 

5 



— 68 — 

hura — D. de la Peña — L. Pérez — J. Mas de A y ala— J. Vidal y 

Benavides> 



Cabildo aI)icrto cu que se declaró ser couTCuicute la 
nniou cou la capital y el recouociuiiento de la 
Junta allá instalada, y se acordé elejir diputados 
á ella por parte del pueblo y jurisdicción de ?tlou- 
tcTideo. 

" En la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y 
Santiago de Montevideo, á primero de Junio de mil ochocientos 
diez; el Cabildo, Justicia y Regimiento de ella, cuyos individuos 
que en la actualidad le componemos al final firmamos, hallán- 
donos juntos en nuestra Sala Capitular de Ayuntamiento, como 
lo hemos de uso y costumbre para tratar de cosas tocantes al me- 
jor servicio de Dios y bien del público, y presente el señor Gober- 
nador político é interino y nuestro sindico procurador general. 
En este estado reunida la Junta de vecinos, todas las autorida- 
des civiles, militares, eclesiásticas y Ministro de la Real Hacien- 
da, en esta Sala Capitular y á presencia del Cabildo y Ayunta- 
miento, presidido del señor Gobernador Político; después de va- 
rias discusiones y opiniones se acordó, á pluralidad de votos lo 
que sigue: 1." Que convenia la unión con la capital y reconoci- 
miento de la nueva Junta á la seguridad del territorio y conser- 
vación de los derechos de nuestro amado Rey el señor don Fer- 
nando Séptimo. 2.0 Que esta reunión debería hacerse con ciertas 
limitaciones conducentes á los mismos fines y necesarios al honor 
y dignidad de este pueblo fiel. 3.° Que estas limitaciones las ar- 
reglasen los señores Gobernadores militar y político asociados 
de los vecinos don Joaquín de Chopitea y don Miguel Antonio 



— 69 — 

Vilardebó, del Comandante militar don Prudencio Murguiondo, 
del presbítero doctor don Pedro Pablo Vidal, y del Ministro de 
Real Hacienda don Nicolás de Herrera, en clase de letrado, cuya 
elección hecha por este Cabildo fué unánimemente aprobada por 
la Asamblea. 4,* Que metodizadas las modificaciones se presen- 
tasen á la Junta al dia siguiente para aprobarlas, si las hallase 
justas y elegir el diputado que debia pasar á la Junta provisio- 
nal. Con lü que quedó concluida la sesión que cerramos y firma- 
mos para que conste.— C. Salvañach—P. Vidal -J. llla—J. M, 
de Ortega— J. B. Aramhurü—D, de la Peña~L. PGre::—J. 
Mas de Ayala—J. Vidal yBenavides. " 



4cBies*ílo SHspeBídicndo lo íletemiBíaado, en el Cabildo 
aüiácrloel dia fl.° de Jíimío, y n'ecoMOciciido al Con- 
sejo de RegcMcia por gofoieruo supremo de Espa- 
ña é ludias. 

En la muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y San- 
tiago de Montevideo, á dos de Junio de 1810; el Cabildo, Justi- 
cia y Regimiento de ella, cuyos individuos que en la actualidad 
le componemos al final firmamos, hallándonos juntos en nuestra 
Sala Capitular de Ayuntamiento, como lo hemos de uso y costum- 
bre para tratar cosas tocantes al mejor servicio de Dios y bien 
del público, presente el señor Gobernador político interino y 
nuestro síndico procurador general. En este estado, junto el ve- 
cindario y autoridad en la forma acordada el dia anterior, como 
hubiese llegado á este puerto la noche anterior el bergantín par- 
ticular nombrado Nuevo Filipino con la plausible noticia de la 
instalación del Supremo Consejo de Regencia de España é Indias 
y medidas enéi'gicas que adoptaba aquel sabio Consejo para des- 



— 70 — 

truir los inicuos proyectos de los franceses, se enteró al puebla 
de esta novedad, habiéndose leido en público una proclama de la 
Junta superior de Cádiz dirigida á los pueblos americanos y un 
grito general de la Asamblea determinó que se reconociese al 
Consejo de Eegencia, solemnizando el acto con salvas de artille- 
ría, repiques de campanas, iluminación general y Te-Deum, y 
que se suspendiese toda deliberación sobre el nombramiento de 
diputados y demás puntos acordados en la sesión anterior hasta 
verlos resultados de otras noticiasen la Capital de Buenos Aires* 
Todo lo que fué puntualmente ejecutado y comunicado al Gobier- 
no de la Capital en contestación á sus oficios anteriores: con lo 
que quedó concluida la sesión, y cerramos el presente acuerdo 
que firmamos para constancia. — C. Salvañach — P. Vidal — J. 
M, de Ortega — . B. Aramhuru—^D , déla Peña — L, Pérez — J. 
Mas de Ayala — J. Vidal y Benavides. 



Coutestaciou del Cabildo de IVIoiiteTídeo á la circular 
de la Junta de Bueuos Aires 

Excmo. señor: — Consecuente á lo que comunica V. E. en su 
oficio de 27 de Mayo último; procedió este Cabildo y Ayunta- 
miento á la convocación de una pa rte respetable de este vecinda- 
rio, á efecto de que deliberase sobr e tan grave asunto, y nombra- 
se el Diputado que debía pasar á incorporarse á Y. E. para 
mandar hasta la verificación del Congreso. Después de una larga 
discusión sobre este punto, se acordó que debía este pueblo reu- 
nirse cordialmente á esa capital para sostener los intereses de 
la Patria, y los derechos sagr ados de nuestro legítimo y único 
Soberano el señor don Ferna ndo Vn, pero que esta unión y el 
reconocimiento consiguiente de la Superior Autoridad de V. E. 



— 71 — 

debía ligarse á ciertas modificaciones y calidades relativas á la 
seguridad, defensa, conservación y buen Gobierno de esta Ciu- 
dad, y su preciosa campaña, hoy más expuesta que nunca á los 
horrores de una asociación de personas nombradas al efecto, y 
junto el pueblo para elegir al Diputado entró en este puerto el 
Bergantín particular el Nuevo Felipino, salido de Cádiz el vein- 
tinueve de Marzo con la noticia muy plausible de la instalación 
del Consejo de Regencia reconocido por todas las Provincias , 
por la Inglaterra y Portugal, de las lisonjeras esperanzas de to- 
dos los españoles sobre el acierto, energía, y meditación de las 
providencias y medidas del Consejo para salvar á España de la 
irrupción de los franceses, y de algunas proclamas del mism o 
Consejo de Regencia, y de la Junta Superior de Cádiz dirigida á 
los americanos, que se leyeron al público para su satisfacción , 
En la efusión de su contento y alegría pidió á voces el Puebl o 
que se reconociese al Consejo de Regencia, que en debida demos» 
tracionde este acto se anunciase con salvas de Artillería, repi- 
que de campanas, iluminación, y Te Deuní, y que se sus - 
pendiese el nombramiento de diputado para esa Junta, y 
toda deliberación en este particular hasta ver las determina- 
ciones de V. E, y de esa Capital en vista del estableci- 
miento déla Regencia y demás noticias favorables. Todo se ha 
ejecutado puntualmente como el Pueblo lo pedía, y lo comunica 
á V. E. este Cabildo para su Gobierno, y en contestación á sus 
oficios del citado 27, y del 2 del corriente. — Dios guarde á V. E. 
muchos años. Sala Capitular de Montevideo y Junio 6 de 1810. 
— Excmo. señor — Cristóbal Salvañctch —Pedro Vidal — Jaime 
Illa — José Manuel de Ortega~-~Jtian Bautista Arambiorü'^Da - 
miau de la Peña — León Pérez — Félix Mas de Ai/ala—Jaan 
Vidal y Benavides — Señores Presidente y Vocales de la Junta. 
Provisoria Gubernativa de Buenos Aires. 



— 72 — 



IViievo oficio de la Jnuta de Oobicruo de Bneuos ütres 
en coutestacion de la anterior 

Eeiinidos los oficios de V. S., del señor Comandante de Marina 
y del señor Gobernador Militar resulta, que convocado el Pueblo 
en su más sana parte, é instruido de las ocurrencias de esta Ca- 
pital se acordó una conducta enteramente uniforme; pero que al 
tiempo de nombrarse Diputado, apareció el Bergantín Filipino 
cuyas noticias relativas al estado de nuestras armas y á la ins- 
talación de un Consejo de Regencia en Cádiz, suspendieron la 
ejecución hasta ver las resultas de esta Junta y esta Capitales- 
pues que se instruj^ese de aquel suceso. 

Nada lia recibido la Junta de oficio ó por conducto legítimo, 
que pueda hacer variar los fundamentos de su instalación: han da- 
do cuenta de ellaá S. M. mandando un oficial de honor para ins- 
truir al Gobierno Soberano, que encontrase legítimamente, esta- 
blecido en España; ha convocado igualmente Diputados de todos 
los Pueblos, para que decida el Poder Soberano que debe presen- 
tar nuestro augusto Monarca el señor don Fernando VII; y ni 
esta Junta puede prevenir aquel juicio, ni la situación peligrosa 
de la Metrópoli se presenta mejorada desde el sitio de Cádiz, ni 
las noticias oficiales que puedan venir después de un Gobierno 
Soberano reconocido en la Monarquía trastornan las bases de es- 
ta Junta Provisoria, puesto que en su misma intalacion juró re- 
conocimiento del Gobierno Soberano que estuviese legítimamen- 
te establecido en España. 

Las contestaciones oficiales sobre este punto con la Real Au- 
diencia, que ha publicado la Junta y acompaña á V. S. darán ca- 
bal idea de la circunspección con que se procede en tan delicada 



— 73 — 

materia; y deinostrarán que no es oponerse álos derechos de la 
Soberanía, sujetar su reconocimiento á los principios que ella 
misma ha establecido, y conciliarios con los derechos y dignidad 
de los Pueblos. 

La Junta recomienda mucho á V. S. se sirva observar con de- 
tención los principios que han influido en su instalación. El prin- 
cipal fundamento de ésta ha sido la duda suscitada sobre la le- 
gitimidad, con que la Junta Central fugitiva, despreciada del 
Pueblo, insultado de sus mismos subditos, y con públicas impu- 
taciones de traidora, nombró por si sola un Consejo deEegencia, 
sin consultar el voto de los Pueblos, y entre las convulsiones del 
estrecho circulo de la Isla de León. 

Si recurrimos á los primeros principios del derecho público de 
de las naciones, y leyes fundamentales de la nuestra, la Junta 
no tenia facultad para trasmitir el Poder Soberauo que se le ha- 
bía confiado: éste intransmitible por su naturaleza, y no puede 
pasar á segundas manos sino por aquel mismo que lo depositó 
en las primeras. 

Este mismo Consejo de Regencia ha declarado, que los Pue- 
bles de América son libres, y que deben tener un influjo activo 
en la representación de la Soberanía; es preciso pues que palpe- 
mos ahora ventajas, de que antes carecíamos; y tengamos parte 
en la Constitución de los Poderes Soberanos, mucho más cuando 
siendo la América por declaraciones anteriores, parte integrante 
de la monarquía, sería irregular, que el mínimo punto de la Isla 
de León arrastrase sin examen las suerte de estas altas re- 
giones. 

Las incertidumbres sobre la legitimidad del actual Poder So- 
berano de la España, unidas al riesgo inminente en que pone 
al reyno la ocupación de la mayor parte de su territorio, pro- 
dujeron una general agitación, de que ha nacido la instalación 



— 74 — 

de esta Junta Provisional, para que gobernase sin sospechas por 
parte del Pueblo, hasta que formado el Congreso con los Dipu- 
tados de las Provincias se decidiesen aquellas importantes cues - 
tiones; no será fácil que la Junta prevenga este juicio, ni este 
es un embarazo para la unión y fraternidad con Montevideo. 

¿Se reconoció en esta plaza el Consejo de Regencia? Buenos 
Aires no lo ha desconocido; y quizá el voto de sus Representan- 
tes será este mismo cuando en el Congreso deba darse: Monte- 
video por su celo, que en si es laudable, anticipó ya el suyo, y 
este será seguramente el de su Diputado; pero entre tanto se 
verifica la reunión, deben unirse los dos Pueblos, porque asi la 
exijen sus intereses y los derechos del Rey. 

Ambos Pueblos reconocen un mismo Monarca; la Junta ha 
jurado al señor don Fernando VII, y morirá por la guarda de 
sus augustos derechos; si el Rey hubiese nombrado la Regencia, 
no habría cuestión sujeta al conocimiento de los Pueblos; pero 
como la de Cádiz no puede derivar sus poderes sino de los Pue- 
blos mismos, justo es, que estos se convenzan de los títulos con 
que los ha reasumido. 

Es esta una materia muy delicada, para resolverse en ella con 
ligereza, y ningún Pueblo debe ejecutar por si solo lo que debe 
ser obra de todos. En la correspondencia de este Superior Go- 
bierno con nuestro Embajador español residente en el Janeiro, 
se ha encontrado aviso oficial de que la Junta Central había de- 
clarado últimamente la Regencia del Reyno á favor de la señora 
doña Carlota, Princesa del Brasil, y V. S. reconocerá muy bien, 
cuan grandes males nos envolverían ahora, si en virtud de esta 
sola, aunque autorizada noticia, Hubiésemos jurado y reconocido 
la Regencia en aquella Princesa, 

f^Lo sustancial es, que todos permanezcamos fieles vasallos de 
nuestro augusto Monarca el señor don Fernando VII, que cum- 



— 75 — 

piamos el juramento de reconocer el Gobierno Soberano de Es- 
paña legítimamente establecido, que examinemos con circunspec- 
ción la legitimidad del establecimiento, y no la consideremos co- 
mo una voz vana, sino como la primera regla directiva de nuestra 
revolución; y que entretanto estrechemos nuestra unión redoble- 
mos nuestros esfuerzos para socorrer la Metrópoli, defendamos 
su causa, observemos sus leyes, celebremos sus triunfos, llore- 
mos sus desgracias, y hagamos lo que hicieron las Juntas Provi- 
sionales del reyno antes de la instalación legitima de la Central, 
que tenia una Kepresentacion Soberana del Rey, por quien pe- 
leaban, y por esto eran menos fieles, menos leales, menos heroi- 
cas, ni menos dispuestas á prestar reconocimiento á su Suprem o 
poder, apenas se constituyó legítimamente. 

Dios guarde á V. S. muchos años. Buenos Aires 8 de Junio 
de l&lO—'Cornelio de Saavedra — doctor Juan José Castelli — 
Manuel Belqrano — Miguel de Azcuenaga — doctor Manuel de 
Alberti — Domingo Mateu — Juan Larrea — doctor Juan José Pa- 
seo, Secretario— (Zocíor Mariano Moreno, Secretario. 



Reunión del Cabildo cu que fué ad mitido el Diputa- 
do de la Junta de Buenos Aires á exponer su iui> 
sion, y acuerdo convocando al pueblo para que 
expresara su voluntad en el particular. 

En la muy fiel y reconquistadora Ciudad de San Felipe y 
Santiago de Montevideo, á los catorce dias del mes de Junio de 
mil ochocientos diez; el Cabildo, Justicia y Regimiento de ella, 
cuyos individuos que en la actualidad le componemos al final fir - 
mamos, hallándonos juntos en nuestra Sala Capitular de Ayun- 
tamiento, como lo hemos de uso y costumbre para tratar cosas 



- 76 — 

tocantes al mejor servicio de Dios y bien del público, presente 
el señor Gobernador político interino y nuest ro síndico procu- 
rador general. En este estado el señor Gobernador político 
anunció que acababa de llegar un Diputado de la nueva Junta de 
Buenos Aires, con comunicaciones de importancia, y oido este 
por los señores capitulares y determinado que sólo dicte audien- 
cia para los señores regidores don José Manuel de Ortega y don 
León Pérez con Comisión del Ayuntamiento para acompañar al 
Diputado á esta casa consistorial, donde Jebía exponer los obje- 
tos de su misión. Llegado que fué presentó sus credenciales, por 
las que constaba ser el doctor don Juan José Passo, vocal secre- 
tario de aquella Junta, que venía de su diputado á este Cabildo 
y al pueblo; entregó luego un oficio de la Junta y seguidamente 
hizo un discurso reducido á justificar los motivos de la instala- 
ción de la Junta, de sus operaciones, sus fines, las razones que 
tenía para no reconocer al Consejo supremo de Eegencia hasta 
que llegasen los avisos de oficios de su instalación con arreglo á 
las leyes y la necesidad de evitar en estas circunstancias todo 
motivo de división con la Capital. Oída su exposición y después 
de habérsele acompañado por los mismos señores regidores á su 
posada, extramuros de esta ciudad, determinó el Cabildo que 
después, previa la diputación al pueblo, se convocase á éste en 
la más respetable parte de su vecindario, para que, instruido por 
el Diputado, deliberara lo que se estimase justo: con la que se 
cerró la sesión que firmamos para constancia. — P. Vidal — J. 
Illa — /. 31. de Ortega — J. B. de Aramhurú — D. de la Peña — Zr. 
Pérez — J. Mas de Ayala — P. Vidal y Benavides. 



77 — 



Rennion extraordinaria del Cabildo y de I^eprescn- 
tantes por la poblaeion de Moutevideo para escu- 
char al Diputado de la Junta de Gobiernos de 
Buenos Aires y acuerdo desconociendo el carác- 
ter legal de dicha .Vunta Ínterin ella no pres- 
tase su sumisión al Consejo de Regencia insta- 
lado en Sevilla. 

En la muy fiel y reconqiiistadora ciudad de San Felipe y 
Santiago de Montevideo á quince dias del mes de Junio de mil 
ochocientos diez. El Cabildo, Justicia y Regimiento de ella, cuyos 
individuos que en la actualidad le componemos al final firmamos 
hallándonos juntos en nuestra Sala Capitular de Ayuntamiento 
como lo hemos de uso y costumbre para tratar cosas tocantes al 
mejor servicio de Dios y bien del pública, prese nte el señor Go- 
bernador político interino, y nuestro Síndico procurador General, 
En este estado, reunidos los vecinos Representantes del pueblo 
en esta sala Capitular, con todos los s eñores comandantes y Gefes 
militares políticos y el de Real Hacienda, presente este Ayunta- 
miento y precedida la venia del señor Gobernador político interi- 
no, se leyeron las credenciales del diputado que se hallaba ya 
en la Sala y el oficio de la Junta de Buenos Aires haciendo en 
seguida el enviado su discurso en la forma y á los mismos objetos 
manifestados al Cabildo, y habiéndose retirado resolvió toda la 
Asamblea, después de un maduro examen, á nombre del pueblo 
que, entre tanto la Junta no reconociese la Soberanía del consejo 
de Regencia, que habia jurado este pueblo, ni podría ni debía re- 
conocer la autoridad de la Junta de Buenos Aires ni admitía pac- 
to alguno de concordia ó unidad. Con lo que se concluyó la sesi on 



— 78 — 

habiéndose impuesto de esta resolución al diputado y á la Junta, 
en respuesta á su citado oficio. Con lo cual se concluyó esta acta 
que no siendo para mas la cerramos y firmamos para que conste. 
C.Salvañach^^P. Vidal — J. lUa-^J. M. de Ortega — J. B. de 
Aramhicrú — D. de la Peña — L. Perez—J . Mas de Ayala^J. 
Vidal y Benavidez, 



Correspondencia de IMonteTideo informando deteni- 
damente sobre los principales acontecimientos 
que allí tuvieron lugar. 

Montevideo, Jueves o de Junio de 1810. 
Muy señor mio: 

No ha llegado aún á Montevideo el correo, y el justo temor 
de que esa respetable Junta corte toda comunicación con esta 
ciudad, me deja sepultado en la amargura consiguiente á la rui- 
na, que en tal caso sufrirían nuestras negociaciones. Veo ya sobre 
nosotros todos los males de una funesta división, y vivo deses- 
perado al considerar este pueblo mecido en un empeño que lo ar- 
ruina, y de cuya injusticia está él mismo convencido. He despre- 
ciado todos los peligros y he hablado francamente con mis ami- 
gos, descubriendo una decidida contradicion entre su conducta y 
sus sentimientos; habria desesperado enteramente si la experien- 
cia nonos enseñase que todas las cosas violentas rompen al fin 
por el mismo muelle que las tenia comprimidas; él debe entender 
por quien hablo, pero como creo que es el ir.ajor servicio á la 
patria desvanecer las e^iuivocaciones que pulieran producirle 
grandes perjuicios, voy á hacer un sencillo bosquejo de las ocur- 
rencias de este pueblo desde la feliz instalación de esa Junta, y 
si usted aprovecha las relaciones que tiene con alguno de sus 



— 79 — 

vocales, prodrá confirmarlos en la resol ucion de mirar á Monte- 
video como un pueblo amigo y como padece de la violencia con 
que se le arrastra lejos de sus deberes. 

Desde los primeros anuncios de la mutación que se organi- 
zaba en el gobierno de esa ciudad, los vecinos da ésta manifesta- 
ron una decidida voluntad de seguir la misma suerte: la identidad 
de intereses produjo aquel sentimiento, y las posteriores noticias 
de los motivos que causaban aquella mudanza confirmaron por 
la justicia de la causa, la general conspiración excitada por el in- 
terés de los pueblos. El establecimiento de una Junta no podía 
recibirse mal en Montevideo, que cuenta entre sus principales 
glorias la energía con que sostuvo la suya, y la triste situación 
de la península era demasiado notoria para que los buenos espa- 
ñoles quisiesen dormir en una inacción que al fin inutilizase las 
más prudentes precauciones. Todo estaba llano y se esp eraban 
con ansia los peligros de oficio para reconocer la Junta y estre- 
char con la Capital la unión que exigen nuestras relaciones y las 
obligaciones más sagradas. 

El resultado de la misión de don Juan de Vargas descubrió 
la firmeza de aquella resolución. Llegó éste en los primeros mo- 
mentos de las agitaciones, y pidiendo audiencia ante el Cabildo 
habló cuatro horas seguidas interpelando la fidelidad de este pue- 
blo contra las medidas de la Capital; y aunque la mejor causa 
perdería mucho valor en boca de un charlatán aborrecido de to- 
dos, concurrieron, sin embargo, muchas circunstancias que acre- 
ditan los sentimientos del pueblo en el ningún efecto que produ- 
jeron. Vargas revestía el carácter de un enviado del señor Cis- 
neros y magistrados principales de la Capital; ofrecía á nombre 
de ellos que se trasladarían inmediatamente á esta ciudad, y que 
fijando en ella los primeros tribunales del reino, sería teatro de 
una grandeza tanto más sólida, cuanto que se fuudíiba sobre la 



— 80 — 

desolación y ruina de Buenos Aires. Era esta una tentación muy 
fuerte para un pueblo naciente y los esfuerzos con que el coman- 
dante de marina y demás oficiales subalternos recomendaban 
aquella propuesta, eran capaces de alucionar á quien no estuvie- 
se intimamente convencido de la actual situación y verdaderos 
intereses de estas provincias; sin embargo, las proposiciones de 
Varg-as fueron despreciadas y exaltada una indignación general 
contra su persona habría sido victima del furor popular, si el co- 
mandante de marina no lo hubiese dado escape facilitándole una 
nueva misión á reino extrangero, cuyo poco resultado pondrá el 
último colmo á sus delitos. 

La vergonzosa circunstancia de estar hoy dia pendientes de 
los oficiales de Marina los destinos de Montevideo, me empeña á 
describir á usted la conducta de estos señores desde el principio 
de estas novedades. Usted ha sido testigo de la adversión y des- 
precio con que siempre han sido mirados en esta ciudad; hace 
mucho que el estado decayente de nuestra marina le hizo perder 
aquella preponderancia que antes le habla producido la gloria 
de los combates y utilidad de su servicio, y como por desgracia 
no han venido á Montevideo aquellos oficiales á quienes la 
falta de ocasión detenía en una oscuridad no merecida, se agre- 
gaba el desprecio de las personas de poco valer de la carrera y los 
restos de su ascendiente presentaban en los oficiales de marina 
toda la ridiculez que frecuentemente producen en las mujeres los 
restos de la hermosura. 

Siendo éstos los únicos rivales de la unión con la Capital, re- 
posaba tranquilo en que no sería perturbada, pero cuando iba ya 
á realizarse por el voto general del pueblo reunido en un Cabil- 
do abierto, apareció en la bahía el bergantín Filipino, y aprove- 
chando el comandante de marina esta ocasión, ejecutó una intri- 
ga grosera, que para eterno oprobio de este pueblo se pretendía 



— 81 — 

trastornar su opiniou con noticias inverosímiles; nuestra penín- 
sula libre de enemigos, los franceses derrotados y llevado preci- 
pitadamente al seno de su imperio el terror y la desolación; dos* 
cientos mil españoles sobre Bayona, y el poder de Napoleón va- 
cilante á la vista de la inmensa y bien organizada fuerza de nues- 
tros ejércitos; un Consejo de Regencia en Cádiz y que con todos 
los caracteres de la soberanía presidía y animaba aquellos pro- 
digios; lié aquí la sustancia de la papeleta que se hizo bajar del 
Filipino, cuyo autor conozco y espresaré algún día; hé aquí el 
único motivo que trastornó la opinión pública, suspendiendo la 
resolución con la esperanza de que Buenos Aires desistiese de su 
grande obra en vista de estas noticias. 

Nada es más fácil que la sorpresa de un pueblo y nada más 
terrible que sus efectos; Montevideo fué metido en un arriesgado 
empeño por el artificio más ridículo que la audaz ignorancia pu- 
do jamás fraguar; todo s saben hoy día que aquellas noticias lo 
fueron: todos conocen que sus auto res se propusieron hacer ser- 
vir á sus miras personales el interés general del Estado: nadie 
ignora que la península gime en los conflictos y apuros que moti- 
varon las preocupaciones de la Capital: ninguno cree que el co- 
mandante de marina y sus secuaces se propongan el bien del país 
ó sean capaces de sacrificar sus personas por los derechos de su 
monarca: pero apesar de esta general convicción, todos sufren el 
duro yugo de una prepotencia que no tiene más fundamento que 
la osadía con que se ejerce, y la valerosa Montevideo se vé apri- 
sionada por un petulante sin jurisdicción, sin talentos, sin recur- 
sos, sin virtudes, y que igual tiempo emplea en fraguar cadenas 
para el pueblo que en meditar medios de huir apenas crezcan 
los apuros. 

Mi corazón se enajena al contemplar la ignorancia que nos 
oprime; volvamos á la serie de los hechos, pues ellos mismos son 



— 82 — 

el mejor reproche de los inicuos. La Juntase sorprendió suma- 
mente cuando vio que las excelentes disposiciones de este pue- 
blo se frustraban por un incidente que nunca pudo influir en la 
sustancia de la cuestión que se trataba. La resolución de remitir 
uno de sus secretarios para que allanen personalmente los em- 
barazos que pudieran detener la unión de ambos pueblos, fué la 
m ejor prueba que pudo pensarse de la fuerza de sus intenciones 
y de la sinceridad con que se habia consagrado á la felicidad de 
estas provincias. Los intrigantes temieron injustamente que la 
p reséñela del enviado disiparía todos sus artificios y el despecho 
á que los conducía este temor apuraron los recursos más perver- 
sos; sin detenerse en exponernos á todos los horrores de una 
funesta convulsión. Me cubro de ignominia cuando recuerdo los 
días que precedieron á la llegada del doctor Passo; en ellos saltó 
á tierra la marinería, se armó con precipitación, y afectando el 
comandante un tono amenazador, tocó el término de abocar ca- 
ñones contra el pueblo, vinculando á esta disposición hostil la 
preponderancia de su opinión contra los justos y benéficos par- 
tidos que el enviado debía proponer. Es muy vergonzoso para 
Montevideo haber sufrido este insulto y yo quisiera que mis con- 
ciuda danos pensasen sobre él seriamente. Porque si la opinión 
del pueblo es de unirse con Buneos Aires, ¿cómo se sufre una 
violencia inferida por cuatro hombres incapaces de resistir el 
enojo de esta población? Y si Montevideo resuelve libremente su 
separación de la Capital, ¿á qué viene la farolería de la marina, 
haci endo alarde de una fuerza insuficieníe'é innecesaria para las 
medidas que el pueblo toma? El resultado de esta conducta sería 
siempre funesto para Montevideo, porque si con el tiempo se de- 
cl ara criminal de subversión, nadie será culpable sino el pueblo, 
por haber seguido ciegamente el impulso de un comandante de 
marina á quien debió despreciar; y si la conducta de Montevideo 



— 83 — 

se aprueba nadir recibirá el premio sino los marinos que clama- 
ron deberse á su energía y activas providencias haber separado 
al pueblo de la seducción á que se había prestado. Esta sola re- 
flexión era bastante para haber reprimido la petulancia de lo s 
marinos; sin embargo; ellos lograron el ascendiente que deseaban, 
y antes déla llegada del doctor Passo, ya obraban con publici- 
dad en el complot que pensaban oponerle. 

Según sus medidas, el diputado fué detenido el martes 12 de 
Junio en la panadería de don Manuel Ortega, á extramuros de 
esta ciudad, á pretexto de consultar la mayor seguridad de su 
persona, porque suponían temores de una conmoción popular. El 
miércoles siguiente fué admitido á audiencia por el Ayuntamien- 
to, donde expuso con energía y dignidad los objetos de su dipu- 
tación, después de haber puesto en manos del Cabildo las creden- 
ciales de esa respetable Junta; nada se resolvió por entonces, y 
el enviado se restituyó al lugar de su confinación. 

El 15 se celebró en las Casas Consistoriales un congreso, á 
que asistió la más sana parte del vecindario con el objeto de que 
en tan respetable asamblea expusiese nuevamente el doctor Passo 
su comisión, é inmediatamente se decidiese á pluralidad de su- 
fragios lo que debía adoptarse en circunstancia tan crítica. Con- 
cluida la arenga del doctor Passo con la energía que era de espe- 
rar de su patriotismo, de su ilustración y de la justicia de la 
causa que propugnaba con la firmeza que debía inspirarle el 
carácter de su representación, tomó el comandante de marina el 
oficio de la Excma. Junta á esta ciudad, y bajo el supuesto de 
que contestando á él respondía á las reflexiones que el doctor 
Passo había hecho, comenzó á glosarlo párrafo por párrafo, ocu- 
pándose de las puerilidades que Vd. puede esperar de la limita- 
ción de sus talentos. 

Eeservo para otra carta la sustancia de esta discusión, porque 
Tomo III 6 



— 84 — 

«ntonces manifestaré al mismo tiempo la justicia de la causa, con 
los verdaderos sentimientos que abriga Montevideo, y que mani- 
festará en el primer momento feliz que se le ofrezca. Por ahora 
apuntaré solamente tres especies muy notables, que observé en 
aquel Congreso. Primero qne nada éxito el enojo y exclamacio- 
nes del comandante de marina, como la imputación de que la 
Excma. Junta había disminuido el sueldo á los Oidores; esta 
consideración lo enajenó, le hizo hechar espuma por la boca, y 
en un transporte, se le escapó que mañana harian lo mismo con 
él; de suerte que el pueblo debió conocer que todos los esfuerzos 
de los marinos no nacían de celo por el Monarca, contra cuyos 
augustos derechos no descubren el menor atentado; sino por ase* 
gurar un sueldo que acreditan injusto en las mismas convulsiones 
que le causa un peligro remoto de perderlo. 

La segunda observación notable fué que, pidiendo el doctor 
Passo se procediese á la votación de los concurrentes, repuso el 
comandante de marina que no era necesario, pues su opinión era 
la del pueblo, lo que se confirmó con la grita y aclamaciou de al- 
gunos aturdidos paniaguados, burlándose con esta petulancia de 
aquel Congreso, que, sin una votación formal, se vio metido en 
un empeño de una desunión, que la mejor parte de los sufragios 
resistía. 

La tercera ocurrencia que arrancó lágrimas de mis ojos fué 
que tratando el doctor Passo de instruir al pueblo de las razones 
de derecho y de conveniencia que lo precisaban á la unión con la 
Capital, se le increpó públicamente y se le insultó tratándolo 
de viejo chocho. Lloraré eternamente que un pueblo de que soy 
miembro se haya manchado con una ingratitud, bastante á cali- 
ficarlo de injusto en todos sus pasos. Un anciano respetable que, 
por su literatura y sus virtudes fué siempre el oráculo de sus 
conciudadanos; que por los derechos de su pueblo expuso siem- 



— es- 
píe con firmeza varonil sus "bienes y su vida, es ahora despreciado 
en sus consejos por escuchar la grita de un charlatán impruden- 
te, que quiere hacer servir una Provincia entera al lucro merce- 
nario de su persona. 

No^ Gran Capital de Buenos Aires: los generosos hijos de 
Montevideo no pueden ser enemigos de los vuestros: las buenas 
relaciones muy fuertes y muy sagradas, para que sean rotas al 
débil soplo de los pocos oficiales de marina que se oponen á 
nuestros derechos; sabemos distinguir los del Eey y ios de sus 
personas; y yo me lisonjeo de que no pasarán muchos dias sin 
que los dos pueblos se vean ligados con los fuertes vínculos que 
deben unir á vasallos de un mismo Monarca. 

Si, amigo niio: veo la justa mutación que ha habido ya en las 
opinioniones; la adjunta lista reservada, manifiesta cuanto traba- 
jamos en la unión y cuanto debe esperarse de nosotros; y aunque 
la preponderancia del comandante de marina todavía se conserva 
en la apariencia, no tema Vd. al héroe de la escuadra de Tolón, 
y acuérdese que muchos gobernadores de España acaban de ser 
arrastrados por pueblos fieles, á quienes ocho dias antes alucina- 
ban. Vd. ha habitado este pueblo, y conoce que la energía de sus 
habitantes no puede ser sojuzgada por marinos: han dado éstos 
muchas pruebas de lo que son,y en los ataques que hemos sufrido 
en estos últimos tiempos ha conocido el pueblo lo que debe espe- 
rar de ellos. 

Hay aquí más oficiales que en un Departamento; se absorbe- 
rán con sus sueldos los pocos ingresos que tengamos y en 
los últimos apuros hallarán medios de salvarse de ellos, como en 
el asalto de esta Plaza que tuvieron los oficiales de marina la 
gloria de no tirar un cañonazo, ni dejar un prisionero. 

Adiós: hasta otro coi reo, en que comunicaré cosas muy buenas. 



— 86 



IVota del Cabildo de MonteTideo á las autoridades 
militares sobre los incidentes ocurridos en esos 
dias. 

Montevideo, 13 de Julio de 1810. 

Después de felicitar á V. S., este Cabildo y Ayuntamiento, por 
la restitución á la tranquilidad pública y congratularse por la 
parte que ha tenido en esta importante obra, cree que es ya tiem- 
po de recordar á V. S.las promesas que se hicieron ayer á los 
Jefes de los cuerpos de infantería Lijera y Voluntarios del Eío 
de la Plata, de cuyo cumplimiento salieron garantes V. S. y este 
Cabildo á nombre del pueblo y del Eey. 

Estos jefes, cuyo extravío se fundó en una equivocada idea de 
las provincias tomadas en la noche anterior, sin acuerdo de V. S. 
y en un resentimiento contra otro cuerpo de la guarnición, ape- 
nas fueron intimados por el Gobierno y Cabildo á nombre del 
Rey y del pueblo, para que dejando las armas se prestasen á una 
conferencia amigable y en que se satisfaría al honor de los cuer- 
pos á su mando que sin trepidar se abandonaron á la confianza 
dp, la garantía de su seguridad que les ofreció V. S. y este Cabil- 
do á nombre del Rey y del pueblo, bajo la palabra de honor de 
que este suceso quedaría sepultado en un olvido eterno, sin que 
jamás obstase á sus ascensos y fortuna. Y si ayer fué necesario 
suspender el cumplimiento de aquella promesa para aquietar una 
parte del pueblo, que ignorante de nuestro compromiso, hubiera 
cometido un exceso irremediable contra las personas de estos 
jefes, hoy ha cesado aquel motivo, y el Cabildo espera que V. S. 



— 87 — 

no perderá ocasión de desempeñar tan solemne garantía luego 
que lo permitan las circunstancias. 

Que vea todo el mundo que Montevideo cumple inviola- 
blemente lo que ofrece por el respetable conducto de sus celosos 
magistrados, y que si su lealtad es heroica, no es inferior la sin- 
ceridad y buena fé de sus actos. 

Que Buenos Aires no crea que el valiente pueblo de Monte- 
video para contener el desorden de mil hombres, ha necesitado 
valerse del vil medio de la seducción y la perfidia. Que Montevi- 
deo se convenza de que su Gobierno y Cabildo velan por su se- 
guridad, no menos que por la conservación de su honor. Que 
esas afligidas familias, que lloran hoy la ruina de sus padres, 
sientan que la generosidad del pueblo y la clemencia del Gobier- 
no penetran hasta los rincones de sus casas, en que al abando- 
narse á la amargura de su dolor no ven más que la imagen de su 
desolación. Y finalmente, que esos cuerpos, sus jefes y oficiales 
convencidos del poder de un pueblo unido y leal, obligados por 
el estímulo de la gratitud á las consideraciones del Gobierno y 
conducidos por un sentimiento de honor, teman el castigo hor- 
rendo que se impondrá á la menor infracción, y sirvan con gus • 
to á sostener los derechos del Rey y los intereses de este vecin- 
dario, evitando así la deserción que acaso no sería fácil precaver 
en otro sistema. 

El Cabildo espera de la bondad de V. S. que no será desai- 
rado.en su solicitud, hija de la delicadeza de sus sentimientos, 
8in perjuicio de adoptar aquellas medidas que, conciliando el 
cumplimiento de lo pactado, afiancen la tranquilidad, la seguridad 
y el orden de ese fidelísimo pueblo. 

Dios guarde á V. S. muchos años— Sala Capitular de Monte- 
video, Julio 13 de 1810.— Cristóbal Salvañach -Pedro Vidal - 
Jaime Illa -José Manuel Ortega-^Félix Mas de Ayala—Jiian 
Áramburú — Leori Pérez, 



— 88 — 

El triunfo de los intransij entes en aquellos dias de dolorosa 
prueba y de zozobras para los patriotas orientales fué tan defi- 
nitivo y radical entonces, que el Cabildo expidió el siguiente 
Acuerdo mandando fundar el primer periódico español en esta 
ciudad de Montevideo, destinado á combatir la propaganda revo- 
lucionaria de Buenos Aires. Hemos agregado este documento 
por el interés histórico que encierra, y la luz que arroja sobre 
aquella época : 



Acuerdo del Cabildo ordenando la redacción de 
nn periódico destinado á combatir la prensa re- 
Tolucionaria de Buenos Aires y á sostener la causa 
de la Metrópoli, para cuyos objetos remitió irna 
Imprenta de Rio Janeiro la infanta doña Carlota. 



[T^fEn la muy fiel y reconquistadora Ciudad de San Felipe y San- 
tiago de Montevideo á veinte y cuatro de Setiembre de mil ocho» 
cientos diez : El Cabildo, Justicia y Regimiento de ella cuyos 
individuos que en la actualidad le componemos al final firmamos, 
hallándonos juntos en nuestra sala capitular de Ayuntamiento 
como lo hemos de uso y costumbre para tratar cosas tocantes al 
mejor servicio de Dios y bien del público, presente el señor Go- 
bernador político interino y nuestro Síndico procurador general . 
En este estado, hizo presente al Ayuntamiento el señor don 
Cristóbal Salvañach como presidente y Gobernador político in- 
terino, que había llegado la imprenta que la generosidad de 
nuestra Infanta, la Serenísima señora Princesa del Brasil doña 
Carlota Joaquina, había proporcionado á esta fidelísima Ciudad, 
con el loable objeto de fijar la verdadera opinión de los pueblos 



— 89 — . 

de este continente, publicando las noticias de nuestra península 
y su verdadero estado político, que habia tratado de desfigurar la 
Junta revolucionaria de Buenos Aires, para prevenir los ánimos 
á la ejecución de sus proyectos de independencia y que á efecto 
de conseguir unos fiaes tan importantes á la causa del Rey y del 
estado, y á los verdaderos intereses de la América Meridional, 
deseaba oír el dictamen del Ayuntamiento sobre el uso que debía 
hacerse de la imprenta. Y examinado ei negocio con circuns- 
pección se acordó por unanimidad de votos, presente don Nicolás 
de Herrera como Asesor consultor del Cabildo, que sin pérdida 
de instante se pusiese la prensa en ejercicio para publicar las 
noticias importantes en un periódico semanal; que las gacetas 
se vendiesen á un moderado precio para proporcionar su lectura 
á todas las clases del pueblo; que el producto de la imprenta, de- 
ducidos los gastos necesarios á su conservación, se iuvirtiese en 
obras pias ó en objetos de pública utilidad, sobre lo que se acor- 
daría oportunamente con presencia de las circunstancias, que la 
dirección déla imprenta y recaudación de sus productos se en- 
cargase auno de sus señores Regidores, en cuyo acto recayó la 
elección en el señor don Juan B. Aramburú regidor fiel ejecutor 
quien la aceptó iüraediatamente, por obsequio al mejor servicio 
dol Rey y de la Patria; que el Cabildo cuidaría de nombrar, de 
acuerdo con el Gobierno, un editor del periódico en quien con- 
curriesen las circunstancias de ilustración, crédito, probidad y 
actitud para el desempeño de tan delicada comisión; y finalmente 
que se enviase al Supremo Gobierno de la Nación un ejemplar 
de todos los papeles que se publiquen, dando cuenta de este 
acuerdo, con copia autorizada de esta acta, para que recaigan 
las resoluciones que sean del soberano agrado de S. M. — Con lo 
que quedó cesada la sesión que firmamos para que conste. —C. 
Salvañach — P. Vidal — J. lUa--^T. M. de Ortega ~J. B. de Amm- 



90 — 



hun'i — D. de la Peña — L, Pérez— J. Mas de Ayala — J. Vidal 
yBenavides — M. Oallego. 



Acuerdo rcsolTicndo dcTolverála princesa doña Car- 
lota las alhajas que cutió al Cabildo para emplear 
su Talor cu liacer la guerra al gobieruo rcvolu- 
clouario de Bueuos Aires. 



En la muy fiel y reconquistadora Ciudad de San Felipe y 
Santiago de Montevideo á catorce días de Setiembre de mil ocho- 
cientos diez. El Cabildo, Justicia y Regimiento de ella, cuyos 
individuos que en la actualidad le componemos al final firmamos 
hallándonos juntos en nuestra Sala Capitular de Ayuntamiento 
como lo hemos de uso y costumbre para tratar cosas tocantes al 
mejor servicio de Dios y bien del público, presente el señor Go- 
bernador político interino, y nuestro Síndico procurador gene- 
ral. En este estado hizo presente al señor Gobernador político 
y presidente la generosidad de S. A. S. la señora Infanta de 
España Princesa del Brasil doña Carlota Joaquina manifes- 
tada en la oblación de las alhajas de su uso que habla enviado y 
se hablan recibido el dia anterior para que con su producto (que 
podrá ascender á la cantidad de cincuenta mil pesos) atendiese 
esta Ciudad á la defensa de los derechos de su augusto herma- 
no, nuestro adorado Monarca el señor don Fernando 7.", contra 
las tentativas de la junta revolucionaria de Baenos Aires; lo 
que proponía al cuerpo para que deliberasen sobre el particular. 
Y meditado el asunto con la serenidad y circunspección corres- 
pondiente, se resolvió que se escribiese á la Serenísima señora 
Bna carta de gracias las mas espresivas: que en orden á las 



•— 91 — 

alhajas se custodiasen en un seguro depósito para devolverlas 
cuando fuese oportuno, no pareciendo regular se pusiesen en 
venta, siendo como eran, de la pertenencia y uso de nuestra se- 
ñora; y que de todo se diese cuenta á S. M. con las respectivas 
copias para que resuelva lo que sea de su Soberano agrado: lo que 
asi fué convenido con asistencia del Asesor Consultor del cuerpo 
don Nicolás de Herrera. Con lo que quedó concluida la sesión 
que firmamos para que conste. C. Salvañach—P. Vidal — J, 
Illa — /. M, de Ortega- J. B. de Armhuríi —D. de la Peña — 
L. Peres — J. Mas de Ayála — J, Vidal y Benavides. 



No terminaremos esta serie de Acuerdos del Cabildo de Monte- 
video, ninguno de los cuales se ha publicado hasta ahora, sin tras- 
cribir dos mas que juzgamos muy interesantes, porque esclarecen 
hechos poco conocidos de aquella época, uno desechando hábil- 
mente las tentativas de la ambiciosa Princesa Carlota, hermana 
del Rey Fernando 7.° y esposa del Rey de Portugal,cuyas intrigáis 
hablan conseguido hacerse dos años antes de cierto partido entre 
algunos de los patriotas más respetables de Buenos Aires, como 
el ilustre Belgrano; y otro ostentando vanidosamente el título con 
que por el Consejo de Regencia se condecoraba al Cabildo por su 
lealtad á la causa real. Ya veremos más adelante en una nota de 
Artigas como consideraba él esta categoría monárquica. 



— 92 — 



Acuerdo sobre los términos en qae el Ciibildo debía 
contestar las comnnicaciones que le había diria;i- 
do la princesa doña Carlota en qne proponía tras- 
ladarse á ¡9IonteTideo, y el embajador de España 
cerca de la costa del Brasil. 



En la muy fiel y reconquistadora Ciudad de San Felipe y 
Santiago de Montevideo á trece días del mes de Agosto de mil 
ochocientos diez: El Cabildo Justicia y Regimiento de ella, cuyos 
individuos que en la actualidad le componemos al final firmamos, 
hallándonos juntos en nuestra Sala Capitular de Ayuntamiento 
como lo hemos de uso y costumbre para tratar cosas tocantes al 
mejor servicio de Dios y bien del público, presente el señor Go- 
bernador político interino, y asistencia del asesor del cuerpo 
don Nicolás Herrera, se leyeron dos oficios que acababa de reci- 
bir el Ayuntamiento, uno de S. A. S. la señora doña Carlota 
Joaquina Infanta de España y Princesa del Brasil, dirigido á 
autorizar la persona de Dn. Felipe Contuci, para que propusiese 
las intenciones de S. A. con motivo de las ocurrencias políticas 
de Buenos Aires, haciendo las veces de su enviado extraordinario, 
y el otro del Exmo. Sr. Marqués de Casa Irujo embajador de 
España cerca de S. M. I. en que expresaba la voluntad de S. A. 
de venir en persona á calmar los movimientos revolucionarios 
del Vireynato, con varias proposiciones y protestas de sinceri- 
dad y buena fé, como aparece del contesto de ambos oficios, es- 
critos con fechas veinte del citado mes, que originales existen 
en el archivo: y enterado el Cuerpo Capitular determinó dar una 
Audiencia al enviado de S. A., quien, después de los correspon- 



— 93 — 

dientes recaudos, se presentó en esta sala consistorial, arengó al 
Ayuntamiento y ofreció á nombre de la Princesa cuantos auxi- 
lios necesitase la Ciudad de Montevideo para sostener con la 
energía que acostumbra la justa causa de los derechos de su 
augusto hermano, nuestro adorado Monarca el Sr. Dn. Fer- 
nando 7.°, protestando la sinceridad, la buena fé y las religiosas 
intenciones de S. A., que solo aspiraba á restablecer el orden y 
sostener la integridad del dominio de la corona de España en 
este Continente. Concluida la audiencia, y retirado el e.iviado á 
la casa de su habitación, se conferenció el asuuto con la debida 
circunspección que pedía la gravedad del caso, y oído el dicta- 
men del Asesor, se ciñó el acuerdo á los siguientes puntos: 1.® 
Que se contestase á S. A. con la cibilidad y atención debida á 
su alta dignidad, dando las más expresivas gracias por sus gene- 
rosos ofrecimientos, asegurándole de la heroica lealtad con que 
este fidelísimo vecindario defiende la causa sagrada de su Sobe- 
rano y sin tocar en la respuesta el punto de su venida, sobre lo 
que debería contestar el Cabildo particularmente á nuestro em- 
bajador. 2.° Que se espusiese alExmo. Sr. Marqués de Casa Ira- 
jo las dificultades que se oponían á la venida de S. A. á este 
territorio Español, pues que este paso, aún prescindiendo de la 
falta de facultades en este cuerpo para allanarlo, produciría el 
resentimiento de los demás pueblos del vireynato, como que no 
se habia esplorado su consentimiento, y fomentada la división 
en perjuicio de los intereses de la patria hallaría la Junta de 
Buenos Aires todas las proporciones de llenar sus pérfidos pro- 
yectos, y que no siendo aun apurada la situación política de esta 
Ciudad y su campaña, sería mas prudente esperar la resolución 
Soberana del Consejo de Regencia; á quien había dado cuenta S . 
A. y á quien únicamente correspondía determinar en un nego- 
cio de tanta gravedad y trascendencia; pero que se omitiese to* 



— Se- 
car la discusión de los derechos eventuales de S. A. al trono de 
las Españas, de la posesión que pretende de este territorio en 
virtud de aquellos derechos, de las declaraciones que hubiese 
hecho en el particular la Junta Suprema Central de España é 
Indias, (que no han sido comunicadas á este Gobierno) y de los 
riesgos que emvuelve la introducción de tropas extrangeras, en 
un pais en que no hay la fuerza bastante para contenerlas, porque 
las contestaciones de estos puntos^ sobre corresponder privativa 
y esclusivamente al Supremo Gobierno de la Nación, y sobre ser 
materias superiores á los conocimientos de un Cabildo particu- 
lar, podían inadvertidamente ofender la sencibilidad y opiniones 
de S. A.; á quien era preciso congratular en nuestro actual esta- 
do hasta que las sabias providencias del Consejo de Eegencia res- 
tablezcan coQ el orden la seguridad territorial de la Provincia 
de la banda Oriental del Rio de la Plata. Con lo que quedó con - 
cluida la sesión que firmamos para que conste C. Salvañach — P. 
Vidal — J. Illa — J. M. de Ortega — J. B. de Áramhuru — D. de 
la Peña — L. Pérez — F. Mas de Ayala. 



Despacho del Consejo de Regencia concediendo al Ca- 
bildo de Montevideo el dictado de Excelencia y 
a cada nno de sns miembros el de Señoría en pre- 
mio de sn adhesión á la Metrópoli. 

Esta muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y San- 
tiago de Montevideo á veinte y ocho dias del mes de Enero de mil 
ochocientos once: El Cabildo Justicia y Regimiento, cuyos indi- 
viduos que en la actualidad le componemos al final firmamos, 
hallándonos juntos en nuestra Sala Capitular de Ayuntamiento, 



— 95 — 

como lo hemos de uso y costumbre para tratar cosas tocantes al 
mejor servicio de dios y bien del público, presente nuestro Sindi- 
co procurador general. En este estado habiendo recibido este 
Cabildo por el correo marítimo que inmediatos dias pasados llegó 
á este puerto un pliego de nuestro apoderado en Cádiz don Pedro 
Garibay, se procedió á su apertura, y visto que incluía una Real 
orden cuyo tenor al pié de la letra es como sigue: 

"Exmo. Sor. Los particulares méritos y servicios con que en 
"todos tiempos se ha distingaido esa ciudad, la heroicidad con 
"que se condujo en el de su reconquista, y la im:omparable cons- 
"tancia y generosidad con que en estos recientes dias ha sabido 
"resistir á insidiosas pérfidas sugestiones, conque se trataba de 
"que vacilase su inmutable fidelidad y patriotismo, harán eterna 
"su memoria en el augusto corazón del Rey nuestro Sr. Don 
"Fernando 7°.; en cuyo nombre el consejo de Regencia de los 
"Reinos de España é Indias, por un justo desahogo de gozo con 
"que ha oido la indicación de tan sublimes virtudes patrióticas: 
"ha tenido á bien conceder á ese Ayuntamiento la gracia de que, 
"desde ahora tenga en cuerpo el tratamiento de Exelencia y sus 
"individuos el de Señoría, pudiendo estos usar por distintivo ho- 
"norífico una banda blanca, ó del color que como más acomodado 
"al gusto del pais se quiera elegir y establecer, debiendo esperar 
"esa ciudad y todos sus naturales mayores pruebas del alto 
"aprecio y estimación con que le distingue el mismo consejo de 
"Regencia. De orden del mismo lo comunico V. E. para su inte- 
"ligencia y satisfacción. Dios guarde á V. E. muchos años. Real 
"Isla de Leona veinte y uno de Octubre de mil ochocientos diez 
"Nicolás Maria de Sierra — SS. Justicia y Ayuntamiento de la 
"ciudad de Montevideo." 

En esta atención, acordamos unánimemente su inserción, 
como queda verificada, y que para que la preinserta Soberana 



— 96 — 

concesión tenga desde luego su debido efecto, y vea el mundo toda 
la prontitud con que S. M., en medio de las críticas circunstan» 
cias actuales, premia á los que con constancia, fidelidad y patrio- 
tismo defienden su justa causa y contribuyen por todos medios á 
su libertad deseada y á la salvación de nuestra madre España, se 
pase la espresada Real orden original al Exmo. Sr. Virey con el 
correspondiente oficio para que se sirva mandar publicarla por 
bando álos fines que se indican. Con lo cual concluyó esta acta 
que no siendo para más la cerramos y firmamos para constancia, 
I. d^Chopitea — I. Garda — •/. Ferrer — J, de las Carreras-^ 
M. Gosta-^J. J, Duran — /. Suares — L. de OUvarri. 



Espontaneidad de la instjeeccion oeiental contea los espa 

ÑOLES EN 1811 



El más rápido, pero imparcial examen de los antecedentes 
históricos de la guerra de la Independencia, demuestra que la 
República Oriental tiene plenísimo dereclio á ostentar en su bla- 
són de guerra, como un rasgo de sus pasadas glorías, el pronun- 
ciamiento de sus ciudadanos en Febrero de 1811. 

El impulso ardoroso é imprudente que arrastró á algunos cau- 
dillos locales, de renombre aún desconocido, á lanzarse al terre- 
no de las armas buscando la más eficaz, pero también la más pe- 
ligrosa de las soluciones, caracteriza aquel supremo esfuerzo co- 
mo un movimiento de o2;m¿o?i^e?2eí-a¿, que no obedecía en sus 
directores á las ambiciones vulgares de prepotencia personal, ni 
ni en sus masas á la consigna disciplinaria de un motín de cuartel, 
explotando la obediencia pasiva del soldado. 

Ese movimiento de opinión respondía solo al entusiasmo cí- 
vico de los vecinos de la campaña oriental que, uniformados en 
una misma aspiración, principiaban por no tomar en cuenta ni 
arredrarse ante los peligros inmediatos de la lucha en que iban 



— 98 -- 

á entrar. Veíase que solo aspiraban á considerarse y hacerse in- 
dependientes del poder español que los había oprimido, humilla- 
(lü y esquilmado como á verdaderos parias, alejándolos, receloso, 
de toda participación en la cosa pública de su mismo país, ó co- 
mo á seres incapaces de gobernarse por sí mismos ni de ser útiles 
para nada en medio de la sociedad en que vivían. 

Conociendo los recursos militares y navales de que disponía 
el Gobierno de Montevideo, dueño de los rios, cuyas costas do- 
minaba exclusivamente, podrá comprenderse fácilmente cuan 
grandes é inmediatos eran los peligros que debía correr toda in- 
surrección parcial, sobre todo las que estuviesen en contacto in- 
mediato con los ríos, en donde se enseñoreaba la escuadrilla de 
los piráticos marinos de Montevideo, tal como acontecía con cen- 
tros de población como Mercedes y Santo Domingo Soriano. 

Por otra parte, los recursos que podrían esperarse eventual- 
mente y al acaso desde Buenos Aires, se hallaban demasiado le- 
jos para poder cifrar en ellos ninguna protección eficaz ni in- 
mediata, desde que, dominados los rios por los marinos españo- 
les, todos los recursos y fuerzas que pudieran llegar de allí tenían 
que marchar por tierra hasta Santa-Fé, pasar con las precaucio- 
nes necesarias el Rio Paraná, atravesar á su turno todo el Entre 
Eios, desde la Bajada del Paraná hasta el arroyo de la China, 
hoy Concepción, y pasar el Uruguay con los peligros consiguien- 
tes á la acumulación y destacamentos de fuerzas, que tenían en. 
sus costas los marinos. 

Dirigidos estos por el valiente y activo Michelena, su numero- 
sa flotilla llevaba por todas partes el terror con su presencia, al 
mismo tiempo que las corbetas Mercurio y Diamante bloqueaban 
el puerto de Buenos Aires, después del descalabro sufrido por la 
escuadrilla primera que puso en acción la Junta Gubernativa. 
Michelena podía, pues, disponer fácilmente de 600 á 1000 hom- 



— 99 — 

bres de desembarco á donde mejor le pareciese, debiendo tener 
asi en jaque cualquier movimiento que pudiera operarse por nue- 
vas sublevaciones. 

Pero ninguno de estos peligros reales ¿inmediatos fueron bas- 
tantes á acobardar la decisión é intrepidez de los audaces cabeci- 
llas que el 18 de Febrero de 1811 lanzaron en esta banda el pri- 
mer reto de guerra á la dominación española. 

Cúpoles esa gloria á los modestos patriotas don Venancio Be- 
navides y don Pedro Viera, Convocados en el arroyo de Asencio 
(que ni siquiera está marcado en los mapas de la República como 
pequeño teatro de ese grande hecho) eii las inmediaciones de la 
Capilla Nueva, hoy ciudad de Mercedes, concertaron el plan de 
insurrección, y á la cabeza de cien vecinos más ó menos, reuni- 
dos por su modesto prestigio personal en aquel distrito, se deci- 
dieron á ponerse de acuerdo con el comandante don Ramón Fer» 
nandez, destacado en aquel punto con una pequeña fuerza espa- 
ñola, y colocándose bajo sus órdenes, procedieron á sorprender di- 
cho pueblo, incorporándoseles al efecto nuevos grupos, al frente 
de los cuales no sólo se apoderaron de dicha villa, sino del pueblo 
mucho más importante entonces de Santo Domingo Soriano.(l) 



(1) El distinguido y laborioso historiador de EntreíHiof , Sr. Don Be- 
nigno Martínez afirma en el Tomo 2.° de su Historia de Ramírez (paj.* 
310) que el Coronel Artigas al ir á Entre-Rios para dar alli el grito de 
libertad; alentó á sus comprovincianos los orientales dcindoles las ins- 
trucciones necesarias para que del 27 al 28 de Febrero se alzaran en 
armas Yiera y Benavides en las inmediaciones de Mercedes». 
Y agrega este incidente digno de conocerse: 

«El Capitán retirado D, Jorge Pacheco y algunos patriotas en el Alto 
«Uruguay, se preparaban á responder al movimiento iniciado; pero el 
«arribo de la flotilla de Michelenaá Pajsandü, hizo fracasar el pronun- 
«cianaiento en aquel punto, prendiendo á Pacheco en Casa Blanca y te- 
«niendo igual suerte otros de los complicados en el plan, que fueron 
«conducidos á Montevideo.» 

Hemos citado el párrafo anterior para consignar un detalle poco co- 

7 



— 100 — 

Al presentar estos detalles que están en completo desacuerdo 
con la relación que de ese primer pronunciamiento hacen los his- 
toriadores De-María, Diaz, Bauza y Berra, nos vemos obligados 
á dar la razón de nuestra afirmación, justificando su exactitud 
con el oficio siguiente que, por primera vez, se publica en Monte- 
video, y que hemos copiado de la Gaceta de Buenos Aires, del 8 
de Marzo de 1811, es decir, á los 8 dias de pronunciada la revo- 
lución, presentando al comandante Fernandez como director mi- 
litar de esas empresas, y del cual solo el doctor Berra en su 
«Bosquejo Histórico» hace una mención íuiperficial. 

Hé aqui dicha nota ó parte oficial, que esperamos será leido 
con verdadero interés: 



« Parte del Comandante de la Banda Oriental, don 
Ramón Fernandez^ á la Excma. Junta 

« Hallándome en este pueblo de la Capilla Nueva de Mer - 
cedes, destinado por el señor Gobernador de Montevideo con 22 
hombres; á fin de impedir toda comunicación en estas costas de 



nocido de la vida del General Ramírez, que entonces contaba veinticinco 
años de edad. Uno de los complicados con Pacheco que fueron presos á 
Montevideo, era Don. Francisco Ramirez, quien permaneció por algún 
tiempo en un calabozo húmedo é inmundo, que le hizo contraer una afee- 
cion pulmonar; un dia que se notó bastante enfermo y calculando que 
su vida sería breve si continuaba en las mazmorras del Gobernador Vi- 
godet, concibió la idea de frustrar la vigilancia de sus carceleros, y 
fugó de la prisión, pero llevando en su pecho el germen de una tem- 
prana muerte adquirida en holocausto de la independencia de su Pa- 
tria. 

El movimiento iniciado en Mercedes, según algunos historiadores, por 
don Ramón Fernandez, fué secundado audazmente en Entre-Rios por doa 
Baitolomé Zapata, que repercutió con velocidad eléctrica por ambas 
márgenes del Uruguay en los últimos dias de Febrero.» 



— 101 — 

esa Capital, y habiéndose publicado la guerra contra los de esa 
en esta Capilla, el Domingo 24 del pasado Febrero, tuve noticia 
estar este partido y su jurisdicción adicta á cometer hostilida- 
des contra los que protegían la causa de Montevideo, en vista de 
lo que, y con inteligencia de don Pedro Viera, á quien he nom- 
brado por mi segundo, se me reunieron hasta 300 hombres esca- 
sos, con los que he sorprendido en el dia de ayer este pueblo, y 
el de Soriano, á nombre de nuestro soberano Don Fernando VII, 
y bajo la protección de esa Junta, con los únicos partidos de ase- 
gurarles sus vidas é intereses; á lo que han accedido sin la más 
leve resistencia. 

« He tratado de recoger todos los europeos en pelotón, y 
luego que esto se vaya organizando, poner en libertad á todos los 
vecinos afincados, bajo sus correspondientes fiadores, para cuan- 
do se les necesite, y los levantes entretenidos, hasta saber la de- 
terminación de esa Junta Suprema. 

« El dia de ayer oficié á don José Artigas, de quien tengo 
noticia hallarse en Nogoyá, jurisdicción de Santa-Fé, y en su de- 
fecto, á el primer jefe de las tropas que se hallare de esta ban- 
da pertenecientes á esa Capital, para que me auxilien á Ja mayor 
brevedad, pues puedo ser atacado de la Colonia ó ]\rontevideo, 
y me veré precisado á abandonar estos puntos: no habiéndome 
extendido á mayores conquistas, por considerar no tener cómo 
sostenerme; en vista de lo cual aguardo se me proteja por V. E. 
aunque sea con un pequeño número de gentes, armamentos y al- 
gunas municiones, avisándome el punto donde se han de desem- 
barcar, para agregar de los de esta banda algunos para abultar 
su número, y al mismo tiempo se ordene á los que están en la 
Bajada, vengan á reunirse, pues no hallarán óbice alguno hasta 
estos puntos. 

« Voy á arreglar estas gentes por compañías nombrando je- 



— 102 — 

les; pues aguardo ataque pronto de Montevideo, ó la Colonia, y 
sentiré no hallar protección en la causa general y justa que me 
he propuesto sostener. 

< Dios guarde á V. E. muchos años.— Pueblo de Mercedes 
y Marzo 1.° de 1811. — BamonFernandez.y^ 



No pasaremos adelante en nuestro lijero estudio sin repro- 
ducir de un pequeño editorial de la naisma Gaceta de ese dia 8 d& 
Marzo, el siguiente párrafo, que hace la más amplia y debida 
justicia al heroísmo de los insurgentes pronunciados en Merce- 
des, en términos con que jamás los mismos escritores orientales 
han querido enaltecerlos. Dice asi el último párrafo de dicho edi- 
torial. 

« El pueblo de Mercedes ocupará siempre un lugar muy distin- 
« guido en lalústoria délos hechos heroicos de la America. Supa- 
<(. triotismo, ayudado del heroico valor de un conjunto de hombres 
■< animados de sus mismos sentimientos, supo arrojar de sí á los ti • 
«. ranos que la oprimían: ellos pagarán sus insolencias! » 

El alzamiento de Mercedes después de lo que hemos llamada 
con justicia el grito de Asencio— como se ha inmortalizado el pro- 
nunciamiento cubano con el grito de Yara, ó el de Méjico con el 
grito de Dolores — en las márgenes de cuyo arroyuelo se congrega- 
ron y apalabraron los primeros patriotas orientales; ese alza- 
miento, decimos, estaba destinado á dar el ejemplo á nuevos pro- 
nunciamientos, como el que tuvo lugar pocos días después en la 
jurisdicción de Gualeguay y Gualeguaychú, en el vecino territo- 
rio de Entre-Eios, encabezado por el valiente capitán don Bar- 
tolomé Zapata, quien se apoderó á viva fuerza de ambos pueblos 
dando asi á la insurrección oriental un nuevo y útil aliado y li- 



— 103 — 

brandóla de los riesgos que podía correr por aquel flanco. No de- 
bemos omitir al hablar de esto, que ya en su parte oficial de 8 de 
Marzo, dando cuenta de la rendición de Gualeguaychíi para de 
allí pasar á rendir el pueblo del Arroyo de la China, dicho capi- 
tán Zapata se refiere á un parte anterior que pasó comunicando 
« habérsele reunido ch'ei hlandengues y un sargento del cuerpo 
« del cajjüají Artigas )>, lo qne hace presumir qufí este último 
practicaba ya reuniones en Eutre-Rios á fin de concentrar algu- 
na fuerza con que pasar á la Banda Oriental. 

El feliz éxito del pronunciamiento de Mercedes debía, como 
puede suponerse, alentar á todos los patriotas de la campaña pa- 
ra no permanecer por más tiempo en una estéril espectatíva, y 
por el contrario, secundar con las armas en la mano el heroísmo 
délos promotores del movimiento. No había armas ni municio- 
nes de guerra ni recursos para atender á las primeras necesida- 
des de aquellos grupos revolucionarios que cada dia se engrosa- 
ban con nuevas incorporaciones, pero sobraba el patriotismo, 
que asi como centuplica la fuerza de los pueblos desarmados, sa- 
be, como el rayo del cielo, arrancar también su cetro á los tira- 
nos. 

La insurrección oriental se acrecentaba, pues, con sus propios 
escasos recursos; y sólo con ellos pudo avanzar, asegurando su 
poder en aquella parte de la costa uruguaya, al mismo tiempo 
que Benavides en la Colonia y Viera en su Departamento natal, 
engrosaban sus fuerzas y obtenían algún armamento, contando 
ya con la activa cooperación de vecinos y propietarios pudientes 
de aquellos distritos, como los hermanos Gadea, don Celedonio 
Escalada, don Mariano Vera, don Francisco de Haedo, don Ma- 
riano Chaves, dou Francisco Almiron,y aún el mismo don Pedro 
Feliciano Cavia, que se había trasladado desde Buenos Aires pa- 
ra tomar parte en la lucha. 



— 104 — 

Paysandú, la ciudad de los recuerdos heroicos, no podía que-^ 
dar inerte espectadora del arrojo y patriotismo de sus vecinos. 
Pronuncióse también por la causa de la patria; contando entre 
los promotores á los dos sacerdotes Martínez y Maestre, á los 
vecinos Aravide, del Cerro y Delg'ado, al capitán retirado Jorge 
Pacheco el antiguo y terrorista Preboste de la campaña, al intré- 
pido y futuro mártir de la libertad oriental don Francisco Bícudo, 
y con la incorporación de algunas fuerzas con las que el coman- 
dante Viera habia pasado á robustecer el nuevo pronunciamiento. 

Por desgracia, en los momentos en que el pueblo iba á pro- 
nunciarse, la escuadrilla de Michelena, presentándose inopina» 
damenteea Paysandú y desembarcando fuerzas superiores, frus- 
tró aquel movimiento, sin que por ésto sus principales jefes reti- 
rados á la campaña, dejasen de adelantar en el creciente engro- 
samiento de sus fuerzas. 

A esta sazón, el vital contagio del patriotismo oriental se ex- 
tendía por todos los ámbitos del territorio. 

Al otro extremo de él, algunos patriotas, entre los que sobre- 
salían el capitán don Manuel Francisco Artigas, hermano del Ge- 
neral, don Pablo Pérez, don Paulino Pimienta, don José Macha- 
do, don Francisco Aguilar y el predestinado joven don Juan 
Antonio Lavalleja, el glorioso libertador de 1825, se pronuncia- 
ron á su turno en la ciudad de Maldonado sorprendiendo al coro- 
nel Viana, que se hallaba destacado allí con alguna tropa, apode- 
rándose de la ciudad y tomando prisionera la guarnición y su 
jefe. 

Entretanto, y en momentos de tan suprema prueba, no ha- 
bían llegado á la Provincia Oriental un solo soldado de refuer- 
zo, ni un fusil, enviados por la Junta de Buenos Aires, durante 
los treinta primeros días que siguieron al pronunciamiento de 
Mercedes. Pero asimismo, ya en todo el mes de Marzo, casi te- 



- 105 — 

do el territorio de la Provincia ardía de un extremo á otro, enar- 
bolándose por todas partes la bandera de la rebelión contra la Es- 
paña. Por donde quiera los paisanos, li^n ó mal armados, acu- 
dían presurosos á engrosar las filas de aquella insurrección, que 
era la primera expansión vital del Génesis de una viril naciona- 
lidad. 

Hay realmente mucho de grandioso y admirable en esa espon- 
taneidad coincidente á un mismo noble propósito, agrupados al- 
rededor de una misma causa y principio, jefes cívicos y vecinda- 
rios de todas condiciones y clases, aunados en una misma fervien- 
te aspiración, y decididos á correr igual suerte en la tremenda 
lucha á que se lanzaban. 

La sublime gravitación de la libertad ejerce siempre sus irre- 
sistibles atracciones sobre los ardientes caracteres. 

Fuese cual fuese la incompetencia y falta de preparación de 
aquellos insurgentes pira la independencii politiea que procura 
ban,en cuyo mismo caso se encontraba también la mayor parte del 
resto de la América, es indudable que se habia fundido en ellos 
y en sus directores el férreo metal de que se hacen los héroes en 
los grandes dias de prueba de una nacionalidad. 

Contábanse entre esos directores de la revolución algunos de 
los vecinos más pudientes é ilustrados de la campaña oriental. 
De entre ellos surgieron algunos de los heroicos jefes, militares 
que más adelante hablan de dar prez y honra á las armas orlen» 
tales en subsiguientes luchas contra el Portugal y el Brasil. 

Principiando desde las inmediaciones de Montevideo, el más 
©diado, y aun podríamos decir con sinceridad el más calumniado 
¿e los jefes del General Artigas, don Fernando Torgués, capataz 
á la sazón de la Estancia del Rey, en el Rincón del Cerro, suble- 
vé el vecindario del Pantanoso, en tanto que los respetables ve« 
«nos don Tomás García de Zuñiga, don Ramón Márquez y don 



— 106 — 

Pedro Bauza hicieron reuniones de milicianos en Canelones y ju- 
risdicción de lo que es hoy la Florida. San José fué sublevado por 
el prestigioso patriota don Juan Francisco Vázquez. Los distri- 
tos de Casupá, en donde existían estancias de los Artigas, y San- 
ta Lucia, lo fueron por el capitán de milicias don Manuel Arti- 
gas, primo hermano del General, victima pocos dias después de 
su arrojo en el asalto de San José, y por el ya desde entonces 
bien probado y venerable patriota don Joaquín Saarez. Tacua- 
rembó fué insurreccionado por don Baltasar Ojeda; el Lunarejo, 
por el audaz capitán do:i Blas Basualdo; el Arroyo Grande, por 
don Baltasar y don Marcos Vargas y don Miguel Quinteros; Be- 
lén lo fué por don Julián Laguna, que tan eminentes servicios 
prestó ala patria en las guerras de los años 18 y 25, asi como 
por el valiente Manuel Pintos Carneiro; y don Félix Rivera, her- 
mano del General, allegó grandes reuniones en los distritos que 
forman hoy el Departamento del Durazno. 

Ese alzamiento general de la Provincia Oriental, uniforme, 
imponente, de sincera y entusiasta espontaneidad, hizo resaltar 
ante los aterrados españoles de Montevideo el cuidro de la de- 
sesperante impotencia á que quedaban reducidos. 

Veíanse asi obligados exclusivamente por el vecindario orlen-» 
tal en armas, á encerrarse dentro de los muros de la Capital sin 
más movilidad que la de su flotilla fiívi il, sin medios ni elemen- 
tos para contrarrestar en la campaña una revolución general que 
se fortalecía y arraigaba sin más recursos que los suyos propios 
y con una pasmosa uniformidad de aspiracionas y acción. 

Por otra parte, esa revolución triunfante no pjüa que lar es- 
tacionaria, bien fuese por si sola, ó auxiliada por los relucidos 
refuerzos que recien pudo recibir al mes de su proclara icioa. Te- 
nía que ganar terreno embistiendo al amilanado enemigo, y pug- 
nar sin descanso por el triunfo deflnitivo de su bandera. Para 
ella, vivir era luchar; y la lucha era su triunfo. 



— 107 — 

Vamos á verla muy pronto avanzando con paso de vencedora 
como el impertérrito General Córdoba en Ayacuclio. Sucesivas y 
gloriosas jornadas levantaron muy en alto el glorioso oriflama 
de la nueva patria. Faltábale únicamente la cabeza directora, el 
brazo fuerte que la impulsase; y muy pronto Artigas debia venir 
á llenar gloriosamente ese vacío. 

Hemos llegado al momento histórico en que la palabra del 
narrador debe enmudecer respetuosa ante los acentos viriles de 
los hombres de acción de aquella época. 

Plácenos por lo mismo transcribir á continuación algunos docu- 
mentos y partes oficiales, ninguno de los cuales es conocido en 
la República Oriental hasta ahora, los que exhumamos con vene- 
ración desde su inmerecido olvido, como el título más glorioso 
de aquellos héroes á la gratitud y respeto de sus conciudadanos. 

Principiamos esta serie de valiosos documentos de la grande 
y espontánea insurrección oriental, transcribiendo á continuación 
el parte oficial pasado por el comandante don Miguel Estanislao 
Soler, dando cuenta del reñido combate de Soriano, al cual llegó 
tan solo con 25 hombres del Regimiento de Pardos de Buenos 
Aires, siendo todo el resto de la fuerza compuesto de los vecinos 
orientales armados, á las órdenes de Fernandez, Benavides, Bi- 
cudo, Quinteros y otros bravos insurgentes todos milicianos mal 
armados y reclutas. 

En ese documento podrá verse narrada con sencillez la deci- 
sión y arrojo de los insurgentes orientales en defensa de su inde« 
pendencia, asi como se vé la reunión que ya principiaba á hacer 
Artigas de sus patricios en el vecino pueblito de Mercedes, para 
que (según el Doctor Martínez de Entre-Rios), venía ya prepa- 
rando desde su llegada á las costas del Uruguay, aun antes del 
pronunciamiento de Asencio. 



— 108 — 



Parte qnc dá el sargento Euayor de pardos don 
mis^Eiel Estauíslao i^oler, de la accEon cjiíe sostuvo 
el dia 4 del corriente en Santo Domingo Soria- 
no^ contra el marino don Jfnan .Ingel r?lícEicleno, 
qne ocurrió ú aquel punto con cíbico buques. 



Excmo señor: 

Hallándome comisionado en este pueblo de Mercedes por mi 
comandante don Martin Galain, que, según informes de los ma- 
les que amenazaban á una crecida reiuiiou de honradus patriotas 
asi lo determinó, y habiendo lieclio presente mi comisión á don 
Ramón Fernandez, reunió al vecindario de dicho pueblo, y pro- 
poniendo la necesidad que tenían de un jefe, canviiiieron todos 
conformes en protestarme, exigiendo mi detención. 

Contesté que no podia absolutamente, por las órdenes con 
que me hallaba, por mi comandante, para atender áotro punto; 
pero, á pesar de ello me obligaron á hacerme cargo provisional- 
mente de su comandante hasta la resolución de V. E. á quien me 
ordenaron informase de esta determinación; yo acediáello con 
esta calidad y pasé con una porción de vecinos de aquel pueblo 
y don Ramón Fernandez al campamento, distante de aquel pue- 
blo seis leguas, para proponer á los oficiales y tropas las resolu- 
ciones que se habían tomado é igualmente que don Venancio Be- 
navides, pues así lo exigí para asegurar la general conformidad 
en el distinguido aprecio que aquellos vecinos y buenos compa- 
triotas me significaban ¿ 

Llegué á dicho campamento el dia 2 del coriiente, á las ora- 



— 109 — 

«ioDes, donde me recibieron todas las tropas y sus oficiales for- 
mados, con general aplauso; inmediatamente se trató del objeto 
que nos conduela; y á esta sazón llegó un parte del comandante 
militar de Soriano, que dista dos leguas del campo que ocupan 
las tropas, de hallarse inmediatos al puerto cuatro buques de 
guerra que liacian fuerza de entrar en él y que le auxiliásemos 
los jefes de estas tropas; trataron de que en aquel acto tomase el 
mando, del que me recibí, exponiéndoles no me asistían los co- 
nocimientos necesarios para ello, pues no sabia la posición de 
dicho pueblo de Soriano, ni menos la del puerto; pero que, sin 
embargo, atendiéndome á las relaciones que prontamente me 
diesen, tomaría las providencias que dictase la prudencia. 

En efecto, en media hora dispuse doscientos hombres arma- 
dos regularmente, con sus oficiales, y me dirigi al pueblo á las 
ocho y media, al que llegué á las diez menos cuarto: u-e informé 
á esa hora de la localidad y la situación ventajosa que podiainos 
ocupar y distribuyendo algunas partidas de observación para to- 
mar noticias ciertas del rumbo que traian los barcos, me aseguré 
de la decidida intención de desembarcar; al amanecer del cuatro, 
dispuse los doscientos hombres en la forma siguiente: á la dere- 
cha del pueblo, sobre el puerto y fondeadero, embosqué cincuen- 
ta hombres y dos oficiales al mando de don Venancio Benavides, 
con órdenes de mantener aquella posición hasta segunda orden; 
á la izquierda y sus inmediaciones destaqué otra compañía de 
cincuenta hombres y dos oficiales, los que mandaba yo en per- 
sona escoltado de seis soldados del regimiento de pardos y ayu- 
yante del mismo: en el pueblo dejé el resto de la gente á las ór- 
denes de don Ramón Fernandez, sosteniendo una pieza de arti- 
llería de á cuatro, que por estar montada sobre cuatro ruedas 
hechas á la brusca, de nada me sirvió. 

En esta disposición, fondeando á la frente del pueblo y den • 



— lio — 

tro del puerto el bergantín «Cisne», un falucho, una balandra y 
la zumaca «Aranzasú», un lanchon armado y dos botes más, 
dirigieron un parlamentario al comandante del pueblo don Cele- 
donio Escalada, el que fué recibido por el capitán del ejército don 
Francisco Montes y Larrea, á quien destaqué al efecto escoltado 
de cuatro hombres de mi regimiento: el contenido verá V. E. en 
la copia que remito núm. 1 y su contestación en el uíira. 2. la que, 
luego que se recibió por los contrarios, principió la acción, ha- 
ciendo fuego el bergantín «Cisne» con artillería de diez y ocho 
pues se tomaron algunas balas de este calibre, siguió el falu- 
cho y unlanchoD, dirigiendo sus fuegos al pueblo y á las par- 
tidas de la costa: han causado graves perjuicios ala población: 
en la tropa un herido gravemente de los artilleros: duró este 
fuego desde las diez menos cuarto hasta las doce y tres cuartos; 
siendo tan pesado, que dispuso el comandante del centro don 
Earaon Fernandez, salirse fuera del pueblo con la pieza de ar- 
tillería, lo que verificó; y luego don Venancio Benavides con su 
partida, que, emboscada en el punto indicado, sufrió el pesado 
fuego de metralla y bala rasa, que hacia el bergantín <Cisne»: 
reunidos estos oficiales y tropa me fué preciso situar toda la 
gente en un bajo, de donde adelanté algunas partidas de obser- 
vación. 

A las doce y tres cuartos dirigí el parlamentario, cuya co- 
pia es núm. 3, conducida por mí ayudante don Dionisio Gamboa 
á causa de continuar el incesante fuego de sus buques, y fué con- 
testada, como V. E. verá en la copia que incluyo núm. 4; á la 
retirada de este oficial fué despedido con un cañonazo a metra- 
lla del mismo lanchon que condujo el oficial que vino á recibirle; 
la operación de este acto indecente fué matar un caballo y que- 
brar otro de los que acompañaban al parlamentario; continuó el 
luego hasta las tres de la tarde, en que desembarcaron dos pie- 



— 111 — 

zas de artillería volante, y atacaron por tres puntos á la pobla- 
ción. Les dejé entrar en el pueblo en número de 50 ó más hom- 
bres y luego dispuse el atacarlos en la forma siguiente: por el 
centro mandé dos compañías con la fuerza de sesenta hombres al 
mando de sus bravos capitanes don Francisco Bicudo y don Bar- 
tolo Quinteros con sus subalternos: esta división la mandó el pri- 
mero; por la derecha destaqué otro de 40 hombres al mando del 
capitán don Ignacio Barrios; por la izquierda dirigi el tercer tro- 
zo de 50 hombres al mando del capitau don Eusebio Silva: el 
resto de gente quedó de reserva en los términos siguientes: don 
Eamon Fernandez atendió con su escolta y algunos mas al cos- 
tado izquierdo, don Venancio Benavides con su escolta auxiliar 
al costado derecho si hubiese sido necesario; y yo dispuse el cen- 
tro al mismo objeto: en esta acción fueron mis ayudantes de 
campo el capitán don Francisco Montes y Larrea y el alférez don 
Manuel Alcarrox, quienes observando mis órdenes siempre me 
acompañaron. 

El denuedo, Exmo. señor, y entusiasmo con que intrépidamen- 
te atropellaron estos valerosos paisanos, dirigidos por sus oficia- 
les, me obligan á recomendarlos á V. E.; no advirtiendo diferen- 
cia la menor del más esforzado soldado: fué atacado el pueblo por 
los tres puntos á un tiempo, y les insurgentes, con fuerzas supe- 
riores á las de 160 hombres mal armados, huyeron vergonzosa- 
mente con dos piezas de tren sin atreverse á descargarlos por no 
detener su veloz carrera; sin embargo de estar sostenidos por los 
fuegos de su gruesa artillería, y llegando los nuestros á tiro de 
fusil, les hemos muerto dos hombres y dos heridos; estos son los 
que, segua informes, tengo noticia; á la pasada por la población 
pegaron fuego á varias casas de ella, lo que no me fué posible 
evitar por más esfuerzos que hice: siguió el fuego de sus buques 
hasta las cinco poco más, en que cesó, y dispuse reunir la gente y 



— 112 — 

camparme á 12 ó 15 cuadras del puerto, mandando inmediata- 
mente tres partidas y sus oficiales á tomar los mejores puntos 
para observar los movimientos: amaneció el 5, y hallándolos en 
la misma disposición, mantuve las partidas observando, y son las 
oclio y media cuando se hace á la vela un falucho y la balandra, 
con dirección á Mercedes, donde tengo noticia S3 hallan 80 pa- 
tricios de la tropa de don José Artigas y algún paisanaje arma- 
do; y corro inmediatamente con 25 hombres de pardos que son 
los que tengo, y 12 más de estas tropas con una pieza á ver si 
les estorbo sacrifiquen ese pueblo tan digno de atención; dejando 
con toda esta gente á don Venancio Benavides con las instruc- 
ciones necesarias, por si algo ocurriese con el bergantín «Cisne» 
que queda en este fondeadero pues acaban de hacerse á la vela la 
zumacay unlanchon con dirección al Uruguay. Es cuanto tengo 
que informar á V. E. entretanto quedo arreglando esta gente al 
fin indicado. 

Dios guarde á V. E. mnchos años.— Santo Domingo Soriano y 
Abril 5 de 1811. — Excmo. señor.-- Miguel Estanislao Soler.—' 
Excma. Junta Gubernativa de Buenos Aires.» 



Trascribimos en seguida el parte pasado por Benavides 
anunciando la rendición del pueblo del Coya con la fuerza que 
lo guaruecia: 

Parte dado poa* don TeuancSo BenaTídcs al ge- 
neral don Manuel Bclgrano 

Habiendo salido del arroyo de San Juan el dia 20 de este mes 
con dirección al pueblo del Coya, me presenté en sus orillas el 



— 113 — 

mismo dia como á las cinco déla tarde, con el fin de sujetarlo á 
las órdenes deesa superioridad. Mi gente estaba enteramente 
entusiasmada deseando cuanto antes manifestar su valor y pa- 
triotismo; y aprovechando su disposición, intimé sin demora, se- 
gún consta de los adjuntos parlamentos, la que se consiguió sin 
sangre, no obstante la tenacidad que manifestaron al principio, 
entregando todos indistintamente sus armas. 

Ei alférez don Pablo Martínez, que hacia de comandante mi- 
litar; víqo antes de rendirse, y acercándO'^e á mí, verbalmente 
rae dijo; que él desde luego se entrsgaiía si lo dejaba con sus 
honores; y al mismo tiempo dejaba libre á sus soldados y euro- 
peos; á lo que contesté igualmente de palabra que yo de ningún 
modo accedia, ni podia acceder á su petición indiscreta y que en 
esta virtud se fuese inmediatamente á disponer su gente porque 
yo pasaba luego á atacarla; y entonces viendo que no se les an» 
daba con contemplaciones, se entregaron á discreción. 

Los parlamentarios fueron el ayudante mayor don José Anto- 
nio Pereira, y su segundo don Juan José Ferreira, mientras don 
León Diaz y el ayudante de órdenes don Tomas Torres se em- 
pleaban en disponer y preparar la tropa del modo que convenia. 

Los presos europeos y soldados prisioneros se los remití al 
segundo general interino don José Artigas con una lista de 
todos ellos, cuya copia mantengo en mi poder para cuando la 
Excma. Junta, ó V. E. ordene se la manifieste. 

Todo lo que hago presente á V. E. en virtud del mando que 
ejerzo en nombre de la Excma. Junta, aguardando al mismo 
tiempo disponga de mí en cuanto me juzgue útil y conveniente á 
la patria, pues deseo cooperar con mi propia vida al éxito de 
nuestra empresa. 

Dios guarde á V. E. muchos años — Pueblo de Coya, Abril 21 
de 1811.— -Venancio Benavides. — Señor general en jefe don 
Manuel Belgrano. 



— 114 — 

Cuatro dias después de este fausto suceso, el activo comandan- 
te Benavides pasaba el parte siguiente, dando aviso del asalto y 
rendición del pueblo de San* José el 25 de Abril de 1811. Debe- 
mos de paso hacer notar la inexcusable iuexictitud en que ha 
incurrido el doctor Berra en su Bosquejo histórico, haciendo to- 
mar parte en este asalto á la tropa veterana de Bueuos Aires que 
mandaba el comandante Soler, que no se halló en él. 

Al mismo tiempo agregamos á dicho oficio otras comunicacio- 
ues del mismo Benavides, relativas á esas operaciones de guer- 
ra, asi como el parte del comandante don Bartolomé Quinteros 
sobre la misma rendición de San José. 

Los partes adjuntos del general Eondeau. relativos alas mis- 
mas operaciones, tienen también un interés directo sobre ese im- 
portante hecho de armas, no habiéndose publicado aquí hasta 
ahora ninguno de esos valiosos documentos: 



Parte del comandante Benavides sobre el asalto y toma del pueblo 

de San José 

Excmo señor: 

Habiendo dejado rendido el pueblo del Coya, según tengo ma- 
nifestado á V. E. en mi anterior oficio, en el que le insinué el 
número de prisioneros que remiti bien custodiados á la Capilla 
Nueva á disposición del segundo general interino don José Arti- 
gas, pasé con toda mi gente directamente á San José con el fin 
de reducirlo y sujetarlo á las órdenes de nuestro sabio y supe- 
rior gobierno: llegué á dicho pueblo de San José el 24 del presen- 
te, y puesto al frente de él determiné, según las acostumbradas 
formalidades, mandar el adjunto parlamento, habiendo sido su 



— 115 — 

conductor mi aj'uclante de órdenes don Toinás Torres, quien hizo 
esta diligencia con el mayor empeño, valor y entereza, y habién- 
doseme contestado del modo que V. E. verá por el adjunto, quise 
positivamente en aquel acto atacarlos, pero me contuvo el moti- 
vo de reconocer qne pronto nos iba á anochecer, y que estaba 
seguramente expuesto á que se frustrasen más proyectos; por fin, 
viéndola tenacidad de esta gente, dimanada del corto refuerzo 
que el 24 les había llegado de Montevideo, cuyo número era de 
37 hombres, dispuse el 2-L atacarlos por los cuatro costados; el 
fuego fué muy activo, pues se empezó á las oclio de la mañana y 
cesó á las doce, habiendo sido tan seguido, que ao hubo ea estas 
cuatro horas intermedio de tres minutos: de nuestra parte no 
hubo ningún muerto, solo si nueve heridos y de ellos uno de mu- 
cho peligro; de los contrarios hubo tres muertos y diez heridos, 
uno también de grave peligro; por último^ viendo los contrarios 
que no podiau de ningún modo vencernos, y que mandé tocar á 
ataque, ene! acto que Íbamos avanzando, intentaron ellos, ó hi- 
cieron señal de parlamento; no hice caso de él y seguimos avan- 
zando, sin cesar en este instante el fuego de una y otra parte 
avanzaron, señor, los nuestros, con tal valor y orden, que, ea 
menos de ocho minutos, me apoderé de los principales puntos que 
ellos ocupaban; ganamos primeramente las azoteas, y en seguida 
la artillería, todo casi á un mismo tiempo: ésta constaba de un 
cañón de á 24. el que tenian colocado eu una boca-calle de la 
plaza, y hacia el norte; y al sud tenían otro de á 4, que era lo 
que nos incomodaba bastantemente, pues si no hubiera sido esa 
fuerza tan superior que tenian, mas pronto los hubiéramos der- 
rotado, sin más armas de nuestra parte que los fusiles, pues eraa 
las únicas que teníamos hasta ahora que nos habilitamos. 
Después de derrotados los contrarios y reudidos por fuerza 

S 



— 116 - 

del valor de mis oficiales y soldados, pasé luego al reconocía 
miento del pueblo: encontré la mayor parte délas boca-calles 
zanjeada?, y en otras trincheras de carretas que habían puesto 
para auxilio de su fortaleza; en la iglesia tenían ellos su cuartel y 
sin respetar el lugar tan sagrado que es éste, observé que hasta 
carne tenían colgada en ella y niaúa esto dejo de hacer presente 
áV.E. para que vea hasta el extremo que llega la irreligiosidad 
de estos picaros rebeldes. 

Los señures oficiales que hasta el último me acompañaron, y 
manifestaron su gran valor y patriotismo, fueron el señor capi- 
tán don Manuel Artigas, quien vino por comisión de don José Ar- 
tigas de comandante de una división; le tocó á este comandante 
uñábala en un pié, y aun que no está de peligro, se halla bastan- 
te malo. Don Ignacio Barros, capitán de milicias; el ayudante 
don Ramón Pérez, alférez del cuerpo de blandengues, don Fran- 
cisco Reguello, teniente de milicias, dos Baltazar Bargas, capi- 
tán de milicia?; don Bartolomé Quinteros, capitán de milicias; 
don Pedro Pablo Eomano, alférez de blandengues; don Francisco 
Bicudo, capitán de blandengues, don Blas Ulloa teniente, don 
Manuel Herrera alférez abanderado, alférez don Manuel Basa- 
bilbaso, capitán don José Martínez de Olivera, don Juan Andrés 
Eodriguez alférez, don Juan Ximenez teniente, don Tomás Pon- 
ce de León, alférez, don Dionisio Camacho, capitán, don Diego 
Masauti, teniente, don Joaquín Fuentes, alférez, don Antonio Bo- 
vé, capitán, don Tomás Méndez, teniente don Salvador Méndez, 
alférez don Lorenzo Franco, capitán don Basilio Cabral, alférez 
don Ignacio Nuñez, capitán don José Gil Fernandez, teniente 
don José Leonardo Fernandez, alférez, don José Anastasio Ira- 
nio, capitán don Pedro Fuentes, teniente don José Agustín 
Vera, alférez don Melchor Rodríguez, capitán don José Acosta, te- 
niente don Manuel Camino, alférez don Francisco Padrón, capi- 



— 117 — 

tan den Teodoro Lescano, teniente don Juan Salgado, alférez don 
Paulino Cabrera, ayudante maj^or don José Antonio Ferreira, 
segundo don Juan José Ferreira, incluso nuestro capellán don 
Manuel Antonio Fernandez y nuestro cirujano don Gaspar Gon- 
zález, que nos siguieron y asistieron con la mayor eficacia. 

Por la adjunta lista verá V. E. el número de armas, soldados, 
prisioneros y presos que he remitido bien custodiados á la Capi- 
lla Nueva á disposición del señor general en jefe don Manuel 
Belgrano, para que se les dé el destino que corresponda; todo lo 
que hago presente á V. E. para que hecho cargo de lo obrado se 
sirva ordenármelo que considere útil y convenga al servicio de 
la patria y felicidad de nuestra empresa. 

Dios guarde á V. E. muchos años. — Pueblo de San José y 
Abril 25 de 1811. — Excmo. sqüov. = VenancioBenavides.— Exc. 
ma Junta Superior del Gobierno de Buenos Aires. 



Noia de Benavidcs al Gcnercd Bondcau 

«Contesto al oficio de usted en que me anuncia haber llegado 
mi contestación á los oficios primeros que usted me remitió: es- 
tos no habrán llegado á sus manos por falta de chasquero, pues 
fueron despachados y remitidos á su disposición. 

Es cierto, quedé con el Excmo. señor don Manuel Belgrano de 
ponerle sitio á la Colonia; pero esperando las municiones que el 
mismo señor me remitió con don Pedro Cortina, las cuales se 
las tomó el teniente coronel don José Artigas, llegando solo á 
este campamento seis cajones de municiones de cañones, no lo ke 
verificado, pero tengo cinco compañías á las inmediaciones déla 



— 118 — 

lidia Colonia, las que afligen ariuel pueblo y con este motivo 
Hieden pasarse muclios individuos. 

Por varios pasados á mí, sé que el ganado que pretendian te- 
ner eula Isla de San Gabriel se les ha muerto todo ahogado y 
que en el dia no tienen nada^ y para que no puedan llevar más 
tengo mucha gente situada como ya digo, y yo lo estaré luego 
que tenga municiones, las que espero que usted me remita á la 
mayor brevedad posible. 

Dios guarde á usted muchos años. — Campamento del Coj^a y 
Mayo 11 de 1811. — Venancio Fenavides. — Señor general doQ 
JoséRondeau.» 



Nota del mismo al rnlsv.io 

/ 
«Por el oficio de usted, fecha 9 del corriente, quedo enterado 
de haber recibido usted el estado de la fuerza de mi división, 
armamentoy plana mayor, como tambicn los 140 caballos que 
remití: en la ocasión dirijo á usted 321 caballos que hoy, dia de 
la fecha, me han traído las partidas situadas en la Colonia, que 
también han aprehendido 27 individuos vecinos de sus inmedia- 
ciones que los obligaban á tomar las armas: y últimamente se 
me han pasado 6 hombres hoy mismo, cuatro con sus armas: 
dichas partidas en el avance recogieron 300 cabezas de ganado 
que les largaron y tenían en el matadero para su abasto, todo lo 
que comunico á usted para su conocimiento. 

Dios guarde á usted muchos años.— Campamento del Coya y 
"Mayo 11 de 1811. — Venmiclo Benavides. — Señor general don 
osé Eondeau.» 



— 119 



Nota del Comandante Quinteros al Coronel Don José Artigas sc- 
Ire el asalto y toma de San José 

Señor comandante- 
Tengo tomado y ocupo hoy segunda vez este pueblo de San 
José por el rjgor de las armas en varias ocasiones. El enemigo 
tenia en él dos piezas de artillería, un cañón de á 13 montado 
en una especie de zorra y otro de á -á en su respectiva cureña, 
sus fosos y trincheras y los soldados repartidos eu las azoteas 
del pueblo. Atropellamos, sin embargo, al salir el sol [fór el lado 
que mira al arroj^o de Sau José, y destruida toda resistencia por 
un riguroso combate, entraron triuiifa.ites las armas de la pa- 
tria, siu mas desgracia de cousideracioa que habar sido herido 
gravemente en un pié el capitán de América don Manuel 
Artigas. 

Luego que lo hablamos tomado, llegó un refuerzo considera- 
ble de Montevideo al mando de dos tenientes coroneles, el ede- 
cán de don Javier Elio, y el Preboste, que formó un cuadro á pié 
con un cañón en medio hasta que tomó la villa, desalojada de 
antemano por nosotros que sallamos fuera, para sitiarlos luego 
que entrasen, y llegase á auxiliarnos don Venancio Benavides. 
Asi sucedió, y con su arribo, nuestra división, los blandengues 
y las tropas voluntarias, atropellaron como leones á recuperar 
la pérdida, y ganar como lo hicieron esta segunda batalla que 
DOS ha dejado quieta la posesión de dicho pueblo y puede usted 
preguntar á esos mismos jefes que van prisioneros la disposición, 
la energía y el valor conque los atacamos. 

No debo dejar de recomendar á los que se distinguieron 



— 120 — 

en estas acciones y lo fueron el porta-estandarLe don Juan Gre- 
gorio Góngora, don Miguel Serrano, don José Pérez, don Marce- 
■^ino Galvan y don Isidoro Aliniron, vecino de ésta, pues á pesar 
de que fué herido en el ombligo, luego que se le contuvo la herida 
con un pañuelo, atropello con más valor: sin que esto perjudique 
el conocido mérito de los demás sargentos, cabos y soldados que 
mandé, porque de ninguno tengo queja y se han portado todos 
con valor. 

Concluido todo, ha tenido á bien el comandante don Venancio 
Benavides, me hiciese cargo de los prisioneros de guerra, y ase- 
gurados en la Iglesia de este pueblo me hallo de guardia de 
ellos con la partida de mi mando. 

Dios guarde á y. E. muchos años. —Pueblo de San José, 26 
de Abril de 1811. — Bartolomé Quintero. — Señor comandante 
don José Artigas — Es copia — Belgrcmo, 



Oficio del gencr.'il Rondcasi coi9iiinsc»ndo lial»ea*§ic ve- 
cibido del mando del ejercito patriota qnc estaba 
antes á órdenes del general Belgrano y dando 
cuenta del entusiasmo con«|iie los cindadanos 
orientales combatían á los españoles al apoderarse 
de los pueblos del 4Ioya j san J^osé. 

xcExcmo. señor; 

Encargado ya del mando de este ejército, dado á reconocer por 
segundo jefe al teniente coronel don Martin Galain, y por 
comandante principal de la milicia patriótica al de la misma da- 



— 1¿1 — 

se don José Artigas, todo conforme al acta y decreto que V. E. 
se sirvió dirigirme con oficio del 23 del pasado : es mi primera 
atención tratar de la reunión, arreglo y organización de él, de 
que impondré a V. E. en adelante, pues aliora el corto tiempo de 
tres días, que hace que rae recibí del mando, no permite más, 
porque aún liay tropas á retaguardia que vienen marcliando y 
otras que ya operan muy avanzadas y se hace iudispens ible es- 
perar la incorporación de aquéllas, y noticias que he pedido de 
-éstas. 

Penetrado del más vivo reconocimiento conque esa capital, 
sus jefes militares y Y. E. me distinguen, ofrezco esforzar mis 
«scasos conocimientos, actividad y celo, á fií de lograr las ven- 
tajas incalculables, lo que no tengo por dificultoso, en favor d® 
nuestra causa, principalmente cuando han sido tan felices los 
primeros sucesos de nuestras armas en los pueblos del Coya y 
San José, pues aunque no estO}' bien impuesto en el pormenor de 
estas acciones, como que los partes fueron dados al señor vo- 
cal don Manuel Belgrano, quien los habrá elevado á V. E., he 
recibido ayer los prisioneros del segundo puesto y librado las co- 
correspondientes órdenes para que continúen á esa capital* Estos 
hechos, que seguramente han alentado á nuestros hermanos y 
consternado de necesidad á los enemigos de la sagrada causa y 
5US caudillos, como también la reunión de gentes que cada vez 
se aumenta más en ñivor de ella, ofrece el resultado favorable 
á que aspiramos, luego que haga sus marchas este respetable 
ejército. 

Dios guarde á Y. E. muchos años — Cuartel General de Mer- 
■cedes, 5 de Mayo de 1811.— Excmo. sqíloi\-— José Ronde xu. — • 
Excma. Junta Provisional Gubernativa de estas provincias. » 



122 



procla:via del general del ejercito 

« Soldados de la Patria ! Nuestros hermanos y compañeros 
de armas acaban de triunfar de los enemig-os err el campo de ba- 
talla. Cuatrocientos y más prisioneros con sii general en jefe 
rendidos á discreción, después de nn largo y obstinado combate 
os darán el testimonio de esa irrefragable verdad : cañones, par- 
que de artilleria, municiones y demás, son despojos de su biza- 
rría, esforzado valor é intrepidez. Estos' tan dignos compa- 
triotas nos llaman para que, unidos, gocemos con ellos de las 
dulzuras de sus triunfos y nos dispongamos á alcanzar otros ma- 
yores. Si, valerosos americanos : mañana emprenderemos nues- 
tra marcha, animados con esta -lisonjera idea: sobre los muros 
de Montevideo están los laureles que han de coronar nuestras 
frentes. ¡ A merecerlo, soldados ! » 

Cuartel General de Mercedes, 23 de Mayo de Í8I1 

Hondean, > 



El general don José Hondean remite los prisioneros tomador 
en la acción de San José con la lista de ellos qne snhsigue. 

<( Excmo. señor : 

Adjunta paso á manos de V. E. la lista de les prisioneros 
hechos por nuestras armas en la acción de San José, de cuyos 
detalles supongo á V. E. instruido por mí antecesor el señor 



— 123 — 

vocal clou Manuel Belgrano, que se hallaba aúu con el manda 
cuando los esforzados comandantes que tuvieron la satisfacción 
de envolver y aterrar á los enemigos, remitieron sus partes : las 
notas manifiestan la calidad de empleos. 

Aunque se dice que don Diego Herrera venia nombrado pre- 
boste, no le Ii3 puesto esta nota por no tener datos seguros que 
io confirmen, bien que es un indicio de ellos el capellán que traian 
en tan cortas fuerzas como eran las de 150 hombres : el señor 
Belgrano, mejor impuesto que yo, expondrá lo que hubiese en la 
materia. 

Todos ios sujetos que comprende la lista van á cargo del tenien- 
te de milicia patriótica de la villa de Belén don Francisco Ee- 
druellOj unos de los oficiales que más se han distinguido en la 
citada acción, quien deberá entregarlos en la ciudad de Santa-Fé 
á su teniente gobernador, y dicho jefe los remitirá á esa capital 
con una escolta. 

Dios guarde á V. E, muchos años. —Cuartel General de Mer- 
cedes, 5 de Ma3^o de 1811. — Excmo. señor.— José Hondean. — 

Excma. Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del 
Eio de la Plata. » 



Siguiendo adelante en nuestras transcripciones, reproducimos á 
continuación los dos interesantes documentos siguientes, relati- 
vos alas operaciones emprendidas por el comandante don Manuel 
Artigas, hermano del general, á las que hemos hecho referencia 
antes, ocupando y rindiendo los pueblos de Maldonado y San 
Carlos con las fuerzas de milicias que el general Artigas liabia 
puesto á sus órdenes para operar al Este de la Provincia : y dan- 



— 124 — 

do al misnio tiempo importantes noticias sobre nuevas adhesiones 
en varios puntos de la c:unpaña oriental : 



OScío del €oBnancl;i3atc S> I91»siuc3 Aríi^as sobre 
opcracioascs de la gnerra 

Excmo. señor: 

Con fecha 2 del corriente avisa el teniente coronel del ejército 
■comandante general de la caballería patriótica, que su hermano 
don Manuel Artigas con 500 liombres que ha reunido y tiene 
á sus órdenes, ha tomado la ciudad de Maldonado y pueblo de 
Minas: hecho que acabará de consternar á los enemigos, pues era 
la única parte de campaña que aún no habia hecho movimiento 
en favor de la justa causa. 

El Cerro Largo con todo el vecindario de su jurisdicción se 
halla igualmente decidido por nuestra causa, como verá Y. E. por 
él oficio de su comandante don Joaquín de Paz, que incluyo en 
copia. 

Últimamente no pasa un dia en que no se me dé parte de ha- 
ber alguna nueva reunión de patriotas en algún punto de la 
•campaña. 

Entre las noticias posteriores es muy recomendable y digna 
ÚQ la atención de V. E. la de que don Vicente Baez, juez comi- 
sionado del partido de la Isla Sola entre Polancos y Rio Negro, 
<!on 150 hombres que ha reunido, caminaba hacia el Yi en perse- 
cución de unos ladrones mandados por un tal Mena, hombre 
perverso, que por tal se hallaba en el presidio de Montevideo y á 
quien el virey Elio dio libertad con la condición de que habia de 



— lí¿5 — 

salir de partida á estos campos, siu duda con el fin de que moles- 
tase á los vecinos lionrados, que con tanta energía sostienen los 
sagrados derechos de nuestra patria y libertad: espero que Baez 
me presentará al citado Mena, sino ha volado ya á refugiarse en 
■el recinto de aquella plaza: todo lo que comunico á V. E. para su 
conocimiento y á fin de que nuestros hermanos en esta banda no 
<:arezcan de tan plausible noticia. 

Dios guarde á V. E. muchos años— Cuartel General de Mer- 
cedes, 5 de Mayo de 1811. — Excmo. señor. — José Bondeait — A 
la Excma. Junta Provisional Gubernativa de estas Provincias». 



EXTRAORDINARIO 

Viernes 24 de Mayo de 1811. 

Número 49. 

Continúan las noticias del estado y operacionei de nuestro ejercí • 
io y imtriotas en la Banda Oriental en los dos i)artes 
•siguientes con que instruye de ello el general don José 
JRondeau. 

"Excmo. señor: 

1.» Copio á la letra el parte dado desde la ciudad de San Fer- 
nando de Maldonado por don Manuel Francisco Artigas á mi 
antecesor el Excmo. señor don Manuel Belgrano, que acabo de 
recibir y es como sigue: 

"Tengo el honor de participar á V. E. que penetrado de los 
sentimientos que inspira el amor á la patria, sali el día 23 del 



*- J26 — 

pasado del arroyo de Casupá con direeciou á la villa de Jas Minas , 
cuyo pueblo tomamos después de haber parlamentado el dia 2-i 
del mismo. 

Luego que recogimos aqui algunas armas y juramentados sus 
vecinos, seguimos nuestra marcha ala villa de San Carlos, en 
cuyas inmediaciones .encontramos al capitán don Juan Correa 
con algunos patriotas vecinos, con los que y sin la menor re- 
sistencia, fuimos dueños de ella el dia 28. Al dia siguiente 
mandé de parlamento á don Pedro Pérez á la ci'.ulad de Maldo- 
nado, la que se rindió bajólas condiciones que hoy, por la estre- 
chez del tiempo, no puedo acompañar á V, E , como ni el 
pormenor de mis operaciones y particulares servicios de mis 
compañeros de armas. En este mismo dia sale una fuerza 
armada á ocupar la fortaleza de Santa Teresa, sobre cuyo punto 
espero tener la misma suerte que en los demás que quedan bajo 
mis órdenes. 

El señor Viana no puede seguir en el mando de esta phiza por 
las achacosas circunstancias de su salud y por lo mismo solo 
queda en calidad de interino el patriota don Juan Correa hasta 
la superior disposición de V. E.— El pueblo de San Carlos 
queda sin oficial comandante por haber sacado de este destino al 
expresado Correa, á quien, por su patriotismo, habia puesto á 
la cabeza de dicho pueblo en lo militar. 

Tengo bajo mis órdenes cerca de 300 hombres armados, aun- 
que con mucha escasez municionados; pero dentro de poco debo 
contar con más gente por las muchas armas que se recogen y por 
los auxilios que espero de V. E. 

El entusiasmo crece y la voz de la justa causa que defende- 
mos ha penetrado los corazones de toda la campaña; todos de- 
sean unirse, y formaremos en un escuadrón respetable, 

A la mayor brevedad salgo con el grueso de mis fuerzas á in- 



— 127 -- 

■corporarme con una partida que tengo en Solis, y unidos volare- 
mos hasta el Pando y á aquellos destinos que miremos intere- 
santes, con el objeto de estrechar á Montevideo cortándole los 
YÍveres y los auxilios que pueden por casualidad librarse de la 
vigilancia de algunas otras partidas pequeñas. 

Hallándoinesin un titulo legítimo que acredite larealidiil de 
mi comisión, es indispensable se me habilita de él para que me 
caracterice en toda la dignidad y energía que deben tener las ca- 
pitulaciones y demás providencias que he dado desde mi entrada 
al pueblo de Minas. 

Espito áV.E. que oportunamente le iasinuari con iadivi- 
dualidad los sucesos acaecidos desde mi salida y haré presente 
los distinguidos servicios de los que meacoraparian.--Dios guar- 
de á V. E. muchos años —Cuartel general de San Fernando de 
Maldonado, Mayo 5 de 1811. — Manuel Artigas.)} 

En su consecuencia he dispuesto auxiliarle con municiones su- 
ficientes: que se provea la comandancia de San Carlos en sujeto 
capaz; y le expido al citado don Manuel Artigas el despacho 
provisional de Teniente Coronel de la milicia patriótica, nom- 
brándole comandante de todas las que reúna, en la inteligencia 
que debe operar bajo la dirección de su hermano don José, á 
quien V. E. ha nombrado jefe general de ella. 

Dios guarde á V, E. muchos años. — Cuartel general de Mer- 
cedes, l.o de 1811 — Excmo Señor. —7oíí(; Eo7icleciu. ~ -Excm-d» 
Junta Gubernativa de las provincias del Rio de la Plata.» 



Muy poco después, el mismo comandante Benavides, después de 
■estrechar el sitio de la importante ciudad de la Colonia, se apo- 



— 128 — 

deiaba de ella al ser abandonada horas antes por el general Vigo- 
det al frente de una fuerte guarnición embarcada en veinte y seis 
buques de transporte, demostrando asíalos españoles asiln dos 
en Montevideo, que éste era el único y último refugio que les 
quedaba en toda la provincia, en la que pocos días antes domina- 
ban como dueños absolutos , en donde sus Partidas Tranquiliza- 
doras perseguían 3^ ahorcaban á los vecinos paciflcos por el solo 
hecho de poseer y ocultar algunas armas de fuego ;y á cuyos de- 
solados ranchos llegaban estas partidas á aprehender á las des- 
validas esposas ó hermanas de los milicianos de campaña, tratán- 
dolas de acuerdo con los Edictos publicados á su respecto, y, se- 
gún las instrucciones del cahalleresco Vigodet, como á reos de alta 
traición, conduciéndolas á los calabobos de Montevideo en casti- 
go del patriotismo de sus deudos ! 
Hé aquí dicho parte oficial : 



oficio del comandanic Benavkles informando solre operaciones ¡/ 
toma de la Colonia por los patriotas. 



Jueves, 6 de Junio de 1811, 
« Excmo. señor: 

Habiendo salido del Coya el día 15 del corriente con dirección 
al Real de San Carlos, no pude llegar á este punto hasta el 18 del 
mismo á causa de no habérmelo permitido el mal tiempo, que 
sucesivamente nos precisó á algunas demoras en la Barra del 
Sauce, y arroyo nombrado el Riachuelo. 

Inmediatamente que llegué el referido día 18, y colocada mí 



— 129 — 

üivision al frente mismo de la Colonia, pasé al pueblo )'■ sus ma- 
gistrados la intimación que acompaño á V. E., en copia, junto con 
otra de la que me contestó el gobernador Yigodet, que se hallaba 
allí. 

El arrogante tenor conque se explica, unido cá la inurbanidad. 
y desprecio conque concluye, sfn la menor atención, negándome 
aún en el sobrescrito las distinciones debidas á mi carácter, redo- 
bló lajustaindignacion de estas tropas, que ansiaban el momento 
de hacerle conocer á este jefe sus obligaciones y refrenar por la 
fuerza el orgullo que manifestaba. 

Pero la multitud de barcos que tenían y las baterías coloca- 
das en los principales puntos impidieron desde luego un pronta 
ataque en que me hubiese costado mucha gente la victoria, cuan- 
do podía conseguirla y posesionarme del pueblo sin esta pérdida. 

Con esta consideración les atrecho el sitio cuando pude, y cor- 
tada toda internación por tierra de víveres y abastos, los mo- 
lestaba al mismo tiempo con continuas guerrillas por la noche. 
Ínterin disponía aprovechar una sorpresa, para posesionarme del 
pueblo y de todos ellos, sin que pudiesen obrar mucho contra 
nosotros los fuegos de los barcos y sus baterías . 

Pero aburridos á los nueve días, y recelando ya de un día al 
otro un asalto, en que no podrían escapar de nuestras tropas, de- 
terminó Vigodet embarcarse con toda la fuerza y europeos adic- 
tos que allí tenía y sus ñimílias, para lo que he sabido después 
que había puesto carteles el día antes previniendo al vecindario 
que se dispusieran tados para embarcarse con sus muebles y 
efectos, en los 26 buques de transporte que se hallaban pronto» 
al efecto, como lo verificaron el 2G de éste, dejando el pueblo 
bastante arruinado. 

Inmediatamente pasé á ocuparlo, y en el reconocimiento que 
hice hallé en las murallas 4 cañones : dos de á 18 reforzados y 



— 130 — 

(los cíe á 12 todos clavarlos y atacados con bala: cuyas cureñas 
estaban también enteramente destruidas é inútiles. 

Aunque con bastante trabajo tengo ya 2 de estos cañones des- 
clavados y en disposición de montarlos luego que se habilite una 
cureña que he mandado hacer y otra que estoy componiendo. 

No he encontrado armas algunas y se está tomando razón de 
las casas y muebles de los europeos prófugos, la que luego que 
se concluya remitiré á Y* E. un tanto de todo lo obrado. 

Me hallo, pues, yaeneste pueb'o, y en él me mantendré hasta 
tanto Y. E. determínelo que juzgue conveniente á la justa causa 
que defendemos y al éxito feliz de nuestra empresa. 

Dios guarde á Y. E. muchos años., Colonia del Sacramento 
20 de I\Iayo de IS/ 1. — Excmo Señor. — Venancio Benavides. 
— Excma. Junta Provisional del Gobierno de Buenos Aires.» 



De buena voluntad presentaríamos algunas oportunas consi- 
deraciones sobre la acción é influencia que el general Artigas 
desarrolló en esos momentos supremos de la revolución oriental, 
consiguiendo por medio de sus hábiles combinaciones, de la 
rapidez de sus movimientos y del arrojo de sus actos, asestar el 
golpe de muerte al poder español, haciéndole abandonar desde 
el 18 de Mayo de 1811 toda esperanza de recuperar el dominio 
perdido, y obligándole á implorar por medio del secretario Este- 
Iler, enviado al efecto á Eio Janeiro por Elío, la protección y 
socorro suicida del Rey de Portugal, que le envió al efecto 4,000 
soldados á las órdenes del general Souza. 

Como no nos es posible historiar en este trabajo la extensa 
serie de hechos y medidas que prepararon y aseguraron esa 
grande función de armas, debemos al efecto, dejar la palabra al 



— 131 — 

mismo general Artigas en el parte oficial que dirigió al general 
Bondeau sobre dicha batalla; ^^jíiríe qiceno selia, piíblic^do hasta 
ahora en la República Oriental, pues sólo es conocido el que 
dirigió Artigas á la Junta Gubernativa, y que recien se publicó 
hace dos años por el señor Bauza en su obra sobre la 
"Historia de la Dominación Española», y el mismo que con los 
documentos adjuntos habíamos hecho copiar seis años antes en 
la Biblioteca de Buenos Aires, tooiándolos del nú m. 58 de La 
Gaceta del Jueves 13 de Junio de 1811, de la Extraordinaria del 
Martes 18 del mismo mes, y del núm. 54 del Jueves 20 del mis- 
mo mes y año. 

A dichos dos partes tan espresivos y bien detallados en sus 
interesantes informes, agregamos los citados documentos y com- 
probantes, entre los cuales se halla la lista de los patriotas vo- 
luntarios que mas se distinguieron en la batalla de las Piedras, 
y la enérgica y audaz intimación de rendición dirigida por el 
General Artigas al General Elio y al Cabildo de Montevideo. 
Dice así el parte dirigido al día siguiente de la victoria: 
"Habiéndome acampado en la villa de Canelones con el objeto 
de molestar á los enemigos, que se hallaban situados en las Pie- 
dras, y privarles las introducciones de ganados y demás comesti- 
bles para Montevideo, y ad virtiendo ser insuficientes todas las 
providencias y vigilancia de las partidas que continuamente 
destacaba á este fin, dispuse, con anuencia délos señores capita- 
nes el atacarlos, en atención á que aún cuando las fuerzas en e- 
migas ascendían al número de 600 hombres, según las mism as 
noticias que por algunos pasados había adquirido, contaba con 
mucha parte adicta á nosotros. 

Paíé inmediatamente el correspondiente oficio á mi hermano 
don Manuel Artigas, indicándole el punto donde debia reunirs e 
conmigo; y á las pocas horas de haber marchado el chasque, re - 

9 



— 132 — 

ci bí oficio de dicho mi hermano, en que me avisaba hallarse ata- 
c ado por los enemigos, pidiéndome 300 hombres de refuerzo. 
Con esto llegó la noticia de que otra columna enemiga se dirigía 
á Canelones con el objeto de atacarme; al momento acordé con 
los señores o Aciales, que era conveniente dirigirnos al Sauce á 
dar auxilio á don Manuel Francisco Artigas, con la idea de tomar 
al enemigo entre dos fuegos, y ren didos éstos, cortar la retirada 
á los que se hablan dirigido á Canelones. 

En efecto, dispuse mi salida á puesta del sol, y marché con 
el abrigo de la noche, pasando á la vista de los fogones enemi- 
gos. La noche se puso sumamente escura y amaneció lloviendo, 
cuya lluvia continuó hasta el siguiente. Con ese mal tiempo se 
imposibilitó la marcha, y me acampé en las puntas del Canelón 
Chico, desde donde pasé orden ámi hermano para que se reunie- 
ra en dicho punto, en virtud de haber sabido que la noche de mi 
salida habia regresado la t ropa enemiga al campamento de las 
Piedras. 

Mi hermano se incorporó en el citado destino la noche del 
17, se gunda de mi salida, y por la incapacidad del tiempo, no 
pudedetermin ar el aldabazo que tenía proyectado. El tiempo 
mejoró y mis partidas de descubierta empezaron sus guerrillas 
con dos columnas que en el mejor orden marchaban para mi 
campamento. Al instante destaqué una partida de 200 hombres 
montados de la gente patriota voluntaria, para que los fuera 
sacando de su campamento, y mandé que la tropa tomara caballos 
para salir á batirlos 

Los enemigos avanzaron sobre los de caballería y yo con el 
resto del ejér cito marché sobre ellos. De la gente armada de 
caballería saqué 150 hombres para reforzar la infantería y 
ordené dos columnas de caballería, una al mando de don Juan 
León, que ocu paba el ala izquierda, y la otra al de don Antonio 



— 133 — 

Pérez, que ocupaba la derecha. Con la demás gente de mi herma- 
no don Manuel formé otra columna (como de 250 hombres), con 
el objeto de cortar la retirada á los enemigos. 

En este orden avancé, y puesto al frente de los enemigos, 
desplegué en batalla con la infantería, y mandé á mi ayudante 
mayor don Ensebio Valdenegro, pasase orden que launa colum- 
na de caballería de la derecha avanzara amenazando picar la 
retaguardia enemiga; y echando pié á tierra la infantería hizo su 
demostración de avance con bastante rapidez^ pero los enemigos 
aparentaron retirarse, sin hacer mayor fuego, siempre con el 
mayor orden. Esta aparente retirada la hicieron con el interés de 
situarse en una loma, lugar dominante á todos cuatro frentes'de 
¿ su posición; y en éste presentaron la batalla. 

La fuerza enemiga constarla de 400 á 500 hombres de infan* 
teria, con cuatro piezas de artillería, dos obuses de á 32 y 2 
cañones de á 4 con 64 artilleros buenos, de á 16 hombres de 
dotación en cada cañón, y 350 que componían la caballería. 

La fuerza de mi división se componia de 600 homl^res de 
caballería (mal armados) y 400 infantes con los dos cañoncites 
de á 2. 

El combate empezó á las once y media de la mañana y terminó 
á las cuatro de la tarde. A éste se dio principio en los términos 
antedichos; pero como la tropa estaba ansiosa de avanzar, sufrió 
un tiro de granada que me llevó 6 patricios, por hallarlos en pelo- 
tón: todo mi esfuerzo y-el de mis oficiales no era bant^nte á conte- 
nerlos en avanzar porque no sufrieran el ventajoso fuego del ene- 
migo, en un lugar donde el terreno era dominado por ellos, tanto 
como que las municiones de artillería superaban á las nuestras. 

Los enemigos se resistieron vigorosamente en este punto; 
tanto q.ie fué necesario todo el esfuerzo de nuestra heroica tropa 
para echarlos de allí; de donde salieron retirándose con el mejor 



— 134 — 

orden. La tropa cargó vigorosamente sobre ellos, y aquí se les to- 
mó un cañón; pero como los fuegos de artillería superaban á los 
nuestros, contenían sumamente á nuestra tropa, que sólo su 
mucho valor podía resistirlos. 

En su retirada conseguí situarme en mejor terreno, y de aquí 
hice avanzar á la columna de caballería de la derecha, y mi ayu- 
dante mayor á la izquierda, mandando entrar por la retaguardia 
enemiga á la columna que mandaba mi hermano don Manuel 
Francisco Artigas. Aquí fué bastante activo el fuego, que duraría 
una hora; y con la energía que disputaba la acción nuestra tropa, 
se intimidaron los enemigos, y pusieron bandera parlamentaria, 
á que yo mismo en persona contesté se rindieran á discreción, 
librando la vida de todos: con lo que se rindieron y quedó por 
nosotros la victoria, y todo el campamento de batalla, que era á 
distancia de un cuarto de legua de la Capilla de las Piedras. 

En la misma Capilla, donde tenían su campamento, habia 
quedado una guardia de 30 hombres (según declaración del 
ayudante mayor de órdenes, subteniente de caballería don Juan 
Rosales) con un cañón de á 4. 

La rendición de dicha guardia la encargué á mi ayudaLte 
mayor don Ensebio Valdenegro, quien, para conseguirla (evitan- 
do en lo posible toda efusión de sangre), mandó pasase con 
parlamento el expresado ayudante mayor de órdenes don Juan 
Eosales, á que con el respeto de su tropa hiciera se rindieran á 
discreción, lo que asi verificaron, y fueron prisioneros mas de 100 
hombres que allí se habían replegado con díspo sicion de defen- 
derse, y ocupaban las azoteas bien provistos de cajones de 
municiones; y con 16 artilleros mas en el cañón que tenían . 

Entretanto disponía yo la reunión de la tropa y condúcelo n 
segura de los prisioneros, pasó mi ayudante, el referido don 
Ensebio Valdenegro, á la operación antedicha, tomando el par- 



— 135 — 

que de artillería, que tenían bien provisto de municiones de to- 
dos los calibres indicados, 3^ de todas clases, las que con mi or- 
den hizo extraer con más tres carros capñchinos: y como llegó 
noticia de que salia refuerzo de Montevideo, fué necesario apos- 
tarme en lugar ventajoso para esperar al enemigo, que hasta 
ahora (que son las 6 de la mañana) no se ha dejado ver. 

Tengo varias partidas hacia los Migueletes, para que estén 
á la observación de los enemigos, y en todo caso de apuro, dispon- 
go mi retirada á Canelones. 

El ayudante mayor de órdenes don Juan Rosales me asegura 
haber de fuerza en la plaza de Montevideo de 500 á 600 hom- 
bres, inclusos los que estaban en la Colonia, y que según éste, 
han regresado á Montevideo. 

Conviene, pues, que V. S., en vista de lo expuesto, acelere sus 
marchas y me mande tropa á la mayor brevedad, entre la cual es 
indispensable venga una dotación suficiente de artilleros para el 
manejo de las cinco piezas de artillería que he tomado á los ene- 
migos ; mandándome bastantes piedras de chispa, que las necesito 
mucho y no las había en el parque enemigo. 

La pérdida que hemos tenido en esta gloriosa acción será como 
de unos 18 á 20 hombres muertos, y unos 14 heridos. No tengo en- 
tero conocimiento de esto, hasta después que noticiaré á V. E. con 
más propiedad. Los enemigos muertos serán como 30, y según el 
primer conocimiento que tengo délos heridos, asciende á 46 ó 50, 
y prisioneros como 420, inclusos 22 oficiales con el comandante 
general don José Posadas 

No puedo ocultar á V. S. cuan dignos son todos los señores 
o ficiales que he tenido el honor tener á mis órdenes, en tal glo- 
ri osa acción ; porque todos, todos se han prestado con todo el ho- 
nor y entusiasmo que los caracteriza, y hace dignamente acreedo- 
res á laalta consideración de la Ecxma. Junta y la eterna gratitud 
de sus compatriotas. 



— 136 — 

Las tropas todas se merecen igual atencion,y hoy estoy segu- 
ramente persuadido que, á no ser tanto su valor, no era capaz 
de haberse conseguido una acción con tantas ventajas sobre los 
enemigos, tan heroica para sus triuüfadores, y que en todas sus 
partes justifica el honor de las armas de nuestra patria. 

Por ahora me hallo sumamente ocupado y con la atención pues - 
ta en los enemigos, por lo que no puedo sustanciar un parte com- 
pleto, con estado de armas y municiones relativos á los enemigos, 
que lo haré á primera oportunidad. 

En este momento acabo de recibir el adjunto parte, que dá don 
Pedro García Pérez, de lo que ha ocurrido en Santa Teresa, y 
todo, todo está pronosticando el inmediato estrago y ruina de los 
tiranos, y la alta gloria de nuestra dulce patria, la que hará eter- 
na la memoria de sus dignos hijos. 

Dios guarde á V. E. muchos años. 

K^Campanieuto ea las fiedras, 19 de Mayo de 1811. 

José Artigas. 
Señor general en jefe don JoséBondeau .» 



He aquí ahora el parte principal y detallado de la victoria de las 
Piedras, junto con los importantísimos documentos que le eran 
anexos, con los mismos encabezamientos y numeración con que 
están insertos en La Gaceta de Buenos Aires de aquella época: 



— 137 



m General D. ^osé Artigas avisa circunstanciada- 
mente de sus operaciones á las inmediaciones de 
Montevideo, de los oficiales todos que concurrie- 
ron á la gloriosa acción de las Piedras; y prisio- 
neros que en ella se tomaron. 

ExcmO: señor. 

Las ocupaciones que me ha ofrecido el honroso cargo que 
V. E. tuvo á bien confiarme no me han permitido desde mi sali- 
da de esa capital dar á V. E. una relación en detalle de los mo- 
vimientos practicados, y feliz suceso de las armas de la patria 
pero he cuidado de avisarlos respectivamente al señor Belgrano, 
y al coronel don José Roudeau, desde que fué nombrado jefe de 
este ejército, quienes creo lo harian á V. E. en iguales términos. 
Aprovecho sin embargo estos momentos de elevar á su conoci- 
miento las operaciones todas de la división de mi cargo. 

Con ella llegué el 12 del corriente á Canelones, donde nos 
ocupamos, destacando partidas de observación cerca de los insur- 
gentes que ocupaban las Piedras, punto el mas interesante asi 
por su situación como por algunas fortificaciones que empez a- 
ban á formar, y por la numerosa artillería con que lo defendían : 
En la misma noche se experimentó una copiosa lluvia que con - 
tinuó hasta las diez de la mañana del 16 en cuyo dia destacaron 
los enemigos una gruesa columna á la estancia de mi padre, 
situada en el Sauce, á cuatro leguas de distancia de las Piedras, 
con objeto de batir la división de voluntarios del mando de mi 
hermano don Manuel Francisco Artigas, que regresaba de mi 
orden de Maldonado, á incorporarse con mi división. Se halla- 
ba acampado en Pando, y luego que sus avanzadas avistaron 



— - 138 — 

al ene migo, me [dio el correspondiente aviso pidiéndome 30D 
hombres de auxilio: en caya consecuencia, y de acuerdo con les 
señores capitanes determiné marchar á cortar á los enemigos^ 
contando á mis órdenes 346 infantes, á saber: 250 patricios, y 
96 blandengues; 350 caballos, y dos piezas de á dos: dividí la 
caballería en tres trozos, destinando una columna de 148 hom- 
bres al ma ndo del capitán D. Antonio Pérez, á cubrir la ala 
derecha, y otra de igual número al cargo del de igual clase don 
Juan León á cubrir la izquierda; quedando para cuerpo de reser- 
va la compañía del cargo de don Tomás García 'de Zúñiga, com- 
puesta de 54 plazas. Dispuesta así la división de mi cargo 
marché en columna al ponerse el sol con dirección al Sauce, hi- 
ce alto en las puntas del Canelón Chico, donde cerró la noche: el 
17 amaneció lloviendo copiosamente, y dispuse acamparme, asi 
por dar algún descanso ala tropa' que en medio de su desnudez 
é i nsoportable frío habría sufrido tres días y medio de continua 
lluvia por el imprescindible interés de conservar las armas en 
buen uso. En la tarde del mismo día se incorporó á mi división 
la del mando de mi hermano D. Manuel, compuesta de 304 vo- 
luntarias, reunidos por él en la campaña, por la mayor parte 
bien armados délos cuales agregué á la infantería 54, que for- 
'maban la compañía de Don Faustino Tejada, y con los 96 blan- 
dengues indicados componen el número de 150 de caballería 
agregados á infantería, resultándome entonces la fuerza total 
de 400 infantes, y 600 caballos incluso el cuerpo de reserva. 

La salida délos enemigos de su posicíon|se verificó el 16: 
pero se redujo á saquear completamente la casa de mí padre, 
y recojer sobre mil cabezas de ganado, que en la misma noche 
se introdujeron en la plaza. 

El 18 amaneció sereno: despaché algunas partidas de obser- 
vación sobre el campo enemigo, que distaba menos de dos ié- 



— 139 — 

guas del mió, y á las nueve de la mañana se me avisó que hacian 
movimiento con dirección á nosotros. Se trabó el fu go con mis 
guerrillas, y los contrarios aumentando sucesivamente su fuerza 
se reunieron en una loma distante una legua de mi campamento. 
Inmediatamente mandé á D. Antonio Pérez, que con la caballe- 
ría de su cargo se presentase fuera de los fuegos de la artillería 
de los enemigos, con objeto de llamarles la atención, y retirán- 
dose hacerles salir á mas distancia de su campo, como se verificó 
empeñándose ellos en su alcance; en el momento convoqué á jun- 
ta de guerra, y todos faeron del parecer de atacar. 

Exhorté á las tropas recordándoles los gloriosos tiempos 
que hablan inmortalizado la memoria de nuestras armas, y el 
honor con que debian distinguirse los soldados de la patria; y 
todos unánimes exclamaron con entusiasmo, que estaban resuel- 
tos á morir en obsequio de ello. Emprendí entonces la marcha 
en el mismo orden indicado encargando la ala izquierda de la 
infantería y dirección de la columna de cab alleria de la mis ma á 
mi ayudante mayor el teniente de ejército D. Ensebio Baldene- 
gro, siguiendo yo con la del costado derecho, y dejando con las 
municiones al cuerpo de reserva fuera de los fuegos. El cuerpo 
de caballería al mando de mi hermano fué destinado á cortar la 
r etirada á los enemigos. Ellos seguían su marcha y continuaba 
el tiroteo con las avanzadas, cuando hallándome inmediato^ 
mandé echar pié á tierra á toda la infantería. Los insurgentes 
hicieron una retirada aparente acompañada de algún fuego de 
cañón. Montó nuevamente la infantería y cargó sobre ellos. Es 
inexplicable, Sr.Excmo., el ardor y entusiasmo con que mi tropa 
se empeñó entonces en mezclarse con los enemigos, en términos 
que fué necesario todo el esfuerzo de los oficiales, y mió, para 
contenerlos y evitar el desorden. Las contrarios nos esperaban 
situados en la loma indicada arriba, guardando formación de 



— 140 — 

batalla con 4 piezas de artillería, 2 obuses de á 32 colocados en 
el centro de su línea, y un cañón en cada extremo de á 4. En 
igual forma dispuse mi infantería, con las 2 piezas de á 2, y se 
trabó el fuego más activo. La situación ventajosa de los enemi- 
gos, la superioridad de su artillería así en el número como en el 
calibre, y dotación de 16 artilleros en cada una, y el exceso de 
su infantería sobre la nuestra, hacían la victoria muy difícil; pero 
mis tropas enardecidas se empeñaban mas y más, y sus rostros 
serenos pronosticaban las glorías de la patria. El tesón y urden 
de nuestros fuegos, y el arrojo de los soldados obligó á los in - 
surgentes á salir de su posición , abandonando un cañón que en 
el momento cayó en nuestro poder con una carreta de municio- 
nes. Ellos se replegaron con el mejor orden sobre las Piedras, 
sostenidos del incesante faego de su artillería, y como era vero- 
símil que en aquel punto hubiesen dejado alguna fuerza cuya 
reunión nos era perjudicial, ordené que cargaran sobre ellos las 
columnas de caballería de los flancos, y la encargada de cortar- 
les su retirada; de esta operación resultó que los enemigos 
quedasen encerrados en un circulo bastante estrecho; ajuí se 
empezó la acción con la mayor viveza de ambas partes, pero 
después de una rigorosa resistencia se rindieron los contrarios, 
quedando el campo de batalla por nosotros. La tropa enardecida 
hubiera pronto descargado su furor sobre la vida de todos ellos, 
para vengar la inocente sangre de nuestros hermanos, acabada 
de verter para sostener la tiranía; pero ellos al ñu participando 
de la generosidad que distingue á la gente americana, se dieron 
á los impulsos de nuestros oficiales empeñados en salvar á los 
rendidos. 

Informado por ellos de que en las Piedras quedaba una gran 
guardia con un cañón de á 4, encargué á mi ayudante D. a Ense- 
bio Valdenegro de ocupar aquel punto, quien para evitar la efu- 



— 141 — 

sionde sangre, dispuso un parlamento intimando la ren lición 
por medio del ayudante de órdenes de los enemigos D. Juan Ro- 
sales, como lo hicieron á discreción 140 hombres que se habian 
reunido alli y ocupaban algunas azoteas, bien municionados, y 
dispuestos á defenderse: mi expresado ayudante mayor, se pose- 
sionó inmediatamente del cañón de ¿I 4 y todo el parque de arti- 
llería haciendo extraer todas las municioües, y demás que expresa 
el adjunto estado, por si ocurría algún nuevo movimiento, res- 
pecto á haber recibido noticia de que había salido de la plaza un 
cuerpo de 500 hombres para auxiliar á los vencidos . 

La acción tuvo principio á las 11 del dia, y terminó al poner- 
se el sol, la fuerza enemiga ascendía en el todo, según los 
informes menos dudosos que he podido adquirir á 1230 indivi- 
duos; entre ellos 600 infantes, 850 caballos y 64 artilUeros: su 
pérdida ha consistido próximamente en 97 muertos, 61 heridos, 
y 482 prisioneros, entre las cuales se hallan 186 que tomaron 
partido en los nuestros, por que hicieron constar su patriotismo 
y estaban forzados al servicio de los insurgentes, particularmen- 
te 14 que habian sido tomados de nuestros buques, en San Ni- 
colás de los Arroyos, y 295 que he remitido á Y. E. inclusos 23 
oficiales que son los siguientes: de marina. El capitán de fragata 
y comandante en xefe D. José Posadas; los tenientes, D. Ma- 
nuel Borras y D. Pasqual Cañizo; el alférez de navio D. José 
Argañoña; D. Juan Montano; don Miguel Castillo y D. José 
Solar, el oficial cuarto del Ministerio D. Ramón Bayona.— 
Milicias de infantería. El capitán D. Jaime Illa; el teniente D. 
Gerónimo OUoniego; los sub-tenientes D. Mateo ürcola; D, An- 
drés RoUano; D. Matediago, D. Francisco Sierra, D. Manuel 
Mont; D. Francisco Alva; D. Francisco Fernandez y José Luis 
Breque. — Milicias de cahdlhria. El capitán D. Pedro Manuel 
García; el teniente D. Antonio Gavito; el sub-teniente D. Juan 



— 142 — 

Sierra; el ayudante [de órdenes D. Juan Rosales. — Urhanos. El 
capitán D. Justo Ortega. 

Del resto de los enemigos muchos eran vecinos de la campaña 
que fugaron y se retiraron á sus casas, y algunos pocos se ex- 
traviaron, y entraron en la plaza. 

Por nuestra parte hemos tenido la pequeña, pero muy sensi- 
ble pérdida de 11 muertos, y 28 heridos. 

El hecho mismo demuestra bastantemente la gloria de nuestras 
armas en esta brillante empresa ; la superioridad en el todo de 
la fuerza de los enemigos, sus posiciones ventajosas, su fuerte 
artillería, y particularmente el estado de nuestra caballería, por 
la mayor parte armada de palos con cuchillos enastados, hace ver 
indudablemente, que las verdaderas ventajas que llevaban nues- 
tros soldados sobre los esclavos de los tiranos estarán siempre 
selladas en sus ce razones inflamados del fuego que produce el 
amor á la patria. 

Me juzgo. Excmo, Señor, esos grandes apuros cuando trato 
de hacer presente á V. E. el carácter que han demostrado todos 
los señores oficiales que he tenido el honor demandar en esta 
acción; ellos se han disputado á porña el celo, actividad, intrepidez 
y distinguido valor, y todas las virtudes que deben adornar un 
verdadero militar; ellos me han hecho verter lágrimas de gozo, 
cuando he considerado la justicia con que merecen el dulce título 
de beneméritos de la patria, y yo faltarla á mi deber sino su- 
plicase á V. E. les tuviese presente el premio á que les considero 
acreedores, de todos ellos pues, incluyo á Y. E. lista, juzgando, 
que han llenado completamente el hueco de sus obligaciones, y 
de mis deseos: pero particularmente el teniente coronel graduado 
y jefe de las compañías de patricios ü. Benito Alvarez, el bravo 
capitán don Ventura Vázquez Feyjoó, que une á éste el mérito 
de haberse distin guido en las acciones del Paraguay, el teniente 



— 143 — 

don Eaymundo Rosas, que también se halló en aquellas acciones, 
el de igual clase don José Arauz, el de la misma don Ignacio 
Prieto, que para facilitar la marcha de la artillería en medio de 
la escasez de caballos, que se experimentaba en el acto de la 
batalla, cargó sobre sus hombros un cajón de municione s, con- 
duciéndole asi no corta distancia, y el subteniente con grado 
de teniente don José Roo; todos del cuerpo de patricios: pero es 
singularmente recomendable el talento, activas disposiciones, 
determinad© arrojo y valor del valiente teniente de ejército don 
Ensebio Valdenegro, mi ayudante mayor, que no ro.e ha dejado 
un momento, y quejia hecho lucir sus virtudes militares en esta 
acción. 

Es también particular e^ mérito del sargento de castas Bar- 
tolomé Ribadeneyra, empleado en la artilleria, que se portó con 
un valor recomendable. 

Igualmente recomiendo á V. E. toda la infantería, que ha 
obrado á mis órdenes, y que ha dado una singular prueba de su 
valor y subordinación, arrastrando el peligro con serena frente 
y avanzando en linea sobre el constante fuego de la artilleria 
enemiga, con una loable determinación. 

También han llenado su obligación los voluntarios de caballe- 
ría, y sus dignos jefes; siendo admirable, Excmo. señor, la fuerza 
con que el patriotismo mas decidido ha electrizado á los habi- 
tantes todos de esta campaña, que después de sacrificar sus 
haciendas gustosamente en beneficio del ejército, brindan todos 
con sus personas, en términos que podria decirse, que son tantos 
los soldados con que puede contar la patria, cuantos son los 
americanos que habitan en esta parte de ella. No me es fácil 
dar todo el valor que en si tiene á la general y absoluta fermen- 
tación que ha penetrado á estos patriotas; pero como prueba 
nada equivoca de los rasgos singulares que he observado con 



— 144 — 

satisfacioD, no olvidaré hacer presente áV. E. los distinguidos 
servicios délos presbíteros Dr. D, José Valentín Gómez, y don 
Santiago Figueredo, curas vicarios, éste de la Florida y aquel 
de Canelones; ambos no contentos con haber colectado con acti- 
vo celo varios donativos patrióticos, con haber seguido las peno- 
sas marchas del ejército participando de las fatigas del soldado, 
con haber ejercido las funcioses de su sagrado ministerio en 
t odas las ocasiones que faeron precisas, se convirtieron en el 
acto de la batalla én bravos campeones, siendo de los primeros 
que avanzaron sobre los filas enemigas con desprecio del peli- 
gro, y como verdaderos militares. 

En la noche del 18 me acampé en las inmediaciones de las 
Piedras hacia Montevideo, en la situación mas ventajosa y camo- 
da para oponerse alguna^tentativa del enemigo, que se esperaba 
según las noticias adquiridas;, pero él no hizo movimiento. 

El 19 mandé algunas partidas de caballería en observación 
h asta el Arroyo Seco y extramuros de la plaza donde llegaron 
sin oposición: en la tarde recibí oficio del gobierno de Monte- 
video, solicitando el cange de los prisioneros, de cuyas resultas 
hice el convenio que consta de las copias que acompaño con los 
úmeros 1, 6, 7 y 8. 

El 20 recibí oficio del Sr. Elio, solicitando la suspensión de 
hostilidades; de él y de mi contestación incluyo á V. E. copia 
con el núm. 2. 

Aprovechándome de las ventajas que me ofrecía mi situa- 
ción dirigí parlamento á la plaza intimando al señor Elío su 
rendición, con fecha del 21, según consta en la copia número 8> 
y con la misma recordé á aquel cabildo sus obligaciones sobre el 
m ismo objeto, según el número 4; pero ambos, sordos á las voces 
de la humanidad, justicia y sobre todo de la necesidad, des- 
p reciaron mis avisos, contestando Elio verbalmente: que no se 



— 145 — 

rendían, y ordenando al oficial parlamentario de retirase inme- 
diatamente; por las mismas copias advertirá V, E. que trasladé 
mi campamento al Cerrito á que dá nombre la plaza, para te- 
nerla en estado de sitio rigoroso. Nuestras partidas continua- 
ban internándose hasta las inmediaciones de la ciudad á cuyo 
recinto se hallaban reducidos los enemigos. 

El 24 fueron ignominiosamente arrojadas de la plaza por 
su tiránico gobierno varias familias, vecinos y eclesiásticos, 
sobre cuyo violento accidente hablo á V. E. en otro papel; en su 
consecuencia y teniendo noticias fundadas de que mi oficio del 
21 no habia llegado á manos del cabildo, aproveché esta ocasión 
de entablar nueva comunicación dirigiéndole otro con fecha 25 
como verá V. E. por la copia numero 5, en que solicitando los 
equipages de los confinados pedia un diputado de aquel cuerpo 
que hablase con mi enviado, quien debia entregarle otro oficio 
en que le trasladaba el del 21: pero el señor Elio conservando 
siempre su despótico carácter, respondió verbalmente negando 
los equipajes, y exponiendo que debia entenderme solo con él, y 
no con el cabildo, quien según exposición del oficial parlamen- 
tario de los enemigos habia convenido en esta determinación . 
Un proceder tan extraordinario, asi por parte del gobierno como 
por la del cabildo que queria llevar á un extremo doloroso el 
comprometimiento á que se ve reducido el desgraciado pueblo de 
Montevideo, me movió á cortar toda clase de inteligencias con 
aquellas autoridades corrompidas. 

En los dias sucesivos han sentido los enemigos el bárbaro 
placer de hacer algunas salidas bajo los fuegos de la plaza, cuyo 
fruto ha sido saquear las casas inmediatas indistintamente. 

Estos han sido los movimientos de la división que he tenido ei 
honor de mandar; y estos, Excmo. señor, son los momentos en 
que me considero elevado por la fortuna, al grado de felicidad 



-- 146 — 

mas alto, si las armas de mi mano han podido contribuir á per- 
feccionar la grande obra de libertad de mi amada patria, y dar 
á V. E. que la representa, un dia tan glorioso, como aciago y 
terrible para los indignos mandones que desde su humillada si- 
tuación intentan en vano oprimirla. 

Dios guarde á V. E. muchos años. Campamento del Cerrito 
de Montevideo 20 de Mayo de 1811.— Excmo, señor— /ose Arti- 
gas — Excma. Junta Gubernativa de las provincias del Rio de la 
Píate. 



N.» 1 



Canje de los beridos poa* prisionepos del Paraguay 



«Hallándome mandando esta plaza como brigadier de los 
reales ejércitos de S. M. por disposición del Excmo. señor Virey, 
y con motivo del ataque que las tropas del mando de vmd. hicie- 
ron el dia de ayer á las nuestras que estaban en las Piedras, de 
orden de S. E. tengo la confianza de proponer á vmd. fiado en 
las reglas de la humanidad, y de la costumbre en el noble exerci- 
cio de la guerra, que se sirva tener la bondad de cangear los heri» 
dos que hubiese de resultas de la función, por igual número de los 
que del exército de Buenos Aires se han remitido prisioneros 
del Paraguay, y otros que existen en esta plaza; asi mismo si 
vmd. tuviese á bien, y quiere extender el cange á los demás 
prisioneros sanos, ú oficiales por oficiales y soldados por solda- 
dos, estoy autorizado para acordarlo y convenirlo por medio del 



— 147 — 

ilador de éste, que será el capitán de fragata D. José Obregoa. 
facultado para ello. 

"Dios guarde á vmd. muchos años. 

« Montevideo, 19 de Maf'o de 1811. 

Vicente María de Muesas, 

Señor coraaudante de las tropas del mando de la Junta de Bue- 
nos Aires. 



((ContestacioEi 



"Consecuente al oficio de V. S. de ayer, en que solicita sean 
cangeados los prisioneros correspondientes al exército de las 
Piedras, convengo en dicho cange con respecto á los individuos 
heridos, siempre que en el número de los que remita V. S. se 
remita á don Nicolás Artigas, exceptuando precisamente á los 
oficiales que marchan á disposición de la Excma. Junta de estas 
provincias, á quien debe dirigirse toda solicitud relativa á ellos. 

"Dios guarde á V. S. muchos años . 

« Campamento de las Piedras, 20 de Majo de 1 S 1 1 , 

''■José Artigas. 
"Señor Brigadier don Vicente María de Muesas. 



— 148 — 



N.» 2. 



«Parlamente de Don Xavier Elio 



"Informado de hallarse aún ausente de ese campo el oficial 
comandante de esta campaña nombrado por la Junta, me dirijo á 
Td. creyéndole segundo de aquel, para noticiarle tengo entabla- 
das negociaciones con la Junta de Buenos Aires por el conducto 
del capitán de navio inglés Heiwood comandante de la fragata 
Nereus, cuyo oficial viene comisionado con pliegos de su gobier- 
no para la Junta con el mismo objeto. Entre una de las proposi- 
ciones que se le hacen á aquella es la de un armisticio y suspen- 
sión de armas, Ínterin se arreglan nuestras actuales diferencias. 

Espero de un dia á otro las consecuencias de la negociación; 
é Ínterin las recibo debo prevenir á Vd, acorde con los sentimien- 
tos humanos que me animan, se suspenda toda hostilidad entre 
mis tropas y las de su mando, porque solo producen una efusión 
de sangre dolorosa, y tal vez inútil, debiendo la Junta adherirse 
á las proposiciones pacificas que se le han propuesto por los ingle- 
ses, y por mí: sí Vd. adhiriese á la justa proposición que le hago, 
puede establecerse en las Piedras, conteniendo á sus tropas allí, 
€omo yo lo haré con las mías, prohibiéndoles toda operación 
hostil contra las de Vd. hasta el resultado que espero por mo- 
mentos de Buenos Aires, y cuando determine lo contrario en per- 
juicio de la humanidad, se hará re>sponsable de los males mons-- 



— 149 — 

tinosos, que deben afligirla con la mutua destrucción de los hom- 
Isres que nos obedecen. 

< Montevideo, 20 de Mayo de 1811. 

« Xavier Elio. 

« Sr. D. José Artigas, comandante de las tropas de la Junta 
de Buenos Aires. » 



«roatestacien 

« He recibido el oficio de V. S. de esta fecha, en que á con- 
secuencia de las negociaciones que dice tiene entabladas con 
la Exma. Junta Provisoria de estas provincias, por mediación 
del capitán de navio de la marina de S. M. B. Heiwood, propo- 
ne que cesen las hostilidades entre las tropas de nuestro man- 
do, quedando las mias en esta Capilla, hasta tanto que reciba 
la contestación que espero de sus proposiciones: y oido el pare- 
cer de los señores oficiales que tengo el honor de mandar, se 
ha resuelto dar á V. S. una respuesta análoga á los sentimien- 
tos que nos animan, y á los que ha demostrado la misma Exma. 
Junta desde los primeros momentos de su inauguración. 

« Dirigido este ejército por las órdenes de aquel superioi 
gobierno, él es el órgano por donde solo pueden hacerse cesar 
sus operaciones; tanto más, cuanto éstas marchan á dar libertad 
á los habitantes del suelo que pisan, objeto de que no puede pres- 
mndir el gobierno, cualesquiera que sean las proposiciones q^ie se 
le dirijan. 



— 150 ~ 

El mismo, presentes siempre los sentimientos de humanidad 
que ha demostrado, no acordaría sin disgusto que se retardas 
un solo momento el alivio porque gimen los desgraciados dudada-^ 
nos que encierran esos muros-, y mis ofi cíales y trojm, anima' 
dos del entusiasmo que se debe á los sagrados derechos que dejien' 
den, no descansarán hasta tanto que sus brazos quiebren las 
cadenas del despotismo, y vayan después á recibir los de sus 
hermanos, del mismo modo que han abrazado los de los habi- 
tantes todos de esta extensa campaña, libres ya para defender 
su patria^ y resueltos á sostener sii causa hasta perder la vida en 
unión de las innumerables tropas que pueblan este territorio. 

La causa, de los pueblos no adnííte, señor , la menor dei7iora.'Si 
V. S. desea sinceramente evitar la efusión de sangre tan con- 
traria á la humanidad, e?z¿re V. S. en negociaciones conmigo, 
que bien penetrado en los deseos de la Exma. Junta, daré á V. S . 
y á ese pueblo una nueva prueba desús miras generosas y pacífi- 
cas: estas son ceñidas á restablecer la comunicación y relacio- 
nes de esos habitantes con los de la capital; lazos señalados por 
los intereses de ambos pueblo?, y por la naturaleza misma; y 
lazos que una declaración de guerra por parte de V. S. ha po- 
dido romper, desatendiendo unos derechos que las naciones 
cultas jamás han desconocido, y que llevan consigo el llanto y 
desolación de las desgraciadas familias, que sufren los efectos 
de esa misma efusión de sangre, de que V. S. se lamenta. 

« Este ejército concluirá en breve la obra en que se halla 
tan adelantado, y V. S. hará apurar la copa de las desgracias á 
esos habitantes, si no resuelve, que sea reconocida la autoridad 
de la Exma. Junta Provisoria de estas provin cias por ese pue- 
blo, y que Heve á ella sus votos por medio de un representante 
eo: forme al reglamento publicado, y siguiendo así las medidas 
e[ue han adoptado todas las provincias de España, para conser- 



— 151 — 

Tar ilesos los dominios de nuestro augusto soberano el señor 
don Fernando Vil de la opresión del tirano de la Europa, que 
ha causado tantos males, cuantos ella toda experimenta. 

« Este es el único caso en que, á virtud de la representación 
fue ejerzo, haré cesar las hostilidades por parte de mis tropas: 
este es el voto de ellas, y este también el de ese pueblo; oiga 
V. S. sus afligidas voces, y óigalas en los pocos momentos que 
le restan, y scbíe el agradecimiento de sus habitantes, llevará 
las bendiciones de la nación española interesada en nuestra 
unión. 

« Dios guarde á V. S. muchos años. 

« Campamento de las Piedras, 20 de Majo de 181 1. 

«.José Artigas. 
« Señor Mariscal de Campo D. Francisco Xavier Elio. » 



Parlamento del Grcneral don José Artigas Á don 

JaTíer Elio. 

El horror de la guerra, la efusión de sangre, y todos los pa- 
decimientos que causa la discordia entre hermanos, que por 
naturaleza y derechos deben estar unidos, afligen la humanidad 
y en su obsequio he determinado proponer á V. S. el único medio 
de conservar la tranquilidad á que debemos asentir, V. S. tiene 
á su cargo un pueblo oprimido, un pueblo que desea quebrantar 
las cadenas que arrastra, y que á esfuerzos del temor reprime los 



— 152 — 

sentimientos que le animan, esperando solo el auxilio géneros» 
de nuestras legiones libertadoras: llegó el caso, señor, en que 
presentada á la vista de esos muros una pequeña parte de ellas, 
resuelta á concluir el empeño de su comisión, prescindirá, si es 
necesario, de toda consideración á efecto de conseguir el fia 
que se propone, y ese pequeño resto de desgraciados habitantes 
se verá entre el horror del plomo y el acero, si V. S. no 
toma el pronto remedio que está en sus manos: éste es solo la 
entrega de la plaza, entablando conmigo negociaciones que re- 
salten en beneficio de esos vecinos; nosotros también tenemos ua 
conocimiento pleno de sus pocos recursos, lo tenemos de su si- 
tuación é inútiles esperanzas, y V. S. le tiene de nosotros, que 
militando baxo los auspicios de un imperio establecido, tenemos 
una fuente inagotable de auxilios. Por último, señor, con esta 
fecha se pasa oficio al Excmo, Cabildo de esa ciudad con igual 
objeto; á él, lo mismo que á V. S, se hace responsable de las 
consecuencias funestas que puedan resultar; reine, señor, la paz 
que deseo: que nuestras bayonetas no vuelvan á teñirse con la 
sangre de nuestros hermanos; y que esos vecinos cuya felicidad 
nhelo, disfruten de la bella unión que debe ligarnos. 

Dios guarde á V. S. muchos años. Campamento del Cerrit* 
de Montevideo 21 de Mayo de 1811. José Artigas. Sr. Mariscal 
de Campo D. Francisco Xavier Elio. 

ií'Jueves 20 de Juuio de 1811. 



N.o 54. 

Siguen los docnmentos oaeialett relativos al parte 
lisf del General don José Artigas. 



— 153 — 

N.»4. 
#Ccto de dicho General al Cabildo de l&onteTideo» 

Excmo. señor: Entre quantas autoridades ha creado la poli- 
tica, no hay alguna, ni mas honrosa, ni mas sagrada que la de 
los cabildos; no hay otro que permita el dulcísimo atributo de 
padres de la patria, titulo casi divino, bastante á llenar loe 
deseos de la ambición mas gloriosa: pero tampoco hay alguna 
que denigre mas los nombres de los que abusan de ella, ó abando- 
nan los deberes que les impone: su memoria es llevada coa 
horrorhasta las futuras generaciones, y el odio y la execración 
marcan todos sus pasos. V. S. se halla en el caso de adoptar 
necesariamente uno de ambos extremos; gloria eterna ó eterno 
oprobio; constituido representante de un pueblo numeroso que 
le ha confiado su votos V. S, puede salvarle del precipicio á que 
corre, y yo le hago el honor de creer que oirá con madurez las 
proposiciones que como xefe de las tropas prontas á asal- 
tar esos muros, quiero dirigirle, no solo para dar la mas 
clara y última prueba de los sentimientos de humanidad que 
me mueven, sino también para que caiga sobre V. S. el peso 
todo de las desgracias que ocasione su indisculpable apatía 
sobre la suerte de ese pueblo infortunado, que siente ya los males 
á que le ha expuesto el ciego capricho de un xefe precipitado. 
¡Dichosos desaciertos los que dexan tiempo y experiencia, 
aunque triste, para evitar otros mayores! Desde el momento de 
su instalación, la Excma Junta Provisoria de estas provincias 
demostró su particular consideración hacia el pueblo de Monte- 



— 154 — 

video: no olvidó un medio de atraerle á su seno: uno de sus 
miembros fué diputado para tranzar los obstáculos que pudieran 
oponer los genios malignos, y explicar los sólidos fundamentos 
de su benéfico sistema; y esta distinción que no merecieron los 
demás puebles de su mando, fué tan desatendida como lo hablan 
sido las anteriores proposiciones: no se acordó entonces V. E. 
del cúmulo de males que debia afligir á sus hijos de resultas de 
aquella violenta separación, y se contentó con marchar humilde 
sobre las huellas que señalaba un gobierno corrompido; este 
apuró por gi ados, cuantos resortes estuvieron á sus alcances 
para extender la desoladora discordia por nuestro territorio, y 
envolver á ese pueblo en una dañosa ignorancia de su miserable 
situación, obligándole á ceñirse al pequeño círculo de ideas que 
quería sugerírsele: exércitos imaginarios, victorias soñadas, 
recursos fingidos, intrigas supuestas, maquinaciones de todas 
clases se reproducían por momentos en auxilio de ese pueblo, que 
desengañado por una triste experiencia, lloraba en silencio su 
exclavitud; el espionage era premiado; se permitía, acaso podría 
decir se formaba la mas criminal división, entre los españoles 
íimericanos y europeos: buques nacionales, negros calabozos 
confinaciones horrorosas eran destinados para el vecino delatadOj 
para el vecino, Exmo. señor, que debia esperar de ese respetable 
cuerpo la reclamación de sus mas sagrados derechos, de esos 
derechos preciosos, base de toda sociedad; el comercio quieto, 
los frutos estancados, la caxa exáusta, todo se olvidaba por sos*^ 
tener un capricho; se puso por fin el sello al atrevimiento decía* 
rándonos la guerra; pero, ¿á quiénes Excmo. señor? á los vasa- 
llos de nuestro amado soberano Fernando VII á los que defen- 
demos la conservación desús dominios, á los enemigos solo de la 
opresión de que huye la afligida España.— El mundo todo oirá 
con admiración este rasgo antipolítico, y mucho mas cuando sepa 



— 155 — 

^ue el mismo que hacia una declaración tan escandalosa pedía á 
€se cuerpo recursos para subsistir los cuales ofreció V. E. por 
medio de una imposición general sobre las propiedades de los 
yecinos y habitantes de su pueblo: desgraciados ciudadanos for* 
zados á prodigar el fruto de sus sudores por incienso del orgu* 
lio! Y ¿cuál ha sido el resultado de ese encadenamiento de 
errores? Y. E. le observa ya. Los habitantes todos de esta vas- 
ta campaña han despertado del letargo en que yacian, y sacudido 
el yugo pesado de ana esclavitud vergonzosa: todos se han pues, 
t© en movimiento, y unidos á las aguerridas y numerosas tropas 
ton que les ha auxiliado la Excma. Junta, marchan guiados por 
la victoria á libertar á sus hermanos que gimen dentro de esos 
débiles muros. 

Ya han ocupado todos los pueblos y fortalezas de la banda 
oriental;j'a han visto desaparecer ese exército de las Piedras en 
«[ue V. E. tenia depositada su confianza, cayendo en su poder 
todas las armas y artillería; ya están á la vista de esa plaza, 
único obstáculo que le resta, y en pocos dias, en pocas horas, 
harán sentir dentro de ella todos los horrores de una guerra. La 
Excma. Junta de estas provincias conforme siempre en los prin- 
cipios que ha adoptado, no puede mirar con indiferencia la efusión 
áe sangre particularmente entre hermanos; y yo uniforme en 
mis sentimientos, doy este paso con el objeto de evitarlo: V. E. 
como representante de ese pueblo puede mejorar su suerte, 
haciendo valer su autoridad para que sea reconocido aquel su- 
perior gobierno, y se entregue la plaza á las tropas de mi man- 
do, para que vivan sus habitantes libres de la opresión en que 
gimen; en cuyo concepto ofrezco áV. E. en nombre de aquella 
superioridad conceder á ese pueblo todas las proposiciones' 
justas, y acostumbradas en iguales casos. Estos son los 
momentos preciosos para enmendar los pasados yerros, y esta 



— 156 — 

la única senda gloriosa que ofrece á V. E. la suerte, para que se 
haga digno de nuestra consideración. Oiga V. E. las yoces de 
esas afligidas familias, que perecerian pronto de hambre, el 
llanto de los que han perdido sus hijos ó hermanos en la batalla; 
el voto en fia de todos esos habitantes; !a naturaleza se resiente 
por tanta sangre vertida, y la humanidad, la conveniencia, la 
Decesidad misma, todo está clamando por una negociación que 
áeje libres á nuestros hermanos, para restablecer los vínculos y 
relaciones que deben ligarnos. No olvide V, E., que la Excma. 
Junta Provisoria de estas provincias sostiene solo la causa de 
Huestro augusto monarca el señor don Fernando VII, y la 
conservación é integridad de estos preciosos dominios, de que 
es una parte ese pueblo, y que solo vanas preocupaciones han 
podido separarle de sus verdaderos intereses; asi terminarán 
felizmente los efectos de la discordia, y se consolidará más y mas 
el sistema que es ya general en todos los puntos de las Américas. 

Este es el único recurso que queda á V. E. y qu& 
espero adoptará con la prontitud que exijen las circunstancias. 

Pero si sordo á las voces de la humanidad, quiere aua 
V. E. aumentar los males que afligen á esos habitantes, cuyos 
sagrados derechos representa, protesto que V. E. será particu- 
larmente responsable de los daños que resulten, y que experi- 
mentará todo el rigor de la justicia. Mis tropas enardecidas 
asaltarán, sí, esas murallas y verterán dentro de ellas, la sangre 
de sus hermanos; pero entonces V. E. sentirá ya demasiado 
tarde los efectos de una obstinación sin principios, y verá que 
esa preciosa sangre derramada inútilmente, no clamará en vano 
la venganza de aquellos, que han podido evitarla: elija pues 
V. E.; pero tiemble de vulnerarla causa sagrada de los pueblos,y 
observe bien la distancia entre los dos extremos, que se ofrecen á 
su consideración: en inteligencia de que con esta misma fecha he 



— 167 — 



Rígido oficio al señor Mariscal D. Francisco Xavier Eüo com 
igual objeto. -Dios guarde á V. E. muchos años.-Guartel 
General del Cerrito de Montevideo, 21 de Mayo de 1811.— 
Excmo. señor José ^r%as.-Excino.Cabildo,JQSticia y regimien- 
to de la ciudad de Montevideo. 



Núm. 5.* 

«cgando oficio del mismo general al Cabildo de 

Montevideo 

Excmo. señor: Si el gobierno de esa plaza ha podido herir vi- 
vamente los derechos de un pueblo desgraciado, arrojando de su 
seno una parte preciosa de sus ciudadanos: si él ha podido ser- 
virse de las circunstancias para despreciar aquellas justas consi- 
deraciones que caracterizarían uu xefá civilizado, añadiendo á 
los horrores que trae consigo esa expulsión de un plazo tan pre- 
cipitado que obligase á abandonar, no ya los bienes y raices, y 
otros que no seria fácil trasportar, pero aun aquellos muebles y 
trages de indispensable necesidad; á V. E. toca usar de su re- 
presentación para reclamar el alivio de esas perseguidas familias 
yámi hacérselo presente en conformidad con los sentimientos 
que me animan, y para dar un paso mas en el conocimiento del 
estado de esa plaza: las operaciones de la guerra en las situacio- 
nes apuradas en que aquella se halla, sugerirán tal vez el empe- 
ño de asirse de qualesquiera recursos para hacer menores las ne. 
cesidades; pero los equipages no hacen la guerra: hu^an, pues en 
horabuena, esos afligidos vecinos del gobierno que les oprime; 
pero permiUseque les acompañe una parte de sus propiedades 



— 158 — 

de que solo ellos pueden usar legítimamente; para ello espero 
que V. E. en quien se hallan refundidos los votos de los interesa- 
dos exigirá que se permita pasar á esa plaza á quatro individuos, 
que nombraré de entre ellos en el dia y hora que se señale para 
encargarse de los equipages de las familias, cuya lista incluyo, 
en el caso que el gobierno conviniese en esta diligencia, que evi- 
tará se interpreten sus determinaciones por unos principios po- 
co honrosos á su carácter. Mi ayudante mayor D. Ensebio Bal- 
denegro, conductor de este oficio, está también encargado de co- 
municar á V. E. asuntos de la mayor consecuencia é interés; y 
para que pueda verificarlo, espero tenga V. E. á bien mandar 
un diputado de ese cuerpo. No dudo que V. E. considerará la es- 
trecha obligación de convenir en esta medida de que depende 
acaso la suerte de millares de almas, y de V. E. mismo; al me- 
nos no tendrá ese pueblo, ni V. E, razón de quejarse de que en 
ninguno de los casos, áque pueda [verse reducido, sean absoluta- 
mente desatendidas cualesquiera proposiciones que quiera diri- 
girme, como desde ahora declaro que sucederá, sino sa oye á mi 
enviado. Crea V. E que en el acto mismo en que mis tropas 
victoriosas me prometen el fin favorable de toda empresa sobre 
esaplaza, mis intenciones, y las del superior gobierno de que de- 
pendo, se dirigen á pacificar este pais,y darle vida política, evi- 
tando siempre la efusión de sangre de que huye la humanidad; 
en cuya consecuencia si V. E. quiere asegurar á ese pueblo de 
las consideraciones á que puede hacerle acreedor, no descuidará 
nn momento acerca de la entrevista que propongo ni olvidará 
tampoco el resentimiento que debe prometerse en el caso contra- 
rio. Dios guarde á V. E. muchos años. Cuartel general del Ce* 
rritode Montevideo mayo 25 de 1811. Excmo. Sr. José Artigas. 
Al Excmo. Cabildo, Justicia y Regimiento de la ciudad de Mon- 
tevideo. 



— 159 — 

Nnm. 6.* 

Coaclnj^c el cange de los prisioneros 

Con el alférez de patricios D . Juan J. Ferreyra remito á Y, 
48 heridos, que fueron prisioneros en la acción de las Piedras, 
quedando advertido que en primera oportunidad irán los 13 res- 
tantes, que componen todos 61 individuos, los que deberán ser 
cangeados por igual número de prisioneros del Paraguay, de los 
^ue existen en esa ciudad. Dios guarde á V.muchos años. Campa- 
mento del Cerrito de Montevideo mayo 21 de 1811. Ensebio Bal- 
degro. Sr. D. José Obregon, capitán de fragata de la real marina. 



Núm. 7.* 

Digo á su oficio de V. fecha de ayer, se hallan j'a en esta pla- 
za los 48 heridos, prisioneros en la acción de las Piedras; y en 
igual orden espero serán remitidos los 13 que V. me dice res- 
tan hoy de la misma clase; verificando recibirá V. 61 
soldados de los del exército de Baenos Aires, que inva- 
dieron el Paraguay, y hechos allí prisioneros han sido re- 
mitidos á ésta: con lo que queda en todas sus pactes cum- 
plido lo pactado por el caballero gobernador de esta plaza, y ga- 
rantida mi palabra de honor en su cumplimiento con el temerte 
Coronel D. José Artigas, actual jefe de esas tropa?. El herman» 



— 160 — 

de dicho comandante, que estaba aquí, prisionero, y ya le condu- 
je libre aates de ayer, va de exceso sobre los 61 que se remiten 
por el número igual de heridos que debemos recibir. Y pues que 
me hallo empleado en otras atenciones del servicio, ha dispuesto 
este gobierno me reemplace, para concluir la comisión del cange 
D. Antonio Suarez, subteniente de dragones. Dios guarde á V. 
muchosaños. Montevideo 22 de mayo de 1811, José Obregon. Sr. 
D. Ensebio Baldenegro, ayudante mayor del ejército de las 
Piedras. 



Nám. 8.0. 

El capitán de fragata D. José Obregon me dice en su oficio 22 
del corriente, que por disposición del gobierno de esa piaza que- 
daba V. encargado de su comisión; en su consecuencia, hago 
á V. presente que he recibido los 61 prisioneros que aquel señor 
me indica, y que debian ser compensados con igual número de 
heridos, pertenecientes á esa guarnición: éste se contaba efecti- 
vamente en mi campamento el dia que se concluyó el contrato; 
pero tardan dose en recibirlos, resulta haber muerto 6, únicos 
que faltan al completo pactado; con lo que queda en todas sus 
partes cumplido el cange convenido por el xefe de esta vanguar- 
dia, el tenienie coronel D. José Artigas, y garantida mi respon- 
sabilidad en el cumplimiento de este encargo. Dios guarde á V. 
muchosaños. Campamento del Cerrito de Montevideo mayo 25 
de 1811. Ensebio Baldenegro. Sr. sub-teniente don Antonio 
Suarez. 



161 — 



Relación y estado de la artlllefia, MiiiiileloHes y de- 
más pertrechos de guerra qne se tomaron á los 
enemigos en la acción de la» Piedras el 1» de Hayo 
de ISll. 

ISerTÍ«ic Mediase Inútil 



CJañones de bronce del calibre de á 4 

Carenas id., id 

Armones para id 

©buces de a 6 pulgadas 

Cureña- de id 

Armones para id 

Carritos de municiones 

Carretillas de campaña • . • 

Atacadores con escobillón de á 4 con manubrio 

Id., con escobillón para obús • • ._ 

Id. con id. para canon de á 2 montaña . . . . 

Escobillón í-in atacador para id 

Cucharas con su catragios de id ...,,. • 

Sacanabos . . . . , 

Cuchara de obús de á 6 

Palancas de dirección 

Id. de carga 

Granadas reales cargadas 

Tarros de metralla para obús de á 6 

Cartuchos con pólvora, y metralla de á 4 . . . 

Id. con iii. y bala para id 

Cartuchos C'D póivorapara obús dea 6. . . . 

Id. con id. > bala paí a fusil y carabina. . . 

Un lio de cuerda para tiros 

Tirantes ó cuerdas 

Cartuchos con pólvora y bala de á 2 . . . . 

Id. con id. y metralla de id 

Lanzafuegos 

Bota lanzafuegos 

Botafuegos 

Cebadores de asta 

Estofineras 

Estoflneras de á 4 - . ^ 

Baydt ñas para oidos de canon 

Morrones 

Punzones con tapafogones 

Llaves para las tuercas de los carruajes. . . 

Macetas 

Fus-i I es de composición é inútiles 

Carabinas 



1 

1 
2 
3 

2 
78 
52 



137 
4000 
1 
12 
62 
26 
10 

1 
1 

4 
350 

2 
2 

1 

12 
1 



Chuzas en 



bastadas M^ 



— jez -^ 



Real Cuerpo de artillería 

Teniente don Juan Santiago AValcalde, comandante de las 
<[os piezas. 

Sargento Bartolomé Rivadeneyra. 

División de patricios 

Comandante de dicha división el teniente coronel graduad» 
don Benito Alvarez. 

Ayudante don Julián Astengo. 

Id. segundo del comandante el snb* teniente don José Navarra., 

Capitán don Ventura Vázquez. 

Otro don Juan José Quesada. 

Tenientes 

Don Eayraundo Rosas. 
Don José Prieto. 
Don José Aranis. 
Don Francisco Pérez. 

Sub- tenientes 

Don José Roa, graduado de teniente. 

Don Modesto Sánchez. 

Don Pedro Cueli. 

Don Nemesio Siem. 

Cadete con funciones de abanderado don Bernardino Guas. 

De Blandengues 

Capitán don Ramón Fernandez. 

11 



— 164 — 

Alférez don Pedro Pablo Romano. 
Otro dicho don Kamon Pérez. 
Otro dicho don Francisco Mansilla. 

Voluntarios de caballería 

División de don Manuel Francisco Artigas. Comandante: 
el teniente coronel don Manuel Francisco Artigas. 

Comandante: el Teniente Coronel don Manuel Artigas. 

Capitanes: don Manuel Figueredo, don Faustino Tejera, don 
¡Manuel Oabral. 

Tenientes: don Pedro Cbiríbau, don Paulino Prinicuta, coa 
gfado de capitán, don Pedro Pérez. 

Sub-tenitntts: den Miguel Chiribau, don Manuel Sierra, dos 
francisco Cañete. 

D[>ivLsioii de den Antonio Pérez, columna de la derecha 

Comandante: don Antonio Pérez. 

Ayudante: don Juan José Ferreira, sub-teniente agregado al 
cuerpo de pati icios. 

Capitanes: don Pablo Alemán, don Domingo Diaz. 

Tenientes: don Francisco de Meló, don Pedro Casco, don 
Pedí o Burgués. 

Sub-ienientes: don Eanion Oviedo, don Julián Mercadada, 
don Juan Keyes. 

Compañía de "Voíuníarios de Taeuareiubé 

Capitán: don Baltasar Ojeda. 
Teniente: don José Hilario Pintos. 



— 165 — 



Compáñi^i de Yoluntarios de cuballeria y eolumna 
de la izquiei'da 

Capitán comandante de la derecha: don Juan León . 
Ayudante: don Juan Antonio Ferreira, Sub-teniente agrega- 
io á los patricios. 

Teniente: don Francisco Fernandez. 

Compañía de voluntarios de Porong^os 

Capitán: don BaJtazar Bargas. 
Teniente : don Miguel Sánchez. 
Sub-teniente ; don Marcos Barga?, herido en la acción. 

.Compañia de voluntarios disting^nidos de la Florida 

Capitán : don Tomás Garcia de Zúñiga. 
Teniente; don Alejandro Ual. 
Sub-teniente: don José Antonio Eamirez. 
Capellán : don Santiago Figueredo. 

Oiiciales que lian comandado varias partidas 
sueltas de voluntarios 

Capitanes : don José Jupe, don Felipe Duaite, donFernaiiuO 
Üorgues. 

Tenientes: don Manuel Pintos Cardeiro, este tiene la reco- 
mendación de habeise hallado en la acción de San José y tanto 
en esta como en la gloriosa del 18 de Mayo, se ha comportado 
con todo valor y distinguido honor, teniendo á mas el recomen- 
dable n.érito de haberse presentado con 30 hombres, reunidos 
fOT él . 



— 166 — 

Don Andrés Basarei, (éste tiene el particular mérito de ha* 
ber concurrido á la entrada del Arroyo de la China.) 
Sub-teniente : don Gregorio Mom. 

Cuerpo de sargentos patricios 

Primeros: don Santos Alvarez (graduado de alférez), don 
Manuel de la Peña, don Andrés Cardozo. 

Segundos: don Manuel Pérez, don Pedro Oroná, don Agusti n 
Kodriguez, don Bernardo López, don Juan Puche (herido), don 
Pedro Guevara (herido), don Ramón Bello, don Mariano Martinez, 
don Andrés Gómez. 

I>e Blandeng-ues 

Don Juan Silva, don Juan Martinez, don Dionisio Sierra, don 
Tullo GoEzalez (herido en la acción), don Juan Fernandez, 
don José García, don Manuel Fernandez, don Clemente Fernán - 
dez. don José Artigas. 

Tal fué la memorable batalla de las Piedras, narrada por el 
mismo General Artigas, principal actor en ella. 

Fuesen las que fuesen las consecuencias de la lucha, las 
insidias cobardes y desleales de que él habia de ser víctima de 
parte de los despóticos y aun sospchosos directores de la 
guerra, las defecciones y rivalidades que había de suscitár- 
sele en lo sucesivo, como la mas acerba prueba porque 
habría de pasar su acendrado patriotismo, el hecho evidente 
es que el vencedor de las Piedras, quedó reconocido en la Pro' 
vincia de su nacimiento como el primero de sus hijos; y en 
todas las secciones americanas, en las que cundía entonces la 
aspiración de la lib?rtad, íué llamado como uno de los gran- 



— 167 — 

des capitanes de las futuras naciones qae debian seguir entre 
los horrores y devastaciones de una implacable guerra de trece 
años, contra la madre patria, contra los invasores portugueses, 
y contra los mismos hermanes de allende el Plata y el Uruguay. 
Asi se esplica el entusiasmo febril con que las principales po- 
taciones de la Provincia Oriental y el Pueblo de Buenos Aires 
recibieron la fausta nueva de esa victoria que retemplaba su es- 
piíitu atiibu^ado de^jues de los desastres de Belgrano y abria 
de par en par á las aimas de la levclucion los horizontes déla 
victoria. 

Se aclamó ai í el nombie de Artigas como el de un salvador 
de la patria en peligro, y recibió de todas partes las mas entusias- 
tas y merecidas ovaciones. 

Hasta su apellido renpemoiando el sacrificio de su propio 
kermano en el asalto de San Jiíó, se mandó inscribir en la pirá- 
mide de Mayo en la plaza de la Victoria de Buenos Aires, per re- 
solución de la Junta Gubernativa. x:Ji ^ 1-¿!M 
El verdadero peligro déla revolución no estaba en Buenos 
AireF, allí donde los políticos y los tribunos insurjentes se apo- 
3?aban en los patricios y milicianos mandados por jefes prestí» 
gioscs éintiépidos. Allí el elemento español comprimido estaba 
áe hecho y limitaba sus esfueizcsá mal seguros conatos de cons- 
piración, fácil es de dominar, como lo futren, con un poco de vigi- 
lancia y serenidad. 

El peligro real, práctico, i mediato, estaba aquí, en los cam- 
pos de la Provincia Oriental, dominadts por el elemento español, 
%ue terÍH en Montevideo el segundo baluarte regio de Sud-Amé- 
ricp, trescientos cañones, un formidable apostadero, miles desoí" 
áados y mt^iinos aguerridos para hacer morder el polvo á los 
ini UT gente ,'^, dominar los ríos y bombardear los pueblos de las 
costas y aíiu la misma capital. -— — ' 



— 168 — 

En Buenos Aires, el elemento criollo, preponderaba y sur- 
gía, aún que sin darse cuerna todavía de sus propósitos definí* 
dos, algunos años antes de la popular esplosion del 25 de May©. 

£n Montevideo, por el contrario como lo hemos dicho antes, 
con muy escasos, aunque honorables escepciones, casi tod» 
era español y empecinado hasta la ferocidnd, fortalecido por el 
mismo carácter militar y escluyente ád las autoridades que no 
hacían ni permitían hacer, la menor conetísit>n á los mal mirados 
nativos, y recelaban sobretodo de ios batallones en que algunos 
de estos habían llegado á tomar una sospechosa autoridad y pre- 
ponderancia. 

Es así como el pensamiento revolucionario en la Provincia 
Oriental, reclamaba mucho mayor suma de firmez-iy de intrepi • 
dez para entrar en esa lucha á muerte que debía ser la cousecuen* 
cía innevítable de toda tentativa rdvolucíonaría . 

En Buenos Aires, era necesario buscar elipslígro á centenares 
de leguas de dista-- cía, á las alturas deCotagaíta, en los esterales 
del Paraguay ó al otro lado de las cumbres nevadas le los 
Andes. 

En la Provincia Orienta', estabí ese peligro á la ua^ao, y 
sobre todas las cabezas; lo misma eu la capital; que en las costas 
de los ríos interiores y en los últimos limites de las fronteras. 

Podrían verse en su camino los cadáveres d3 insurgentes 
supendidos en un árbol para escarmiento tremendo y aviso dá 
que por allí había pasado la Partí :la Tranq^iúlimdora, encar* 
gada por el General Elio.de escarmentar á los criollos insurrectos 
de la campaña. 

Asi se esplicaque la obra revolucionaría de Artigas asumiese 
tan vastas proporciones y que á pesar de ruines malquerencias, 
de desleales rivalidades, se acreditase y fortaleciese con ella la 
vida nueva de la revolución. 



— 169 — 

Sin la victoria de las Piedras, la causa americana habría 
venido á ser una tristísima parodia de la rebelión del indio Tapac 
Amarú y ahogado en su germen, entre raudales de sangre, sus 
primeros generosos pronunciamientos. 

Cumple por lo mismo al historiador leal la grata misión de 
patentizar ante la gratitud de muchos de sus contemporáneos y 
la indiferencia de sus sucesores^ que ese insigne hecho de armas 
de las Piedras, en campal alarde, sin estrategia complicada, ni 
mañosas emboscadas, á la luz del dia, pecho á pecho; que salvó y 
afirmóla revolución americana/consagrándola con su mas espíen» 
dida victoria, permitiendo á ^as invicta hueste de Belgrano, coH" 
solidarla poco después en los gloriosos campos de Tucuman j 
Salta. 



Creemos haber terminado satisfactoriamente nuestra tarea de 
demostrar con documentos á la vista, la espontaneidad del graa 
movimiento insurreccional que levantó en masa las poblaciones de 
la Provincia Oriental, consiguiendo desalojar á los españoles de 
todos los puntos que guarnecian en el interior de la campaña, y ea 
las costas fluviales y marítimas, poniendo en actitud á la Junta Ga-» 
bernativade Buenos Aires de hacer grandes esfuerzos para au- 
xiliar esa insurrección, por mas que poco tiempo después pactase 
aquella conElio el cobarde tratado de Octubre de 1811, que 
obligaba á esos mismos insurrectos orientales, que se habí an 
levantado por sí propios contra el dominio español, á rendirse 
de nuevo al opresor ^zíe ellos solos habrían conseguido encerrar 
en Montevideo. 

Pues así mismo debemos ante todo hacer oir la palabra auto- 
rizada y fervorosa del mismo General Artigas, demostrando en 
su célebre nota del 7 de Diciembre de 1811, desde el Dayman, di- 



— 170 — 

xijida á la Junta Gubernativa del Paraguay, cuanta fué la espon* 
taneidad, decisión 5 simultaneidad con que los Orientales se pro* 
jiunciaron, alzándose en armas contra el Gobierno Español. 

Puede sin exageración asegurarse que la participación en 
aquella época del señor Sarratea en la dirección de los negocios 
públicos, fué fatalísima no solo para el General Artigas, sino pa- 
ra los destinos mismos de la Provincia Oriental; como lo fué 
también nueve años después para la misma Píovincia de Buenos 
Aires á la que contribuyó á ensangrentar y hundir, reaccionando 
contra sus antiguos cómplices y colegas en los trabajos para traer 
monarquias al Kio de la Plata, al extremo de encarcelarlos y 
Abrirles escandalosos procesos. 

Aquel notable personaje, pequeño Talleyrand maquiavélico 
€E acción, con todo el prestigio de una popularidad obtenida á 
fuerza de sutiles intriga?, haciendo valer al efecto^ diestramente 
Bn carácter en extremo dúctil y simpático y una viví-^ima inte* 
ligencia bien cultivada; pero con un fondo de egoísmo insensibl« 
alas grandes inspiraciones que mas ennoblecen los caracteres ele* 
Tados; con todas las exterioridades de un hombre de mundo de la 
juas fina educación y de hidalga alcurnia, pero descreído hasta el 
mas inmoral extremo; guardando sclo consecuencia con aquellos 
que en el poder, en la opulencia ó en ia opinión publica pudieran 
contribuir á su elevación persona); fértil en expedientes y agude- 
zas de todo género; sabiendo simular perfectamente bien todas 
las exterioridades del mas exaltado patriotismo, pero sin sentir 
ninguna de sus grandes y purificantes inspiraciones; sumiso coa 
los fuertes, y arrogante y soberbio con los débiles- en una palabra: 
comerciante de profesión sobre todo, y archi-comerciante en pa- 
triotismo, que en aquella época remola constituia ya por sí solo 
jaábilmente explotado, un fuerte capital en acción; el señor Sa* 



— 171 — 

rratea, decimos, supo elevarse á lacnmbre del poder, haciéndose 
elegir de la noche á la mañana Presidente del Triunvirato, 6 
del Poder, Ejecutivo de la Junta, y poco después nada menos que 
General en Gefe del Ejército de la Patria en la Banda Oiientalü 
Influyentísimo por esa misma predominante posición en to- 
das las resoluciones del Triunvirato, puede asegurarse que todo 
cuanto é?te llevó á la práctica con relación á la Provincia Orien- 
tal y á ?n Gf fe, partió de su funesta iniciativa, de su lencorosa 
dirección, ó desús peligrosas intrigas. 

Encontrando en el General Artigas y en la iccontrastable 
firmeza y rectitud de condiciones de este indómito caudillo, una 
bañera ó un obstáculo insuperable á sus futuros planes y ambi- 
cione?, Sarratea trató siempre de anularlo por todos los medios 
posibles, comprendiendo desde 1811, con su habitual sagacidad, 
que era en el odiado Artigas en quien debia encontrar laconcen* 
tracion y dirección de toda la resistencia de les patriotas Oiien* 
tales á cualquier medida que pudiera tomarsü por el Triunvirato 
en el sentido de dominar porcompleto la Banda Oriental. 

¡Singulares aberraciones y contrastes de la suerte de los pue* 
blos! 

Nueve años mas tarde, ese mismo camaleón politice, habia, 
eomo Gobernador de la Proviccia de Buenos Aires, de levantar 
en sus manos profanas la mis^mísima bandera, que tan firme y 
gloriosamente habia enaibolado Artigas; y pretender obtener la 
independencia y federación republicana que tantas veces puso 
él mismo en peligro en ¿us misiones á las cortes Euic peas y 
Brasileras. 

El contraste que formaban ambos caracteres entre Artigas y 
Sarratea podria presentar un magcifico cuadro al pincel dtscrip* 
tivo y acerado del historiador Carlyle ó de Luis Blans. 



— 172 — 

ISada podia darse mas repelente y encluyente entre ambos 
personajes, que el franco y abierto apasionamiento del uno, e^ 
General Artigas, rebosando lealtad y sentimientos varonile s, 
franco en sus ó'^ios como en sus simpatías, levantado en sus 
aspiraciones, fanático en su culto á la pHria, hasta la mas ciega 
idolatría; intransigente para todo lo que no fuese el cumplimiento 
del austero deber; arriesgándolo todo en el vuelco de un dado, 
con tal de no derogar su dignidad y del decoro de la patria; en 
tanto que el otro, el señor Sarratea, con su afectuoso amanera- 
miento, con sus seducciones y brillo palaciego y cortesano, con 
su sutileza para vencer dificultades por medio de la intriga, de 
la malafé ó déla perfidia, sin nunca abordarlas de frente; y 
buscando, por último con mañosa arteria en todas las soluciones 
políticas ante todo su provecho personal y esclusivo, por mas que 
este daPiase los intereses de la patria ó de la comunidad. 

Se comprenderá, pues, cuantos conflictos hablan de sobrevenir 
en la marcha de los sucesos de ambos países, desde que estas do s 
entidades tan antagónicas se encontrasen frente afrente, no solo 
dirigiendo los destinos de sos pueblos, sino mandando sus res* 
pectívos ejércitos en época de guerra activa. 

Fué así como la Banda Oriental recibió de Sarratea , Presi- 
dente del Triunvirato, el golpe mortal del Tratado de Octubre 
de 1811, por el que se esperaba anular á Artigas, y dejarla so- 
juzgada otra vez en poder de los españoles. 

El golpe mortal representó siempre después para Artigas un 
permanente motivo de agravio, una imperdonable ofensa que vi- 
no á reagravarse mas tarde con el nombramiento del mismo 
Sarratea de General en Gefe del Ejército. 

Asi el personaje que habia sido siempre hombre de mostra- 
dory de comercio, venia por la brutal fuerza de los hechos, á 
mandar en persona al bravo caudillo que en la Banda Oriental 



— 173 — 

liabia hecho morder el polvo de la derrota á los dominadores de 
su provincia natal! 

De ahí á la guerra civil no habia mas que un paso. La h'fj- 
toria atestigua que el primero en darlo fué el funesto Sarratea, 

Esa guerra debió principiar lógicamente como obra de este, 
por medio de la insidia. Fjé asi como aparentando la mas cordial 
simpatía y amistad, consiguió Sarratea poco después en el campa- 
mento del Ayuy arrebatarle a) General Artigas las mejores divi- 
siones y fuerzas de linea de su ejército provincial, entre los que 
se hallaba el famoso regimiento de Blandengues, seduciendo á su 
gefe don Ventura Vázquez, y en seguida á las fuerzas de milicias 
alas órdenes de D"»n Venancio Benavides y don Pedro Viera, 
con grandes halagos de ascensos y regalos para que entraran á 
formar parte delejéacito nacional, reconociendo únicamente co 
mo su autoridad superior al Gobierno de Buenos Aires, y á él, 
Sarratea, como su único gefe inmediato. 

Lo hemos dicho y probado ampliamente en las páginas que 
anteceien. 

Deesas funestas disidencias personales, de ese culpable me- 
nosprecio hacía el gran caudillo que en aquellos días de prueba 
representaba el verdadero nervio de la guerra en esta región, y el 
mas sólido ante mural á las intrigas de los monarquistas, de los 
patriotas realistas, y á la de los cobardes asustadizos siempre 
prontos á una defección, á una traición de última hora, de esas 
disidencias, esplotadas perversamente por los criollos unita* 
tarios de Buenos Aires, provienen todas las desgracias y calami • 
dades que afligieron tanto en aquellos años al Rio de la Plata, y 
que sirvieron gradualmente paia ensanchar la discordia y el 
odio entre dos pueblos hermanos. 



— 174 ^ 

La traición del Tratado de Octubre de 1811 debia pues en' 
c ontrar al General Artiga?, como lo encontró, cada vez más in* 
fi exible en su re&olucicn de resistir al dominio español que se le 
quería imponer de nuevo, y á romper con toda negociacioa que 
importase de su jai te el más pequeño accmodamíer.to ni transac* 
cion con las exigencias del Triunvirato piesidido por Sar ratea. 

No pudiendo romper con éste ni con Buenos Airts, esforzóse 
como es sabido, por aplazar y después por dificultar la negocia* 
cion entre el comisionado de Sarratea y los de Elio, buscando por 
último entre los principales vecinos de la provincia y amigos de 
causa unía cooperación eficaz que diese á su resistencia personal 
el carácter simpático y autorizado de un movimiento eminente* 
mente popular. 

En esas reuniones públicas, y en las presentaciones escritas 
que se hicieron ante el Comisionado de Buenos Aires doctor Jorge 
Julián Pérez se manifestó de nía manera decisiva y absoluta, la 
disposición nniforme de los orientales á resistir ese Tratado qu« 
los esclavizaba de nuevo, y con tanta mayor razor, estando par- 
te del territorio ocupado ja por erejército portugués á las órde* 
nes del Genei al Scuza, y asolados y saqueados por sus destaca* 
mentos sueltos algunos distritos del icite y sud del Kio Negro. 



Creemos haber terminado sati.^factoriamente nuestra tarea 
en cuanto á demostrar con documentos á la vista, la espontanei* 
óad del gran movimitnto insurrecciocal que levantó en masa 
las poblaciones de la Provincia Oriental, consiguiendo desalojar 
á los españoles de todos los puntos que guarnecían en el interior 
de la campaña y en las costas fluviales y marítimas, poniendo en 



— 175 — 

aptitud á la primera Junta Gubernativa de Buenos Aires de 
hacer grandes esfuerzos para auxil iar esa insurrección coa la 
segundad de su triunfo definitivo. 

Réstanos ahora oir la magistral narración que hace el mismo 
€teneral Artigas de esos memorables hechos en uno de los mas 
importantes documentos de aquella época, en el que los acentos 
de la mas pundonorosa verdad, expresados con viril exaltación, 
se templan apenas en quejas moderadas que revelan cuan profun- 
áodebiadeser ya entonces el agravio délos Orientales ante el 
abandono y entrega que de ellos se había hecho. 

Pero antes dcs honrar estas pajinas con esa notable Exposi * 
cien, cuya publicación es para nosotros n.otivo de tan fundada 
complacencia, deseamos dar mayor interés aun á este trabajo , 
reproduciendo aquí una pajina de la monumental Historia de Bel' 
grane y de !a Independencia Argentina^ escrita por el eminente 
publicista y homfcre de Estado General don Bartolomé Mitre, en 
la cual se hace siquiera alguna justicia á los Libertadores Orien* 
tales, y se reconoce aunque, muy á medias y ala fuerza, la es* 
pontaneiviad con que ellos se pronunciaron en aquellos dias da 
dura prueba. Tratándose de incidentes tan atractivos, es de la* 
mentarse asi mismo que aquel ilustrado historiador no se hay a 
valido de conceptos mas concretos y espresivospara confdsar un 
mérito y una gloria que es sobre todo americana. 

Insistimos en que se conozca bien esa pajina no solo por la 
autoridad indisputable de su autor (asi- mismo tan radical ene * 
migo del General Artigas y del artiguismo argentino y orien ■« 
tal) con las apreciaciones del cual en muchas partes erróneas y 
parciales, forman tanto contrastelas que emitimos en este libro 
apoyados en excelente documentación; sino también para rectifi ■* 
carie al mismo tiempo al General Mitre un craso error histórico 
en que ha incurrido. 



176 — 



Juzgames de tanta mayor importancia la rectificación de ese 
error cuanto él ha sido fielmente reproducido y ampliado por el 
Sr. Dr. Berra en su Bosqn ejo Histérico de la República Oriental 
del Uruguay ^ en cuyo libro se ha presentado durante tantos años 
m texto escolar de historia oriental para la engañada mñ^z. 



Empleamos deliberadamente la palabra engañada, por que so- 
lo así puede expresarse y calificarse el espíritu de maligna y ruin 
injusticia que ha intentado despojar el primer movimieDto pa* 
iriotico de la Banda Oriental de su carácter respetable y digní- 
simo, presentándolo intencionadamente bajo el aspecto mas fal* 
so y repulsivo, al extremo de que los mismos historiadores es* 
pañoles mas apasionados é ii justos no se han atrevido i deui* 
jrarlo tanto. 

Efectivamente, no se ha procurado en el l^osqifejo, de paso 
sea dicho, sino amontonar ultrajantes calumnias contra Artigas 
y sus adictoí; y esto se ha hecho con fruiccion inesplicable y ren* 
cerosa, aúü á costa del crédito de la misma revolución americana 
^ue se quería y debía prestigiar. 

Aunque con no poco disgusto, y tan solo á fin de patentizarla 
imparcial rectitud de nuestros juicios, consignamos aquí la de- 
piimente y odiosísima diatriba con que el doctor Berro intenta 
empequeñecer y enlodar en las manos de la crédula niñez la pri* 
mera insurrección patriótica de 1811. 

Dice así (página 91 y 92): 

«Los patriotas empezaron con fortuua sus operaciones de 



— 177 — 

gaerra. Ya antes de la venida de Artigas habia rechazado Soler^ 
un desembarco que intentaron los enemigos; después tomaron 
con el Colla, al Subde la cuchilla de San Salvador á 130 españo- 
les; Manuel Aitigas y Benavidez con el 6.° Regimiento que man- 
daba Soler, vencen en San José á600 realista?, i^archa seguida- 
mente el segundo á sitiar la Colonia, y el primero y el tercero, 
bajo las órdenes de José Artigas, toman la dirección de Canelo- 
nes^ con el objeto de impedir que entrasen ganados á la Plaza de 
Montevideo. 

^La popularidad siniestra de que go:(aha Artigas entre ¡os habi- 
tanics de la campaña y los halagos que para ellos tenia la revolución, 
tanto porque se diri/ia d los españoles, malqueridos por la cruel per se- 
iucion que habían hecho á los que llevaban la vida desarreglada, pro- 
pia de la barbarie campesina de aquellos tiempos, cuanto por el genere 
de vida quepermitia sobre todo bajo Ja dirección del renombrado Co- 
mandante demilicias; habían atraído á las columnas revolucionarias 
¿ran número de secuaces, pertenecientes en su mayoría á la clase barbad, 
ray semi salvaje que constituían entonces lo mas deJa población rural 
del Sud del Rio Negro . Al apercibirse de esto el Virey Ello mandó en 
todas direcciones, circulares amenazadoras; comisionó á don Diego 
Herrera para que matane á cuardos hallara eoi actiUid hosiil, á Ja 
hora de conocido el hecho ; y escribió á los curas párrocos Indu- 
«iéndolos á que exhortasen á sus feligreses á defender al go- 
bierno; pero todo fué inútil: las poblaciones se levantaron en 
masay los cuias fueron los que dieron el ejemplo en muchos pa- 
rajes-. Se encuentr^n entre estos: don Valentín Gómez, cura de 
Canelones, que fué después notable figura déla revolución del 
Rio de la Plata; su hermano don Gregorio Gómez, cura de San 
José, y don Santiago Figueredo, cura de la Florida". 
Hasta aquí el doctor Berra. 



— 178 — 

Saprimimos todo comentario, ante la simple lectara de estos 
párrafos escritos tan desnaturalizadamente y cuya merecida re- 
probación en nuestros juicios anteriores se hallará muy justifi- 
cada. 



Ahora en cuanto al craso error cometido por el General Mitre 
y reproducido y ampliado por el doctor Berra, á que nos hemos 
referido al principio de esta sección, él consiste en atribuirle al 
Coronel Soler y á su regimiento 6°. la gloria de haber resistido 
el desembarco de los marinos en Santo Domingo Soríauo y el 
asalto y toma de San José: es decir, el honor de las primeras ar- 
mas de aquella lucha. 

Con el mismo parte de Soler que hemos publicado antes 
(pajina) se comprueba que él no trajo á aquel primer encuen- 
íit mas que veinte y cinco lionibres^ con que lo destacó su 
jefe el Comandante Galain; que no existia por entonces el Re- 
gimiento N." 6, y que ni él ni uno solo de sus soldados se halló 
en la toma de San José ni en el Colla, como lo demuestran tam- 
bién los oficios dando cuenta de esos primeros hechos de armas. 

Entretanto, véase con cuan singular aplomo se asevera todo 
lo contrario por ambos historiadores, empeñados en despojar á 
los orientales de esos timbres tan legítimamente conquistados. 

Ya es tiempo de dejar á un lado estas odiosas riundades pe- 
ro trascribamos antes la versión dada de aquellos sucesos por 
el General Mitre á que hemos aludido antes cuya deficiente pa- 
jina histórica hemos asi mismo querido consignar aquí, desa'e 
que en mucha parte ratifica apesar de su notoria malquerencia á 
Artigas, las mismas aseveraciones, que hemos hecho sobre la 
espontaneidad de la primera insurrección oriental. 



— 179 — 

Dice así: 

"Al mismo tiempo que el armamento naval de la Juma era 
deshecho en las aguas del Paraná, una parte de la campaña de la 
Banda Oriental se insurreccionaba espontmieamentey levantando la 
bandera de la revolución. La miserable población de Belén, fué la 
primera en dar el grito de insurrección. La humilde (Japilla de 
Mercedes lo repitió, pronunciándose el 28 de Marzo, levan- 
tando tropas que se pusieron inmediatamente á lis órdenes 
de la Junta. Su ejemplo fué seguido por todos los pueblos si- 
tuados sobre la margen izquierda del Uruguay, obligando á los 
españoles á encerrarse dentro de los muros de la Colonia. El 
instinto 'popular dirijía aquellas masas conmovidas por el soplo re- 
volucionario; y de su seno surgían caudillos que se disputaban la 
supremacía, sin tener ninguno de ellos la capacidad ni la ener- 
gía suficiente para dominarlas. 

Belgrano era el hombre indicado para encaminar aquel mo- 
vimiento. La firmeza en el mando y el espíritu de orden, calida- 
des que poseía en alto grado, lo hacían apróposito para subordi- 
nar las inquietas ambiciones de aquellos oscuros caudillos, que 
presagiabaT5 ya la anarquía quemas tarde debía brotar de su seno. 
La Junta se fijó en él para confiarle esta nueva empresa, y coi 
fecha 7 de Marzo le ordenó atravesase el Uruguay, y dirigirse á 
la Banda Oriental, en calidad de General en Jefe, al mismo tiem- 
po que le enviaba un refuerzo de 441 hombres á las órdenes del 
Comandante don Martin Galain y otro de 426 á las órdenes del 
Coronel don José Moldes. Belgrano recibió esta orden poco des- 
pués del combate de Tacuary, y se dispuso en el acto a darte 
cumplimiento, haciendo que la columna de Galain se adelantas* 
hasta la costa del Uruguay. En marcha ya, recibió un oficio de 
la Junta (de 4 de Abril) en que le decía: «La marcha de las tro- 

12 



— 180 — 

pas á toda costa debe acelerarse por el interés de que V . E. con- 
cibe en la reunión con los pueblos amigos de la Banda Oriental, 
qiie sin orden ni disciplina se juntan tumultuosamente, lo que podría 
iumultiiosamente, engendrar desórdenes, acaso difíciles de reparar, 
sino se pone eficax, y pronto remedio, y> P;-;r(-ce como que la Junta 
previera que de aquella revolución debia nacer el caudillage y la 
anarquía, que ya se anunciaba en sus primeros estremecimientos- 

Belgrano llegó el 9 de Abril á la Villa de la Concepción del 
Uruguay con los restos de su ejército. Este punto acababa de ser 
el teatro de escenas de violencia y de sangre, provocadas por la 
codicia de los nuevos caudillos de la democracia semi-bárbara, y 
su presencia le restituyó el orden y la seguridad del que tanto 
necesitaba. 

"La vanguardia de la columna de Galain había ocupado yaáSo- 
riano á las órdenes del Mayor don Miguel Estanislao Soler, quien en 
unión con las milicias del país, había recha'^ado victoriosamente un 
desembarco de los marinos españoles. " 

Por desgracia y pocos dias después se preparó y estalló en 
Buenos Aires el segundo de esos movimientos anárquicos que 
hacían tan inestables y versátiles las nuevas instituciones y auto • 
ridades, y tan poco respetados los caprichosos mandatos é impo • 
siciones de los motineros ó anarquistas triunfantes. 

La asonada ó revolución militar del 6 de Abril de 1811 inr 
ció esa serie de tumultos, de desconfianzas, y de odios que esta 
segunda conmoción vino á ensanchar y reagravar. 

El nuevo Triunvirato compuesto de los ambiciosos vulgares 
Chiclana y Sarratea, y del discreto pero también ambicioso Passo, 
el menos objecionabie de los tres, y cuando recien el primero sa* 
lia de la cárcel por un proceso que se le seguia por su mala con- 
ducta como Administrador Intendente en Potosí, trepó al poder 
por medio de un popular sacudimiento tumultuario hábilmente 



— 181 — 

preconcertado por éste, por Sarratea, Eivadavia y algunos miein* 
bros de la misma Junta que se desmembraba y disolvía á sí 
propia. 

Anulóse así la Junta Gubernativa que hasta entonces funcio- 
naba legalmente. y destituyéndose y desterrándose pocos dias des- 
pués con plazo de 24 horas los doce diputados provinciales que 
formaban parte de la Junta Gubernativa, se díó á las Provincias 
del Interior que los habían delegado, la prueba de una usurpación 
y desconocimiento de atribuciones, que muy pronto debía pro* 
ducir en ellas un legítimo y profundo descontento, como el que 
se hacia sentir ya en la Banda Oriental por no estar aun repre- 
sentada en dicha Junta. 

Creyóse por alguna parte del pueblo alarmado de Buenos Ai- 
re^ que ese cambio de gobierno podría dar mas firmeza y unidad á 
la administración, desde que se simplificaban sus resortes y acele- 
raban sus resoluciones. 

Pero la verdad es, que ese peligroso sacudimiento respondía 
preferentemente á ambiciones personales y suicidas intrigas de 
facción explotando hábilmente las desgracias y contrastes de la 
patria, intrigas que en el secreto de las combinaciones anárquí* 
cas, producían las di cordias generadoras por primera vez entre 
porteños y provincianos de una peligrosa escisión . 

Efectivamente se ha podido creer no fué tanto por miedo del 
avance próximo de los españoles vencedores después de nuestro 
desastre en Huaquí, ó Desaguadero, que el Triunvirato resolvió 
abandonar á los patriotas Orientales á su triste suerte, y retirar 
el ejército del asedio de Montevideo, cuanto por poder inmedia- 
tamente disponer de fuertes elementos militares, con los cuales 
comprimir en Buenos Aires y otras provincias el descontento 
producido por aquel golpe de estado. 

En consecuencia de esta antipatriótica resolución, y simulan' 



— 182 — 

do peligros y zozobras que no existían en realidad por el momen- 
to, se adelantó la negociación que venia estipulándose desde un 
mes atrás con los comisionados enviados por Elío á Buenos Aires 
y al fin se pactó en Montevideo, comisionándose al efecto al doc* 
tor don José Julián Pérez, Secretario del mismo Triunvirato el 
cobarde tratado de 20 de Octubre de 1811, que obligaba á aque* 
líos valerosos insurrectos orientales, alzados por si propios con* 
tra el dominio español^ á rendirse de nuevo al opresor qvLe ellos so- 
los habían conseguido encerrar en Montevideo! 

En defensa ó mas bien en cohonestamiento y atenuación de 
ese oprobioso y cruel abandono de los patriotas Orientales, acep^ 
tado ó promovido fría y deliberadamente por el nuevo Triunvi* 
rato, y mediante el cual se les obligaba á deponer las armas y so- 
meterse de nuevo al odioso poder español, y á la no menos odio- 
sa prepotencia de los portugueses enseñoreados ya entonces de 
una parte del territorio oriental; en defensa de ese Tratado, de- 
cimos, se ha alegado que la derrota sufrida en Huaquí por el 
ejército patriota á las órdenes del doctor Castelli y del General 
don Antonio Balcarcp (merced á la perfidia del General español 
«yeneche por medio de la cual violó la tregua existente y pudo 
sorprender y derrotar á los confiados patriotas) vino á imponer 
irremediablemente al Triunvirato Gubernativo de. Buenos Aires 
tan triste y fatal necesidad. 

A este especioso pretesto, engendro aboríado por una ver- 
gonzosa pusilanimidad, que la misma Junta Gubernativa repudió 
en una jactanciosa proclama, (1) nos hemos referido ya en el 
tomo 2*. de esta obra. 



(1) En tas difíciles circunstancias, la Junta dirijiéndose al pueblo, le 
decía en una proclama literaria escrita con la docta pública del histo - 
riador del Rio de la Plata, que era á la sazón miembro del Gobierno 



— 183 — 

Con esa pretendida justificación y sin ellas, nosotros hemos 
jnzgadoya aquel hecho sin pasion,pero reprobándolo siempre como 
el merece serlo perpetuamente, como una de las mas tristes y 
dolorosas escepciones de la inquebrantable energía que casi siem- 
pre demostraron en Buenos Aires los directores de la guerra de 
la independencia. 

Aun tomando en cuenta todas las razones plausibles que mi- 
litaban en favor de aquella suicida entrega ó abandono de los 
Orienlales, siempre consideraremos el pacto de 20 de Octubre 
de 1811 como una de las mas vergonzosas debilidades y defección 
de la nobilísima causa americana; la que recibí: así de los mis- 
mos gobernantes, encaramados al poder en mal hora, é intimi- 
dados aparentemente ante una suprema prueba, la mas desalen- 
tadora negación. 

En este tristísimo episodio que tanto sombrea los clarísimos 
resplandores del sol de Mayo está demostrado que los únicos que 
después de los bravos hijos de la martirizada Cochabamba en el 
Alto Perú se mantuvieron fieles ala libertad Americana, los Co- 
chabambinos (i) dieron á los patriotas de todo este continente el 



« Hemos sido vencidos? Esta es una razón mas para pelear. La victoria 
.i nos es del todo necesaria, y la necesidad es la mayor y mas poderosa 
< de las armas. Acordémonos que el Senado Romano después de la 
« derrota deCannes dio gracias allCónsul Varron por no haber desespe- 
« rado de la República. Es preciso comprar la libertad á precio de 
« tangre, el partido vigoroso es en los infortunios el mas seguro». 

Desgraciadamente, agrega el General Mitre, la acción gubernativa no 

correspondía al nervio de la elocuencia oflcial y destemplados 6 rotos 

los resortes administrativos, la Junta era impotente para dar actividad á 

la política y vigor á las operaciones militares». 

{Historia de Belgrano por el General Mitre) . 

(1) Las operaciones militares de la revolución dice el General Mitre, 



— 184 — 

nobilísimo ejemplo de una inconstrastable firmeza en su resolu- 
ción de emanciparse del yugo español, ó perecer en la tremenda 



en su Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina (Tomo 
1." paj^ 402 y siguientes) tuvieron siempre dos puntos de mira : al orien- 
te, Montevideo, y al Norte el alto Perd. Dominando á Montevideo, se 
tenia en vista asegurar la base de las operaciones, que era la capital; y 
marchando por el camino el alto Perú, se esperaba estender la insu* 
reccion por todo el Continente Sud Americano. Ejte granáiaso plan de 
campaña estaba en todas las cabezas, y habia producido los resultados 
que se calculaban, si la intervención brasilera por una parte no hubiese 
hecho levantar el sitio de Montevideo, y si la funesta derrota del Desa- 
guadero por otra, no hubiera obligado á retrogradar las tropas triun- 
fantes de la Junta desde los conflnes del Virreynato del Bajo Perú hasta 
Jas fronteras de la Provincia de Salta. 

En la época á que hercos llegado, los enemigos reaccionaban sobre 
el plan de campaña delareí'olacion/ procurando vencerla por los n^is- 
mos caminos aunque siguiendo rumbos opuestos. Montevideo, esperando 
ser reforzado con tropas de la península española, se ponia de acuerdo 
nuevamente con los portugueses para obrar en combinación con el 
ejército realista triunfante en el Alto Perú. Goyeneche, de acuerdo con 
la Infanta Carlota habia obtenido del Príncipe Regente una orden diri- 
jida al General portugués del ejército de la Banda Oriental, para que 
prestase eficaz cooperación á sus operaciones; y el mismo General le 
escribía excitándolo «á acelerar sus marchas, prosiguiendo la carrera 
de sus triunfos para coronarlos en la ciudad de Buenos Aires» para cuyo 
fin le aseguraba podia contar con el apoyo de sus fuerza?. 

Como se vé los planes del enemigo, coincidían con los de la 
revolución. Ellos querian destruir la base que los patriotas se afanaban 
en consolidar, marchaban por la misma ruta á rechazai la en sus avances 
y á sofocada en su centro. El peligro mas inmediato era el de Monte- 
video, así es que el gobierno contraía toda su atención á este punto» 
aglomerando sobre la línea del Uruguay todos los elementos de guerra 
de que podia disponer, fiando á las reliquias del ejército del Norte, la 
guarda de sus fronteras por la parte del Perú. 



— 186 — 

lucha; los únicos que no se amedrentaron ni ante el poder de 
la Espafii ni ante la intervención conq^uistadora y rapaz del 



Los restos del ejército patriota habiaa e vaca ado completamente el 
Alto Perú á consecuencia da 'a derrota del Desagua-lero, dejando en pi© 
la insurrección de Cocliabamba. 

Esta heroica provincia, teatr ) de gloriosas hazañas, que ftié la prime- 
ra que por* sí sola se levantó en armas á favor de la Janta de 
Bueno? Aires á espaldas del ejército enemigo (14 de Setiembre de 
1810) antes de la batalla da Suipacha que había alcaizado casi inerme 
el segundo triunfo de la revolución venciendo ejércitos disciplinados 
con multitudes armadas de cañones y arcabuces de estaño; honda y 
macana, no quiso doblar el cuello al vencedor de Huaquí. (1) 

A su ejemplo se mantuvieron dispersas en el país algunas gaerrillas de 
naturales, animados del mi^mo espíritu. El ejército español con Goveneche 
á su eabeza pasó al Sud del Desaguadero, haciendo precedei? su marcha 
con manifiestos de clemencia, tendente? á conquistar los ánimos de las 
poblaciones. Aunque la restauración era impopular algunas de ellas sa- 
lieron ai encuentro del triunfador, rogándole se adelantase á «enjugar 
« las lágrimas que el despoti mo délos insurjentes habia hecho derra- 
« mará los fieles vecinos oprimidos por el rigor y por la fuerza»— La 
insurrección de Cochabamba fué vencida muy luego en la batalli de 
Sípe-Sípe (primera da este nombre) y el afortunado Goyeneche entró 
triunfante en su capital (21 de Agosto de 1811) entre aplausos y aclama- 
ciones «pr: ducto mas bien del temor que del verdaiero arrepentimiento, 
dice un historiador español. 

Dejamo? tntes al grueso de las fuerzas de Goyeneche en número de 
2,500 hombres, marchando sobre Cochabamba por los valles de Mizque y 



(1)E1 primer triunfo fué el de Suipacha, como queda dicho, el 7 d« 
Noviembre de 1810. El segundo íué el de Aruhuma por los cochabam- 
binos, que derrotaron á 45Ó fusileros y 150 dragone-3 de línea al man.lo 
del Coronel Pierda el 15 de Noviembre de 181(J con 2.000 hombres ar- 
mados en su mayor parte de macanas, hecho quedio oríjená lafamosa 
proclama que algu^^'os interpretan en sentido burlesco: — Valerosos co- 
chabambinos! ante vuestras macanas el enemigo tiembl.i «. 



— 186 — 

Portugal; solos, abandonados, traicionados por el gobierno de 
sus mismos hermanos, los únicos decimos, fueron los Orientales 
yá su cabeza el prestigioso é incontrastable Artigas. 



Gliza, mientras otras columnas concurrian al ataque, por otros puntos, 
siendo la principal de ellas la del coronel Lombara, fuerte de mas de 1,200 
hombres, que saliendo de Oruro, debia entrar por la cuesta del Tapacarí, 
y descender por ella al valle, centro de la insurrección. Por el lado de la 
Paz, del Valle Grande j de Santa Cruz [de la Sierra avanzaban otras 
fuerzas no menos imponentes. 

La horóica provinciano desmijó por esto, pero, si le sobraban hombres 
y entusiascüo, faltábale armamento, y sobre todo dirección. Los dos cau- 
dillos de la revolución: Arca y Antesana, Comandante Ganeral el uno, y 
Prefecto el otro, estaban divididos por los innobles celos del mando, que 
ni en presencia del peligvo, supieron deponer. En vez de concentrar sus 
fuerzas para salir al encuentro de Goyeneche, que capitaneaba la colum- 
na mas considerable, resolvieron divi dirse por mitad toda la fuarza, y el 
armamento disponible. Este último consistía en cuarenta cañones da 
estaño casitoios, 400 arcabuces, de estaño igualmente, que se habían 
fundido en Cochabamba para suplir la falta de los fusiles. El resto, ha«ta 
carca da seis mil hombres de á pié y de á caballo, estaban armados, con las 
formidables macanas ó garrotes con que hablan triunfado en los campos 
de Áruhuma. Arce se movió con la mitad da esta fuerza al encuentro de 
floyaneche y Antezana quedó con la suya esperando la división Lombera. 
El primero ee situó ventajosamete sobra los altos de Poeona, que inter- 
ceptaba al camino que traía el general realista, el cual habla hecho pre- 
ceder su marcha con intimaciones pacífic?,s. Cochabamba no qu!?o escu» 
char mas condición que la evacnacion de su territorio. Dióse la batalla 
en que fueron derrotados lospatriotas y agrega el historiador Mitre: 

Cediendo á la influencia de las autoridades, los cochabambinos 
enviaron una nueva diputación á Goyeneche proponiendo el sometí* 
miento á discreción, é implorando la clemencia del vencedor, á lo que 
Goyeneche pareció acceder. Pero no era esta la resolución del pueblo; 
resuelto á perecer antes quee rendirse se reunió en la plaza pública en 



— 187 — 

Fué entonces ante la retirada del ejército auxiliador de Bue- 
nos Aires que se produjo con solemne y sublime heroísmo la 



numero como de mil hombres, y allí íntarrogaao por las autoridades 
si estaba dispiesto á dafendafse haUa el último traace, contestaron 
algunas voces que si. 

Entonces las mugares de la pleba que se hallaban presente^ dijaron 
á grandes gritos que si no habian en Cochabamba hombres para morir 
por la patria, y defender la Junta de Buenos A.iea?, ellas solas saldrían á 
recibir el enemigo. 

Estimulado el córage da los hombraü coa esta [ia''óica resoUiaion 
juraron morir todas, antes que rendirse, y hombres y mujeres acudieron 
á las armas, sa prepararon de nuevo á la resistencia ; tomando posecion 
del Cerro de San Sebastian, Inmediato á la ciudad, donde aglomeraron 
todas sus fuerzas y el último resto da sus cañones de estaño. Las muge, 
res cochabambinas inflamadas de un espíritu varonil, ocupaban los 
puestos de coaabat3 a! lado de sus mandos, de sus hijos y de sus herma- 
nos, alentándolos con la palabra y con el ejemplo, y cuando llegó el 
momento pelearon también, y supieron morir por su creencia. 

Apesar de tan heroica parseverancia, á pesar de tanto sacrificio 
sublixe, Cochabamba sucumbió. Forzaia la posición da SanSebaslian 
e! dia 27, después de dos horas de combate, las tropas realistas entraron 
á sangre y fnego por las calles da la eluda 1, la que fué entregada al 
saque por el espacio de tres horas. 

«Las poblaciones emigraron en masa á los desiertos, y el irritado ven- 
cedor menos clemente que en su primer entrada hizo pasar por las armas 
á Antezana que se encontró en un convento disfrazado de ñ'Pile¡ y á va- 
rios de sus comparierc, clqvaodo sns cabezas en los cam!D0=; conliícando 
las propiedades, y regando el territorio conquistado con la sangre que 
brotaba de los infeUces indios bárbaramente azotados. Arce entre tanto^ 
ocupó la espalda del enemigo, marchó sobre Chuquisaca coü parte da las 
miserables reliquias escapadas de la catástrofe, y rechazado ea aquel 
punto, se dirigió por el camino del Despoblado buscando la incorpora- 
cien de Belgrano, quien recibió la fatal noticia al finalizar el mes de 
Junio. 



— 188 — 

expatriación espontánea detodas las poblaciones rurales del terri- 
torio de la Provincia aterrorizadas también ante las depredacio- 
nes que venian cometiendo los invasores Portugueses, trasladán- 
dose en masa aquellos á las solitarias márjenes del Ayuy, en 
Eatre-PJos, antes que doblegar el cuello al yugo español y lusi» 
taño. 

Tanto respecto de aquel cobarde abandono, cuanto respecto 
de esta sublime abnegación debemos ante todo hacer oir la pala* 
bra autorizada y fervorosa del mismo General Artigas, demos* 
trando á la vez en su célebre nota de 7 de Diciembre de 1811, 
desde el Dayman dirigida á la Junta Gubernativa del Paraguay, 
cuánta fué la espontaneidad, decisión y simultaneidad con que los 
Orientales se pronunciaron alzándose en armas contra el Gobier* 
no español; no debiéndosele considerar á la Provincia como un 
pueblo libertado por sus hermanos del otro lado del Rio de la 
Plata, como aconteció con las Repúblicas hermanas de Chile, Perú 
y Bolivia, sino como una democracia que se independizaba por 



« La situación nunca habia sido tan crítica; pero á imitación de la he- 
roica Cochabamba, no por esto decayó el ánino del General. Su lenguaje 
en esta circunstancia fué digno, y sus resoluciones aunque no bien calcu* 
ladas, manifestaron que estaba resuelto á avanzar en vez de retroceder. 
« Si es cierta, decia al Gobierno; la pérdida total de Cochabamba, debe* 
mos esperar que el enemigo vuelva sus pasos^eontra nosotros, y será muy 
contrario á nuestra opinión y muy perjudicial al espíritu público, si te' 
nemos que dar pasos retrógrados, de que es indispensable la pérdida de 
intereses y odios, sí es que están amortiguadas, ó los aumentarán: pues 
clamarán como lo hacen los del interior (los del Perd), que los porteños 
solo han venido á exponerlos á la destrucción, dejándolos sin auxilios en 
manos da los enemigos, borrón que no debe caer en la inmortal Buenos 

Aires.» 
Hasta aquí el General Mitre. 



— 189 — 

sí misma, recibiendo un mes después á sus hermanos de la Pro- 
yincia de Buenos Aires solamente como auxiliadores. 

La energía y la sinceridad de los conceptos con que se expre- 
sa el General Artigas, revelan hasta que punto era ésta en él una 
idea fija, en la que cifraba no solo el pundonor de sus armas, sino 
el decoro y la dignidad de su país natal. 

Sin grande esfuerzo de imajinacion, parecería que hubiesen 
sido escritaspara diseñar gráfica y elocuentemente tan glorioso 
episodio, los mismos conceptos con que el grande historiador Lord 
Macaulay describe la resolución del Príncipe de Orange en la 
heroica Holanda al iniciar su resistencia contra la invasión de los 
Franceses. 

«En su alocuc ion, dice á los Estados Generales de Holanda, 
hablóles en un lenguaje elevado y alentador. Aun animóse á su- 
gerir un plan que ostenta un aspecto de heroísmo aiitiguo, y el 
cual, si se hubiese llevado á cabo, habría ofrecido el mas noble 
tema para un poema épico, que pudiera, encontrarse en toda la 
comprensión de la historia moderna. 

«Espresóles á los Diputado?, que aun dado el caso de que su 
suelo natal y las maravillas de que la industria humana lo había 
cubierto, fuesen sepultados todos bajo las aguas del Océano, no 
por eso se habría perdido todo. 

«Los Holandeses podrían muy bien sobrevenir á la Holanda 

«La libertad y la fuerza de su religión, expulsadas de Euro- 
pa por los tíranos y por los fanáticos, podría ir á refugiarse en 
las mas remotas Islas de Asia. — Las embarcaciones existentes 
en los puertos de la República bastaban para conducir 200,000 
emigrados al Archipiélago Indio. 

«Allí la República Holandesa podría comenzar una nueva y 
gloriosa existencia, y erigir bajo la Cruz del Sub, entre las cañas 
de azúcar y entre los árboles de la nuez noscada el palacio de la 



— 190 — 

Bolsa de uca nueva ciudad de Amsterdaan mas opulenta, y los Co- 
legios de una mas sabia Leyden. El espíritu nacional irguióse in- 
flamado en consecuencia. Las condiciones presentadas por los 
aliados fueron rechazadas con firmeza. Rompiéronse los diques. 
Convirtióse todo el país en un gran lago, de entre el cual levan- 
tábanse como Islas las ciudades con sus baluartes y sus torres. 
Los invasores viéronse así obligados á una precipitada faga, 
á fin de salvarse de una segara destrucción.» 

Oigamos ahora al general en esa célebre nota, tan poco cono- 
cida, y en la que él se presenta con tanta jasticia, como el mas 
legítimo y autorizado intérprete de la voluntad de fus compro- 
TinciaLOs, como el primer campeón de sus derechos y como el 
jnas genuino copartícipe de sus glorias: (1) 



(1) Eauna nota inédita de Artigas á don Manuel de Sarratea, dátala en 
la costa del Yí á 2 j de Diciembre de 1842, publicada por el ssñor Frejeiro 
en su obra sobre Artigas y la que deba insertarse en los «Documentos 
Justificativos», p. 122, se leo el siguiente párrafo: 

« En la necesidad de levantarse el sitio, abandonados mis compaisanos 
á si solos y hechos el juguete de todas las intrigas, os tentaron su firmeza 
se constituyeron por sí, y cargados de sus familias, sostuvieron con ho-» 
ñor é intrepidez un sentimiento bastante á contener las miras del extran* 
jero limítrofe. Esta resolución inimitable; cuánto costó á nuestros desvelos! 
Pero nadie ayudó nuestros esfuerzos ea aquel paso afortunado. ¡Qué no 
hizo el gobierno mismo, por su representante para eludíalo! Se me figu- 
raban en número escesivo las tropas portuguesas que cubrían á Paysan- 
dú; se me acordaba los movimientos á que podria determinarse Montevi- 
deo, y por último, para inutilizar nuestros esfuerzos, se tocó el medio 
inicuo de hacer recojer las armas de todos los pueblos de esta Banda, y 
se circularon por todas partes las noticias mas degradantes tratándo- 
senos de insurgentes.» 



191 — 



Oficio del General don José Artig-as á la Juuta Gu- 
I>ernati\ adel Paraf*:iiay, fechado el Tí de Dieiemhre 

de 1813. 

«Cuando las revoluciones políticas han reanimado una vez 
los espíritus abatidos por el poder arbitrario; corrido ya el velo 
del error, se ha mirado con tanto horror y odio el esclavaje y hu- 
millación que antes les oprimía, que nada parece demasiado para 
evitar una retrogradacion de la hermosa send?, de la libertad. Co- 
mo temeroso los ciudadanos de que la maligna intriga les suma 
de nuevo bajo la tiranía, aspiran generalmente áconcentarla 
fuerza y la razón, en un gobierno inmediato, que pueda con menos 
dificultades conservar sus derechos ilesos, y conciliar su seguri* 
dad con sus progresos. 

<A.sí comunmente se ha visto dividirse en menores Estados ua 
cuerpo disforme, á quien un cetro de hierro ha tiranizado. Pero 
la sabia naturaleza parece que ha señalado para entonces los lí- 
mites de las sociedades, y de sus relaciones: y siendo tan decla- 
rados los que en todos respectos ligaban á la Banda Oriental del 
Eio de la Plata con esa Provincia, creo que por consecuencia del 
pulso y madurez con que ha sabido declarar su libertad, y admi- 
rar á todos los amadores de ella con su sabio sistema habrá de 
reconocer la recíproca conveniencia ó inteligencia de estrechar 
nuestra comunicación y relaciones del modo que exijen las rela- 
ciones de Estado. 

«Por este principio he resuelto dar á V. S. una idea de los 
principales acontecimientos en esta Bandíi, y de su situación 
actual, como que debe tener bo pequeño influjo en la suerte de 
ambas Provincias. 



— 192 — 

"Cuando los Americanos de Buenos Aires proclamaron sus 
derechos, los de la Banda Oriental, animados de iguales senti- 
mientos, por un encadenamiento de circunstancias desgracia- 
das, no solo no pudieron reclamarlos, pero hubieron de sufrir 
un yugo mas pesado que jamás. La mano que los oprimía, á 
proporción de la resistencia que debia hallar si una vez se de- 
bilitaban sus resortes, oponía mayores esfuerzos, y cerraba to- 
dos los pasos. Parecía que un géaio maligno presidiendo nues- 
tra suerte, presentaba á cada momento dificultades inespera- 
das que pudieran arredrar á los ánimos mas empeñados. 

•'Sin embargo, el fuego patriótico electrizaba los corazones 
que nada era bastante á detener su rápido curso: los elementos 
que debían cimentar nuestra existencia política se hallaban es- 
parcidos éntrelas mismas cadenas, y solo faltaba ordenarlos 
para que operasen. Yo fui testigo así de la bárbara opresión 
bajo la cual gemía toda la Banda Oriental, como de la consisten- 
cía y virtudes de sus hijos; conocí los efectos que podia produ- 
cir, y tuve la satisfacción de ofrecer al gobierno de Buenos Ai- 
res que llevaría el estandarte de la libertad hasta los muros 
de Montevideo, siempre que se concediese á estos ciudadanos 
auxilio de municiones y dinero. Cuando el tamaño de mi pro. 
posición podría acaso calificarla de gigantesca para aquellos 
que solo la conocían bajo mi palabra, y esperaba todo de un 
gobierno popular, que haría su mayor gloria en contribuir á 
la felicidad de sus hermanos, si la justicia, conveniencia é im- 
portancia del asunto pedia de otra parte el riesgo de un peque- 
ño sacrificio que podría ser compensado con exceso; no me enga- 
ñaron mis esperanzas, y el suceso fué prevenido por uno de 
aquellos acontecimientos extraordinarios que rara vez favorecen 
los cálculos ajustados. 

"Un puñado de patriotas orientales, cansado de humilla ció- 



— 193 — 

nes habia decretado ya su libertad en la villa de Mercedes, 
llena la medida del sufrimiento por unos procedimientos los 
mas escandalosos del déspota que les [oprimia, hablan librado 
solo á sus brazos el triunfo de la justicia; y tal vez hasta en- 
entonces no era ofrecido al templo del patriotismo un voto ni 
mas puro mi mas glorioso, ni mas arriesgado; en él se tocaba 
sin remedio aquella terrible alternativa de v xvr ó morir Ubres, 
y para huir este extremo era preciso que los puñales ráelos 
paisanos pasasen por encima de las bayonetas veteranas. Así 
se verificó prodigiosamente, y la primera voz de los vecinos 
Orientales que llegó á Buenos Aires fué acompañada de la vic- 
toria del veinte y ocho de Febrero de mil ochocientos once, 
dia memorable que habia señalado la Providencia para sellar 
los primeros pasos de la libertad en este territorio, y dia que 
no podrá recordarse sin emoción cualquiera que sea nuestra 
suerte . 

"Los ciudadanos de la villa de Mercedes, como parte de 
estas Provincias, se declararon libres bajo los auspicios de la 
Junta de Buenos Aires á quien pidieron los mismos auxilios 
que yo habia solicitado. Aquel Gobierno recibió con el interés 
que podía esperarse, la noticia de ese acontecimiento: él dijo á 
los Orientales: "Oficiales esforzados, soldados aguerridos, ar- 
mas, municiones, dinero, todo vuela en vuestro socorro." 

"Se me mandó inmediatamente á esta Banda con algunos 
soldados, debiendo remitirse después hasta el número de tres 
mil con los demás necesarios para un ejército de esta clase, en 
cuya inteligencia proclamé á mis paisanos convidándoles á las 
armas; ellos prevenían mis deseos, y corrían de todas partes á 
honrarse con el bello titulo de soldados de la Patria, organi" 
2ándose militarmente en los mismos puntos en que se hallaban 
cercados de enemigos, en términos que en muy poco tiempo 
se vio un ejército nuevo, cuya sola divisa era la libertad. 



— 194 — 

'^Permítame V. S. que llame un momento su consíderacibn" 
sobre esta admirable alarma con que simpatizó la campaña 
toda, y que hará su maj or y eterna gloria. No eran los Paisa- 
nos sueltos, ni aquellos que debian su existencia á su jornal, ó 
sueldo; los que se movían eran vecinos establecidos, po«;eedo- 
res de buena suerte, y de todas las comodidades que ofr-^ce este 
suelo: eran los que se convertían repentinamente en soldados; 
los que abandonaban sus intereses, sus cusas, sus familias; los 
que iban acaso por primera vez, á presentar su vida á los ríes-- 
gos de una guerra; que dejaban a'^ompaúadas de un triste 
llanto á sus m'jjeres, é hijos; en fio, los que sordos á la voz de 
la naturaleza, oian solo la de la patria. Este era el primer paso 
para su libertad: y cualesquiera que sean los sacrificios que ella 
exije, V. S. conocerá bien el desprendimiento uoiversal, y la 
elevación de sentimientos poco común que se necesita para 
tamañas empresas, y que merece sin duda ocupar un lugar 
distinguido en la historia de nuestra revolución. Los restos 
del ejército de Buenos Aires que retornaban de esa provincia 
feliz, fueron destiaados á esta Banda, y llegaban á ella cu indo 
los Paisaaos hablan libertado y& su mayor parte haciendo 
teatro desús triunfos al ''olla, Maldonado, Santa Teresa, San 
José y otros puntos. 

"Yo tuve entonces el honor de dirigir una división de ellos 
con solo doscientos cincuenta soldados veteranos, y llevando 
con ella el terror y espanto de los Ministros de la tiranía hasta 
las inmediaciones de Montevideo, se pudo lograr la memorable 
victoria del 18 de Mayo en los campos de las Piedras, donde 
mil patriotas, armados por la mayor parte de cuchillos enhes- 
tados vieron á sus pies nueve cientos sesenta soldados de las 
mejores tropas de Montevideo, perfectamente bien armados; 
y acaso hubieran dichosamente penetrado dentro de sus sober-^ 



— 195 *- 

bios muros, si yo no me viese en la necesidad de detener sus 
marchas al llegar á ellas; con arreglo á las órdenes del Jefe de 
ejército. 

«V. S. estará instruido de esta acción en detalle por el parte 
inserte en los papeles públicos. 

«Entonces dije al Gobierno que la Patria podia contar con 
tantos soldados cuantos eran los Americanos que habitaban la 
campaña, y la experiencia ha demostrado sobrado bien que no 
me engañaba. 

«La Junta de Buenos Aires reforzó el ejército en que fui 
nombrado 2.° Jefe, y que constaba en el todo de mil quinien- 
tos veteranos, y mas de cinco mil vecinos Orientales; y no 
habiéndose aprovechado los primeros momentos después de la 
acción del 18, en que el terror había sobrecojido los ánimos 
de nuestros enemigos, era preciso pensar en un sitio formal, á 
que el Gobierno se determinaba, tanto mas cuanto estaba per- 
suadido que el enemigo limítrofe no entorpecería nuestras 
operaciones, como me lo había asegurado, y que el ardor de 
nuestras tropas dispuestas á cualquier empresa, y hasta entonces 
parece habían encadenado la victoria, nos prometía todo en 
cualquier caso. 

«Nos vimos empellados en un sitio de cerca de cinco meses 
en que mil y mil accidentes privaron que se coronasen nuestros 
triunfos, á que las tropas estaban siempre preparadas. 

«Los enemigos fueron batidos en todos lo& puntos, y en sus 
repetidas salidas no recogieron otro fruto que una retirada ver- 
gonzosa dentro de los muros quo defendía su cobardía; nada se 
tentó que no se consiguiese: multiplicadas operaciones militara 
fueron iniciadas para ocupar la plaza, pero sin llevarlas á sn 
término, ya porque el General en Jefe creía que se presentaban 

13 



. — 196 — 

dificultades invencibles, ó que debía esperar órdenes señaladas 
para tentativas de esta clase, ya por falta de municiones, ya, 
finalmente, porque llegó una fuerza extranjera á llainar nuestra 
atención. 

«Yo no sé si cuatro mil portugueses podrían prometerse algu- 
na ventaja sohre nuestro ejército, cuando los ciudadanos que lo 
componian habían redoblado su entusiasmo, y el patriotismo 
elevando los ácimos hasta un grado incalculable. Pero no habién- 
doles opuesto en tiempo una resistencia, esperándose siempre 
por momentos un refuerzo de mil cuatrocientos hombres y mu- 
niciones que había ofrecido la Junta de Buenos Aires desde las 
primeras noticias de la irrupción de los limítrofes, y varias ne* 
gociaciones emprendiéndose últimamente con los jefes de Mon* 
tevideo, nuestras operaciones se vieron como paralizadas á des- 
pecho de nuestras tropas, y los portugueses casi £in oposición 
pisaron con pié sacrilego nuestro territorio hasta Maldonado . 

«En esta época desgraciada, el sabio Gobierno Ejecutivo de 
Buenos Aires creyendo de necesidad retirar sa ejército con el 
doble objeto de salvarle de los peligros que ofrecía nuestra si- 
tuación, y de atender á las necesidades de las otras Provincias; 
y persuadiéndose que una negociación con el Sr. Elio seria el 
mejor medio de conciliarse la prontitud y seguriiad de la re ti' 
rada con los menores perjuicios posibles á este Vecindario herói* 
00, entabló el negocio, que empezó al momento á girarse por 
medio del señor don José Julián Pérez venido di aquella supe- 
rioridad con la bastante autorización para el efecto. 

"Estos beneméritos ciudadanos tuvieron la fortana de tras * 
cender la substancia del todo, y una representación absoluta" 
mente precisa en nuestro sistema, dirigida al señor General en 
Jefe auxiliador, manifestó en términos legales y justos ser la 
voluntad general que no se procediese á la conclusión de los 



— 197 — 

tratados sin anuencia de los Orientales, cuya suerte era la que 
se iba á decidir: á consecuencia de esto fué congregada la Asam' 
blea de los ciudadanos por el mismo Jefe auxiliador, y sosteni' 
do por ellos mismos y el Excelentísimo sefur Representante, 
siendo el resultado de ella asegurar estos dignos hijos de la li* 
bertad que sus puñales eran la única alternativa que ofrecían 
al no vencer; que se levantase el sitio de Montevideo solo con el 
objeto de tomar una posición militar ventajosa para poder esps* 
rar á los Portugueses, y que en cuanto á lo demás respondiese yo 
delfeliz resaltado de sa afanes: siendo evidente habar quedado 
garantido en mí, desde el gran momento que fijó su compro- 
miso. 

"Yo entonces, reconociendo la fuerza de su expresión, y con* 
ciliando mi opinión política sobre el particul ir con mis deberes, 
respeté las decisiones de la Superioridad sia olvidar el carácter 
de ciudadano; y sin desconocer el imperio de la subordinación, 
recordé cuanto debía á mis compaísanos: testigo de sus sacrifi* 
cios, me era imposible mirar su suerte con indiferencia, y no 
me detuve en asegurar del modo mas positivo cuanto repugnaba 
se les abandonase en un todo, — esto mismo habia hecho ya re* 
conocer al señor Representante, y me negué absolutamente des- 
de el principio á entender en unos tratados qae consideraré siem- 
pre inconciliables con nuestras fatigas, m ly bastantes á con- 
servar el germen de las continuas discusiones entre nosotros y 
la corte del Brasil, y muy capaces por sí solos de causar la difi* 
cuitad en el arreglo de nuestro sistema continental. Seguida- 
mente lepresentaron los ciudadanos que de ninguna manera po- 
dían serles admisibles los artículos de la negociación; que el ejér- 
cito auxiliador retornase á la Capital si así se lo ordenaba aque* 
Ha suyarioridad; y declaráadome su General en Jefe, protest 
roa no dej^r la guerra en esta Banda hasta extinguir Jde ella á 



• — 398 — 

opresores, ó morir dando con sa sangre el mayor triunfo á la li* 
bertad. 

"En vista de esto, el Excelentísimo señor Representante de- 
terminó una sesión que debia sostenerse entre dicho señor: un 
ciudadano particular y yo. En ella se nos aseguró haberse da- 
do ya cuenta de todo á Buenos Aires, y esperásemos la resolu- 
ción; pero que entre tanto, estuviésemos convencidos de la en- 
tera adhesión de aquel Gobierno á sostener con sus auxilios 
nuestros deseos, y ofreciéndosenos á su nombre toda clase de 
socorros, cesó por aquel instante toda solicitud. 

"Marchamos los sitiadores en retirada hasta San José, y allí 
se vieron precisados los bravos Orientales á recibir el gran 
golpe que hizo la prueba de su costancia: el Gobierno de Buenos 
Aires ratificó los tratados entods^^ ^us partes; yo tengo el honor 
de incluir á V. S. un ejempl; ; üc ellos; por él se privó de un 
asilo á las almas libres en totid la Banda Oriental, y por él se 
entregan pueblos enteros á la dominación de aquel mismo spñor 
Elio, bajo cuyo yugo gimieron. ¡Dura necesidad! En consecuen- 
cia del contrato, todo fué preparado, y comenzaron Jas operacio- 
nes relativas á él. 

"Permítame V. S. otra vez que recuerde y compare el glo- 
rioso 28 de Febrero con el 23 de Octubre, día en que se tuvo 
noticia de la ratificación. ¡Qué contraste singular presenta el 
prospecto de uno y otro! El 28, ciudadanos heroicos haciendo 
pedazos las cadenas y revistiéndose del carácter que les con- 
cedió naturaleza, y que nadie estuvo autorizado para arrancarles: 
—el 23, estos mismos ciudadanos condenados á aquellas cadenas 
por un Gobierno popular I. . . . 

*Pero V. S. no está aun instruido de las circunstancias que 
hacen acaso mas admirable el día que debiera ser mas aciago y 
eterno, que en alguna manera me será imposible dar una idea 



— 199 — 

exacta de los accidentes que le prepararon. Puedo solo ofrecer 
en esta relación que usando de la sinceridad que me caractsri- 
za la verdad será mi objeto: hablaré con la dignidad de ciuda' 
danOf sin desentenderme del carácter y obligaciones de coronel 
de los ejércitos de la patria con que el Gobierno de Buenos Aires 
se ha dignado honrarme. 

Y mas adelante, demostrando con cuáota energía hablan re- 
sistido los orientales el sometimiento que la Junta de Bnenos Ai* 
res exigia de ellos en favor de los españoles, intimidada tairbien 
por el ejército portugués, que ya ocupaba y devastaba parte de la 
Provincia, agrega el general Artigas en su varonil lenguaje, lo 
siguiente: 

"Aunque los sentimientos sublimes de los ciudadanos Orien- 
tales en la presente época, son bastante heroicos para darse á co • 
nocer por si mismos, no se les podrá hallar todo el valor, entre 
tanto aquí no se comprenda el estado de estos patriotas en el 
momento en que demostrándolo, daban la mejor prueba de 
serlo. 

"Habiendo dicho que el primer paso para su libertad era el 
abandono de sus familias, casas y haciendas, parecerá que en él 
hablan apurado sus trabajos; pero esto no era mas que el pri- 
mer eslabón de la cadena de desgracias que debia pesar sobre 
ellos durante la estancia del ejército auxiliador; do era bastan- 
te el abandono y detrimento consiguiente: estos mismos inte- 
reses debían ser sacrificados también! Desde su llegada el ejér- 
cito recibió multiplicados donativos de caballos, ganados y di- 
nero, pero sobre esto era preciso tomar indistintamente de los 
hacendados inmenso número de las primeras especies, y si 
algo habla de pagarse, la escases de caudales del Estado impe- 
dia verificarlo: pueblos enteros debian de ser entregados al 
saqueo horrorosamente; pero sobre todo la numerosa y bella 



— 200 — 

población de Maldonado sevió co repletamente saquilada y des- 
truida; las puertas mismas y ventanas, las reja«! todas fueron 
arrancadas: los techos eran desechos por el soldado que quería 
quemar las vigas que las sosteniao: cuchas plantíos acabados; 
los Portugueses convertian en páramos los abundantes campos 
por donde pasaban, y por todas partes se veian tristes señales 
de desolación. Los propietarios hablan de mirar en exterminio 
infructuoso de sus caros bienes cuando serviau á la Patria de 
soldados, y el General en Jefe en la necesidad de tolerar éstos 
desórdenes por la falta de dinero para pagar las tropas; falta 
que ocasioEÓ que desde nuestra revolución, y durante el .^ítio 
no recibiesen los voluntarios otro sueldo, otro eaiolamento que 
cinco pesos, y que muchos de los hacendados gasta-^en de sus 
caudales para remediar la mas miserable desnudez á que una 
camparla penosísima habia reducido al soldado; no quedó en 
fin alguna clase de sacrificios que no se espírimentase, y lo 
más singular de ello era la desiüt'íresada voluntariedad con que 
cada uno lo tributaba, exigiendo solo por premio el goce de su 
ansiada libertad; pero cuando creían asegurarla, entonces era 
cuando debían apurar las heces del cáliz amargo: un Grobierno 
sabio y libre, una mano protectora á quien se entregaban con- 
fiados, habia de ser la que les condujese de nuevo á doble- 
gar la cerviz bajo el cetro déla tiranía. 

"Esa corporación respetable, en la necesidad de privariios 
del auxilio de sus bayonetas, creían que era preciso que nuestro 
territorio fuese ocupado por un extranjero, abominable, ó por 
su antiguo tirano, y pensaba que asegurándose la retirada de 
aquel, si negociaba con éste, y protegiendo en los tratados á 
los vecinos, aliviaba su suerte sínó podía evitar ya sus males 
pasados.- 

"¿Pero acaso ignoraba que los Orientales hahian jurado en 



— 20 1 —.. 

lo mas hondo de sus corazones un odio irreconciliable^ un odio 
eterno, á toda clase de Urania; que nada era peor pcira ellos que 
haber de humillarse de nuevo, y que afronturi m la muerte misma 
antes que degradarse del titulo de ctwhdanos qaa habían sellado 
con su sangre? Ignoraba sin dada el Gobierno hasta donde 
se elevaban estos sentimiento.^ y por desgracia fatal los Orien- 
tales no tenian en él un representante de sus derechos im- 
prescriptibles; sus votos no hablan podido llegar puros hasta 
allí, dí era calculable una resolución que casi podria llamarse 
desesperada: entonces el Tratado ss ratificó, y el día 23 ?ino. 

«En esta crisis terrible y violenta, abandonadas las fami- 
lias, perdidos los intereses, acabado todo auxilio, sia recursos, 
entregados solo á sí mismos, ¿(jaé podía esperarse de los 
Oiiei.tales, sino que luchando con sus infortunios cediesen al 
fin al peso de ellos, y víctimas de sus mismos sentimientos, 
mordiesen otra vez el duro freno qu3 con impulso glorioso 
habían arrojado lejos de sí? 

«Pero estaba reservado á ellos demostrar el genio america- 
no, renovando el suceso que se refiere de nuestros paisanos de 
la Paz; y elevarse gloriosamente sobre todas las desgracias, 
ellos se resuelven á dejar sus preciosas vidají antes que sobra* 
vivir al oprobio é ignominia á que se le destinaba, y llanos 
de tan recomendable idea, firmes siempre en la grandeza que 
los impulsó cuando protestaron que jamás prestarían la nece- 
saria expresión de su voluntad para sancionar lo que el Go- 
bierno auxiliador había ratificado, determinan gustosos d-jar 
los pocos intereses qne les restan, y su país, y trasladarse con 
sus familias á cualquier punto donde puedan ser libre?, á pesar 
de trabajos, miserias y de toda clase de males. 

«Tal era su situación cuando el Excmo. Poder Ejecutivo me ^ 
anunció una comisión que pocos días después me fué manifes- 



— 202 -. 

tada, y consistió en constitairme Jefe principal de estos héroes 
ijando mi residencia en el paeblo de Yapeyú: y en consecaeneia 
se me ha dejado el cuerpo veterano de Blandengues de mi man- 
ió, ocho piezas de artillería con tres oficiales escogidos, y un 
repuesto de municiones, 

«Verificado esto, emprendieron su marcha los auxiliadores 
áesde el Arroyo Grande para embarcarse en el Sauce; con di- 
rección áBaenos Aires, y poco después emprendí yo la mía 
hacia el punto que se me había destinado. 

"Yo no seré capaz de dar á V. S. una idea del cuadro que 
presenta al mundo la Banda Oriental desde este momento; la 
sangre que cubría las armas de sus bravos hijos, recordó las 
grandes proezas que continuadas por muy poco mas habrían 
puesto el fin á sus trabajos y sellado el principio de la felicidad 
mas pura: llenos todos de esta memoria, oyen solo la voz de su 
libertad, y unidos en masa marchan cargados de sus tieruas 
familias á esperar mejor proporción para volver á sus antiguas 
operaciones. Yo no he perdonado medio alguno de contener el 
digno trasporte de un entusiasmo tal. Pero la inmediación de 
las otras Portuguesas diseminadas en toda la campaña, 
que lejos de retirarse con arreglo al Tratado, se acercan y 
mortifican mas y mas; y la poca seguridad que fian sobre la 
palabra del señor Elio, á este respecto, les anima de nuevo, y 
determinados á no permitir jamás que su pueblo sea entrega- 
do impunemente á un extranjero, destinan todos los instantes 
é. reiterar la protesta de no dejar las armas de la mano hasta 
fue el haya evacuado el País, y puedan ellos gozar una liber- 
tad por la que vieron derramar la sangre de sus hijos, reci- 
biendo con valor su postrer aliento. 

«Ellos lo han resuelto, y yo veo que van á verificarlo . 

«Cada día veo con admiración sus rasgos singulares de he- 



— 203 — 

roicidady coDStancia: unos quemando sus casas y los muebles 
que no podían conducir, otros ( aminando leguas y leguas á pié 
por falta de auxilios, ó por haber consumido sus cabalgaduras 
en el servicio; mujeres ancianas, viejos decrépitos, párvulos 
inocentes, acompañan esta marcha, manifestando todos la ma- 
yor energía y resignación en medio de todas las privaciones. 

«Yo llegaré muy en breve á mi destino con este pueblo de 
héroes y al frente de seis mil de ellos que obrando como sol- 
dados de la Patria, sabrán conservar sus glorias eu cualquier 
Parte, dando continuos triunfos á su libertad: Alli esperaré 
nuevas órdenes y auxilios de vestuarios y dinero y trabajaré 
gustoso en propender á la realización de sus grandes votos. 

»Entre tanto V. S. justo apreciador del verdadero mérito, 
estará ya en estado de conocer cuánto es idéntica á la de nues- 
tros hermanos de esa Provincia, la revolución de estos Oiien- 
tales. Yo ya he patentizado á V. S. la historia memorable de su 
revolución, por sus incidentes, creo muy fácil conocer cuales 
pueden ser los resultados: y calculando ahora bastantes funda- 
mentos la reciprocidad de nuestros intereses, no dudo ss hallará 
V. S. muy convencido de que sea cual fuere la suerte de la 
Banda Oriental, deberá trasmitirse hasta esa parte del norte 
de nuestra América; y observando la incertidumbre del mejor 
destino de aquella, se convencerá igualmente de ser estos los 
momentos preciosos de consolidar la mejor precaución. 

«La tenacidad de los Portugueses, sus miras actiguas sobre 
el País; los costos enormes de la expedición que Montevideo no 
puede compensar, la artillería gruesa y morteros que conducen, 
sus movimientos después de nuestra retirada, la dificultad de 
defenderse por si mism.i la Plaza de Montevideo en su presente 
estado, ludo uniincia que estos extranjeros tan misercibles coino 
ambiciosos^ no perderán esta ocasión de ocupar nuestro País: 



— 204 — 

ambos Gobiernos han llegado á temerlo así, y una vez verificado 
nuestro paso mas allá del Uruguay, á donde me dirijo con 
celeridad, sin que el ejército Portugués haga un movimiento 
retrógrado, será una alarma general que determinará pronto 
mis operaciones; ellas espero nos proporcionarán nuevos dias 
de gloria, y acaso cimentarán la felicidad futura de este Terri- 
torio. Yo no me detendré sobre las v<íntajas que adquirirían 
si una vez ocupasen la Plaza y Puerto de Montevideo y la cam- 
paña OrientiiJ: U. S. conocerá ccn evidencia que sus miras en- 
tonces serian extensivas á mayores empresas, y qua no liabria 
sido en vano el particular deseo que ha deoiostrado la Corte 
del Brasil de introducir su influencia en esta interesante Pro- 
vincia: dueños de sus límites por tierra, seguros de la llave del 
Eio de la Plata, Uruguay, y demás por mar, y aumentando su 
fuerza con exceso, no solo debían prometerse un suceso tan triste 
para nosotros, como alagueño para ellos sobre este punto, 
sino que cortando absolutamente las relaciones exteriores de 
todas las demás Provincias, y apoderándose de medios de hos- 
tilizarlos, todas ellas entrarían en los cálculos de su ambición, 
y todas estarías demasiado espuestas á sucumbir al yugo 
mas terrible. 

«Después de la claridad de estos principios y ds las sabias 
reflexiones que sobre ellos ha escrito el editor del "Correo 
Brasilense," entiendo que nada resta que decir cuando de otra 
parte la conocida penetración de V. S. llevará al cabo estos 
apuntamientos, teniendo también presente que las operaciones 
político-militares, que impulsa el sistema general de los ame- 
ricanos, demasiado expuesto á entorpecimientos fatales por 
las violentas y continuas alteraciones del difereate modo de 
opinar, etc., influyen lo bastante para conocer la intención de 
nuestros eneasigos. De consiguiente debe conciliar toda núes* 



— 205 — 

tra atención, exitar toda nuestra vigilancia, y apoyarla en It» 
mayor actividad . 

«De todos modos V. S. puede contar en cualquier determi- 
nación con este gran resto de hombres libres, muy seguro de 
qne marcharán gustosos á cualquier parte donde se enarbole 
el estandarte conservador de la libertad, y que en la idea ter- 
rible, siempre encantadora para ellos, de verter toda su sangre 
antes que volver á gemir bajo el yugo, sólo sentirán exhalar 
sus almas, con el úuico objeto de romper sus grillo?; ellos de 
sean no solo hiiCQi con sus vidas el obsequio á sus sentimientos, 
sicó también á la consolidación de 1 i obra que mueve los pasos 
de los seres que habitan el muudo nuevo . 

«Yo me lisonjea, los tendrá V. S. presente para todo y ha* 
rá cuanto sea de su parte por que se recoja el fruto de una re* 
volucion que sin disputa, hace la época de la heroicidad. 

<Dios guarde á V. S. muchos años. 

tCuartel general en el Daiman, y siate de Diciembre de mil 
ochocientos once. 

José Artigas, 

«Señores Pres^idente y vocales de la Junta Gubernativa de 
la Provincia del Paraguay.» 



Recórranse esas pajinas que parecen candentes aun con el 
fuego del patriotismo que fulgura en ellas, y se reconocerá con 
nosotros, después de tantos comprobantes como hemos aducido, 
cuan espontáneo y sincero fué el pronunciamiento oriental de 
1811, y cuan abnegado y heroico el sentimiento de independen • 
cia que hizo arrostrar á aquella generación todos los peligros , 
privaciones y martirio de una cruelísima expatriación, y de una 
guerra á muerte. 

La publicación de tan importantísimo documento, que nos 
ha tocado á nosotros la complacencia de desenterrar del olvido 
en que yacía durante tantos años, nos induce y justifica á hacer 
conocer también al mismo tiempo las valiosas Instrucciones dadas 
por el General Artigas al Capitán don Francisco Arias, portador 
de dicha nota, encargado por él para cambiar ideas con el Gobier- 
no Paraguayo sobre una acción conjunta ó alianza contra lo« 
portugueses, entonces cada vez mas audaces y provocativos en 
su perpetuo plan de conquista. 

Así podremos demostrar también que Artigas en esta im- 
portante negociación procedía con conocimiento y anuencia de 
la misma Junta Gubernativa de Buenos Aires, según se verá por 
la nota respectiva que á la vez insertamos en seguida. 

En cuanto al sentimiento popular á que respondía una con- 
ducta tan enérgica de parte del General Artigas, nada roas 



— 208 — 

elocuente ni demostrativo de su uniformidad y exaltación patrió- 
tica, que la proclama que reproducimos á continuación, expedida 
por el Capitán don Ramón Viilademoros, consitando al vecin- 
dario á resistir la invasión portuguesa que ya ocupaba triunfante 
una parte del territorio Oriental. Con la Itctura de ese precio so 
documento que liemos copiado de aLa Gaceta^) de Buenos 
Aires de 31 de Octubre de 1811, y que por la primera vez se 
publica aquí, se comprenderá el espíritu viril y exaltado que 
dominaba en las poblaciones rurales, y del que Artigas era el 
mas noble y fiel representante. Dice así ese ardoroso llama- 
miento: 



Proclauía de D. Hauíoii Villadeuioros, Capitán de 
110 hoEiibres en la Banda Oriental. 

Valientes americanos. Después de tantas fatigas para re- 
cobrar vuestra libertad ¿ podréis mirar con indiferencia, que 
una nación extrangera venga á poner sobre vuestros cuellos un 
yugo de bronce? Permitiréis, que los portugueses, baxo el fingi- 
do pretesto de pacificadores, entren soberbiamente en vuestros 
campos, insulten vuestras personas, logren el fruto de vuestros 
sudores, violen vuestras mugeres, y vuestras bijas, dexandoos 
á un mismo tiempo sin honor, sin libertad y sin bienes? 
No; tenéis un corazón esforzado, y al oir estas palabras, m e 
parece ver impreso en vuestro semblante el furor, rabia, y el 
espíritu de la mas cruel venganza: ea pues, ¿qué hacemofe? Los 
portugueses, que atrepellando injustamente nuestros derechos, 
han entrado en este país, nada mas han hecho, que violencias, 
robos é insultos con el orgullo mas insufrible. 

Si quando dicen que vienen solo á pacificar nos hacen sufrir 
tanto oprobio: ¿quál será nuestra suerte, si por ser tardos en 



— 209 — 

manifestarles nuestros sentimientos, nuestros esfuerzos, con- 
siguen vencernos, dominarnos? Mi corazón tiembla con tan 
triste recuerdo: unámonos, pues: hagámosles ver que somos libres, 
y valientes; caigan hechos pedazos á nuestros pies, y vayan tan 
escarmentados que ni aun acierten la senda que guia á su país; 
sufran las cadenas que nos labran, y confiesen envueltos en 
miserias, y despedazados de un arrepentimiento inútil, que nada 
es capaz de resistir al hombre, quando defiende sus derechos, y 
la libertad de su patria. 

Son muy débiles sus armas: el desprecio con que nos tratan; 
y el concepto que habian formado de que somos cobardes, 
aseguran mejor nuestra victoria: estoy bien cieno, de que hasta 
ensueños están ocupados con mil peligros, que ven en una re- 
tirada, que aunque es vergonzosa, es el único tritite medio de 
salvar sus miserables vidas. Ya comienzan ja temernos, y ya 
han probado muchos en todas partes ios efectos de sus locuras, 
y de nuestro valor. Tiemblen pues, al oir el nombre que nos 
distingue, si prosiguen insultando á unos hombres, que han de* 
cretado morir con honor, ó vivir libres (1). 

Campamento en el Avestruz, á 15 de Setiembre de 1811. 

Ramón Villademoros. 



(1) Como dato interesante en la cronolojia de aquellos sucesos, copia- 
mos de la misma Gaceta las siguientes líneas informando sobre el avance 
de la invasión portuguesa, y sobre la retirada del ejército patriota de 
las líneas del asedio de Montevideo: 

«IVotioias de la Banda Oriental 

«Los diarios que han venido del exército llegan hasta el 26 
de Octubre, contienen las marchas que tuvo el exército desde 



— 210 — 

Los detractores intransigentes del General Artigas desde 
la época del célebre y ominoso decreto del Director Posada?, 
poniendo á precio su cabeza, han sostenido que Artigas habia 
procurado esa alianza con el Paraguay con el fin oculto y si- 
niestro de combatir juntos al Gobierno Argentino; y el mismo 
Dr. López en su Historia de la Resolución Argentina vá mas 
lejos y arroja concientemente sobre Artigas la negra y estú- 
pida calumnia de que ya antes había entrado en negociaciones 
al mismo ñn y propósito; nada menos que con los portugueses!! 
calumnia atroz que hemos destruido tan en absoluto en las 
pajinas que preceden. 



que se levantó el sitio de Montevideo, por los tratados de pa- 
cificación. 

"El dia ocho salieron dos oficiales, uno de nuestro quartel 
que fué el capitán gradua'^o de teniente coronel don Ventura 
Vázquez, y otro por Montevideo el capitán La-Robla, conduelen* 
do pliegos para el señor í ousa, general de las tropas portu- 
guesas. 

"El 12 volvió el capitán Vázquez con la noticia, de que 
los portugueses se hallaban en el pueblo de San Carlos en número 
de mas de mil hombres. El capitán La-Robla siguió con el pliego 
hasta encontrar al general Sousa. 

«El 14 el cuerpo de observación al mando del teniente coro- 
nel don Pablo Pérez, y el del capitán don Baltasar Bargas 
llegaron de Maldonado con dos mil y mas caballos, é incorpo- 
rados baxo las órdenes del general de caballería patriótico el 
coronel de Blandengues D. José Artigas, siguieron el resto del 
exército, que caminaba en retirada. La vanguardia tomó la pri- 
mera división que manda el teniente coronel del regimiento de 
granaderos D. Francisco Cruz, el centro llevaba el cuerpo de 
vanguardia, que manda el teniente coronel del regimiento 
segundo de patricios don Benito Alvarez con toda la caballería 
patriótica. Cubría la retaguardia el ruevo regimiento de dra- 
gones de la patria, de que es coronel el general en xefe don 
José Rondeau, y comandante accidental su teniente coronel 
don Nicolás Vedia: toda la marcha se executó con el mayor 
orden, sin haberse notado ninguna diversión». 



— 211 — 

Como hay monstruosidades históricas que es un acto de 
justicia fulminar y anonadar á todo trance, creemos convenien- 
te reproducir aquí algunas de nuestras apreciaciones al tocar in- 
cidentalmente y combatir con energía esa desatentada calumnia 
del Dr. López. Decíamos así: 

"Hemos tenido ocasión de referirnos en una de las secciones 
anteriores á la importantísima nota de 7 de Diciembre de 1812, 
dirigida por el General Artigas desde su campamento del Daiman 
á la Junta Gubernativa del Paraguay, 

«Como ese documento no es conocido hasta el día, pues recien 
hace muy poco tiempo fué descubierto en el Archivo de la Asun- 
ción, estamos convencidos de que nuestros lectores aprobarán 
que nos anticipemos aquí al texto de la obra; reproduciéndolo 
á fin de que sea mas pronto conojido y apreciado en su impor- 
portancia trascendental. 

"Hay en ese notable documento, que es sin duda uno de los mas 
interesantes que dirigió A rtiga?, sorprendentes revelaciones é 
informes sobre U primera época de la emancipación Oriental, 
presentándola á aquel desde entonces dominado poruña idea fija, 
y perfectamente bien caracterizada respecto de h posición polí- 
tica que debia asumir la provincia Oriental á consecuencia di in- 
disculpable abandono que de ella había hecho la Junta Guberna- 
tiva de Buenos Aires, mediante el Convenio de Octubre de 1811 
con Elio, devolviéndola inicuamente al poder Español, retirando 
al efecto sus fuerza?, y obligando por ese hecho á los Orientales 
á retornar á su antigua esclavitud. 

"Los incidentes relativos á ese deplorable hecho histórico 
narrados por el mismo general Artigas, han sido desconocidos 
hasta ahora, pues do son mencionados por ningún historiador, 
y revelan la forma y macera como Artigas recibió del vecin- 
dario presente á las conferencias con el Delegado de la Junta 

14 



— 212 — 

de Buenos Aires, facultades para resolver tan doloroso conflicto 
del modo que le pareciese mas conveniente y honorable, hasta 
adoptar, como adoptó con la sanción popular, el heroico extremo 
de que se trasladase el vecindario de la Provincia fuera de su 
territorio. 

"Son bellísimas v atractivas on su varonil sencillez esas 
páginas en que Artigas describe el entusiasmo y expontaneidad 
con que el pueblo oriental abrazó la causa de la libertad, así 
como su suprema decisión de emigrar en masa del suelo natal, 
ya que no era posible gozar en él de la anhelada independencia. 

"Predomina en las ideas de esa nota un sentimiento de mal 
refrenada indignación por el cobarde Convenio pactado por la 
Junta Gubernativa de Buenos Aires con el General Elio, sen- 
timiento comprimido con habilidad, pero que no por eso deja de 
traslucirse en su vehemencia, como un fundamento muy justifi- 
cado por cimentar ulteriormente Artigas las bases de la Inde- 
pendencia provincial como las había ya asegurado el Paraguay; 
independencia cuya bandera debía enarbolar definitivamente al 
separarse de las lineas del asedio de Montevideo en Enero de 
1814. 

"Al leer esas páginas tan nutridas, tan expresivas en sus 
conceptos y afirmaciones, considerando lo remoto de aquella 
época, no puede menos de mirarse con admiración y respeto 
al gran caudillo que encaraba con tanta bizarría y con tan 
enérgica decisión la cuestión vital de emancipar á su provincia 
natal de la opresión extranjera, y bascar anheloso por todas 
partes nuevos auxilios y alianzas á ñn de alcanzar la deseada 
libertad de su país, procurándolos acertadamente en el Para- 
guay, cuya independencia interior había tan decididamente sos- 
tenido su Junta Gubesaativa; reconocida tan esplícitamente 
por el pacto celebrado con ella por el General Balgrano y el 



— 213 — 

Dr. Echevarría á nombre 5^ con aprobación del Gobierno de 
Buenos Aires. 

«La lectura de esa nota demostrará también hasta qué punto, 
era falso y calumnioso el cargo que se hacia en el Decreto de 
Posadas, poniendo fuera de ley á Artigas, que hemos trascrito 
en la página 180, de haber éste escrito al Paraguay a-ofreciendo 
« pasarse con su gente a la dependencia de aquel Gobierno para 
« unirse contra esta Capital. )t 

«El Dr. López, dominado por su inveterado odio al artiguis- 
mo, y ansioso por acumular culpas y crímenes sobre Artigas, 
no ha tenido escrúpulo en dejar arrastrar su bello talento por 
las snjestiones inventivas de su acerbo despecho. Vamos á asom- 
brar á nuestros lectores con la enunciación de uno de sus mas 
odiosos, pero no por eso menos absurdos cargos. 

«Colorista y pictórico á todo trance, y sobre cualquier tema 
real ó ficticio, mas que austero pensador, ha necesitado nuevos 
matices para su radiante paleta, y ha ido á buscarlos por des- 
gracia para él hasta en el barro de la calumnia. 

«Hay mucha de esa oscura tierra de Siena en sus claro-os- 
curos tan magistralmente sombreados, efímeros y deleznables 
ante el contacto de la verdad inquisitiva. Faltábanle cargos 
que hacer á Artigas, y los hainve.tado con fenomenal serenidad 
y facundia. 

*Así se vé en la página 17 del tomo 1.» de su citada obra de 
la JRevohicion Argentina, que Artigas prepárala aliamas nada 
menos que con los aborrecidos portugueses, é incidentalmente con 
la célebre Carlota, cuyas ambiciosas miras sobre éste Vireinato 
daban tanto que hacer á los políticos intrigantes y flexibles de 
aquella época, y habían hallado en 1819 en el mismo ilustre 
Dr. Moreno, en el Dr.' Rodríguez Peña, en el General Belgrano 
y en otros eminentes patriotas tan solícita acojida. 



— 214 — 

"Véase como se expresa a) respecto el Dr. López al lanzar 
esa piramidal y calumniosa afirmación sobre Artigáis, el eterno 
enemigo de los Portugueses: 

•Tara sostenerse entre los realistas y los porteños, Artigas 
** tenia que iniciar la ruinosa política de las alianzas portugue- 
" sas que tienen la gloria de haber nacido de tan noble origen; 
" tenia que alhagar con una política falaz las pretensiones am- 
* biciosas de la reina de Portugal, y del partido militar que 
" ella tenia en el ejército portugués, sumamente inclinado, co- 
" mo siempre, á tomar papel, como tercera entidad, en este 
" combate de los elementos revolucionarios y reaccionarios de 
" la colonia hispano-americana." (!!) 

Las páginas de la célebre nota de Artigas que se han leído 
reyelarán hasta qué punto es absurda é incalificable esa ca- 
lumnia lanzada con tan indiscreta liviandad justamente sobre 
ei carácter mas altivo é indomii, le entre los hombres públicos 
y caudillos populares de aq" m^ época. 

Para los que conocen algo de la historia Oriental basta con 
enunciar esa calumnia, para que quede destruida por si misma. 
No vale la pena de refutarla, tan insensata y hasta inverosímil 
es ella. 

Véanse ahora las referidas instrucciones al Comisionado 
Oriental dadas por Artigas, y la nota en que comunica al Gobier- 
no Paraguayo hallarse la negociación entablada por él dentro 
de las facultades que le habia delegado la Junta Gubernativa de 
Buenos Aires, estando ambas autoridades de perfectísimo acuer- 
do á este respecto; y no abrigando otras miras ni otros propósi- 
tos que una existencia conjunta á Jas peligrosas invasiones del 
ambicioso Portugal. 

El proceder leal y patriótico del gran caudillo Uruguayo en 
una emerjencia de tan vasta magnitud para los destinos de su 



— 215 — 

provincia y de los territorios y gobernad ones que de el depen- 
dían, viene á demostrar tan acabadamente después de tantos 
años de odioso é inmerecido vilipendio, que Artigas no observaba 
duplicidad alguna en su conducta pública. Que muy lejos de ello, 
el odio inveterado contra los Argentinos de que se le ha acusado 
tan dolorosamente,no ha sido sino una de tantas calumnias for- 
jadas por sus enemigos como medio de hacerlo aborrecible del 
mismo pueblo que en horas de suprema prueba lo aclamó como 
su salvador, ayudándolo á derrocar la violenta dictadura de Al 
vear en 1815. 

Y por último, que solo después de injustificables agresiones, 
después de una guerra púnica en que todos los medios eran acep- 
tables para sus implacables enemigos, viüse Artigas obligado á 
adoptar una política de resistencia á todo trance, la que al fin 
debia venir á consagrarse cómo una exijencia nacional de esta 
nueva democracia, con el espléndido pero no menos doloroso 
triunfo del Guayabo. 

Hé aquí los citados documentos, al pié délos cuales, y como 
una oportuna anotación, hemos agregado las respuestas dadas 
por la Junta Gubernativa del Paraguay, y por el Cabildo de la 
Asunción: 

•'^Después de los últimos acontecimientos que tengo el honor 
de patentizar á V. S. en mi oficio fecho hoy, no habia tenido la 
menor noticia del modo con que tomaba el Gobierno Ejecutivo de 
Buenos Aires las operaciones de estos ciudadanos de la Banda 
Oriental, comunicada por mí oficialmente. 

Son las cinco y media de la tarde y tengo la satisfacción de 
hacer presente á V. S. que acabo de recibir pliegos de aquella 
superioridad los mas lisonjeros y los mas adaptables á la si- 
tuación que he iniciado á V. S., uno de ellos relativo al acuerdo 



— 216 — 

con que debo proceder respecto de esa Provincia, con su Gobiei* 
no, me es del mayor interés, y yo lo manifiesto á V. S. por medio 
déla adjunta copia.— Dios guarde á V. S. muchos años. 

Cuartel General en el Daiman, siete de Diciembre de mil ocho- 
cientos once. 

José Artigas. 

Señores Presidente y vocales de la Junta Gubernativa de la 
Provincia del Paraguay." 



Oficio de la «Junta de Buenos Aires, dirig-ido al 
General don José Artig-as, de 31 de IVovienibre de 
ISll. 

Entra en el plan de política y aun interés de este Gobierna 
el que V. S. guarde la mejor armonía con las tropas del Para 
guay, y es de suma importancia que V. S. p^-oceda de acuerdo 
con el Jefe de ellas, para afirmar sus deliberaciones en orden á 
los Portugueses que lejos de hacer movimiento alguno retrógrado 
se sabe que lo han hecho progresivo: en inteligencia, que del 
nombramiento de V. S. para Teniente Gobernador del Departa- 
mento de Yapeyú y fuerza que se halla á su mando, se le ha co 
munidado lo conveniente al citado Gobierno del Paraguay. 
Dios guarde á ^ . S. muchos años. — Buenos Aires, veinte y uno 
de Noviembre de mil ochocientos once. 

Manuel de Sarratea— Juin José 
Passo — Bernardino Rivada- 
via, Secretario. 

Señor Coronel don José Artigas. 
Es copia. — Artigas. 



— 217 — 



Instrucciones para el Capitán del Ejército, don Fran- 
cisco /l.rias, en su Comisión á la Capital del Parii* 
g'uay, conduciendo plieg'os para la «Junta de aquella 
Provincia, (en "7 de Diciembre de 181 1). 

El oficial comisionado, teniendo presente que el objeto de su 
misión es instruir al Gobierno del Paraguay de nuestro presente 
estado y de las consecuencias que debe producir y que en los lí- 
mites estrechos del oficio que conduce, no habrán podido com- 
prenderse con extencion las explicaciones necesarias, podrá usar 
de los conocimientos que le asisten para contestar rerbalmente á 
todos los puntos que puedan tocarse relativos á nuestras opera- 
ciones bajo los principios siguientes: 

El Ejército sigue sus marchas. — El Portugués extiende su.s 
partidas hasta nuestras i inmediaciones, roba y saquea escan- 
dalosamente por todas partes. Los pueblos indefeosos han 
sido y son el teatro de sus iniquidades y de su mala fé: 
Mandisoví y el Salto han sufrido últimamente; sin embargo 
de que las tropas Portuguesas con arreglo al Tratado de paci- 
ficación deben cesar eu hostilidades, uo lo verifican y estas 
operaciones se toman como una alteración del tratado por parte 
del Portuguez.— Luego que nuestras circunstancias lo permitan 
serán atacados los Portugueses si no desalojan do nuestro te- 
rritorio — aunque nuestra fuerza uo está aun ex minada escrupu- 
losamente; podemos contar con seis mil hombres útiles y sobre 
tres mil fusiles: esto se considera bastante para intentar una ac- 
ción, pero puede no ser para continuar nuestras operaciones de- 
jando guarnecidos los puntos de la Frontera y costas que deben 
serlo. — La Junta de Buenos Aires se ha comprometido por me- 
dio de su Diputado doctor don José Julián Pérez, á darnos toda 



— 218 — 

clase de auxilios, inclusas las tropas necesarias, pero los veci- 
nos de esta banda están resueltos á no admitir esta?, sino en un 
caso de última necesidad. Es fácil de comprender la utilidad re- 
cíproca que resultaría de un plan combinado de operaciones en- 
tre este ejército y las tropas del Paraguay que podían obrar uni- 
das asegurando una acción completa, ó con separación en los 
puntos que se c-onviniese, según las circunstancias lo exijan. 

La Junta del Paraguay no debe dudar de la cordial afección 
con que serán recibidas sus disposiciones relativas al artículo an- 
terior; los vecinos orientales se consideran unos con los Para- 
guayos en todas sus relaciones. Este ejército padece las necesi- 
dades que sufre, una campaña penosísima y sin auxilios, el ofiáal 
comisionado conoce cuanto nos convendría el tabaco, yerba-mate 
y líerzGS qus acaso podrían proporcionarse, si aquel Gobierno se 
propusiese á este respecto, favorecerle el Ejército compensaría 
este sacrificio del mejor modo posible. Las últÍTaas noticias de 
Montevideo,' Buenos Aires, Perúy España Europea son de conse- 
cuencia y coavienen en todo con nuestras operaciones: el oficial 
comisionado podrá instruir de ellas al Gobierno á quien se diríje. 

El oficial comisionado conoce cuanto interesa la prontitud de 
su regreso, y sí algún accidente le obliga k detenerse cuidará de 
avisar inmediatamente las primeras ocurrencias . 

Estas instrucciones se considerarán reservadas para dirijir 
las acciones verbales del oficial comisionado con el Gobierno del 
Paraguay, ó con su ilustre Ayuntamiento sí se ofreciese, y ampa- 
ra sus relaciones particulares. — Cuartel General de Daíman, 
siete de Diciembre de mil ochocientos once. — José Artigas, 



Es copia — Larios Odlvánj Secretario. 



— 219 — 



■(Oficio del General don José Artigas al Cabildo (3B 
de Abril de 18i;2). 



"Puesto á la frente de mis conciudadanos tengo la honra de 
saludar á nombre de ellos á su Ilustre Ayuntamiento. 

Entabladas ya relaciones de nuestra ventaja con el Gobierno 
Provisorio que rige á esa inmortal Provincia y recibidas en ob- 
sequios efectivos de las muestras da su generosidad afectuosa 
no pueden faltar los orientales á la obligación inviolable y al 
empeño sagrado que han contraído; ellos deben llenarla en toda 
su extensión manifestando su reconocimiento á todas las corpo- 
raciones del Paraguay, V. S. colocado ala cabeza de ese inmor- 
tal Pueblo tenga la dignación de admitir el presente de nuestros 
sentimientos. Animadas solo de la filantropía mas pura ¿ano son 
bastantes á retribuir el todo de los obsequios ni á manifestar el 
lleno de nuestra gratitud, son al menos los que están en nues- 
tra posibilidad, corazones fuertes, brazos esforzados, legiones de 
hombres decididos á ser ubres en el entablo que tengo el honor 
de ofrecer á la disposición deV. S., su sangre que marcó siem- 
pre la victoria hoy se destina á rubricar los votos que proclaman: 
sirva ella ala salud de esa Provincia digna de correr en arro- 
yos hasta piuuiieir lus laureles que consuiiden aquella. — V. S. 
sea seguro de la sinceridad de mis proposiciones mientras yo 
me entrego alas dulzuras que ofrece la satií^faccion lisonjera de 
hacerlas. —Dios guarde á V. S. muchos años. — Cuartel General 



— 220 — 

en el Alto Chico costa Occidental del Uruguay, veintinueve de 
Abril de mil ochocientos doce. 

José Artigas, 

Muy Ilustre Cabildo Justicia y Regimiento de la ciudad de 
la Asunción del Paraguay. (1). 



<1)-— «Oficio de la «Junta Gubernativa al señor Artigas 
de £nero 3 de f 8 1 2. 

Con indecisible complacencia hemos recibido y leído los dos oficios de 
V. S. de siete de Diciembre anterior, no solo por la exacta y bien cir- 
cunstanciada narración que se sirve hacernos de los gloriosos aconteci- 
mientos y triunfos con que ha sabido coronarse las tropas del mando de 
V. S. en defensa de los sagrados y augustos títulos de la libertad, sind 
también por las demás consideraciones patrióticas que manifiestan de 
un modo el mas conspicuo el innato deseo de reanirse V. S. á esta Pro- 
vincia con su ejército y vecindario para el interesante objeto de llevar 
á cabo el sistema que hemos adoptado profugar á los Portugueses que 
contra las solemnes convenciones tratan de invadir y perturbar nuestros 
establecimientos y al fin para consolidar sobre principios permanente? 
las relaciones sociales que deben hermanar á los pueblos y ciudadanos 
que aspiran al goce y recuperación de los primitivos y originarios dere- 
chos oprimidos y anonadados por el predominio, la intriga y desordena- 
do abuso de las autoridades civiles.— Así os que después de una conti- 
nuada alternativa de sucesos prósperos y ventajosos con qae se han mar • 
cado las empresas de V. S. debe serle no menos satisfactoria la aproba- 
ción de la excelentísima Junta de Buenos Aires cuyo sabio Tribunal en 
medio de sus afanes ha llevado su discreta previsión á lo que mas podria 
lisonjear la perpetuidad de un plan bien combinado y meditado contra las 
maquinantes ideas de los Portugueses según lo acredita la copia del su- 
perior oficio que se sirve V. S, incluirnos. 

Esta provincia se halla circunvalada de Portugueses; hacia el Norte 
tiene esta potencia los Fuertes de Coimbra y Miranda, limítrofes á los 
«ampos de nuestra Población de Concepción. 



— 221 — 

Corresponde á la índole de este trabajo, y aun para comple- 
mentarlo satisfactoriamente, reproducir aquí los dos preciosos 



Ahora, poco después de la revolución y cambíamento político, se han 
introducido á fijar un pequeño Fortin en las inmediaciones del nuestro 
de San Carlos en el rio Apa, con otras agresiones y atentados de que 
instruimos á dicha Excelentísima Junta en oficio de veinte y siete de 
Octubre, indicándole el plan de defensa que pudiera y debiera realizar- 
se de nuestra parte, por no hallarnos en estado de empresa ofensiva por 
falta de armamento, y aunque el honor y respeto de las armas llaman 
nuestros desvelos á la seguridad de aquella linea y parte de la frontera 
que se considera como la llave y garganta precisa de la tranquilidad de 
este vasto hemisferio, ha entrado no menos en nuestro plan deliberativo 
sostenernos por el punto del Paraná y Uruguay, á cuyo fia hemos pedido á 
Buenos Airea fusiles y municiones, despachando un emisario para el 
percibo y cond iccion de estos arlículos. 

Sin mas auxilios tan indispensables no podemos entrar en sesión so- 
bre la anión de tropas para una acción decisiva, que sea el ultimátum 
del alejamiento y escarmiento de los Portugueses, que con manifiesta 
trasgresion de los Tratados Preliminares han avanzado y ocupado térmi- 
nos indisputablemente nuestros, por dominio y posesión inalterables, 
mas con todo puede V. S. francamente abrirnos con individualidad su rro^ 
do de pensar, aclarando el proyecto que sea mas ventajoso para el aco- 
modo, situación, dirección y modo con que hayan de obrar nuestras fuer- 
zas en todo caso, á fin de acordar con V. S. lo mas útil y próxinoo al \o- 
man empeño de hacer ver al pabellón Portugués, que los impertérritos 
y magnánimo' Americanos saben vindicar las denegaciones que conti- 
nuamente nos infieren; y que el Paraguay con los ilustres invencibles 
guerreros de ¡a Banda Oriental, levantarán un Padrón sobre el firma- 
mento que haga inmortal !a memoria de ambos Ejércitos. 

V. S, puede estar cierto, y asegurar á todas sus tropas que nuestra 
alianza con el generoso pueblo de Buenos Airas, en que entran las legiones 
del mando de V. S. será firme, inviolable y duradera, igual la concordia, 
y uno mismo el interés de todos nosotro?: la sinceridad y buena fé serán el 
termómetro de nuestras operaciones: jamás se romperá de nuestra part« 



— 222 -- 



documentos siguientes, en que el General Artigas proclamaba 
ardientemente á sus comprovincianos y compañeros de armas, y 



el lazo indisoluble con que nos hemos estrechado por vínculos de sem- 
piterna afinidad. 

En prueba de ello despachamos al Capitán graduado don Francisco 
Bartolomé Laguardia con el pronto socorro de cincuenta zarrones de yer- 
ba-mate y otros tantos de tabaco, cuyos artículos nos ha pedido á nom- 
bre de V, S. el Capitán Emisario don Juan Francisco Arias, y nos sera de 
mucha complacencia que V. S. reciba esta demostración, como verda- 
dero índice de nuestra propensión en obsequio de la causa común que 
sostenemos, qua anhelamos á mantenerlas relaciones políticas y civiles 
como lo expresará á V. S. á viva voz el mencionado Laguardia que va 
con las credenciales y misión para cumplimentar á Y. S., dar razón á la 
actual situación ventaiosa, y oir de boca de V. S. el plan que se haya de 
concertar y poner en ejecución contra los Portugueses. 

Lienzo no ló hay en toda la Provincia por haberse agotado de años 
atrás, la cosecha del algodón, cuya especie nos ha venido de Corrientes y 
Valle de Catamarca con los tejidos que llaman Tucuyos, de que ahora 
hay notable escasos en esta plaza. 

' * V. S. vea si entre los demás renglones y arbitrios de esta Provincia 
ha5 ' algunos que puedan llenar la medida de sus deseos, á ley de la buena 
co" acordia, y en debido conocimiento de la ilimitada oferta de caballos 

y hacií^índas de ssta que á nombre de V. S. nos ha hecho el mismo Ca- 
li. 
pitan €; mviado, el cual será el mejor intérprete j panejirista de la obliga- 
ción r/jn que V. S. nos deja. Pero para no desairar sus atentos comedí- 
mien'tos; habiéndonos asegurado la abundancia de fusiles descompuestos 

que hay en ese Ejército, hasta el número de mil, supuesto que no le hacea 

falta, y que acá tenemos un maestro armero de profesión, pudiera V. S. 

disponer que se nos remitan los cañones, llaves y demás piezas sueltas 
4 ue se hallen en estado de compostura, y aun tan solamente aquellos, 
para habilitarlos, ponerlos corrientes, y de servicios. Todo lo cual reci- 
biirá el mencionado Capitán, que va con los frutos de la yerba y tabaco. 
' V. S. no debe dudar del cumplimiento de esta sincera manifestación 

de que daremos exacto conocimiento al Ilustrísimo Cuerpo Municipal por 



— 223 — 



afirmaba en ellos el sentimiento de independencia patria que se 
reveló en los mismos tan heroicamente desde el principio de la 
insurrección popular de la Banda Oriental. Helos aquí: 



la indicación que hace de él en su oficio y ciertamente no ?olo aplaudirá 
su importante adhesión á esta Provincia sino que reanimará el valor y 
constancia de los Paragnayos, teniendo un apoyo y recurso tan pronto 
contra los Portugueses en las tropas de V. S. para cuyo logro espera esta 
Junta que tendrá á bien de avisarla por momentos todos sus pasos y 
movimientos, á fin de calcular sus designios, prevenir y atajar hacia 
acá por ambas Fronteras limítrofes los atentados y maquinaciones con 
que han refractado por la Via de hecho lo mas sagrado del derecho de 
Gentes en algunos puntos de su circulación. 

Dios guarde á V. S. muchos años.- Asunción del Paraguay, Enero 
nueve de mil ochocientos doce. 

Fulgencio Yegros— Pedro Juan 
Caballero— Fernando de la Mo- 
ra— Mariano Larios Galván,. 
Secretario. 
Señor Coronel don José Artigas. 

Es copia. Larios Galmn, Secretario. 

Respuesta al General don José Artigas (18 de Junio 
de 1812.) 

Indeleble de nuestros sentimientos será el gozd de que nos ha llenado 
el mas que obsequioso oficio de V. S. de veinte y tres del último Abril. 
No podia V. S. en oonscciacion de esos Héroes del Oriente hacernos ofer- 
ta mas cuantiosa ni de mas precio y estimación que la total entrega á 
nuestra disposición; regalo que el Sócrates estimó por el mayor que pue- 
de hacerse. En su retribución quedamos ligados á igual comportacion 
inalterable por evento alguno como la magnanimidad deV.S.y la ge- 
nerosidad de sus infatigables conciudadanos lo exijen. 

El entable de relaciones con nuestro sabio Gobierno que nos indica, 



— 224 — 



^Proclama del general don Xosc 4rtlgas al Ejército 
de la Banda Oriental. 

"Leales y esforzados compatriotas de la Banda Oriental del 



nos afianza hasta la extremo la sinceridad c¡e la oferta de V. S. y de su 
envidiable ejército, no obstante que no nos sirve de primera prueba de 
adhesión á la causa pública de esta Provincia sino de ratificación de lo 
mismo en que nos dejó persuadido el primer oficio que dirijió V. S. á 
este Superior Gobierno que por nuestra mano se le) ó al público por quien 
fué recibido con toda la complacencia y ternura que cabe en unos pechos 
proclives á la mayor armenia, paz, y concordia que la razón de humani- 
dad dicta y en queinfloyen sin falencia los derechos de los pueblos libres. 
Si V. S. admite la esposicion de nuestro recíproco afecto y palabra recí- 
baia por fiadora de nuestra verdad y transciéndala en esos beneméritos 
é invencibles campeones de la libertad de que se componen las tropas de 
mando de V. S.— Dios guarde á V. S. muchos años. 

Sala CJapitular de la Asunción, Junio diez y ocho de mil ochocientos 

doce. 

Jimn José Montiel— Pedro Vicente 
Frasqueri — Anselmo Agüero — 
Carlos Ir asi— Santiago Baez— 
José Mariano Valdovinos — Dio- 
nisio Cambia. 

Señor General enGefa del Ejército Oriental. 

Es copia de la contestación original dirijida al Señor General del 
Ejército do la Banda Oriental don José Artigas, de que doy fé.- Jacinto 
Ruiz^ Escribano Público y del Gobierno. 

Asunción, Julio 28 de 1884. 
El que suscribe, Cónsul General de la República Oriental del Uruguay, 
certifica que los documentos que anteceden son copias exactas de las 
que existen en el Archivo Nacional de la República del Paraguay. 

Ricardo Garda. 



— 225 — 

Kio de la Plata: vuestro heroico entusiasmado patriotismo ocupa 
el primer lugar en las elevadas atenciones de la Excma. Junta 
de Buenos Aires, que tan dignamente nos regentea. Esta, mo- 
vida del alto concepto de vuestra felicidad, os dirije todos los 
auxilios necesarios para perfeccionar la grande obra que habéis 
empezado; y que continuando con la heroicidad, que es análoga 
á vuestros honrados sentimientos, exterminéis á esos genios 
díscolos opresores de nuestro suelo, y refractarios de los dere- 
chos de nuestra respetable sociedad. Dinero, municiones y tres 
mil patriotas aguerridos son los primeros socorros con que la 
Exema. Junte osdá una prueba nada equívoca del interés que 
toma en vuestra prosperidad: esto lo tenéis á la vista; desmin- 
tiendo 'as fabolusas expresiones con que os habla el fatuo Elio, 
en su proclama el 20 de Marzo. Nada mas doloroso á su vista, 
y á la de todos sus facciosos, que el ver marchar con pasos 
magestuosos, esta legión de valientes patriotas, que acompa- 
ñados de vosotros van á disipar sus ambiciosos pEoyectos; y á 
sacar á sus hermanos de la opresión en que gimen, bajo la ti- 
ranía de su despótico gobierno. 

«Para conseguir el feliz éxito, y la deseada felicidad á que 
aspiramos, os recomienuO á nombre de la Excma. Junta vues- 
tra protectora, y en el de nuestro amado jefe, una itiion fra- 
ternal, y ciego obedecimiento á las superiores órdenes de los 
jefes, que os vieiená preparar laureles inmortales. Union, «a- 
ros compatriotas, y estad seguros de la victoria. He convocado 
á todos los compatriotas caracterizados de la campaña; y todos, 
todos se ofrecen con sus personas y bienes á contribuir á la 
defensa de nuestra justa causa. 

«A la empresa compatriotas! que el triunfo es nuestro: ven- 
cer ó morir sea nuestra cifra; y tiemblen, tiemblen esos tiranos 
de haber exitado vuestro enojo, sin advertir que los americanos 



— 226 — 

del Sud, están dispuestos á defender su patria, y á morir antes 
con honor, que vivir con ignominia en afrentoso cautiverio. 

Cuartel General de Mercedes, 11 de Abril de 1811. 

José Artigas*. 



"Don José Artigas, Coronel de Blandengues Orientales, 
Teniente Gobernador del Departamento de Yapeyú y General 
en Jefe del Ejército Patriótico, destinado á la Banda Oriental, 
etc. — A los desertores de él. 

"El dia de la gloriase acerca: venid ? formar en las líneas 
que habéis abandonado. — Si un discurso imprudente os decidió- 
á un hecho indigno, yo sé que el ofende vuestro carácter, y 
llenos ya del arrepentimiento desarmáis la justicia, y veis hoy 
firmado un indulto general á favor vuestro. Yo os llamo á nom- 
bre de la sociedad que ultrajáis con vuestra deserción y os juro 
sobre su honor que ella solo os recordará para manifestaros 
este decreto de clemencia. Presentaos otra vez ante vuestros 
conciudadanos, recordad las fatigas que sufristeis unidos en el 
honroso abandono de vuestras comodidades en cuyo acto apa 
recio la aurora del año de vuestra libertad naciente. Acordaos 
de aquella sangre digna que vertieron otros á vuestro lado para 
asegurar el laurel que ciñe vuestras cabezas. Venid pues: ahora 
mas que nunca necesita la patria de vosotros: ahora que su 
clamor es mas penetrante, y ahora que vuestros compañeros de 
armas van á emprender la gran marcha que ponga el fin á sus 
trabajos. Reunios con ellos y juntos conducid el trono santo al 
suelo que os vio nacer y ya le decorasteis con los triunfos.^ 
Vamos pues paisanos; si un esfuerzo generoso y las pruebas 



— 227 — 

mas brillantes de energía fueron el anuncio de vuestros primeros 
pasos — ahora que vais á recojer el trato, ahora que al lado de 
vuestros amigos vais á cantar los himnos de vuestra grandeza 
consolidada y ahora, en fin, que en el seno de vuestras familias 
otra vez vais á ocupar los mismos hogares que abandonasteis, 
cuando hicisteis la ostentación de vuestra dignidad — ahora por 
lo mismo es el tiempo en que la voz de vuestra razón debe gri- 
taros que volváis al lado de vuestros hermanos. Reconoced 
aquilavozde vuestra utilidad propia. Yo me olvido de todo 
y os convido á ser libres. Corred á saludar eí-ía época suspirada 
con vuestros paisanos). 

José Artigas. 

La energía y sinceridad de los conceptos con que se expresa 
el General Artigas, revelan hasta que punto era ésta en él una 
idea fija, en la que cifraba no solo el pundonor de sus armas, 
sino el decoro de la dignidad de su pais natal. 

Oigamos, pue?, al General en esa célebre nota, tampoco 
conocid?, y en la que él se presenta con tanta justicip, como ei 
mas legitimo y autorizado intérprete de la voluntad de sus com- 
provincianos, como el primer campeón desús derechos y como 
el mas genuino copartícipe de sus glorias. 

"Cuando los americanos de Buenos Aires proclamaron sus 
derechos, los de la Banda Oriental, animados de iguales 
sentimientos, por un encadenamiento de circucstancias des- 
graciadas, no solo no pudieron reclamarlos, pero hubieron de 
sufrir un yugo mas pesado que jamás la mano que los oprimía, 
á proporción la resistencia que debía hallar si una vez se 
debilitaba sus resortes, oponía mayores esfuerzos, y cerraba 
todos los pasos, parecía que un genio maligno, presumiendo 

15 



— í^28 — 

nuestra suerte, presentaba á cada momento dificultades ines- 
peradas pudieran arredrar á los áuimos mas empeñados. 

"Sin embargo, el fuego patrióticu eltctrizabi los corazones 
que nada era bastante á detener su rápido curso; los elementos 
que debían cimentar nuestra existencia patriótica se hallaban 
esparcidos entre las mismas cadenas, y solo faltaba ordenarles 
para que operasen; yo fui testigo así déla bárbara opresión bajo 
la que gemía toda la Banda Orienta), como de la consistencia y 
virtudes desús hijos: conocí los efectos que podría producir, y 
tuve la satisfacción de ofrecer al Gobierno de Buenos Aires 
que Ilevaiía el estandarte déla libertad hasta ios muros de Mon- 
tevideo, siempre que se concediese á estos ciudadanos auxiliares 
de municiones y dinero, cuando el tamaño de mi proposición 
podría eso calificarla de gigantesca para aquellos que solo la co- 
nocían bajo mi palabra, y esperaba todo de un Gobierno popular 
que haría su mayor gloria en contribuir á la felicidad de sus her* 
manos, si la justicia, conveniencia é importancia del asunto pedia 
de otra paite el riesgo de un pequeño sacrificio que podría ser com- 
pensado con exceso, no me engañaron mis esperanzas, y el suceso 
fué prevenido por unos de aquellos acontecimientos extraordi- 
narios que rara vez favorecen los cálculos ajustados. Un puñado 
de patriotas orientales, cansados de humillaciones, había decre- 
tado ya su libertad en la villa de Mercedes: llena la medida del 
sufrimiento por unos procedimientos los más escandalosos del 
déspota que les oprimía, habían librado solo á sus b^razos el 
triunfo de la justicia; y talvez hasta entonces no era ofrecida al 
templo del patriotismo un voto ni mas puro ni mas glorioso, ni 
mas arriesgado: en él se tocaba sin remedio aquella terrible al- 
ternativa de vencer ó morir libre?, y para huir este extremo era 
preciso que los puñales de los paisanos pasasen por encima de 
las bayonetas veteranas. Así se verificó prodigiosamente, y Ja 



— 229 — 

primera voz de los vecinos Orientales que Uegó á Buenos Aires, 
fué acompañada de la victoria del veinte y oclio de Febrero da 
mil ochocientos once, día memorable que liabia señalado la pro- 
vincia para sellar los primeros pasos da la libertad en este terri- 
torio, y dia que no podrá recordarse sin emoción, cualquiera qua 
sea nuestra suerte. 

Los ciudadanos de la Villa de Mercedes como parte de estas 
provincia?, se declararon libres bajo los auspicios de la Junta 
de Buenos Aires, á quien pidieron los mismos auxilios que yo 
habia solicitado . Aquel Gobierno recibió con interés que podía 
esperarse, la noticiada ese acontecimiento. 

El dijo á los Orientales: "oficiales esforzados, soldados 
aguerridos, armas, municiones, dinero todo vuela en vuestros 
socorros.» 

"Se mandó inmediatamente á esta Banda con algunos solda- 
dos, debiendo remitirse después hasta el número de tres mil, con 
lo demás necesario para un ejército de esta clase, en cuya inte- 
ligencia proclamé á mis paisanos convidándolos alas arma?; ellos 
prevenían mis deseos, y corrían de todas partes á honrarse con 
el bello título de soldados dg la patria, organizándose militar- 
mente enlrs mismos puíitos en que se hallaban tan cercados de 
enemigos, en términos que en muy poco tiempo se víó un ejército 
nuevo cu3'a soia divisa era la libertad. 

«Permítame V. S. que llame un momento su consideración 
sobre esta admirable alarma en que simpatizó la campaña toda y 
será su mayor y eterna gloria. 

No eran los paisanos sueltos, ni aquellos que debían snexis' 
tencia á su jornaló sueldo los que se movían; eran vecinos es- 
tablecidos; poseedores de buena suerte, y de todas las comodida- 
des que ofrece este suelo: eran los que se convertían repenti- 
namente en soldado?; los que abandonaban sus intereses, sus 



— 230 — 

ca^as, sus familias; los que ibaii acaso por primera vez á pre- 
sentar sus vidas á los riesgos de una guerra, que dejaban acom- 
pañada de un triste llanto á sus mujeres é hijo^; en fin, los que 
sordos á la voz de la naturaleza, oían solo á la de la patria. 

Este era el primer paso para su libertad, y cualesquiera 
que sean lo? sacrificios que ella exige V. S. conocerá bien el 
desprendimiento universal y la elevación de sentiaiientüá poco 
coiiiuü que se necesita para tamañas empresas, y que merece sin 
duda ocupar un lugar distinguido en la historia de la revolución. 
Los restos del ejército de Buenos Aires que retornaban de esa 
provincia feliz, fueron destinados á esta Banda, y llegaban á ella 
cuando los paisanos hablan libertado su mayor parte haciendo 
teatro de sus triunfos al Coya, Maldonado, Santa Teresa, San 
José y otíos puntos, "yo tuve entonces el honor de dirigir una 
división de ellos, con solo doscientos cincuenta soldados vetera- 
nos y llevando con ella el terror y espanto de los ministros de la 
tifaüía hasta las inmediaciones de Montevideo, se pudo lograr la 
memorable victoria del 18 de Mayo en los campos de las Piedras 
donde mil patriota?, armados la mayor parte deícachiilos enasta- 
dosvieron á sus pies nuevecientos setenta soldados de las mejo- 
res tropas de Montevideo, perfectamente bien armados, y como 
hubieran dichosamente dentro de sus soberbios muros, si yo no 
me viese en la necesidad de detener su marcha al llegar á ellos, 
con arreglo alas órdenes de' jefe del ejército. 

"V, S. estará instruido de esta acción en detalle por el parte 
inserto en los papeles públicos. 

"Entonces dije al gobierno que la patria podía contar con 
tantos soldados cuantos eran los americanos que habitaban la 
campaña y la esperiencia ha demostrado sobrado bien que no 
me engañaba,)) 

Y mas adelante, demostrando con cuanta energía habitn re* 



— 231 ^ 

sistido los orientales el sometimiento que la Junta de Buenos 
Aires exigia de ellos en favor délos españole?, intimidada tam- 
bién por el ejercito portugués que ya ocupaba y devastaba parte 
de la provincia, agrega el Qeneral Artigas en su varonil lenguaje 
lo siguiente: 

"AuQque los sentimientos sublimes de los Orientales en la 
presente época, son bastante heroicos para darse á conocer por sí 
mismos, no se les podrá hallar todo el valor, entretanto aquí no 
se comprenda el estado de estos patriotas, en el momento que 
demostrándolo daban la mejor prueba de serlo. 

Habiendo dicho que el primer paso para su libertad era el 
abandono de su familia, casas y haciendas, parecerá que en él 
habían apresurado sus trabajos; pero ésto no era mas que el 
primer eslabón déla cadena de desgracias que debía pesar sobre 
ellos durante la estancia del Ejército auxiliador: no era bastante 
el abandono y detrimento consiguiente: estos mismos intereses 
debían ser sacrificados también; desde su llegada, el ejército re* 
cibió multiplicados donati/os de caballos, ganados y dinero, pero 
sobretodo era preciso tomar indistintamente de los hacendados 
^nmenso número de las dos primeras especies, y sí algo había 
de pagarse, la escacez de caudales del Estado impedía verificar - 
lo; pueblos enteros debían de ser entregados al saqueo horrorosa* 
mente; pero sobre todo la numerosa y bella población de Maído • 
donado se vio completamente saqueada y destruida, las puertas 
mismas y ventanas, las rejas todas fueron arrancadas: los techo s 
eran desechos por el soldado que quería quemar las vigas que 
los sostenían; muchos acabados: los portugueses convertían en 
páramos los abundantes campos por donde pasaban, y por todas 
partes se veían tristes señales de desolación. Los propietarios 
habían de mirar el exterminio infructuoso de sus caros bienes, 
cuando servían á la patria de soldados; y el General en gefe. 



— 232 — 

en la necesidad de tolerar estos desórdenes, por la falta de dinero 
para pagar las ir.jpa^^-; falta queocasiooó que desde nuestra revo* 
lucion, durante el sitio, no recibiesen los voluntarios otro suel* 
do, otro emolumento ((ue cinco pesos, y que muchos délos ha* 
cendados gastasen de sus caudales para remediar la mas miserable 
aesuudez á que una campaña penosa habia reducido al soldado; 
no quedó^ en fir-, clase de sacrificios que no se esperimentase, y 
lo mas singular de ello era la desinterada voluntariedad con 
que cada uno los tributaba exigiendo solo por premio el goce de 
su ansiada libertad; pero cuando creian asegurarlo, entonces era 
cuaodo debían apurarlas heces del Cáliz amargo; un gobierno sa- 
bio y libre; una mano protectora á quien se entregaban confia* 
dos, habia de sí^r la que les conddjese de nuevo á dublfgar la 
cerviz bajo el Crtro de la tirania. 

Esa corporación respetable, en necesidad de privarnos del 
auxilio de sus bayonetas, creía que era preciso que nuestro terri- 
torio fuese ocupado por un extranjero abominable, ó por su 
antiguo tirano, y pensaba que asegurándose la retirada de aquel^ 
se negociaba con éste, y protegiendo en los tratados á los vecinos, 
olvidaba su suerte, sino podia evitar ya sus males pasados. 

«Pero; ¿acaso ignoraba que los orientales habían jurado 
en lo mas hondo de sus corazones un odio irreconcüiabie, un odio 
eterno á toda clase de tiranía? que nada era peor para ellos que 
haber de humillarse de nuevo, y que afrontarían ia muerte mis* 
ma antes que degradarse del título de ciudadanos que habían 
sellado con su sangre; ignoraba sin duda el Gobierno hasta 
donde se elevaban estos sentimientos y por desgracia fatal los 
orientales no tenían en él un representante de sus derechos 
imprescriptibles: sus votos no habían podido llegar puros hasta 
allí, ni era calculable una resolución que así podría llamarse 
desesperada: entonces el tratado se ratificó y el día 23 vino. 



— 233 — 

" En esta crisis terrible, violenta, abandonadas las familias, 
perdidos los intereses, acabado todo auxilio, sin recursos, en- 
tregados solo á sí mismos ¿qué podía esperarse de los orientales, 
sino que luchando con los infortunios cediesen al fin al paso 
de ellos, y víctimas de sus mismos sentimientos, mordiesen 
otra vez el duro freno que con un impulso glorioso habían arro- 
jado lejos de sí. 

Pero estaba reservado á ellos demostrar el genio ameritan©, 
renovando el suceso que se refiere de nuestros paisanos de la 
Paz, y elevarse gloriosamente sobre todas las desgracias: ellos 
se resuelven á dejar sus preciosas vidas antes que sobrevenir al 
oprobio é ignorancia á que se los destinaba, y llenos de tan reco- 
mendable idea, firmes siempre en la grandeza que los impulsó 
cuando protestaron que jamás prestarían ia necesaria expresión 
de su voluntad para sancionar lo que el Gobierno auxiliador 
había ratificado, determinaran gastosos dejar lo*? pocos intereses 
que les restaban, y su país, y trasladarse con sus familias á cual* 
quier punto donde puedan ser libre?, á pesar d^" trabajos, miserias 
y toda clase de males.» 



Recórranse esas páginas que parecen candentes con el fuego 
del patriotismo que fulgura en ellos, y se reconocerá con nos- 
otros, después de tantos comprobantes como hemos aducido, cuan 
espontáneo y sincero fué el pronunciamiento oriental de 1811. 

Es tiempo ya de terminar nuestro trabajo, en cuya extensión, 
sin duda nos hemos extralimitado; reciba ó r.ó nuestro Estudio 
la aprobación compeLcate dei Jurado, para lo cual solo contamos 
con su benevolencia, y de ningún modo con nue.^tro escaso 
merecimiento, abrigamos la esperanza de que la lectura de aquel 
grabará en el ánimo de todo buen ciudadano dos profundas 



— 234 — 

convicciones: la primera, que la provincia Oriental de mil ocho- 
cientos once supo adquirirse por si misma su emancipación del 
yugo español; y la segunda, que los ciudadanos Orientales de 
mil ochocientos ochenta y cinco deben imperdurable veneración 
y gratitud al recuerdo de sus heroicos progenitores de aquel 
^ü.0 glorioso. 



Montevideo, Agosto 20 de 1885. 



Ji(st& Maeso. 



-^> -<^ 



A.FB1TDICE 



Acaso podrá parecer hasta una puerilidad que agreguemos á 
este trabajo algunas listas de los donativos can que distintos 
vecindarios contribuyeron á socorrer las primeras fuerzas que la 
insurrección puso en campaña. 

Creemos que habria indiferencia censurable hacia recuerdos 
y hechos tan dignos de estimación y una fria ingratitud para con 
aquellos que acaso se desprendian de lo mas necesario, á fln 
de contribuir al sostéo de sus hermanos en armas. La in- 
surrección principiaba sin recursos de ninguna cla^e, y bien que 
no necesitaba suspender al ciello de sus adictos la memorable 
cuchara de palo con que se distiuguian los revolucionarios holán* 
deses contra la España (legueuk) enorgulleciéndose de su pobre- 
za, asi mismo debia contar como contó, con el óbolo de los patrio- 
tas, y lo que e-; mas interesante, con la genf.rosa contribución 
de no pocas señoras, cuyos apellidos inscriptos en esas listas se 
han ilustrado en algunos casos al servicio de la patria oriental. 
Para los dignos ciudadanos que estiman en lo que valen esos 
nobles recuerdos creemos que habrá siempre un verdadero y po- 
sitivo interés en rerorrer esas listas, en cuyos nombres pueden 
acaso encontrar un rasgo mas de dignas tradiciones de familia, 
que alentaban el patriotismo de sus mayores. 



— 236 — 



donativos colectados por el presbítero don San- 
tiag'o Fig-ueredo, Capellán de la partida|de vecinos- 
patriotas de la Banda Oriental, para auxilio de los 
heridos y prisioneros ca ng'eados del Parag-uay: cuya 
totalidad se encarg-ó al General don JTost' Artig'as. 



Doña Gervacia Basabilbaso, 2 oczas. 

Don Santiago Figueredo, una onza de oro y 9 pesi s 3 reales. 

Don Manuel de Cavia, 3 onzas. 

Consolación Obes, 3 idem. 

Un patriota, 2 idem. 

Otro idem, 4 idem. 

Otro idem, 4 idem. 

Otro idem, 3 idem. 

Otro idem, 2 idem. 

Doña Margarita Villagran, 2 idem. 

Doña María Villagran, 1 idem. 

Doña Gerónima Vidal, 1 idem. 

Doña Feliciana Parva, 1 idem . 

Don Gabriel Piedra Cueva, 2 idem. 

Donjuán Molina, 2 idem. 

Un patriota, 3 ídem. 

Uno idem, 1 idea . 

Otro idem. 1 idem. 

Otro idem, 1 idem. 

Otro idem, 1 idem. 

Otro idem, 1 idem. 



— 237 -^ 

Otro Ídem, 2 idem. 

Don Lartoiomé Muñoz, 8 pesos. ^, 

Don León Porcel de Peralta, 2 idem. 

Don Manuel de Encira, 2 idem. 

Don Paulino Balbin, 3 idem. 

Un patriota, 4 idem. 

Total de pesos fuertes, 682 y 5 medio reales. 

Santiago figuereio 

Es copia del original de un contesto á que me refiero. 
Campamento del Cerrito de Montevideo y Marzo 29 de 1811. 

José Artigas. 



Donativos patrióticos que á favor de las tropas de la 
Bauda Oriental ha recojido el cura y vicario de la 
Villa de San José, doctor don Greg-orio Goiuez. 

pesos ftes. y reales' 

Don Juan Francisco Vázquez, comandante mi- 
litar de dicha Villa, 200 caballos $ 100 

El Alcalde don Pedro Pérez " 50 

" Teiiieute Coronel don Felipe Pérez " 50 

" Comandante del Escuadrón (6.° don Juan de 

Medina " 50 

* Administrador de Correos don Luciano de 
las Casas .... '• 25 



— 238 — 

lili P. Lector Fr. Julián Faramiñan de la ob - 

servancia , . . . , í 

'. )on Juan Bautista Saralegui, 25 pesos y el im- 
porte de dos pares de botas fuertes, que ha 
beneficio de las tropas de la patria dio el 
teniente coronel Benavides, entregando el 
documento de su constancia, que queda 

roto " 

" Bartolomé Morosini " 

" Lorenzo Puelma " 

" Francisco Mendoza " 

" Joaqain Duran < . . . . " 

" Vicente Duran " 

« Tomás García " 

" Antonio Moc " 

« Pascual Paz " 

" Lúeas Moscuviclie " 

" Manuel Alonso " 

" Antonio Rodriguez " 

" Juan Esteban Almiron " 

" Justo Galeano " 

" Bartolo Esteves " 

" Juan Chaves " 

" Manuel Cruz " 

" Miguel gostebiu " 

" José Cejas 

" Francisco Xavier Benitez " 

" José Martínez Franco " 

'^ Mariano Fernandez " 

" Domingo Carballo " 

* Nicolás Burgos " 



25 



25 
2 
4 
4 

33 

33 

10 

2 

6 

8 

8 

2 

8 

8 

2 

4 

4 

1 

1 

4 

4 
25 

2 

1 



— 239 — 

Don Juan Dornelio. ... $ 3 

" Manuel Silva " 1 

" Pedro Cordero " 4 

" Manuel Acosta " 1 

" Celedonio Parejas " 4 

" Antonio Delvio " 4 

" Francisco Barrido " 16.6 

" Mariano Olloniego " 4 

" Juan Cambe " 2 

" Pedro Alvarez " 16.6 

" Juan Francisco Quintana " 1 

" Martin Espina. , " 4 

•' Francisco Prieto " 4 

" Manuel Díaz " 1 

" Antonio Velazquez " 4 

" José Abad " 2 

" Francisco Carbajal " 4 

" Francisco Pando " 1 

" Bernardo Cano " 4 

^ Juan López de Barreno " 25 

" Juan Lisena. " 55 

" Ignacio MacieL " 4 

" Lorenzo Montiel " 4 

" Esteban Agüero . . c " 2 

" José Artolo " 16 

" José Ignacio López ••' 4 

« Matías Sirá " 1 

'' Tomás Cruz '• 2 

" Francisco Gutiérrez " 4 

'' Juan Rodríguez " 4 

*^ José González " 4 



— 240 — 

Dou Manuel Martínez $ 1 

" Santiago González " 1 

" Juan Pedro Gomarra " 4 

" Pedro Aguilar " 4 

" José Sosa " 4 

" Juan Mañéz. " 25 

" Juan Eodriguez " 1 

" Juan Barquero " 1 

" Manuel Fernandez Feliz " 6.6 

" Ignacio Várela " 4 

" Francisco Solano Castro " 10 

^' José Ríos " 8 

" José Chavarría " 1<5.6 

" Manuel Almadá " 16.6 

" Francisco Peña " 3 

" Sebastian Esteves ' " 40 

" Antonio Fernandez " 3 

" Simón Viñas " 2 

" Juan de Castro '' 3 

" Ángel Rabelo. ... ^. ¿ « •' 1 

" Manuel Gutiérrez " 2- 

" Pedro Bella " 4 

" Joaquín Sala -. " 4 

" Cayetano Abad. '' 2 

" Francisco Domínguez " 8 

" Andrés Montano. " 8 

« Juan Hallada " 8 

" Eamon Francescli " 6 

« José Dálgado . . . « "' 8 

« Tomás Várela " 1 

« Miguel Espina .\ " 12 



— 241 — 

Don Francisco Méndez $ 6 

^ Juan Olagorta " 8 

" Alejandro Moreyra ,* " 2 

" Manuel Solsona " 16.6 

" Manuel Martínez, europeo, 6 onzas 

" Ángel Prego " 4 



Suma total con los antecedentes $ ■ 1077.3/4 

San José y Mayo 25 de 1811. 

Doctor Gome:(. 



Martes 30 de Junio de 1811. 

Primera suscricion patriótica que hacen los indivi- 
duos de la división de don Tomás Oarcia. 

zúñiga, á beneficio de las tropas auxiliares del ejército que 
está á cargo del señor General don José Artigas, á saber: 

pesos fts. y realas 

Comandante don Tomás García $ 100 . 4 1/2 

Teniente don Alejandro Dubal » 50.2 1/2 

Alférez don José Antonio Eamirez " 33.4 

Capellanes 

Don Santiago Figueredo " 50.2 1/4 

Fray Casimiro Rodríguez " 50.21/4 

Sarg-ontos 

José Aivarez « 1 



— 242 — 

Cabos 

Don Tomás González $ 1 

" Gregorio Castilla " 1 

Soldados 

Don Alejos Mas " 33.4 1/4 

•' Estanislao García " 50.2 1/4 

" Zenon García « 50.2 1/4 

" José Achineli " 16.6 

Europeos 

Don Pedro Matos •' 8.3 

•' Manuel Lamas " 3 

" Gabriel González . . . : " 6 

"■ Pedro Várela " 2 

" Juan Alberto Fernandez " 4 

" Luis Zelayeta •' 1 

*' Cristóbal Navarrete " 2 

" Francisco de Lallave " 1 

Ingleses 

Don Francisco Gutiérrez " 2 

" Carlos Teferion " 4 

Americanos 

Don Santiago Román " 5 

" Miguel Oruitana " 1 

« José Cabral " 2 

" Domingo Ledesma *' 1 

" Bernardo Rodríguez " 1 

*' Tomás Guerra " 33.4 



— 243 — 

Don Pedro José Sierra ♦ 1 

" Gerónimo Rivero " 1 

" José Nuñez " 16. 6 

" Juan León Fernandez " ^ 

« BartoloSoria " 4 

« Estanislao Castro " 2 

" Antonio Ferreyra " 2 

" Miguel López " 2 

« Pedro Santos '^ 1 

" Manuel Graceras " 2 

" Manuel Amaro " ^ 

" José Amaro " 1 

" José Antonio Espíndola ** 1 

" JosóReyes " 1 

" Juan Ventura Morales " 2 

" Antonio Santos , " ^ 

" Francisco Román " ^ 

" Joaquín Suarez " ^-^ 

« Manuel Ferrer " ^ 

Total: $ 569.2 



Segrun contribución patriótica que hace la división 
de los vecinos voluntarios de la Villa de la Florida 
á faror del ejército auxiliar de la Banda Oriental 
del Rio de la Plata. 

Comandante don Tomás de Zúfiiga, 18 onzas de oro para 

repartir entre los tres capitanes de patricios. 

Teniente don Alejandro Uval, 2 id. 

Alférez don José Antonio Rodríguez, 2 id. 

li 



— 244 — 

Cura Capellán 1.^ don Santiago Figueredo, 2 id. 

Capellán 2.* Fr. don Casimiro Rodríguez, I id 

Soldado Alejo Mas, 2 id. 

José Nuñez, 1 ídem . 

Estanislao García de Zúñiga, 1 id. 

Simón García, 4 idem. 

Pedro Mato, 1 id. 

José Antichelli, 1 id. 

Joaquín Suarez, 1 id. 

Florencio Valdevieso, 8 pesos fuertes. 

Soldado Meas Cachón, 4 id. 

Pedro Várela, 4 idem. 

Carlos Jeferson, 2 id. 

Juan José Cabral, 1 id. 

Manuel Fernandez, 1 id. 

Tomás González, 1 id. 

Francisco Román, 1 id. 

José Olivera, 1 id. 

José Alvarez, 1 id. 

Manuel del Valle, 1 id. 

Gregorio de Hombre, 1 id. 

Felipe Velazquez, 1 id. 

Santiago Romeu, 1 id. 

Juan Fernandez, 2 id. 

Roque Pereyra, 2 id. 

Cristóbal Navarrete, 2 id. 

José Manuel Pérez, 2 id. 

Gabriel González, 2 id. 

Pantaleon Altamirano, 1 id. 

Joaquín Suarez, 1 id. 

Varios individuos en partidas corlas, 9 pesos 2 reales. 



— 245 



El presbítero don León Porcel de Peralta, 2 pesos fuertes. 
Suma pesos corrientes $597 1/4. 

Jueves 5 de Setiembre de 1811. 



N.° 65. 

Contribución patriótica que en auxilio del ejército 
de la Banda Oriental ha hecho el vecindario de 
Canelones. 

El cura vicario, doctor don Valentin Gómez, obló 6 onzas 
de oro, y se obliga á pagar el pret de un teniente de caballería 
en la persona de su primo don Francisco González Meló, que 
lo es de la primera compañía del cuerpo de don Antonio Sales 
de Pérez, mientras que dure la expedición de la plaza de 
Montevideo. 

El padre teniente Pr. José Rizo, del Orden Santo Domingo, 
obló 20 onzas de oro, y su persona para ranchero. 
El Alcalde don Vicente González, una onza. 
Don Gregorio Vico, 26 pesos fuertes y su persona, aunque 
habitual mente enfermo, y todos sus bienes en servicio de la 
patria. 
Don José García Coyaeo, 20 pesos corrientes. 

** Santiago Masé, 8 pesos id: 

" Diego Espinosa, 8 pesos id. 

" Ignacio Meló, 2 id., id. 

" Feliciano Correas, 6 id., id. 

" Pablo Alemán, capitán de voluntarios de caballería, una 
onza para auxiliar su compañía en sus urgencias y su persona- 
lidad« 



— 246 — 

Don Juan Ramirez, 3 pesos fuertes. 

» Joaquín André, 1 onza. 

» Bernardo Iglesias, 4 pesos fuertes. 

» José Espinosa, 2 reales. 

» José Pintos, 2 pesos fuertes. 

)) Juan Fernandez, 6 pesos fuertes, y su persona en lo que 
se le ocupe á pié. 

» José Muñoz, 3 pesos fuertes. 

» José Bial, 4 pesos fuertes. 

» Juan Montero, 4 pesos fuertes. 

» Andrés Carranza, 4 pesos fuertes, su persona y bienes. 

» Joaquín Eamos, 2 pesos fuertes. 

» Juan Bellon, 6 pesos fuertes. 

» Juan López, 10 pesos fuertes, su persona y bienes. 

» José Ocampo, 4 reales y su persona. 

» Pedro Silferia, 10 pesos fuertes. 

» José Kios Notario, 4 pesos fuertes. 

» Juan Spikerman, 10 pesos fuertes. 

» Vicente Arrióla, 1 peso fuerte y su persona. 

» José Lima, 20 pesos fuertes con 6 reales. 

» Vicente Fuentes, 1 onza y su persona. 

» Juan Alcinella, 2 pesos fuertes. 

» Antonio García, 10 pesos fuertes. 

» Sebastian Rivero, 25 pesos fuertes. 

» Manuel Reyes Lambarre, 2 pesos fuertes. 

» José Tejera, 3 pesos fuertes. 

» Manuel Lamas, 5 carradas de leña rajada á beneficio de la 
compañía de don Tomás García. 

» Pedro Bauza, 25 pesos fuertes y 2 vestidos para dos solda- 
dos de la escolta del Comandante General don José Artigas. 

» Francisco Sosa, 14 pesos fuertes. 



— 247 — 

Don Ramón Márquez, 20 pesos fuertes. 

» Manuel Villagran, 1 onza de oro, mas de otra que ya había 
dado al capitán de voluntarios de caballería don Baltasar 
Bargas. 

» Narciso Cardoso, 1 peso fuerte. 

» Gregorio Rodríguez, 1 doblón. 

» Juan Pablo Peralta, 6 pesos fuertes. 

» José Balenzuela, 1 peso fuerte. 

» Miguel Gómez, 3 pesos fuertes. 

» Domingo González, 20 pesos fuertes. 
Doña Juana Rosa Balenzuela, 4 pesos fuertes. 
Don Pedro Ignacio Cardoso, 2 pesos fuertes. 

» Mariano Pérez, 4 pesos fuertes. 

» Pedro Suasnavas, 17 pesos fuertes. 

» Camilo Esteban, 2 pesos fuertes. 

» Isidro Grandal, 5 pesos fuertes. 

» José Antonio Rivero, 6 pesos fuertes. 

)) Miguel Guerrero, 1 peso fuerte. 

» José Ignacio Cuevas, 1 peso fuerte. 

< Francisco Vaz, 2 pesos fuertes. 

» Ambrosio Velazquez, 20 pesos fuertes. 

» Pedro Delgado, 2 pesos fuertes. 

» Pedro Cavé, 8 pesos fuertes. 

» Francisco Guerrero, 4 pesos fuertes. 

» Feliciano Albaniz, 4 pesos fuertes. 

» Félix Albaniz, 2 pesos fuertes. 

" Pedro Amaro, 3 pesos fuertes. 

" Pedro LeoD, 2 pesos fuertes. 

^ Gregorio León, 2 pesos fuertes. 

" Félix León, 2 pesos fuertes. 

" Bamon Balenzuela, 2 onzas. 



— 248 — 

Don Carlos Modernal, 2 pesos fuertes. 

» Pedro Esteban, 8 pesos fuertes. 

» Santiago Palacios, 2 pesos fuertes. 

" Pedro Alraada, 5 pesos fuertes, 

" Juan Milán, 1 onza. 

» Juan Francisco Duran, 16 pesos fuertes. 
El alférez de milicias don Andrés Vidal, 10 pesos fuertes. 
El cadete de milicias don José Agustín Vidal, 11 pesos fuertes^ 
Don Ángel Bernardo Vidal, 10 pesos fuertes. 

" Fernando Muñoz, 7 pesos fuertes. 

" Roque Calleros, 21 pesos fuertes y 6 reales. 

" Tiburcio Villaurreta, 5 pesos fuertes. 

" José Ignacio Cuevas, 1 peso fuerte. 

" Damián Garreta, 1 peso fuerte. 

" Manuel Pintado, 2 pesos fuertes y 4 reales. 
Suma total con los antecedentes 781 $ 1/2 reales. 



Canelón y Mayo 27 de 1811. 



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